Salva mi corazón roto.

Het
R
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1
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planificada Midi, escritos 83 páginas, 28.466 palabras, 11 capítulos
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Capítulo 8 - Margaritas.

Ajustes
Después de dejar a esa fenómeno frente a la puerta de su jodida vivienda, al llegar a casa, Billy se encerró en su habitación azotando la puerta sin tacto alguno. Max se quedó desconcertada mientras entraba detrás de él, pero realmente no le dió la importancia necesaria ya que Billy siempre se ponía así la mayor parte del tiempo. En cambio, Hargrove en su habitación no podía entender lo que le estaba pasando... Se maldijo en voz alta y golpeó la pared con tanta fuerza que sus nudillos se pusieron blancos.. Y una cosa era segura... Desde que vio esos tristes ojos marrones en el retrovisor de su Camaro, no podía quitárselos de la cabeza. "Maldición..." Billy pronunció con los dientes apretados, cerrando su puño contra la pared mientras respiraba agitadamente. Él apretó los ojos con fuerza, para después abrirlos de golpe y caminar echó una furia al baño de su habitación, necesitaba una ducha fría y una buena cerveza. Eso era lo que siempre le despejaba la mente. Incluso pensó en llamar a alguna de esas perras fáciles con las que follaba de vez en cuando o manejar su auto a una velocidad que nublara sus sentidos... tenía que descargar toda esta adrenalina de alguna forma, era lo único que le importaba en este momento. Después de ducharse, Billy salió con el cabello húmedo... lo arregló, se colocó una camisa, dejando los botones abiertos y su pecho al descubierto. Sus ojos azules se posaron en su reflejo, fijos en las horribles cicatrices que le cruzaban la piel de su torso... Apretó la mandíbula de nuevo, cerrando los párpados con fuerza mientras ignoraba esos terribles recuerdos del centro comercial. Luego salió finalmente, chaqueta de cuero en mano, ignorando a Max y a su madre mientras se subía a su Camaro, acelerando hasta el fondo con las manos aferradas al volante. Esto era lo que necesitaba. ... Billy bajó de su auto, ahora más calmado... arrojó el cigarro debajo de su bota, aplastando la colilla sin cuidado mientras se dirigía hacia la puerta de la casa. Al entrar, con su habitual indiferencia... se detuvo en seco en medio de la sala al verla allí, recostada boca abajo junto a Max, aparentemente leyendo una de esas revistas tontas. Ambas chicas alzaron la mirada hacia él cuando lo escucharon y Max frunció al ver su expresión. "Ya era hora, bobo... creía que estarías fuera toda la noche." Dijo sin más, volviendo su atención a la revista, mientras Ce seguía observándolo, sonriéndole levemente con las manos en las mejillas y los codos apoyados en la alfombra. "Hola". Fue su breve respuesta, antes de seguir hojeando los artículos con Max. Billy frunció el ceño, sin decir palabra, mientras las observaba con su habitual mirada penetrante. Apretó la mandíbula, pasándolas de largo mientras se dirigía a la cocina... Abrió la nevera y sacó otra cerveza fría, con la mirada fija en Once todo el tiempo. ¿Que mierda hacía siempre ella aquí? Claro, quería estar con Max, siempre era la misma excusa. Ni siquiera podía descansar de su incesante presencia en su maldita casa... y estaba harto. Billy dejó escapar una exhalación por la nariz, bebiendo lentamente el líquido ámbar mientras sus ojos celestes examinaban cada cosa en ella. Pero fue en ese instante que notó que traía una blusa de tirantes, inusual en su anticuado estilo habitual, con unas estúpidas margaritas impresas en la tela... sus brazos delegados estaban al descubierto, lo que lo hizo tensarse inconscientemente y cuando su mirada bajó sobre sus delicadas clavículas debajo de su cuello, él cerró la puerta de la nevera de golpe, botando la botella de cerveza y dirigiéndose a su habitación como si no hubiera un mañana. Once se exaltó un poco, volteando desconcertada mientras Max rodaba los ojos con su mirada fija en las letras del artículo que seguían leyendo. "Ignóralo, solo está con su humor de cretino de siempre. Supongo que alguna de sus 'amigas' lo boto está noche." Comentó la pelirroja, sin cambiar su expresión, y Ce asintió en silencio, volviendo a la revista. Fue en ese momento que Max alzó su rostro, juntando las cejas mientras observaba el pasillo hacia la habitación de Billy.... Sabía que algo le molestaba, lo conocía demasiado bien para saber cuándo algo no estaba del todo bien con su hermano, pero está vez decidió ignorarlo. Solo necesitaba espacio con todo lo que les estaba sucediendo... o eso era lo que quería creer.
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