Capítulo 3
15 de mayo de 2026, 20:20
Finalmente Shaoran decidió hacer caso a su amigo y para buscar un pomo más barato, se dirigió a una gran tienda de muebles que había en Tomoeda. Cuando llegó a la zona de los pomos, se puso a examinar la gama de tiradores de cajón intentando decidir cuál le iría mejor al producto que estaba fabricando.
Tras examinar los pomos, siguió curioseando por la tienda por si encontraba inspiración para algún nuevo diseño.
–Así que es escritora. Y dígame, ¿suele cruzar las piernas cuando escribe? –preguntó una vendedora al cliente que atendía.
A Shaoran le llamó la atención aquella pregunta. No era muy usual encontrar a gente que tuviera ese tipo de cosas en cuenta. En ese aspecto, él era igual. Al mirar, vio a la vendedora, una mujer joven de cabello castaño corto.
–La verdad es que no lo sé. Nunca me he fijado. –dijo la clienta.
–Usted tiene las piernas más bien largas, por lo que quizás esta silla no sea la mejor elección. –dijo la dependienta con gran profesionalidad.
–Vaya, nunca pensé que mi estatura tuviera algo que ver con mi silla. –dijo la clienta.
–No se preocupe, la ayudaré a buscar otra. ¿Busca algún estilo en concreto? –preguntó la dependienta mientras Shaoran la miraba anonadado.
–Me gustaría algo cómodo, con colores vivos y con reposabrazos. –explicó la clienta.
Una vez que la dependienta atendió a la escritora, Shaoran fue hacia ella para preguntarle por alguna silla, aunque aquello no era más que una excusa para poder seguir escuchándola hablar de forma tan profesional. Cuando estuvo frente a ella, se quedó prendado de sus ojos verdes.
–Esta silla está fabricada con un tipo de madera especial, porque está hecha con la madera de los restos de un barco abandonado. –dijo la dependienta mostrándole una silla de estilo más bien rústico. –¿No le parece especial? Primero fue un árbol, luego un barco y ahora una silla. ¿Busca algún diseño especial?
–Cuando trabajo me siento de forma un poco inusual. –dijo Shaoran, que se había quedado sorprendido por cómo le brillaban los ojos a la castaña cuando hablaba de muebles. –A ver cómo lo explico. Me siento como si estuviera montando a caballo. Me gustaría algo más bajo que un taburete pero un poco más alto que una silla estándar.
–¿Puedo adivinar a qué se dedica? –preguntó la castaña. –Hace muebles, ¿verdad?
Shaoran se quedó sorprendido por la intuición de aquella dependienta.
–En realidad antes le vi eligiendo pomos. ¿Conoce la marca Clow? Lleva un tiempo recibir el producto, pero hacen muebles por encargo y utilizan materia prima muy buena. –dijo la dependienta mostrándole una página web de una tablet. –Esta es su página web. Puedes pedir online.
–¿Le está permitido hacer publicidad de la competencia? –preguntó Shaoran.
–Por supuesto que no. –dijo la dependienta mostrando una sonrisa traviesa que le hizo sonreír a él también.
Comencé a venir a esta tienda todo el tiempo. ¿Cómo es que nunca la había visto antes? Mi condición me permitía hacerme pasar por un cliente diferente cada día, aunque eso sólo era una excusa para verla. A veces preguntaba por mesas, otras veces por sillas, otro día era un armario. Fuera lo que fuera, lo explicaba todo con gran pasión, me trataba igual de bien y siempre me daba su tarjeta profesional por si tenía alguna duda o problema, porque yo simplemente era un nuevo cliente para ella. ¿Debería pedirle…? No importa. Mañana ya no me reconocerá. Pero mi corazón me pedía que hiciera lo contrario. Por supuesto, preferiría que fuera siendo guapo. Y si era tan joven como ella, mejor. Si tan sólo fuera como mi antiguo yo.
Finalmente, Shaoran decidió hacer caso a su corazón e intentar pedirle una cita a la dependienta, que según rezaba el gran número de tarjetas que había ido acumulado, se llamaba Sakura Kinomoto. Pero nunca encontraba el día. Cuando no era mujer, era un hombre mayor, o si no, un extranjero, que aunque era capaz de comprender el japonés, no era capaz de hablarlo. Siempre le pasaba cuando le tocaba habitar un cuerpo extranjero. Hasta que después de semanas, al mirarse al espejo, decidió que ese sería el día. Era un joven castaño bastante parecido a como había sido él en realidad. Seguramente habría madurado de forma parecida y debía reconocer que aquel cuerpo no estaba nada mal.
La gente suele decir que la belleza está en el interior, pero las primeras impresiones son igualmente importantes.
–¿Puedo ayudarlo? –preguntó una dependienta que no era Sakura al ver a Shaoran deambulando por la gran tienda. Entonces, Shaoran miró hacia otro lado cuando la localizó tomando algunas notas sobre lo que parecía ser un arcón.
–No. Sólo estaba echando un vistazo. Gracias. –dijo Shaoran. Una vez que rechazó la ayuda de la dependienta, se dirigió hacia Sakura, que al notar su presencia, lo recibió con su bonita sonrisa.
–¿Puedo ayudarlo? –preguntó Sakura.
Shaoran acabó comprando una silla que no necesitaba y una vez embalada y empaquetada, ayudó a Shaoran a sacarla afuera y meter la caja en el pequeño todoterreno de él.
–¿Está seguro de que tendrá suficiente con esta muestra? –preguntó Sakura. –Podemos enviarle nuevas muestras en un par de días.
–Es perfecta. –dijo Shaoran.
–Muy bien. Pues que la disfrute. Adiós. –se despidió Sakura.
–Espere. ¿Es esta silla mejor de la que me habló antes? –preguntó Shaoran, aunque Sakura no comprendía a qué se refería. –¿Madera o metal?¿Bistec o sushi?
–¿Perdón? –preguntó Sakura. ¿Cuándo habían dejado de hablar de muebles? Pero aún así, decidió responder. –Sushi, supongo.
–Bien, suba. –dijo Shaoran. –A mí también me gusta el sushi.
Aunque Sakura intuía que habría dicho lo mismo con el bistec.
–Gracias, pero no puedo. Tengo que trabajar toda la noche. –dijo Sakura.
–Tiene que ser hoy. –dijo Shaoran para sí. –Pero necesita alimentarse de todas formas.
–No, gracias. –volvió a rechazarlo Sakura. Nunca ningún cliente le había pedido una cita. –Disfrute del sushi.
–Espere. –le pidió Shaoran cuando vio que Sakura se dio la vuelta. –Lo cierto es que he practicado mucho hasta que he reunido el valor para invitarla a cenar.
–Pero, ¿por qué hoy? –preguntó Sakura sin comprender.
–No lo sé. Es una corazonada. –dijo Shaoran.
–Está bien. –aceptó Sakura al ver la cara de cordero degollado del pretendiente. Una vez que recogió sus cosas, ambos montaron en el coche y Shaoran paró para comprar sushi. –¿No vamos a comerlo aquí?
–No.
–Entonces será mejor que vuelva al trabajo. –dijo Sakura.
–Es sólo que conozco un sitio mejor que el coche. –dijo Shaoran casi con apuro para convencerla.
–Es que… –comenzó a decir Sakura no muy convencida. Después de todo era un completo extraño.
–870612-1775416, Shaoran Li. 01021912431. #27-12
–¿Qué? –preguntó Sakura sin comprender.
–Mi número de la seguridad social y mi número de teléfono. Te lo prometo. No intento nada raro. Puedes comprobarlo. –dijo Shaoran mostrándole su móvil. –¿Cuál es su número?
Sakura no sabía cómo reaccionar. Realmente era una situación un tanto surrealista.
–Le gustará el sitio.
Finalmente Sakura acabó accediendo. Una vez que Shaoran aparcó el coche, entraron a un lugar que parecía más una zona de trabajo. El lugar estaba repleto de cajas y cuando Shaoran encendió la luz, Sakura se fijó que era una fábrica de muebles.
–¿Esto no es la fábrica de Clow? –preguntó Sakura al ver el logo en una de las cajas. Shaoran asintió con la cabeza. –Mi jefa adora esta marca. Realmente quiere vender muebles de Clow. He enviado un montón de emails, pero nunca he recibido respuesta.
–¿Y a ti te gustan? –preguntó Shaoran comenzando a tutear a Sakura.
–Me encantan. Son muebles únicos, aunque un poco caros. –dijo Sakura sonriendo.
–Eso es inevitable.
–¿Inevitable? ¿Trabajas aquí?
–Algo así.
Después de haber curioseado un poco por la fábrica, se dirigieron hacia una mesa iluminada con un flexo para poder cenar.
–Hacía tiempo que no comía sushi. –confesó Sakura. –¿Seguro que está bien cenar aquí?
–Sí, no te preocupes. –dijo Shaoran.
Después de haberse comido la primera pieza de sushi, Sakura se recogió un poco el pelo, aunque para ello le pidió a Shaoran un lápiz que había sobre la mesa. A Shaoran también le cautivó aquel pequeño gesto. Entonces, el chico buscó una canción en su móvil y lo puso en un vaso de plástico vacío.
–Vaya, es como si la mesa fuera la que produce el sonido. –dijo Sakura. –Ahora que lo menciono, sería una buena idea. Un altavoz en el interior de la mesa que se activara con un botón.
–¿Cómo un Transformer? –preguntó Shaoran, parafraseando a su amigo Eriol, lo que le produjo risa a Sakura.
–Sí, sería un poco raro. –reconoció Sakura.
Una vez que cenaron, Shaoran acompañó a Sakura dando un paseo tranquilamente.
–Estoy llena. –dijo Sakura. –Oye, ¿esto no queda un poco lejos?
–Sí, quizás deberíamos haber cogido el coche. –reconoció Shaoran, aunque ambos se encontraban muy a gusto paseando.
Tras unos minutos paseando en un silencio que no era incómodo Sakura se paró.
–Aquí está mi casa. –dijo Sakura.
Ninguno sabía qué decir, pero eso sólo les causó una gran sonrisa, como si ninguno se atreviera a dar un paso más.
–Llámame. –le dijo Sakura.
–Lo haré. –dijo Shaoran. Cuando Sakura llegó a la puerta, se giró y se despidió con la mano.
Cuando Sakura entró, su padre se encontraba fregando los platos. Fujitaka era un hombre castaño aunque las canas ya hacían acto de presencia. Llevaba gafas y tenía apariencia de hombre afable. Dentro de casa, Touya, unos años mayor que su hermana hacía algunas sentadillas.
La madre de Sakura y Touya murió cuando ella era muy pequeña, por lo que Fujitaka crió a sus hijos prácticamente solo.
–¡Ya estoy en casa! –avisó Sakura.
–Hola, Sakura. Llegas tarde. ¿Quieres algo de cenar? –preguntó su padre.
–Ya he cenado un sushi delicioso, gracias. –dijo Sakura subiendo al piso de arriba.
–Y juraría que ha sido con un hombre. –dijo Touya con el ceño fruncido cuando su hermana desapareció por la escalera.
Continuará…