Stray Cat: A Miraculous Story

Gen
PG-13
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1
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planificada Mini, escritos 22 páginas, 6.010 palabras, 2 capítulos
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Capítulo 2: Errores

Ajustes
Ladybug se mantenía en equilibrio sobre el borde de un edificio, observando cómo la ciudad cambiaba ante sus ojos. Los grandes edificios de París habían sido reemplazados de forma caótica por enormes árboles. El imponente Louvre ya no existía; en su lugar, un pequeño bosque de pinos se alzaba cubierto de nidos, unos sobre otros sin orden alguno. A su alrededor, decenas de palomas revoloteaban en círculos cerrados, descendiendo en movimientos casi sincronizados sobre sus nuevos hogares. Entonces lo vio. ¿Señor Pichón? ¿De nuevo? pensó la heroína al reconocer al señor Ramier akumatizado. Pero esta vez había algo diferente. No estaba solo. El señor Pichón montaba una enorme paloma. Un sentimonstruo, sin duda. —Oh, Rosetta, ¿te gustaría vivir aquí? —preguntó despreocupadamente el villano a una de las palomas que revoloteaban a su alrededor—. La pastelería Dupain-Cheng es ahora tu nuevo hogar. La paloma gigante emitió un sonido gutural e, inmediatamente, la pastelería se tornó de un color oscuro, similar a la ceniza y el óxido. La estructura se derrumbó rápidamente, como si hubiera pasado siglos abandonada. De las ruinas —extrañamente similares a composta— emergió una gigantesca secuoya, llena también de nidos, sobre la cual Rosetta se posó casi al instante. Al menos mamá y papá habrán logrado refugiarse cuando todo empezó…pensó Ladybug, sin apartar la vista del desastre. Lanzó su yoyo mágico a un poste cercano para balancearse al edificio más próximo al señor Pichón. Si esto sigue así, pronto tendré que balancearme por los árboles. Aún a espaldas del villano, Ladybug marcó a Cat Noir. Buzón de voz. ¿Ahora dónde te metiste? —¡Eso es todo, señor Pichón! —exclamó con una falsa seguridad mientras colgaba la llamada fallida—. ¡No dejaré que destruyas París! El villano giró hacia la heroína, confundido. —¿Destruir? —repitió. Levantó un codo a la altura de su quijada, dejando que una de sus palomas descanse sobre su brazo. —¿Acaso no lo ves, Ladybug? ¡Esto es lo que siempre debió ser París! —abrió los brazos bruscamente para mostrar su obra, haciendo que la paloma que se había posado saliera volando—. Lo siento, Solange —le dijo con suavidad a la paloma antes de dirigirse nuevamente a su rival—. ¡Un paraíso natural, donde todas mis amigas podrán vivir en paz! —Entonces, esto será rápido. Ladybug lanzó su yoyo en dirección del silbato que el villano portaba, pero el sentimonstruo se movió rápidamente para evitar el golpe.Claro que no sería tan sencillo. El villano colocó el silbato entre sus labios y, tras un ligero pitido, la bandada de palomas que revoloteaban desordenadamente alrededor suyo se sincronizó. Las palomas bajaron salvajemente en picado hacia Ladybug. Señor Pichón —la voz de Shadow Moth resonó en su mente—, tráeme el miraculous de Ladybug, solo así tus amigas podrán estar a salvo. Ladybug esquivó el ataque coordinado con dificultad cuando oyó otro pitido. La intrincada formación de palomas sincronizadas se rompió. Las palomas descendieron violentamente en picada, una por una, en dirección a sus aretes. Ladybug se vio forzada a usar su yoyo como escudo, golpeando a algunas palomas en el proceso. Lo siento, palomitas, pensó, sintiéndose culpable. La batalla se había vuelto un caos lleno de picos y plumas. No resistiría mucho más. Y además, estaba el sentimonstruo. Ladybug necesitaba a Cat Noir… ahora. Los ataques del villano eran rápidos y consistentes. No había tiempo para pensar. Si tan solo pudiera usar mi amuleto encantado… —¡Ríndete, Ladybug! Entrégame tu miraculous y todo terminará. —¡Jamás! —Ladybug saltó por la ventana de un edificio cercano. Necesitaba un segundo para contactar a Cat Noir. Oyó nuevamente al sentimonstruo… y el edificio alrededor suyo se desmoronó. En un abrir y cerrar de ojos, estaba esquivando palomas y ramas de un frondoso arce. —¿Tienes problemas, Bugaboo? —el apodo hizo que Ladybug se tensara, pero la voz de Cat Noir le dio un segundo aire. Del remolino de hojas y plumas, el bastón de Cat Noir apareció dirigiéndose a gran velocidad hacia su rostro. El yoyo mágico se enredó con él y, por un instante, quedó completamente expuesta. —¡CAT NOIR! —gritó con desesperación. Sintió un picotazo en su oreja izquierda justo antes de ser arrastrada por su yoyo. Cat Noir retrajo su bastón, arrancándola del ataque apenas antes de que fuera derrotada. —Pero ¿en qué estás pensando? —le recriminó mientras Cat Noir le ayudaba a desenredarse con rapidez. Aunque la acción indiscriminada de Cat Noir la había molestado, no pudo evitar sonreír al verlo parado frente a ella, listo para la acción. —Ganaste un ticket premium en bastones exprés, Bugaboo. —dijo Cat Noir en tono burlón. El villano había detenido sus ataques, sorprendido por la repentina aparición del gato negro. —Ja, ja… muy gracioso, gatito —la voz de Ladybug mostraba verdadero alivio—. Pero no es tiempo para bromas. Otro pitido. La bandada volvió al ataque, en dirección a los aretes y el anillo. —¿Señor Pichón? ¿En serio? —preguntó buscando información de su colega— ¿No lo derrotamos ya mil veces? —Esta vez tiene un sentimonstruo —dijo Ladybug, agitada—. Tiene el poder de convertir los edificios en árboles. —¡Miau! Ojalá los convirtiera en hierba gatera. —Solo necesito un minuto para usar mi… —Yo me encargo, mi lady —exclamó Cat Noir, lanzándose hacia el villano. —¡Espera, Cat Noir! Pero ya era demasiado tarde. La bandada de aves atacaba incesantemente. Tras un breve pitido, un grupo de palomas embistió a Cat Noir, empujándolo hacia la ventana de un edificio aún intacto. El sentimonstruo volvió a actuar de inmediato. Ladybug apenas lograba esquivar las nuevas embestidas mientras veía el edificio por el que entró Cat Noir derrumbarse. —¡GATACLISMO! Entre las ruinas del edificio empezó a crecer un peral y una mancha negra saltó rápidamente hacia el sentimonstruo. Nuevamente, un pitido. La bandada reaccionó perfectamente, como una máquina. Todas las palomas se enfocaron únicamente en interrumpir el ataque de Cat Noir. Demonios, Cat Noir. ¿En qué estás pensando?, pensó la heroína. Sin el Gataclismo, estaban en problemas. Necesitaba un nuevo plan. Y rápido. —¡AMULETO ENCANTADO! —Ladybug lanzó su yoyo al aire, viendo cómo se convertía en un brazalete de la amistad. Las palomas lograron interceptar a Cat Noir. De entre la bandada, una paloma petrificada cayó al suelo y se hizo añicos al impactar. La sonrisa confiada de Cat Noir desapareció de su rostro al darse cuenta de lo que había hecho. Cayó al suelo, de pie, junto a los restos de la paloma que acababa de destruir. Se quedó paralizado. El silbato volvió a sonar. Las palomas descendieron en picado hacia Cat Noir. —¡CAT NOIR, ATENCIÓN! —la voz de Ladybug lo espabiló. El héroe esquivó los incesantes ataques con dificultad, algo no estaba bien. La mente de Ladybug empezó a funcionar a su máxima capacidad. ¿Un brazalete de la amistad? A lo lejos algunos edificios llamaron la atención. ¡Eso es!, pensó victoriosa. Las casas de sus amigos. Necesitaba ayuda. —Resiste un poco, Cat Noir, traeré refuerzos. No recibió respuesta. ¿Quién podría ayudarme? reflexionó. Polymouse podría pelear contra todas las palomas. Pero… ¿el sentimonstruo? Minotauro podría resistir los ataques. Pero no podríamos hacer nada más. Pigella… ¡SÍ! Pigella podría hacer que cambie de opinión. —Tikki, motas fuera. El disfraz mágico desapareció, dando paso a Marinette, una adolescente normal. Marinette le dio un macaron a Tikki. —Vamos, Tikki, recupera fuerzas. Debemos apresurarnos antes de que Cat Noir se destransforme. —Tikki, motas. Ladybug se apresuró a encontrar a su amiga. Se balanceó entre árboles y edificios hasta que la vio. Rose se encontraba ayudando a una familia de gatitos atrapados entre las raíces de un árbol. Ladybug bajó para prestar su ayuda. —Gracias, Ladybug —Rose le dedicó una gran sonrisa—. ¿Pero no deberías estar luchando con el villano? Ladybug tomó su yoyo mágico con premura e introdujo dos dedos para extraer una tobillera de perlas. —Rose Lavillant, este es el miraculous del cerdo. Tiene el poder de mostrar el más profundo deseo de las personas. Con tu ayuda, podremos hacer recapacitar al señor Pichón. Rose la miró fijamente por un momento, antes de asentir con firmeza. Se puso la joya en el tobillo izquierdo y de ella salió flotando un pequeño cerdito. —Hola, Daizzi —soltó una pequeña risita—. ¡Daizzi, felicidad! Ante los ojos de Ladybug, Rose se transformó en una super heroína. —Vamos, Cat Noir está en problemas.

***

Cat Noir giraba su bastón frenéticamente esquivando cuantas palomas podía. Pero eran demasiadas, el señor Pichón había empezado a atacar desde todos los ángulos. Escuchó el débil pitido de su anillo. Solo le quedaban dos minutos. Los restos cenizos de una paloma se elevaban entre el caótico juego de pies de Cat Noir. No podía creer haber cometido un error tan estúpido. Seguro Ladybug estaba decepcionada. Otro sonido tenue. Último minuto. ¿Dónde estaba Ladybug? El superhéroe se sentía abrumado, estaba a punto de rendirse. Eso es todo, Shadow Moth ganó,pensó, desanimado. Una silueta roja y una rosa cayeron frente a él. —Corre, Cat Noir, estás a punto de destransformarte —Ladybug sonaba confiada. Tenía un plan. Cat Noir corrió dentro de una tienda cercana. —Garras fuera. Le extendió un trozo de Camembert al kwami de la destrucción. —Soy inútil, Plagg —dijo con pesadez—. No soy capaz de vencer a un akuma tan simple y… y decepcioné a Ladybug. —Tranquilo, niño —lo tranquilizó Plagg, tragándose el queso de un bocado—. Todos cometemos errores. —Lo sé, pero… —los ojos de Adrien se tornaron vidriosos— no puedo pensar con claridad… —Estás pasando por mucho, Adrien. ¿Estás seguro que no quieres hablarlo con nadie? —¡CAT NOIR, TE NECESITAMOS! A algunos metros de él, Pigella y Ladybug esquivaban los ataques de las palomas. No sabía cuánto tiempo habría estado fuera de la batalla. —No es el momento, Plagg —le dijo al kwami frotándose los ojos—. ¡Plagg, las garras! Cat Noir volvió de un salto a la pelea, girando su bastón rápidamente. Pigella aventaba palomas a diestra y siniestra, golpeándolas rítmicamente con su pandereta. Ladybug cerraba la formación con su yoyo girando en una hélice impenetrable. —Te estabas demorando, gatito —bromeó Ladybug. —¿Cuál es el plan, Ladybug? —respondió Cat Noir. ¿No bromeó ni me llamó Bugaboo?, pensó preocupada. ¿Qué está sucediendo? Ladybug se tragó sus pensamientos intrusivos para concentrarse en la tarea. —Primero, tú distraes al sentimonstruo. Activa tu Gataclismo pero no lo uses todavía, eso hará que te preste atención. Hizo una breve pausa esperando la respuesta de Cat Noir. Nada. —Luego, Pigella y yo nos acercaremos al señor Pichón esquivando a las palomas. Entonces, Pigella usará su poder para que el señor Ramier renuncie a su Akuma. —...Entendido —respondió Cat Noir tras un breve silencio—. ¡Gataclismo! Cat Noir dió un salto hacia adelante, atrayendo a la mayor parte de la bandada sin mirar atrás. —¿E… estás segura de esto, Ladybug?— preguntó Pigella preocupada. —Tranquila, Pigella. Todo saldrá como lo planeamos. Tras un nuevo pitido, la bandada completa se dirigió hacia Cat Noir. Al parecer, el señor Pichón no podía dar más de una orden al mismo tiempo. —¡Ahora, Pigella! Las heroínas se acercaron al señor Pichón de un salto y gritaron al unísono. —¡Regalo! —¡Amuleto encantado! Un hermoso regalo gris con un lazo negro apareció frente al villano y el yoyo de Ladybug se convirtió en… …¿otro brazalete de la amistad? —Es… hermoso —murmuró el señor Pichón. El poder de Pigella había revelado ante él un gran bosque. En el centro del inmenso bosque se erigía la torre Eiffel. Miles de palomas revoloteaban tranquilamente de árbol en árbol. Y, bajo la torre Eiffel, el señor Ramier sentado con una bolsa de migajas de pan. Entonces… protégelo. La voz de Shadow Moth volvió a resonar en la mente del villano. Tras un breve momento, el poder de Pigella desapareció. —¡N… no! —exclamó Pigella, horrorizada—. Ladybug… no funcionó. A varios metros, Cat Noir observó la escena. No pudo evitar paralizarse al ver que el plan no había funcionado. Todo es mi culpa, pensó. Si tan solo hubiera podido derrotarlo… Un grupo de palomas logró alcanzarlo, desgarrando parte de su traje. El dolor lo sacó de su estupor. Cat Noir volvió a correr. Ladybug se quedó en silencio, observando el nuevo brazalete. Había algo distinto. Varias cuentas de colores y algunos amuletos. ¿Una mosca y un coco? No. Una abeja. ¿Vesperia? Y el coco… ¡Era un caparazón! ¡Carapace! Ladybug dio un pequeño grito al darse cuenta de lo mal que había interpretado su amuleto. —Cat Noir, Pigella, resistan un poco más. Se los ruego. La heroína se alejó a toda prisa de la batalla sin decir más. —¿A dónde fue Ladybug? —preguntó Cat Noir, exhausto. —No lo sé, pero confío en ella —respondió Pigella—. Tenemos que proteger París hasta que vuelva. Cat Noir llegó a un costado de la portadora del miraculous del cerdo, listo para adoptar una posición defensiva a su lado. —No sé cuánto tiempo podamos aguantar. Cat Noir hizo una breve pausa. —Solo ella puede arreglar mis errores… Pigella vio compasivamente a Cat Noir. No sabía de qué estaba hablando, pero confiaba en la fortaleza de los héroes de París. —También confío en ti, Cat Noir —le confió animosamente—. Estoy contigo.

***

—¡Amuleto encantado! El eco de las palabras resonó en el París reforestado. Cat Noir y Pigella estaban llegando a su límite. —¡Escudo! La voz de Carapace fue seguida de un gran estruendo. Un cañonazo, quizás. En el cielo apareció una brillante esfera verde que envolvía a Vesperia y Ladybug. —¡Veneno! —¡Carapace, ahora! El escudo brillante desapareció en el momento exacto para que Vesperia paralizara el sentimonstruo. En un instante, perfectamente coreografiado, Ladybug consiguió apresar al villano aprovechando la parálisis. —¡Ahora, Cat Noir! Cat Noir reaccionó instintivamente. Dio un gran salto, esquivando a las palomas que aún intentaban atacarlo, para desatar el Gataclismo sobre el sentimonstruo paralizado. El sentimonstruo se desintegró dejando flotar una pluma morada al mismo tiempo que Ladybug quebró el silbato del akuma, liberando a la mariposa. —¡Hora de acabar con la maldad! Ladybug usó su yoyo mágico para capturar ambos objetos y purificarlos. —Adiós mariposita y plumita. ¡MIRACULOUS LADYBUG! Un enjambre de mariquitas mágicas inundó París, reparando todo el daño provocado por el akuma y su sentimonstruo. —¡Ganamos! Ladybug extendió su puño para chocar con sus compañeros. Vesperia, Pigella y Carapace respondieron el gesto. Ladybug no bajó el puño de inmediato. Su mirada recorrió el lugar, disimuladamente. Cat Noir se había marchado.

***

—¿Qué pasa hermano? Nunca te había vencido tan fácilmente en este juego. Nino había pasado la tarde después de la escuela en la mansión Agreste. Gabriel había salido a un importante viaje de negocios con la señora Tsurugi y Nathalie había accedido con la condición de que Adrien esté disponible para una sesión de fotos al día siguiente. —Nino… —Adrien pausó el juego—, ¿alguna vez te has sentido… inútil? —Por supuesto que no —respondió su mejor amigo burlonamente—. Aunque, ahora que lo dices… —¿Nunca has sentido… —lo interrumpió Adrien, observando fijamente la imagen estática del televisor— que le fallaste a quien más quieres y no puedes hacer nada para solucionarlo? Nino observó preocupado a su amigo, intentando buscar las palabras correctas. —Que haces todo lo posible por proteger a los que quieres… pero eso empeora todo. Los muchachos se quedaron en silencio unos segundos. —¿Sabes? —Adrien rompió el silencio—. ¿Cuándo deja de valer la pena guardar un secreto para proteger a quien amas? Nino acomodó ligeramente su gorra, tapando sus ojos para obtener un aire misterioso. Tenía la respuesta que necesitaba su amigo. —Cuando el secreto te hace daño —respondió—. Un secreto puede ser bien intencionado, hermano, pero las mentiras siempre hieren a alguien. Adrien volteó para ver a Nino directo a los ojos. Sus ojos vidriosos estaban a punto de soltar lágrimas de frustración. —Eh… —Nino sacudió la cabeza nervioso, rompiendo su aura de misterio. —¿Crees que debería acabar con todos los secretos? —preguntó Adrien con un claro tono de desesperación—. Eso acabaría con todos los problemas, ¿verdad? La imagen de Alya apareció en la mente de Nino. Ella le había revelado su identidad como superheroína porque no podría guardarle secretos a alguien que quería tanto. —Pues… —Nino evitó los ojos de su amigo— si de verdad te quieren podrán apoyarte con ese “secreto”, por duro que sea. Si no, no creo que valga la pena mantenerlo… Adrien bajó la mirada, pensativo. El silencio se volvió incómodo. Nino apretó un botón en el mando de Adrien, reanudando el juego. —¡Anda! Quiero volver a derrotarte usando a Clima Tempestuoso —Nino interrumpió el momento—. Debería tomarle una foto, nadie me lo creerá. —Claro que no… Adrien se quedó en silencio por un segundo observando su personaje seleccionado por defecto… Cat Noir. Presionó un par de botones en el mando para cambiar de personaje. —Esta vez te derrotaré yo —Adrien sonrió—, te derrotaré con La Titiritera. Nino dejó el tema atrás casi de inmediato. Después de todo, no estaba interesado en el mundo de la moda y no era capaz de identificar su sonrisa de comercial.

***

—Padre, necesito hablar contigo. El señor Agreste acababa de regresar de Londres y Nathalie lo ayudaba con su equipaje. —Hablaremos más tarde. Nathalie pasó junto a Adrien, cargando un sofisticado maniquí. Se detuvo un instante al observarlo. Los ojos verdes del chico estaban inyectados de sangre, claramente había estado llorando. —Señor —le dijo Nathalie a su jefe—. Nosotros podemos encargarnos del resto. —Excelente —respondió—, estaré en mi oficina. —Padre… por favor. Gabriel ignoró a su hijo y partió rumbo a su oficina en el segundo nivel. Adrien se quedó parado en el mismo lugar. Parpadeó, conteniendo las lágrimas. Nathalie siguió a Gabriel con la mirada. Luego volvió a Adrien. —Adrien… —lo espabiló—, acompáñame. Subieron los escalones en silencio. El corazón de Adrien latía a todo dar. —¿Gabriel? —Nathalie llamó a la puerta, gentil pero firme. —Nathalie. Qué eficiente —respondió Gabriel—, pasa. Adrien dudó en la entrada, observando la escena. —Señor, no tiene ninguna reunión agendada hasta mañana —giró ligeramente para dejar visible a Adrien atrás suyo—. Creo que tiene un tiempo para escuchar a su hijo. El rostro de Gabriel se endureció al mirarla. —De acuerdo. Nathalie le dirigió a Adrien una leve mirada de aprobación, pero no se retiró. Adrien avanzó con pasos tímidos hacia su padre. —Cierra la puerta. Adrien se sobresaltó, pero obedeció al instante. Se acercó unos pasos más, hasta quedar frente a su padre. No conseguía verlo a los ojos. El silencio se prolongó. Adrien esperaba que su padre hablara primero. No lo hizo. —Tenías razón —murmuró Adrien. Nathalie y Gabriel lo observaban con atención. Adrien buscó apoyo moral en la mirada de Nathalie. Nada. Había adoptado la misma expresión fría y vacía de su padre. —...Sobre lo del otro día. Sin darse cuenta, llevó la mano a sus dedos vacíos. El extraño anillo que Gabriel había notado días atrás ya no estaba. Por un instante, el gesto de Gabriel vaciló. Su padre llevó la mano a su anillo de bodas, girándolo entre los dedos. —¿Viniste a revelarme que eres Cat Noir? —dijo con un ligero tono de burla. El estómago de Adrien se contrajo. Un ligero olor a queso llegó a su nariz. Aún llevaba un trozo de camembert en el bolsillo. Sintió que iba a vomitar. —Sí. Por primera vez, Nathalie no logró ocultar la sorpresa.

***

Al otro lado de la ciudad. Ladybug daba piruetas sobre los edificios, ansiosa por llegar a la torre Eiffel. Unos minutos antes había recibido un mensaje de Cat Noir. “Mi lady, necesito verte. Nos vemos en la torre Eiffel a media noche.” Cat Noir…¿qué sucede? Ladybug seguía preocupada por el comportamiento de su camarada. Nunca se iba sin chocar los puños… y algo no estaba bien. A las 11:58 P.M., Ladybug llegó a su punto de encuentro usual. Quería darle una sorpresa llegando antes. Un gemido rompió el silencio. —¿Cat Noir? —preguntó, preocupada. —¿Ladybug? —no era la voz del superhéroe. Era Plagg. El kwami apareció detrás de una viga, con un sobre sellado en las manos. —¡LADYBUG! —el kwami flotó hacia la guardiana, llorando desconsoladamente. ¿Plagg…?, algo andaba mal. Sin decir una palabra; el llanto no se lo permitía. Plagg le extendió el sobre. Las manos de Ladybug temblaban. El sobre estaba bien sellado, firmado con una patita de gato. Creyó notar algunas gotas aún sin secar sobre el papel. Abrió con cuidado el sobre y, en su interior, una nota. “Lo siento.” Cayó de rodillas. Del sobre se deslizó con suavidad el miraculous del gato negro. Recogió el anillo con firmeza. Una lágrima solitaria recorrió su mejilla. Por primera vez, realmente estaba sola.
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