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El primer rayo de luz de la mañana se coló por la ventana, pero Adrien seguía despierto, revolviendo sin cesar sus pensamientos. Podía escuchar los ruidos del personal preparando el desayuno, pero en su cabeza solo veía mariposas y a su padre. Plagg descansaba despreocupadamente a su lado. Adrien se levantó suavemente para tomar una ducha tibia, seguramente eso despejaría sus pensamientos. El gentil flujo del agua lo hizo olvidar por un momento de sus preocupaciones. Se vistió con rapidez al notar el rugido de su estómago, ya era hora de desayunar. —Vamos Plagg, se hace tarde para ir a la escuela. —Vaya, alguien se levantó de buen humor hoy día —dijo Plagg mirándolo con incredulidad antes de seguirlo. En el comedor se encontraban Nathalie y Gabriel desayunando en silencio. —Adrien, apresúrate. La limusina ya te está esperando. —le dijo su padre sin dirigirle la mirada. Adrien se sentó en la larga mesa, en el extremo contrario a su padre. La voz de Gabriel había vuelto a despertar todas las preocupaciones de la noche anterior. —Después de la escuela tienes práctica de esgrima —Nathalie empezó a recitar su agenda diaria—. A las 4 P.M. tienes una sesión de fotos muy importante. A las 7… —Nathalie —la interrumpió Adrien— necesito hablar con mi padre. Nathalie vio asombrada a Adrien, ese tipo de comportamiento no era propio de él. Ella se quedó en silencio durante unos segundos viendo las leves marcas de cansancio bajo los ojos de Adrien antes de responder. —Tienes 10 minutos antes de salir a la escuela, adelante. —Necesito hablar con él en privado. Por favor. Nathalie se levantó silenciosamente de la mesa con su tableta en la mano y salió del salón, no sin antes mirar con preocupación al chico. —Bueno —dijo Gabriel pacientemente fijando la vista en su hijo por primera vez en días—, ¿por qué tanto revuelo? Los pensamientos de Adrien eran un enjambre de mariposas enfurecidas. La mirada calmada pero severa de su padre lo ponía más nervioso y no podía encontrar las palabras correctas. —¿Y bien? —dijo su padre con impaciencia. Adrien giraba impacientemente su anillo sobre su dedo mientras la carga de sus pensamientos lo abrumaba. —¿Qué es tan importante que hiciste salir a mi asistente? Las mariposas en la cabeza de Adrien revoloteaban en una nube de pensamientos indescifrables y la mirada penetrante de su padre lo forzaba a hablar. —SÉ QUE TRABAJAS PARA SHADOW MOTH. —exclamó con desesperación. Gabriel se quedó en silencio, con mirada de desconcierto, mientras veía a Adrien jadeando levemente, atrapado por la desesperación de haber hablado sin pensar. Poco a poco, la mirada de Gabriel se tornó en enfado. —Adrien… —dijo con una calma tensa—. ¿De verdad crees eso de mí? —¿Que tu propio padre podría trabajar para ese monstruo que destruye París? —refutó con tono calmado pero imponente. —Yo… yo… vi las mariposas. —murmuró Adrien, sin poder mantener la calma. —¿Las mariposas? — preguntó Gabriel intentando instigar a Adrien a hablar sobre lo que vio. —Sí. Las mariposas… —continuó Adrien, exaltado—. Tienes un salón repleto de las mariposas de Shadow Moth. Gabriel respiró hondo y se reclinó levemente, calmando su tono. —¡Ah, las mariposas! —dijo, con una mezcla de alivio y diversión contenida—. Un hombre ya no puede tener pasatiempos hoy en día… Pero su mirada cayó en el extraño anillo que Adrien jugueteaba nerviosamente. Un pensamiento fugaz cruzó su mente: ¿Cat Noir? Posó los dedos sobre su anillo de bodas y fijó los ojos en Adrien. —¿O es que dudas de mí porque tú me estás escondiendo algo? —preguntó suavemente—. Dime la verdad, Adrien. Adrien sintió cómo un nudo en su estómago se tensaba. La tentación de revelarle que era Cat Noir lo atormentaba, pero la desconfianza hacia su padre lo frenaba. En algún lugar, entre los flujos del tiempo, una chica de cabello rojo observaba la escena con atención. —Oh, —murmuró Alix— esto es diferente. Sus dedos descansaban sobre su reloj milagroso, lista para intervenir. —¿L… la verdad? —murmuró Adrien jugueteando con su anillo—. Te vi entrar a esa habitación ayer y… no pude evitar entrar en la noche. Gabriel lo estudió unos segundos más y luego soltó el anillo. El nudo en el estómago de Adrien se suavizó. Sabía que no era la verdad que su padre quería oír, pero aún así, dijo la verdad. —Adrien, si no sales ahora, llegarás tarde a la escuela. —dijo Nathalie, tocando suavemente la puerta de madera. — Anda —ordenó Gabriel—. Y no quiero volver a oír este tipo de tonterías. Adrien, aún agitado, obedeció. Dio un bocado a su desayuno y salió hacia la limusina. Para todos en la escuela, era un día normal, pero para él fue una tortura silenciosa. En la madriguera del tiempo la guardiana observaba y tomaba notas. Los engranajes del tiempo habían girado en una dirección inesperada y todo estaba a punto de cambiar.***
La agitada agenda de Adrien logró distraer la mente del muchacho durante unas horas. Pero, cuando bajó de la limusina y vio la imponente mansión donde se había criado, todo volvió a su cabeza. Adrien caminaba cabizbajo hacia su hogar cuando, por primera vez en el día, se percató que Plagg no lo acompañaba. Se apresuró en subir a su habitación, donde podría pedirle al Kwami que salga de su anillo. No era normal que Plagg no hablara con él. —¿Plagg? —preguntó Adrien con preocupación. El kwami apareció mágicamente del anillo y largó un gran bostezo. —Vaya, niño —dijo con voz adormilada—. Fue una noche larga, ¿estás bien? Adrien soltó un suspiro de alivio. —¿Dónde estabas? —preguntó sin poder evitar sonreír ligeramente. —Miaaaaaaaaa… —maulló Plagg estirándose—, después de anoche, necesitaba descansar. Y parecía que necesitabas un momento a solas, niño. —Entiendo… entonces, creo que cargué este queso todo el día sin sentido —dijo sacando un pedazo de camembert del bolsillo de su camiseta. Adrien no pudo contener una risita cuando Plagg se abalanzó hacia el queso. Plagg seguía siendo él mismo y eso era un alivio. —¡Queso! —Plagg empezó a mordisquear el oloroso camembert—. Pero, en serio, niño. Deberías descansar un poco. O parecerás un oso panda. Las palabras de Plagg actuaron instantáneamente en Adrien. Los hombros le pesaban y sentía los ojos extremadamente cansados. Adrien emitió un pronunciado bostezo y se recostó sobre la cama. —Eres un gato muy inteligente, Plagg. Pero, no sé si podré quedarme dorm… Adrien no pudo terminar la frase antes de que la fatiga por fin logre vencer su ansiedad. Plagg mordisqueó rápidamente el queso y salió de la habitación silenciosamente.***
Cuando Adrien despertó, la luz de la mañana entraba suave por la ventana. Parpadeó varias veces, sintiendo que aún llevaba la noche en los ojos. Pero algo extraño llamó su atención. Se levantó despacio y escuchó un murmullo extraño. No. Dos voces. Sigilosamente, se acercó y vio algo que lo dejó paralizado. En un extremo de la habitación estaba Plagg y, a su lado, Tikki; el kwami de la creación. —No debería ser tan difícil… —dijo Plagg, con un tono que mezclaba curiosidad y preocupación—. Solo tenemos que fingir, ya lo hemos hecho antes ¿verdad? —Plagg… —Tikki intervino, con voz firme y controlada—. Adrien corre peligro. —¡Podría!, correr peligro. Tikki emitió un suspiro de exasperación antes de ver fijamente a Plagg. —Somos los kwamis de la creación y la destrucción. Si Shadow Moth toma el control de uno de nosotros, todo el mundo correrá peligro. —Pero, si no lo hace…—interrumpió Plagg. —Shadow Moth hará lo que sea para conseguirnos —le increpó Tikki—, incluso si eso implica herir a Adrien. —¡Pero es su padre! Su padre no le haría eso. ¿Verdad? Tikki suspiró con preocupación intentando encontrar las palabras adecuadas. —Tú mismo lo dijiste… es su padre quien sospecha que Adrien es Cat Noir y… —Y su asistente quien sugirió que eso le facilitaría las cosas a Shadow Moth —Plagg completó la frase— Lo sé, pero… —¿Papá y Nathalie? —intervino Adrien perplejo por lo que acababa de escuchar. —A… Adrien estábamos hablando de… de qué queso prefieren tu papá y Nathalie —dijo Plagg viendo nerviosamente a Tikki— y Shadow Moth también, seguro le gusta un queso horroroso. Tikki se quedó callada mientras Plagg intentaba buscar una excusa lógica para desviar la conversación. Adrien se levantó de la cama y se acercó a los kwamis lentamente. Sabía que algo andaba mal. Plagg no pediría ayuda de Tikki por algo simple. —Basta Plagg, dime la verdad. —Sé que a tu padre le gustan los buenos quesos, por eso tenemos tanto camembert en la casa y… —empezó a murmurar con nerviosismo. —Plagg… —insistió Adrien. Plagg respiró profundamente sabiendo que sería imposible evitar decirle la verdad a su portador. Dio un leve vistazo a Tikki, que aún estaba pasmada al ver que Adrien estuvo escuchando su conversación, antes de flotar cerca a su rostro. —Esto no es fácil de decir —murmuró, más para sí mismo que para Adrien—. Lo que pasó la otra noche, lo que vimos. Estaba muy preocupado. Anoche, cuando te quedaste dormido, me acerqué a la oficina de tu padre y lo escuché hablar con su asistente. Hablaban sobre muchas cosas aburridas, de vestidos y esas cosas así que iba a ir por más camembert a la cocina. Pero entonces, la asistente mencionó tu nombre. Tikki flotaba cerca a Plagg asegurándose que no cambie la versión de la historia para proteger a Adrien, pero sin ser capaz de sostener la mirada de ninguno de los dos. —Entonces, la asistente dijo —continuó el kwami—: “Sobre el asunto de su hijo”, y tu padre respondió: “Si, me está ocultando algo y está relacionado con ese extraño anillo”. Luego, la asistente preguntó: “¿Usted cree que…?” y tu padre la interrumpió: “Si, Adrien es Cat Noir”. Y entonces, la asistente dijo: “Eso hará que Shadow Moth pueda conseguir su objetivo más fácilmente, sólo tendrá que quitárselo”. Así que corrí a buscar a terroncito para que nos ayude, pero ella insiste en que esta situación es muy peligrosa para ti. Plagg terminó de contar la historia, respirando pesadamente para recobrar la respiración. Adrien se quedó en silencio, procesando cada palabra. Su corazón latía con fuerza y la sensación de traición, mezclada con miedo, le atravesaba el pecho. Finalmente, rompió el silencio. —Entonces, él lo sabe… me mintió… —Adrien… —Tikki se acercó a su hombro para intentar tranquilizarlo. —Gracias por ayudar Tikki —la expresión de Adrien se tornó fría—, regresa con Ladybug, por favor. El nudo en el estómago de Adrien volvió a aparecer y podía sentir la amenaza de que sus ojos se humedecieran. Pero no podía mostrar debilidad, no ahora. —Pero, Adrien… ¿Estaba en peligro? ¿Su padre trabaja para Shadow Moth? ¿Nathalie también? La cabeza de Adrien daba vueltas recorriendo interminables preguntas. ¿Qué haría Ladybug? Entonces se detuvo. ¿Qué haría Ladybug si se enteraba…? ¿Qué haría Ladybug si se enteraba que su padre trabajaba para su mayor enemigo? Sería el final. Pero… ¿El de Gabriel o el de Cat Noir? —Y, por favor, no le cuentes nada de esto —sonrió mirando a Tikki—, podemos resolverlo. Tikki dudó por un momento. Buscó la mirada de Plagg para confirmar si su ayuda era requerida. Plagg asintió con firmeza y Adrien mantenía su cálida sonrisa, pulida a la perfección. Aunque Tikki sabía que era falsa, decidió. —Confío en que tomarán la decisión correcta. —les dijo Tikki con firmeza. Un destello rojo cruzó la habitación con presteza. La sonrisa ensayada de Adrien se esfumó.