Salva mi corazón roto.

Het
R
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1
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planificada Midi, escritos 83 páginas, 28.466 palabras, 11 capítulos
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Capítulo 1 - Mejores amigas.

Ajustes
Después de ser trasladado de urgencia al hospital, las cosas empeoraron cada vez más para Billy. Su estado de salud por desgracia, era mucho más crítico de lo esperado. El cuerpo del adolescente estaba gravemente dañado y siendo realistas, no tenía muchas probabilidades de sobrevivir. Los órganos vitales de Billy estaban en su mayoría destrozados, había perdido mucha sangre y su corazón... era en el que peor estado se encontraba. La vida del joven Hargrove dependía de un hilo. Pero afortunadamente, los médicos estaban haciendo todo lo que estaba en sus manos para salvarlo. Ellos sabían bien que su pronóstico era bastante difícil... y aún con todo en contra, el chico seguía aferrándose a la vida. Los esfuerzos de los especialistas parecían estar dando resultados positivos; pero de repente, sin previo aviso, él tuvo una crisis fulminante de la nada y entró en paro cardíaco. Billy ya no tenía pulso... y su cuerpo estaba comenzando a enfriarse. El equipó médico se apresuró de inmediato, tomaron el desfibrilador y soltaron la primera descarga. Esperaron unos segundos su reacción, pero su corazón seguía sin emitir ni un latido... y sin perder más tiempo, volvieron a cargar el dispositivo una vez más e impactaron la plancha de metal sobré su pecho con rapidez. Solo así, fue cuándo el monitor comenzó a sonar nuevamente y los latidos de Billy resonaron en la habitación, empezando a normalizarse. Por fin habían logrado estabilizarlo. De inmediato él recuperó el color bronceado de su piel, su respiración anormal se controló y las facciones de su rostro ya no parecían sufrir de dolor. Pero algo no estaba del todo bien... Billy aún no estaba reaccionando correctamente. Alarmados se acercaron al rubio y lo revisaron, notando de inmediato que había caído en estado de coma. ... Ce estaba sentada sobre la cama, llorando en silencio. No hace mucho tiempo había leído la carta que Hopper le había dejado y su pecho dolía como nunca antes había dolido. Él se había ido para siempre y ella ni siquiera había podido despedirse o darle un último abrazo. Derrotada se recostó sobre la colcha, abrazando su cuerpo sin fuerza, tratando de contener su respiración. Todo parecía tan irreal... esto no podía estar pasando. Once se negaba a creer que su papá estaba muerto. Al principio, esperanzada, se aferró a la idea de que Hopper había podido escapar a alguna parte del lugar pero al escuchar la versión de los hechos de Joyce... comprendió que eso era imposible. Hopper realmente se había ido de su lado. Desconsolada, se resignó a cualquier posibilidad de supervivencia de su padre.... eso sería lo mejor para todos. Realmente parecía que todo lo malo en su vida se estaba acumulando y Once sentía que ya no podía más. Por suerte, la señora Byers era muy comprensiva y le estaba brindando una nueva oportunidad a su lado como una familia. La castaña quería darle un hogar y con cariño le ofreció llevarla con ellos lejos de Hawkins para empezar una nueva vida en California; pero siendo honesta... ella no quería irse. No podía dejar a sus amigos atrás, mucho menos ahora que Max la necesitaba tanto a su lado. Inmersa en sus pensamientos, cerró los ojos y al pasar unos segundos, pudo escuchar una voz desesperada llamándola a través del Walkie. -Ce... ¿Estás ahí?- Dijo con la voz entrecortada. Once se levantó de golpe y limpio sus lágrimas, para después tomar la radio apresurada. -Sí Max, aquí estoy. ¿Está todo bien?- Preguntó preocupada y entonces pudo oír desde el otro lado el débil llanto de su amiga. -Max... ¿Qué pasa?- Once se acercó más a la radio, imaginando lo peor. -Billy... él e-está muy grave.- Le confesó Max con trabajo, aclarando su garganta y ella juntó sus cejas afligida, más angustiada que antes. -Ya no puedo soportarlo, Ce... No quiero que él muera.- Max comenzó a respirar con dificultad, era mucho para ella. Lo menos qué quería era preocuparla, pero desafortunadamente ella no confiaba en nadie más que no fuera Once. Ce se quedó en silencio unos segundos, mordiendo su labio para contener sus ganas de llorar. Realmente le partía el corazón escucharla tan afectada. -Todo estará bien, Max. Estaré allí enseguida.- Respondió tratando de darle unas palabras de aliento. -Por favor no tardes, te estaré esperando.- Dijo la pelirroja un poco más calmada y Ce sonrió con melancólia. -Si, adiós.- Apagó el walkie, pero de repente la escuchó hablar otra vez. -¿Ce?- La llamó dudosa. -¿Si?- Cuestiono Once pacientemente. -Gracias por ser mi amiga... y estar a mi lado.- Ella agachó la mirada y al terminar la oración, Max apagó la radio finalmente. Decidida, Once se levantó de la cama para hablar con Joyce. Camino hasta llegar al comedor y la encontró sentada empaquetando las últimas cosas que se llevarían. Ella se acercó nerviosa y al verla, Joyce le sonrió maternalmente, dejando de lado lo que estaba haciendo. -Hola, cariño.- La saludó con dulzura, acomodando sus manos sobre la mesa. Once agachó la cabeza sin responder, tomó una silla y se sentó frente a ella viéndola a los ojos con tristeza. Joyce alzó una ceja confundida ante la extraña mirada que su hija adoptiva le estaba dando... definitivamente esto no era algo bueno. -¿Pasa algo, Ce?- Preguntó ella intranquila. Once al escuchar la oración, frunció el ceño levemente, reuniendo el valor necesario para hablar. -No puedo irme de Hawkins, necesito quedarme aquí.- Se mantuvo firme sin parpadear, tratando de convencerla. -Ya hemos hablado de esto cariño, sabes que eso no es posible.- Joyce hizo una mueca con la boca, volviendo a empaquetar sin verla más a la cara. -Lo sé... pero no puedo irme todavía.- Insistió ella con los ojos llorosos y la castaña suspiró pesadamente. -Mira, se que no quieres dejar a tus amigos atrás.- Joyce le sonrió de nuevo, hablando con sutileza. -Pero estar aquí es peligroso y no voy a arriesgar la vida de Will, ni la tuya otra vez por culpa de este lugar.- Con pesar, se levantó de la mesa dispuesta a marcharse dándole fin a la conversación. Once, al notar que ella no la estaba escuchando, apretó sus puños frustrada con el ceño fruncido. Joyce le echó un último vistazo y al verla tan afectada, titubeó por unos segundos. Muy en el fondo ella tampoco quería irse... pero ya no había vuelta atrás. En este momento su mayor prioridad eran sus hijos y tenía que protegerlos a cualquier costo, aún cuándo ellos no estuvieran de acuerdo con su decisión. -De verdad lo siento, Once, pero no podemos quedarnos aquí.- Habló con firmeza, dando media vuelta y justo cuando estaba apunto de marcharse de la habitación, Ce alzó la voz desesperada. -¡Max me necesita, no puedo abandonarla!- Sin poder contenerse Once se quebró, dejando escapar unas cuantas lágrimas de sus ojos. Joyce preocupada se acercó de inmediato hasta ella y tomó su mano con delicadeza. -Cariño, sé que es difícil... pero de verdad no podemos permanecer aquí. Es demasiado peligroso para arriesgarnos.- Acarició ella su cabello ondulado con delicadeza. -Además, tú mejor que nadie sabe que Hopper también habría estado de acuerdo con esto.- Trato de hacerla entrar en razón pero ella no dijo nada. Once alzó la mirada, observando a Joyce con esos grandes ojos marrones de ciervo. -Por favor, necesito estar a su lado.- Le rogó insistentemente y Joyce resopló, tratando de hacerse la fuerte. -Puedo quedarme aquí por mi cuenta... como antes. Solo serán unos cuantos meses hasta que Billy se recupere y- Pero su madre adoptiva la interrumpió espantada. -¡¿Cómo?! Por supuesto que no jovencita, no te dejaremos aquí sola.- Le dijo ella moviendo su cabello en negación. Al escucharla decir eso, Once se retorció en su asiento molesta, derramando más lágrimas sin poder detenerse. Ella no quería hacer una alboroto, pero de verdad necesitaba quedarse con sus amigos, especialmente con Max. Al verla tan afectada, Joyce se pasó la mano a la frente y apretó los labios formando una leve sonrisa en su rostro. -Está bien... tú ganas.- Aceptó derrotada y Ce levantó la mirada esperanzada. -Pero solo serán unos cuantos meses hasta que todo haya mejorado. ¿De acuerdo?- Al terminar de decir la frase, Once se abalanzó hacía Joyce dándole un fuerte abrazo. -¡Gracias, gracias, gracias!- Enunció eufórica de felicidad. Joyce correspondió su gesto con ternura, acomodando su rostro sobre su cabello suavemente. Claramente ella no podía negarse a su petición. La pérdida de Hopper había sido un golpe demasiado duro para ambas y no quería que Once sufriera más de lo que ya lo hacía. Gentilmente, Joyce limpió las lágrimas que quedaban en sus mejillas y acomodó su mano en el rostro de Once. -No me agradezcas, ahora somos una familia y tenemos que apoyarnos mutuamente.- Ce asintió y volvió a acomodar su cabeza sutilmente en su pecho. Ella acarició su cabello y se quedaron así unos segundos hasta que Ce se separó. -Tengo que irme, Max me está esperando.- Le dijo con emoción y Joyce plantó un beso en su pómulo rápidamente. -Muy bien, pero no regreses tan tarde ¿si?- Recalcó sutilmente y ella aceptó gustosa. -Entendido.- Fue su respuesta corta y apresurada, para después caminar hacia la salida. Pero antes de irse, Joyce la detuvo. -¡Saluda a Max de mi parte, cariño!- Le pidió efusivamente y Ce giró su cabeza asintiendo. -¡Si, lo haré!- Gritó contenta, sonriéndole a su madre una última vez antes de salir de casa definitivamente. ... Max se encontraba sentada incómodamente sobre una silla, justo a lado de la cama de Billy. Ella no había dormido en días y grandes ojeras yacían debajo de sus párpados. Pero eso no le importaba, ahora su única prioridad era la recuperación de su hermano. Max lo observó con tristeza y tomó su mano con delicadeza. Él se veía tan tranquilo así dormido... que admirarlo de esa forma era casi irreal. Billy normalmente tenía un carácter de los mil demonios. Su ira incontrolable lo superaba la mayor parte del tiempo y observarlo así, en esta situación tan deplorable con un semblante lleno de paz en el rostro, le hacía sentir un nudo en la garganta. Esto no era justo para Billy. De verdad le dolía verlo en ese estado tan lamentable. Max jamás imaginó que alguna vez podría pasarle esto a su hermano y verlo postrado de esta forma en una cama, la destrozaba. Billy había estado inconsciente desde el primer día que llegaron al hospital y lamentablemente, parecía que se quedaría así por un tiempo indefinido. El rubio estaba conectado a unas máquinas que lo forzaban a mantenerlo con vida, brindándole el oxígeno necesario que requería su cuerpo. Max suspiró pesadamente, cerrando los ojos agobiada. Quería ser fuerte, pero esto la estaba sobrepasando más de lo que podía permitirse. Se quedó ensimismada viendo un punto fijo, inmersa en sus pensamientos y fue entonces, cuando el ruido de la puerta la sacó del trance abruptamente. Ella volteó y de inmediato sus ojos se encontraron con los Once. La castaña al verla, sonrió con calidez y Max corrió hacía ella, dándole un abrazo reconfortante. -¡Ce! ¡Qué bueno que estás aquí!- Le dijo ella entre lágrimas. -Lo siento tanto... Fuí tan egoísta.- Se disculpó apresurada y Once la apartó confundida. -¿Por qué te disculpas Max? No hiciste nada malo.- Ce la tomó de los hombros, tratando de tranquilizarla. Pero ella negó rotundamente, limpiándose las lágrimas con pesar; pasó saliva y exhaló aire tratando de hablar. -Lucas me contó lo de Hopper, yo no lo sabía.... Lo lamento mucho Ce.- Le confesó con tristeza y Once se tensó de inmediato; frotó su pbrazo nerviosa y dio un paso atrás con la piel pálida. -¿Por qué no me lo dijiste?- Exigió la pelirroja con el ceño fruncido, haciendo un puchero con la boca. Pero Once evadió su pregunta, agachando la mirada. Las dos permanecieron en silencio unos cuantos segundos, el ambiente se había tornado un poco incómodo y al darse cuenta de ello, Max captó la indirecta cabizbaja. Ce no quería hablar sobre eso. Comprensiva, Max sonrió debilmente y de inmediato dejó de insistir con el tema. Ella más que nadie sabía lo difícil que esto era para Ce. Once apartó su rostro evitándola e inevitablemente sus ojos se posaron en el cuerpo de Billy. Al verlo así, Ce abrió sus pupilas con cara de espanto. Él se veía terrible. -¿Cómo está?- Preguntó preocupada, acercándose despacio hasta estar a lado del chico rebelde. Max cruzó los brazos, abrazándose a ella misma con una expresión derrotada. -No muy bien...- Se aproximó cabizbaja hacia ellos lentamente y al escucharla decir eso, Once alzó su rostro alarmada. -Desde que llegamos aquí, Billy no ha dejado de tener esas horribles crisis.- Max torció los labios disgustada, sin verla a los ojos. -Los médicos dicen que es un milagro... Ni ellos pueden entender cómo es qué él aún sigue con vida.- Fingió una sonrisa, mordiendo su labio para evitar hacer otra escena. Ansiosa, comenzó a torcer sus manos y Once la observó con culpa, sin saber qué decir. -Apesta.- Escupió con rabia, apretando los dientes. -Ni siquiera me han dicho cuándo despertará todavía...- Le dijo lo último con la voz entrecortada. -Y no quiero perderlo, Ce.... no podría soportarlo.- Confesó ella con pesar y sin poder evitarlo más, se echó a llorar. Once alzó sus cejas afligida y rápidamente corrió hasta ella, atrayendo a su amiga en un cálido abrazo. Al sentir sus brazos sobre su cuerpo, Max comenzó a temblar y sin poder fingir más, lloró ruidosamente. Ce cerró los ojos y acomodó su rostro en su hombro, frotando su espalda con delicadeza tratando de animarla -Está bien Max, aquí estoy... y no me iré a ninguna parte.- Prometió Once con dulzura y una lágrima amarga rodó por su mejilla también. La pelirroja se aferró más a Once, apretando sus párpados con fuerza. Lágri mas gruesas salían sin parar de sus pupilas aquamarina y sin contenerse más, sacó todo el dolor que llevaba dentro en un lamento desgarrador. Ambas se tenían la una a la otra en los momentos difíciles y eso era lo único que importaba en este momento.
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