Salva mi corazón roto.

Het
R
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1
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planificada Midi, escritos 83 páginas, 28.466 palabras, 11 capítulos
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Capítulo 7 - Cambios inusuales.

Ajustes
Once camino desanimada en el estacionamiento, con los libros aún apretados contra el pecho, y Max lo notó al instante. "¿Estás bien, Ce?", preguntó la pelirroja, mirándola con expresión de desconcierto, pero Once simplemente sonrió y asintió. Max le devolvió el gesto y le tomó la mano. "Vamos, antes de que esos idiotas nos encuentren." Dijo mientras corría con ella y finalmente entraban juntas en la escuela. Una vez que cruzaron la puerta, Max la soltó, ajustándose los auriculares al cuello mientras examinaba las caras conocidas, tanto nuevas como antiguas. "No te preocupes, el primer día siempre es una mierda, pero si alguien te ve raro o intenta alguna tontería, no dudes en decirme." Max le dijo mientras caminaba al lado de Once. En cambio, ella observaba con cautela a cada uno de los estudiantes en ese instante. "Gracias Max." Fue su corta respuesta y la pelirroja asintió con la cabeza apenas sonriendo. Jane se sentía vulnerable sin sus poderes, más a la defensiva y aún más extraña con tantas personas a su alrededor, pero jamás lo admitiría ante nadie, ni siquiera frente a su mejor amiga. Once no podía dejar de pensar que se suponía que ella debía ser la que los protegía a todos, no al revés... Entonces, ella escuchó a los lejos voces familiares y alzó su rostro de repente. "Oh, mira... hablando de idiotas." Max puso los ojos en blanco al ver a los chicos junto a los casilleros desde lejos, cruzándose de brazos al instante. Dustin se reía, contando un chiste tonto que hizo que Will se sintiera aún más cohibido de lo habitual. Mike, por su parte, ponía los ojos en blanco, como siempre, mientras guardaba algunos libros, y Lucas fruncía el ceño, observando a Dustin con una sonrisa incrédula. Fue en ese momento que Will alzó su rostro y al verlas a ambas sonrió más cómodo. "Ce." La llamó con calma, haciendo que todos voltearan en especial Mike con el nombre de su novia. "Si... Hola también para ustedes, zoquetes. Yo también existo, ¿lo sabían?" Max dijo con el ceño fruncido y Once solo se río un poco por eso, saludando a Mike con una de sus manos suavemente. Él sonrió apenas, alzando su mano también hacia ella, mientras le daba la espalda otra vez para seguir con lo que hacía en el casillero. Ce se desconcertó, frunciendo el ceño apenas al notar ese gesto en Mike... pero Dustin interrumpió como siempre. "¡Que bien que estén de vuelta, chicas! ¡Así podremos jugar más D&D, nos hacen falta más manos últimamente!" Dustin dijo entre risas, corriendo hacia Max y Once, pero la ojiazul arrugó la nariz, negando de inmediato con la cabeza e ignorando a Lucas a propósito. "Nop, yo pasó. Bye." Ella se dió la media vuelta, caminando directo hacia el aula más cercana... Once, notando la acción de Max, vio unos segundos más a Mike, antes de seguirla sin decir nada más. Mientras se iban... Will había notado todo en silencio, frotó su brazo, juntando las cejas mientras se acercaba a su mejor amigo. "Mike..." Él lo llamó, pero el peligro cerró su casillero de golpe de repente. "Vámonos, no querrán llegar tarde en nuestro primer día. Ya saben cómo se pone el Profesor Clarke." Contestó Mike mientras comenzaba a irse hacia los pasillos. Dustin lo siguió sin callarse jamás, Will también con la mirada gacha y Lucas observó el lugar donde se había ido Max con una expresión vacía por unos segundos, hasta que finalmente cedió también, yéndose con ellos al salón. ... Once iba saliendo de la última clase del día, aferrándose tan fuerte a sus libros contra su pecho que sus manos dolían... su mirada estaba ausenté, repitiendo en su cabeza lo que sucedió con Mike esta mañana una y otra vez. Él no la había visto, ni tampoco había hablado con ella en todo lo que resto de las clases. Ella juntó las cejas, rumiando toda esta situación en su mente... hasta que una voz detrás de ella la sacó del trance. "Ce, vamos. Billy nos está esperando y ya sabes cómo se pondrá si no estamos a tiempo." Max ladeó su cabeza al verla así, observándola fijamente mientras bajaba sus audífonos para escucharla mejor. Once se giró al oír su voz, observándola con expresión insegura. "No creo que él quiera verme allí otra vez..." Ella admitió, suspirando. "Regresaré a casa. Con Jon y Will." Dijo Ce mientras asentía con la cabeza, pero Max rodó los ojos, tomándola de su brazo firmemente. "Tonterías. No debe importarte lo que ese tarado diga... además, tú misma escuchaste, nos lo dijo a ambas. Él está demente, pero... lo está intentando." Max dijo lo último en un susurró más bajo de lo normal, haciendo que Once la mirara por unos segundos, sin protestar más. Mientras tanto, Billy estaba a punto de explotar... agarrando fuertemente el volante de su Camaro, con el ceño tan fruncido que las arrugas entre sus cejas eran visibles en su frente. "Malditas mocosas..." murmuró en voz baja, mirando con impaciencia su reloj cada cinco segundos... un minuto más y las dejaría botadas como había prometido, pero entonces las vio a ambas a lo lejos y suspiró con cansancio, tratando de calmarse. Cuando Max entró, seguida de Once, él apretó la mandíbula... soltando su agarre en el volante imperceptiblemente. "Llegan tarde, Max." Dijo con frialdad, sin voltear... pero su voz gruesa lo decía todo. Max frunció el ceño indignada, viendolo con molestia y un poco de tensión. "¿Pues que querías que hiciera? Sucedió, solo conduce, Billy." Respondió a la defensiva, lo que provocó que Billy se pasara la lengua por la mejilla y arrancará lentamente el motor sin decir nada, lo cual fue mucho peor para Max, así que, a regañadientes, decidió guardar silencio para no armar un escándalo delante de Once, sabiendo el carácter irascible de su hermano. Hargrove suspiró con pesadez, viendo al frente mientras arrancaba el Camaro sin más. El silencio era aún más incómodo; el ambiente se sentía tenso... pero Once simplemente miraba por la ventanilla del coche, sin decir palabra... algo aún más inusual, tanto que Billy lo notó. Sus ojos azules se clavaron en su silueta en el retrovisor al notar su expresión apaleada... dándose cuenta de que esa mirada, que incluso él podía ver, era triste mientras miraba al horizonte. Esa fenómeno no era su problema, se dijo así mismo. Era absurdo que siquiera pensara en esas cosas, él, Billy Hargrove... prestándole atención a una mocosa como esa. Como si le quemara, se regañó en sus pensamientos, arrugando la nariz con disgusto mientras se concentraba en la velocidad de su coche. Pero la verdad era que no podía quitarse la opresión del pecho al ver esos grandes ojos marrones, siempre curiosos y vivaces, ahora afligidos y apagados, mirando fijamente la ventanilla de su maldito auto... odiándose a él por ello.
Notas:
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