The Beauty Inside

Gen
PG-13
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planificada Mini, escritos 15 páginas, 7.687 palabras, 5 capítulos
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Capítulo 4

Ajustes
Desde que había llegado a casa Sakura no se quitaba la sonrisa de la boca. Sonreía incluso mientras se lavaba los dientes. Aunque no fuera demasiado hablador, Shaoran Li la había cautivado. Y además era bastante atractivo. Tras lavarse los dientes, se fue a la cama a leer mientras cogía el sueño, cuando recibió un mensaje en el teléfono. Era Shaoran. –¿Cenamos mañana? Esta vez, Sakura no se hizo de rogar y le contestó inmediatamente. –Termino de trabajar a las seis. Allí estaré.–respondió Shaoran. Tras haber quedado, Shaoran preparó varios despertadores y la alarma del móvil. Debo permanecer despierto. ¿Por qué nunca había pensado en los despertadores cuando me he encontrado a gusto en un cuerpo? Ahora jamás me dormiré. Una vez preparó la colección de despertadores, se los bajó con él al taller, donde comenzó a trabajar en los muebles. De vez en cuando daba algún bostezo y cuando sentía momentos de debilidad, se bebió alguna bebida energética para que la cafeína y el azúcar lo mantuvieran espabilado, aunque no le gustaran demasiado esa clase de bebidas.

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Al día siguiente… Shaoran esperaba puntual en su coche a que Sakura saliera del trabajo. Cuando salió y localizó el vehículo, la castaña se dirigió a él y se montó. Tras haber aparcado en un lugar más céntrico, ambos se bajaron y comenzaron a pasear mientras hablaban y reían por tonterías. –¿Qué hacemos ahora? –preguntó Sakura tras haber visitado algunas tiendas. –¿Te gusta la música? –preguntó Shaoran. –Sí. –Bien, sígueme. Shaoran la llevó a una tienda de antigüedades donde había una sala especial con un equipo completo de altavoces, así como un tocadiscos. –¿Vienes aquí a menudo? –preguntó Sakura. –Siéntate. –le pidió Shaoran señalando a un sofá. Mientras tanto, él se dirigió al tocadiscos y colocó un disco, del que empezó a sonar la suave melodía de la canción “Amapola” en una guitarra española. Ambos permanecían sentados en el sofá en silencio. Tan sólo disfrutaban de la música mientras sonreían, hasta que Shaoran rompió el silencio entre los dos mientras la música sonaba de fondo. –La madera es algo especial. Puede hacer que una guitarra produzca este sonido. –comentó Shaoran. –José Ramírez, ¿verdad? Esa es la marca de la guitarra. –dijo Sakura reconociendo el sonido. –¿Conoces la canción? –Sí. Aunque debo admitir que me ha sorprendido que eligieras esta canción. –¿Por qué? –Pues…, porque siento que eres un poco como yo. –dijo Sakura, a lo que Shaoran simplemente sonrió. Tras haberse deleitado con la música, Sakura le pidió a Shaoran que volvieran al almacén de la noche anterior, donde volvieron a preparar la mesa para cenar con comida que habían comprado por ahí. –¿Por qué has querido volver aquí? –Porque este lugar tiene un encanto especial. –dijo Sakura, que comenzó a cenar. Entonces se buscó por los bolsillos y Shaoran le extendió una goma de pelo. –¿Por qué siempre te recoges el pelo tras el primer bocado? –preguntó el chico. –Es como decir que ya estoy realmente preparada para comer. –dijo Sakura terminando de recogerse el pelo tras aceptarle la goma. –Dime, ¿qué trabajo haces aquí? –Diseño. –¿Eres el diseñador de Clow? –Shaoran asintió con la cabeza mientras masticaba. Entonces, fue como si se hiciera de día de repente. El almacén dejó de tener la luz tenue del flexo para iluminarse por completo. Eriol entró entonces con una caja en una mano y el teléfono en la otra mientras hablaba en inglés sobre dinero con alguien. Sakura y Shaoran se ocultaron tras la montaña de sillas mientras reían por lo bajo. Una vez que colgó, Eriol dejó la caja en la mesa donde veía los restos de gyozas que aún no habían podido comer. –Al menos podría recoger después de comer. –se quejó Eriol. Entonces se dirigió a una especie de extraña mecedora embalada con un plástico de burbujas, aunque solamente tenía la estructura y no estaba tapizada. Eriol apartó el plástico y la centró un poco. –Cómo te he echado de menos. La silla del amor. Con esto los amantes se volverán locos. Eriol se puso de rodillas y fingió gemidos como si estuviera teniendo relaciones mientras la silla se mecía hacia delante y hacia atrás. Después, se colocó de pie en el hueco del centro y fingía que una chica le estaba haciendo una felación mientras la chica se columpiaba. Sakura miró a Shaoran avergonzada, aunque Shaoran todavía lo estaba más. –Si pensabas que no me comería las sobras estabas muy equivocado. –dijo Eriol dirigiéndose a la mesa, donde mojó una gyoza en la salsa de soja e introduciéndosela en la boca. Cuando Eriol se marchó dejándolos sin cena, Shaoran comenzó a recoger la mesa mientras Sakura inspeccionaba la mecedora con la que Eriol había estado jugando. Una vez que la meció, comenzó a reír. –Ahora comprendo cómo funciona. –dijo Sakura divertida.

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Una vez que Shaoran acompañó a Sakura a casa, él volvió a su taller, donde repitió la rutina nocturna de la noche anterior para evitar dormirse. A pesar de estar trabajando, hacer ruido con la sierra, de ponerse los despertadores y llenar su cuerpo de cafeína, esa sería la segunda noche sin dormir y le estaba costando mucho más. Incluso llamó a Eriol a altas horas para que le ayudara a mantenerse despierto. –¿Por qué me llamas? Déjame dormir.–espetó Eriol. –Cuéntame una historia divertida. –le pidió Shaoran. –Vete a dormir, imbécil. –dijo Eriol antes de colgar. Consciente de que no conseguiría nada de su amigo, le había llamado igualmente porque aquella llamada le permitiría ganarle unos minutos a una noche que cada vez se le estaba haciendo más larga e interminable. Al día siguiente. Shaoran bostezó mientras esperaba a que Sakura saliera del trabajo. –Perdona el retraso. –se disculpó Sakura pillando a Shaoran en medio de un bostezo que cubría con su mano. –Estoy bien. Sólo he esperado un par de horas. –dijo Shaoran en tono de broma, provocando la risa de la castaña, pero haciéndole saber que todo estaba bien. Esta vez, Shaoran llevó a Sakura a la tienda de lanas y crochet de su madre. Cuando entraron, Ieran enseñaba a un joven a hacer crochet. En aquella tienda se respiraba mucha tranquilidad. –¿De qué conoces este lugar? –preguntó Sakura en tono bajo. –Este lugar me transmite paz. –le dijo a Sakura. La castaña inspeccionó entonces un cajoncito de madera con lo que parecía contener anillos hechos de hilo. –¿Son anillos? –preguntó Sakura poniéndose uno. –Es muy bonito. Entonces Shaoran le mostró su mano. Él también llevaba uno. Siempre lo llevaba. Era una costumbre que empezó cuando comenzó a despertar con un físico distinto cada día. Al principio lo hacía para que su madre siempre pudiera reconocerlo, pero Shaoran sentía que con ese anillo de hilo, su madre lo acompañaba siempre. A Sakura le enterneció el hecho de que un hombre llevara un anillo así. Fue entonces cuando se dio cuenta de que lo había llevado todo el tiempo desde que se conocían, aunque apenas hacía un par de días que se habían conocido. Tras dejar la tienda, ambos se sentaron en una marquesina donde esperaban el autobús. Mientras lo hacían, Shaoran volvió a cubrirse la boca para bostezar, hecho que no había pasado desapercibido para Sakura, ya que había estado haciéndolo todo el tiempo. –Parece que vayas a desfallecer. –dijo Sakura al ver las muestras de cansancio en el castaño. –Es como si no hubieras dormido durante días. ¿No dormiste bien anoche? –Estoy bien. –dijo Shaoran restándole importancia. –¿Seguro? –Completamente. Oye, ¿quedamos mañana? –preguntó Shaoran. –Mañana tengo que ir pronto a casa. –dijo Sakura. Entonces llegó el autobús. Una vez en su sitio, se despidió de Shaoran desde el autobús, pero tras unos metros, el autobús paró. Shaoran lo había parado para subirse con ella. No quería que aquella fuera la última oportunidad de que ella lo viera. Tras pasar la tarjeta, se acercó hacia donde estaba Sakura. –Desayunemos, entonces. –propuso Shaoran. Sakura sonrió y aceptó. Una vez bajaron del autobús, Shaoran la acompañó a casa. Ambos se despedían con la mano mientras sonreían bobaliconamente. Entonces, Shaoran tras haberse alejado unos metros, volvió hacia donde estaba Sakura y la besó. Fue el beso más dulce que ambos habían recibido en la vida. Tras aquella dulce despedida, Shaoran se dirigió al metro, donde luchaba por no dormirse, aunque el traqueteo del tren lo complicaba mucho. Por suerte, Sakura le envió una foto de su mano con su anillo de hilo, lo que lo mantendría despierto al menos un par de minutos. Continuará…
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