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Durante estos años Takemichi descubrió que no quería separarse de Manjiro. Si alguna vez amó a Hinata, no era comparable a lo que sentía por Mikey. Tal vez estaba ciego, y no le importaba lo peligroso de Mikey. Mientras sus seres queridos estuvieran a salvo, y sí, Naoto y Hinata entre ellos, para Tekemichi todo estaba bien. Debía admitir que la primera vez que tomó un arma se asustó, que tener que aprender defensa personal y saber que ejecutivos de Bonten lo vigilaban para tenerlo seguro, era abrumador. Pero también se acostumbró. Los negocios de Bonten eran para él como un juego de ajedrez. Era entretenido y un modo de disociar la realidad, de no ver que no es un juego, hay vidas que corren peligro, la suya propia entre ellas. Takemichi lo sabía, cuando aceptó seguir con Mikey, no regresar al futuro, aceptó todo eso. Reconoció que Manjiro Sano no tenía salvación ni la tendría. Sabía también que Mikey estaba atormentado, que no era malo porque sí, pero a veces no importan los motivos sino los hechos. Manjiro Sano era temido y Takemichi elegía estar a su lado, viéndolo cometer actos atroces, y seguir ahí. Incluso Manjiro tenía corazón. Durante estos años no dejó de buscar a su hermano perdido. No había pistas seguras ni un rastro que seguir, pero ahí seguía buscándolo. De alguna manera notaron que la información de la búsqueda estaba siendo filtrada, así que cambiaron de estrategia. Comenzaron a investigar la fuente hacia la que se desviaba la información desde 2006, no tenía sentido, y a la vez lo era todo. Llevaban desviando sus intentos de encontrar al hermano desaparecido desde el inicio. No llegaron a nada claro, solo a un nombre: Aoyama Rü. Así que ahí estaban todos los documentos ante Mikey sobre ese hombre. El líder de una banda en auge en los suburbios. Nada raro, salvo por la nula explicación de por qué él se interpondría entre la información y Bonten. ¿Qué ganaba él? O... ¿Qué escondía? Antes de ser líder de esa banda criminal, fue un pandillero, algo común por esos lugares. No había alguna pista, pero Takemichi sentía que estaban cerca, tenía una corazonada.***
Julio, 2012 El calor no perdonaba a nadie, ni siquiera a Sora que odiaba el sudor y el mal humor que este tiempo le provocaba, como si su mal humor no fuera de fábrica. Podría culpar a los genes, y lo hacía, aunque no tuviera mucho sentido culpar a los progenitores que ni conocía. De acuerdo, eso daba igual, él ya superó ese tema. No necesitaba a nadie. Solo le importaba el dinero que obtenía con su trabajo nada convencional. — Mira a quién tenemos aquí. — Un hombre de voz áspera habló tras él. Sora ya lo sabía, no había entrado a la “boca del lobo” sin saberlo, no era idiota. Estaba rodeado y lo sabía. Riesgos. Llevaba una máscara que le cubría el rostro así que nadie podía reconocerlo salvo por su pelo que llevaba largo y atado en una coleta baja, y que era de ese color rubio tan claro que parecía blanco que lo hacía llamativo. Y luego sus ojos oscuros, castaños que perfectamente podrían ser confundidos con negro. Sí. Era consciente de que en el bajo mundo era conocido, al menos lo suficiente para tener gente en contra. Era bueno para los que trabajaba, pero los que sufrían las consecuencias de su trabajo con pérdidas en vidas o monetarias, era un dolor en el culo. — Es gracioso. ¿Eh? — Dijo Sora. El otro hombre lo miró confundido un segundo antes de apuntarle con un arma. — ¿Gracioso? Creo que no entiendes tu situación. Sora bufó ahogando una risa. Vale, sí estaba rodeado. Lo que este hombre no entendía es que no todos eran de su lado, había infiltrados y suponían la mayoría. — Oh, pero sí la entiendo. — Sora sonrió antes de que la balacera comenzará. Entre movimientos ágiles y calculados Sora se movió entre el caos. Revisó el cuerpo del que era el líder contrario y sacó el documento con las implicaciones al detalle de los negocios ilícitos de Aoyama. Sacó su Clipper y quemó los documentos, además de quedarse con un pendrive que había y llevarse la laptop. Luego pasó por encima de los cuerpos sin mucho cuidado, lo malo de ver sangre y muerte todo el tiempo era que te volvías insensible. Miró la hora. Ya había terminado y era la hora punta de calor. Lo odiaba. Pero al menos tenía todo lo que necesitaba para Aoyama.***
Si uno estaba en peligro el otro le cubría las espaldas. Así eran Sora y Aoyama. Se conocieron con 15 años, Aoyama siendo un año mayor. Ahora con Sora de 22 años y Aoyama siendo un líder joven, pero respetado de 23 años, seguían teniendo la misma dinámica. Aoyama sentía la responsabilidad de estar al tanto de las acciones de Sora y de protegerlo siempre que fuera necesario. Aún recordaba cuando lo conoció, ese Sora de 15 años que odiaba al mundo, estaba demasiado delgado y lleno de rabia. Eso no había cambiado demasiado con los años, aunque ahora su delgadez era también músculo, no mucho porque era de complexión delgada, pero algo era, le permitía defenderse cuerpo a cuerpo de ser necesario. La preocupación de Aoyama iba como la de un hermano mayor hacia el menor. Aunque era consciente de que Sora no quería tener a nadie, depender de nadie. Tal vez era una respuesta hacia un trauma mal gestionado. Aoyama respetaba sus decisiones. Aunque siendo honesto, a veces Aoyama deseaba que Sora dejara esa vida que llevaba, que encontrara un modo mejor de llevar las cosas, quizá pertenecer a una banda que realmente valore sus habilidades y no andar como lobo solitario. Pero Sora no estaba preparado para esta conversación.***
Aoyama junto a su segundo al mando revisó el pendrive, la laptop, una y otra vez. Esa banda tenía pruebas contra Aoyama, lo habían estado investigando no solo a él sino a su vínculo con Sora. Planeaban vender la información a Bonten. — Esos idiotas no se cansan. — Dijo frustrado Aoyama llevándose una mano a la cara. — Ni lo harán. — Dijo Sora entrando en el despacho sin permiso. Aoyama levantó la vista hacia él. Su segundo al mando los dejó solos. — Ya. Son un dolor de cabeza. — Lo mejor sería desvincularnos, me has ayudado mucho este tiempo pero Bonten no sé puede subestimar. — Sora. No hablas en serio. — Las facciones de Aoyama se endurecieron. — Lo hago. — Sora se acercó al escritorio tras el que Aoyama estaba sentado. — O podríamos fingir. Aoyama suspiró. Fingir que no se conocían. Borrar el rastro. Que todo fuera una mentira elaborada. Eso era mejor que hacerlo de verdad. — Está bien. Fingiremos. Pero encontrarás la manera de visitarme sin ser visto. — Claro.***
2014 Bonten pareció calmarse en los intentos de buscar a Sora, aunque no supieran que era él a quién buscaban. Sora dejó atrás su regla de no involucrarse con Bonten, más bien comenzó a aceptar encargos contra ellos. Impedir que se completaran intercambios de suministros ilegales, matar a algunos que otro miembro de bajo rango de Bonten, sabotear misiones. Todo sinque supieran que era él quien estaba detrás de todo esto. Aunque había algo que Sora no estaba teniendo en cuenta: esto tarde o temprano los atraería hacia él. Era su forma de vengarse. No tenía claro de qué. Solo le molestaba que lo buscarán con tanta intensidad, que metieran a Aoyama en eso y que ahora no pudiera saberse que era su socio, amigo o “hermano”. Ante los ojos de todos “el Dragón Blanco” ya no trabajaba con la mafia de Aoyama Rü. Aunque la realidad era muy diferente. Sora seguía manteniendo el contacto desechando móviles cada mes para no ser rastreado por nadie, acudiendo en incógnito a visitarlo, haciendo encargos de una fuente anónima o bajo otro nombre que Sora sabía que solo era una tapadera para que no lo asociaran con Aoyama. Tomaba las precauciones y también aceptaba el riesgo todo el tiempo.***
Agosto 2015 Los rumores sobre el apodado Dragón Blanco no pasaron desapercibidos para Bonten. Al principio no lo tomaron en cuenta, al menos así fue hasta que se convirtió en una molestia para sus asuntos. Querían aniquilarlo, pero atraparlo era más difícil de lo que pudiera parecer. Y también habían cosas que no tenían sentido, que no coincidían. — No hay nada. — Dijo Kokonoi. — Es imposible que no haya ningún dato personal de él. — inquirió Izana. Mikey que hasta entonces parecía ido, los miró con ese tipo de miradas que helaban la sangre. — Lo quiero vivo. Atrapadlo. — Dijo Mikey. Sanzu afiló su katana con una sonrisa y los hermanos Haitani se fueron a preparar los detalles de la misión. Tanto Manjiro e Izana tenían ya una ligera sospecha. Ese tal dragón emboscó a la banda que tenía información clave sobre Aoyama y el hermano perdido. Luego pudieron notar la separación del Dragón Blanco de todos los negocios de Aoyama, y también estaba el ataque hacia Bonten que cada vez parecía más personal. Algo no cuadraba. Y Takemichi sentía aún más es acorazonada. Y si su sospecha era cierta, estaban cerca de descubrirlo.…
Octubre 2015 Qué intentarán matarlo a Sora no le parecía extraño, era una molestia para muchos. Pero esto era nuevo. Bonten estaba poniendo su mirada sobre él y eso no era bueno. Aunque siempre supo que pasaría, había actuado un poco temerario. Romper su propia regla de no inmiscuirse en asuntos de Bonten fue lo que lo llevó a esto. Ahora el número de espías y estúpidos que tenía que matar para que lo dejaran en paz creció. Lo raro aquí era que no parecían tener más misión que secuestrarlo o algo así. No pretendían dañarlo. Y eso no era una buena señal porque o bien habían descubierto quién era o lo harían en cuanto lograran tenerlo. Entonces Sora tomó una decisión. No se la dijo a nadie. Ni siquiera a Aoyama. Simplemente tomó sus cosas y desapareció como si la tierra se lo hubiera tragado. Sí tenía que desaparecer un tiempo para que las aguas se calmaran entonces lo haría, mantendría un perfil bajo.