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Tras la tarde de compras y una cena ligera, Sakura se acostó en la cama, pero el tiempo pasaba y no hacía más que dar vueltas incapaz de dormir. No conseguía borrar a Shaoran de su cabeza y cada vez se le planteaban más dudas. ¿Y si lo que le dijo era real?00000000
En el descanso del trabajo para comer, se había convertido en costumbre que algunos empleados se pusieran alrededor de una de las mesas de Clow del almacén. Cuando Sakura se unió a sus compañeros, una de sus compañeras conectó el móvil en el hueco con clavija y comenzó a sonar una suave melodía de guitarra. –Me encanta esta mesa. –dijo la compañera que había conectado el móvil. –Sí, es increíble que salga música de ella. –comentó otra. Pero para Sakura, lo único que escuchaba en ese momento era la canción que se estaba reproduciendo. La suave guitarra José Ramírez tocaba “Amapola”, la misma canción que eligió Shaoran en la tienda de antigüedades. ¿Era una señal? Por si fuera poco, cuando volvieron al trabajo después de comer, también sonaba la misma canción en el hilo musical de la tienda, cuando los pensamientos de Sakura se vieron interrumpidos por un cliente. –Perdone. El otro día compré una silla y estoy buscando una mesa que le vaya a juego. –dijo el cliente. –Es de color ladrillo. Dibujo mucho, así que necesito que sea lo suficientemente larga. –¿Shaoran? –preguntó Sakura al cliente. –¿Perdón? –Oh. Lo siento. Le he confundido con otra persona. –se disculpó Sakura algo avergonzada. El hecho de que aquel cliente dibujara la había confundido, y sin saber por qué, se sintió decepcionada de que no fuera él.00000000
Sakura sentía que no podía continuar así. Por lo que aunque le dijo que no quería verla más, una vez que salió del trabajo se dirigió hacia el lugar donde la llevó Meiling, la joven que aseguraba ser Shaoran. Una vez llegó frente a la puerta, y tras pensarlo durante varios segundos, suspiró y tocó al timbre. La persona que abrió la puerta era una joven diferente a la que ella conoció como Meiling, y aunque Sakura no la había visto nunca, la joven pareció reconocerla por la reacción de su mirada. Por lo visto no esperaba verla en su puerta, especialmente después de decirle que no quería verla más. Ambas tenían más o menos la misma edad y también tenía el pelo castaño claro. –He venido a ver a Shaoran Li. –dijo Sakura. Sin decir nada, la joven la dejó entrar y le indicó que se sentara. –¿Té? –ofreció Shaoran. Pero Shaoran no hablaba en japonés, sino en coreano. Sakura negó con la cabeza. –¿Y otra cosa? –¿No hablas japonés? –preguntó Sakura, que aunque sabía algo de coreano, comprendía más que hablaba. –No sé hablar japonés, pero lo comprendo. Me pasa cuando despierto en un cuerpo extranjero. –explicó Shaoran. –¿De verdad eres Shaoran? –preguntó Sakura. –Sí. –Entonces, ¿te gusto? –volvió a preguntar Sakura, aunque a la muchacha pareció no esperar aquella pregunta. –Quizás no. –Me gustas. –confirmó Shaoran. –Entonces, durmamos juntos. Quiero verlo por mí misma. –planteó Sakura ante la sorpresa de Shaoran. –Quiero ver cómo cambias.00000000
Sakura y Shaoran subieron a la parte de arriba, donde el chico tenía la parte de la vivienda y se acostaron en la cama en posición fetal frente a frente. –¿Cuándo empezó todo? –preguntó Sakura, que aunque aún no acababa de creérselo, necesitaba creer que era verdad. Por eso tenía que estar allí y asegurarse. –Cuando cumplí dieciocho años. Entonces no sabía por qué me ocurrió. Y sigo sin saberlo. –explicó Shaoran. –¿Cuál es tu edad real?¿El número de la seguridad social que me dijiste es real? –quiso saber Sakura. –Tengo veintinueve. Y sí, el número es real. –respondió Shaoran. –Tenemos la misma edad. Interesante. –dijo Sakura sonriendo, haciendo que Shaoran también sonriera. –¿Morirás algún día? –No lo sé. Nunca lo he intentado. –dijo Shaoran provocando la risa de Sakura, lo que a Shaoran le provocaba ternura y también sonrió. –¿Hay algo de bueno en los cambios? –preguntó Sakura en coreano. –¿Qué? –preguntó Shaoran. –Vaya, resulta que no entiendes el coreano. –dijo Sakura volviendo al japonés. –Lo siento. –Es todo muy confuso. Ahora eres coreana, hablas en coreano pero no entiendes el coreano, sino el japonés. –dijo Sakura a la que la situación le hacía gracia. –Te preguntaba si había algo de bueno en despertar cada día con un cuerpo diferente. –Pues…, me facilita el acceso a citas cuando soy guapo. –dijo Shaoran, que era lo único positivo que se le ocurría, aunque después de haber conocido a Sakura, él no quería otras citas. –¿Por qué yo? –preguntó Sakura. –Acabé acostumbrándome a mi condición y estaba bien. Pero te conocí y todo se me complicó. Se volvió doloroso. Quería conocerte y hablar contigo. Te echaba de menos. Pero no podía hacer nada. Por eso te lo conté. ¿Estarás bien con lo que pase? Pero Sakura no respondió. Simplemente llevó su mano a la mejilla de Shaoran. Shaoran nunca había sentido tanta ternura. Aquella mano le transmitió tanta paz que acabó durmiéndose tranquilamente. Continuará…