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Cat Noir giraba su bastón frenéticamente esquivando cuantas palomas podía. Pero eran demasiadas, el señor Pichón había empezado a atacar desde todos los ángulos. Escuchó el débil pitido de su anillo. Solo le quedaban dos minutos. Los restos cenizos de una paloma se elevaban entre el caótico juego de pies de Cat Noir. No podía creer haber cometido un error tan estúpido. Seguro Ladybug estaba decepcionada. Otro sonido tenue. Último minuto. ¿Dónde estaba Ladybug? El superhéroe se sentía abrumado, estaba a punto de rendirse. Eso es todo, Shadow Moth ganó,pensó, desanimado. Una silueta roja y una rosa cayeron frente a él. —Corre, Cat Noir, estás a punto de destransformarte —Ladybug sonaba confiada. Tenía un plan. Cat Noir corrió dentro de una tienda cercana. —Garras fuera. Le extendió un trozo de Camembert al kwami de la destrucción. —Soy inútil, Plagg —dijo con pesadez—. No soy capaz de vencer a un akuma tan simple y… y decepcioné a Ladybug. —Tranquilo, niño —lo tranquilizó Plagg, tragándose el queso de un bocado—. Todos cometemos errores. —Lo sé, pero… —los ojos de Adrien se tornaron vidriosos— no puedo pensar con claridad… —Estás pasando por mucho, Adrien. ¿Estás seguro que no quieres hablarlo con nadie? —¡CAT NOIR, TE NECESITAMOS! A algunos metros de él, Pigella y Ladybug esquivaban los ataques de las palomas. No sabía cuánto tiempo habría estado fuera de la batalla. —No es el momento, Plagg —le dijo al kwami frotándose los ojos—. ¡Plagg, las garras! Cat Noir volvió de un salto a la pelea, girando su bastón rápidamente. Pigella aventaba palomas a diestra y siniestra, golpeándolas rítmicamente con su pandereta. Ladybug cerraba la formación con su yoyo girando en una hélice impenetrable. —Te estabas demorando, gatito —bromeó Ladybug. —¿Cuál es el plan, Ladybug? —respondió Cat Noir. ¿No bromeó ni me llamó Bugaboo?, pensó preocupada. ¿Qué está sucediendo? Ladybug se tragó sus pensamientos intrusivos para concentrarse en la tarea. —Primero, tú distraes al sentimonstruo. Activa tu Gataclismo pero no lo uses todavía, eso hará que te preste atención. Hizo una breve pausa esperando la respuesta de Cat Noir. Nada. —Luego, Pigella y yo nos acercaremos al señor Pichón esquivando a las palomas. Entonces, Pigella usará su poder para que el señor Ramier renuncie a su Akuma. —...Entendido —respondió Cat Noir tras un breve silencio—. ¡Gataclismo! Cat Noir dió un salto hacia adelante, atrayendo a la mayor parte de la bandada sin mirar atrás. —¿E… estás segura de esto, Ladybug?— preguntó Pigella preocupada. —Tranquila, Pigella. Todo saldrá como lo planeamos. Tras un nuevo pitido, la bandada completa se dirigió hacia Cat Noir. Al parecer, el señor Pichón no podía dar más de una orden al mismo tiempo. —¡Ahora, Pigella! Las heroínas se acercaron al señor Pichón de un salto y gritaron al unísono. —¡Regalo! —¡Amuleto encantado! Un hermoso regalo gris con un lazo negro apareció frente al villano y el yoyo de Ladybug se convirtió en… …¿otro brazalete de la amistad? —Es… hermoso —murmuró el señor Pichón. El poder de Pigella había revelado ante él un gran bosque. En el centro del inmenso bosque se erigía la torre Eiffel. Miles de palomas revoloteaban tranquilamente de árbol en árbol. Y, bajo la torre Eiffel, el señor Ramier sentado con una bolsa de migajas de pan. —Entonces… protégelo. La voz de Shadow Moth volvió a resonar en la mente del villano. Tras un breve momento, el poder de Pigella desapareció. —¡N… no! —exclamó Pigella, horrorizada—. Ladybug… no funcionó. A varios metros, Cat Noir observó la escena. No pudo evitar paralizarse al ver que el plan no había funcionado. Todo es mi culpa, pensó. Si tan solo hubiera podido derrotarlo… Un grupo de palomas logró alcanzarlo, desgarrando parte de su traje. El dolor lo sacó de su estupor. Cat Noir volvió a correr. Ladybug se quedó en silencio, observando el nuevo brazalete. Había algo distinto. Varias cuentas de colores y algunos amuletos. ¿Una mosca y un coco? No. Una abeja. ¿Vesperia? Y el coco… ¡Era un caparazón! ¡Carapace! Ladybug dio un pequeño grito al darse cuenta de lo mal que había interpretado su amuleto. —Cat Noir, Pigella, resistan un poco más. Se los ruego. La heroína se alejó a toda prisa de la batalla sin decir más. —¿A dónde fue Ladybug? —preguntó Cat Noir, exhausto. —No lo sé, pero confío en ella —respondió Pigella—. Tenemos que proteger París hasta que vuelva. Cat Noir llegó a un costado de la portadora del miraculous del cerdo, listo para adoptar una posición defensiva a su lado. —No sé cuánto tiempo podamos aguantar. Cat Noir hizo una breve pausa. —Solo ella puede arreglar mis errores… Pigella vio compasivamente a Cat Noir. No sabía de qué estaba hablando, pero confiaba en la fortaleza de los héroes de París. —También confío en ti, Cat Noir —le confió animosamente—. Estoy contigo.***
—¡Amuleto encantado! El eco de las palabras resonó en el París reforestado. Cat Noir y Pigella estaban llegando a su límite. —¡Escudo! La voz de Carapace fue seguida de un gran estruendo. Un cañonazo, quizás. En el cielo apareció una brillante esfera verde que envolvía a Vesperia y Ladybug. —¡Veneno! —¡Carapace, ahora! El escudo brillante desapareció en el momento exacto para que Vesperia paralizara el sentimonstruo. En un instante, perfectamente coreografiado, Ladybug consiguió apresar al villano aprovechando la parálisis. —¡Ahora, Cat Noir! Cat Noir reaccionó instintivamente. Dio un gran salto, esquivando a las palomas que aún intentaban atacarlo, para desatar el Gataclismo sobre el sentimonstruo paralizado. El sentimonstruo se desintegró dejando flotar una pluma morada al mismo tiempo que Ladybug quebró el silbato del akuma, liberando a la mariposa. —¡Hora de acabar con la maldad! Ladybug usó su yoyo mágico para capturar ambos objetos y purificarlos. —Adiós mariposita y plumita. ¡MIRACULOUS LADYBUG! Un enjambre de mariquitas mágicas inundó París, reparando todo el daño provocado por el akuma y su sentimonstruo. —¡Ganamos! Ladybug extendió su puño para chocar con sus compañeros. Vesperia, Pigella y Carapace respondieron el gesto. Ladybug no bajó el puño de inmediato. Su mirada recorrió el lugar, disimuladamente. Cat Noir se había marchado.***
—¿Qué pasa hermano? Nunca te había vencido tan fácilmente en este juego. Nino había pasado la tarde después de la escuela en la mansión Agreste. Gabriel había salido a un importante viaje de negocios con la señora Tsurugi y Nathalie había accedido con la condición de que Adrien esté disponible para una sesión de fotos al día siguiente. —Nino… —Adrien pausó el juego—, ¿alguna vez te has sentido… inútil? —Por supuesto que no —respondió su mejor amigo burlonamente—. Aunque, ahora que lo dices… —¿Nunca has sentido… —lo interrumpió Adrien, observando fijamente la imagen estática del televisor— que le fallaste a quien más quieres y no puedes hacer nada para solucionarlo? Nino observó preocupado a su amigo, intentando buscar las palabras correctas. —Que haces todo lo posible por proteger a los que quieres… pero eso empeora todo. Los muchachos se quedaron en silencio unos segundos. —¿Sabes? —Adrien rompió el silencio—. ¿Cuándo deja de valer la pena guardar un secreto para proteger a quien amas? Nino acomodó ligeramente su gorra, tapando sus ojos para obtener un aire misterioso. Tenía la respuesta que necesitaba su amigo. —Cuando el secreto te hace daño —respondió—. Un secreto puede ser bien intencionado, hermano, pero las mentiras siempre hieren a alguien. Adrien volteó para ver a Nino directo a los ojos. Sus ojos vidriosos estaban a punto de soltar lágrimas de frustración. —Eh… —Nino sacudió la cabeza nervioso, rompiendo su aura de misterio. —¿Crees que debería acabar con todos los secretos? —preguntó Adrien con un claro tono de desesperación—. Eso acabaría con todos los problemas, ¿verdad? La imagen de Alya apareció en la mente de Nino. Ella le había revelado su identidad como superheroína porque no podría guardarle secretos a alguien que quería tanto. —Pues… —Nino evitó los ojos de su amigo— si de verdad te quieren podrán apoyarte con ese “secreto”, por duro que sea. Si no, no creo que valga la pena mantenerlo… Adrien bajó la mirada, pensativo. El silencio se volvió incómodo. Nino apretó un botón en el mando de Adrien, reanudando el juego. —¡Anda! Quiero volver a derrotarte usando a Clima Tempestuoso —Nino interrumpió el momento—. Debería tomarle una foto, nadie me lo creerá. —Claro que no… Adrien se quedó en silencio por un segundo observando su personaje seleccionado por defecto… Cat Noir. Presionó un par de botones en el mando para cambiar de personaje. —Esta vez te derrotaré yo —Adrien sonrió—, te derrotaré con La Titiritera. Nino dejó el tema atrás casi de inmediato. Después de todo, no estaba interesado en el mundo de la moda y no era capaz de identificar su sonrisa de comercial.***
—Padre, necesito hablar contigo. El señor Agreste acababa de regresar de Londres y Nathalie lo ayudaba con su equipaje. —Hablaremos más tarde. Nathalie pasó junto a Adrien, cargando un sofisticado maniquí. Se detuvo un instante al observarlo. Los ojos verdes del chico estaban inyectados de sangre, claramente había estado llorando. —Señor —le dijo Nathalie a su jefe—. Nosotros podemos encargarnos del resto. —Excelente —respondió—, estaré en mi oficina. —Padre… por favor. Gabriel ignoró a su hijo y partió rumbo a su oficina en el segundo nivel. Adrien se quedó parado en el mismo lugar. Parpadeó, conteniendo las lágrimas. Nathalie siguió a Gabriel con la mirada. Luego volvió a Adrien. —Adrien… —lo espabiló—, acompáñame. Subieron los escalones en silencio. El corazón de Adrien latía a todo dar. —¿Gabriel? —Nathalie llamó a la puerta, gentil pero firme. —Nathalie. Qué eficiente —respondió Gabriel—, pasa. Adrien dudó en la entrada, observando la escena. —Señor, no tiene ninguna reunión agendada hasta mañana —giró ligeramente para dejar visible a Adrien atrás suyo—. Creo que tiene un tiempo para escuchar a su hijo. El rostro de Gabriel se endureció al mirarla. —De acuerdo. Nathalie le dirigió a Adrien una leve mirada de aprobación, pero no se retiró. Adrien avanzó con pasos tímidos hacia su padre. —Cierra la puerta. Adrien se sobresaltó, pero obedeció al instante. Se acercó unos pasos más, hasta quedar frente a su padre. No conseguía verlo a los ojos. El silencio se prolongó. Adrien esperaba que su padre hablara primero. No lo hizo. —Tenías razón —murmuró Adrien. Nathalie y Gabriel lo observaban con atención. Adrien buscó apoyo moral en la mirada de Nathalie. Nada. Había adoptado la misma expresión fría y vacía de su padre. —...Sobre lo del otro día. Sin darse cuenta, llevó la mano a sus dedos vacíos. El extraño anillo que Gabriel había notado días atrás ya no estaba. Por un instante, el gesto de Gabriel vaciló. Su padre llevó la mano a su anillo de bodas, girándolo entre los dedos. —¿Viniste a revelarme que eres Cat Noir? —dijo con un ligero tono de burla. El estómago de Adrien se contrajo. Un ligero olor a queso llegó a su nariz. Aún llevaba un trozo de camembert en el bolsillo. Sintió que iba a vomitar. —Sí. Por primera vez, Nathalie no logró ocultar la sorpresa.***
Al otro lado de la ciudad. Ladybug daba piruetas sobre los edificios, ansiosa por llegar a la torre Eiffel. Unos minutos antes había recibido un mensaje de Cat Noir. “Mi lady, necesito verte. Nos vemos en la torre Eiffel a media noche.” Cat Noir…¿qué sucede? Ladybug seguía preocupada por el comportamiento de su camarada. Nunca se iba sin chocar los puños… y algo no estaba bien. A las 11:58 P.M., Ladybug llegó a su punto de encuentro usual. Quería darle una sorpresa llegando antes. Un gemido rompió el silencio. —¿Cat Noir? —preguntó, preocupada. —¿Ladybug? —no era la voz del superhéroe. Era Plagg. El kwami apareció detrás de una viga, con un sobre sellado en las manos. —¡LADYBUG! —el kwami flotó hacia la guardiana, llorando desconsoladamente. ¿Plagg…?, algo andaba mal. Sin decir una palabra; el llanto no se lo permitía. Plagg le extendió el sobre. Las manos de Ladybug temblaban. El sobre estaba bien sellado, firmado con una patita de gato. Creyó notar algunas gotas aún sin secar sobre el papel. Abrió con cuidado el sobre y, en su interior, una nota. “Lo siento.” Cayó de rodillas. Del sobre se deslizó con suavidad el miraculous del gato negro. Recogió el anillo con firmeza. Una lágrima solitaria recorrió su mejilla. Por primera vez, realmente estaba sola.