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Cuando el tren en el que iba Shaoran llegó a su parada, él ya no era el mismo. Finalmente, el sueño le había vencido, a pesar de que había intentado con creces no caer en los brazos de Morfeo, pero su cansancio y el traqueteo del tren no habían ayudado. Su sueño quedó interrumpido cuando una trabajadora del metro lo despertó cuando hacía una ronda para comprobar que no quedaba nadie en el tren. La trabajadora llegó a asustarse al pensar que estaba muerto a juzgar por lo que le costó que Shaoran volviera en sí. Pero cuando despertó, Shaoran ya no era el joven castaño que había estado viendo a Sakura, sino un calvo cincuentón con barba y de apariencia afable. Llegué a pensar que duraría toda la vida, pero me equivoqué. En realidad quise engañarme a mí mismo. Era tal el disgusto que a pesar de necesitarlo, no durmió esa noche, justo lo que había estado intentando hacer y no había conseguido cuando realmente había necesitado mantenerse despierto. A la mañana siguiente, con su nueva apariencia, se dirigió a la parada de autobús en la que había quedado con Sakura para ir a desayunar. Pero sólo podía observarla a lo lejos mientras Sakura turnaba su mirada entre su reloj y su alrededor, impaciente por ver si llegaba, ignorando que Shaoran estaba más cerca de lo que imaginaba. Estaba tan cerca que Shaoran incluso podía respirar su fragancia. Prometí verla de nuevo, pero ella estaba buscando a mi yo de ayer. –Hola, jefa. –respondió Sakura al sonarle el teléfono. –¿Cuándo vienen los nuevos aspirantes?–preguntó Maki, su jefa. –La semana que viene. Pronto tendré los currículums. –respondió Sakura. –Por cierto, ¿dónde estás? –preguntó Maki. –Lo siento, me he quedado dormida. –mintió Sakura. –Pero llegaré pronto. –Más te vale. –advirtió Maki. Tras el inevitable plantón de Shaoran y la reprimenda de su jefa, Sakura se montó en un taxi y se fue a su trabajo. Al menos, Shaoran había vuelto a escuchar su voz. Entonces, le vibró el móvil en su bolsillo. Era Sakura, que lo llamaba desde el taxi que acababa de partir. Muy a su pesar, presionó el botón rojo de colgar. No obstante, le envió un mensaje pidiéndole disculpas y diciéndole que finalmente no pudo acudir a la cita. Este es el fin.00000000
Cuando Sakura bajó del taxi, leyó el mensaje que le había dejado Shaoran. A pesar de la disculpa, Sakura se sentía desanimada y no estaba con el mismo ánimo que en días anteriores. Pese a ello, siguió cumpliendo con su obligación laboral como cualquier otro día. Pero Shaoran no se sentía preparado para dejarla ir. Por lo que el Shaoran cincuentón fue a la tienda sólo para poder observar a Sakura, tal y como había estado haciendo desde el día que la vio por primera vez. Incluso llegó a comprar otro producto. Cuando salía con la caja, vio en un mostrador un cartel que decía que se buscaba personal temporal, pero él ni siquiera podría optar a esa opción por tener un físico distinto cada día. Tras realizar una nueva compra de muebles innecesaria, volvió a su taller a intentar diseñar algo, pero se entretuvo con su móvil, debatiéndose entre si borraba el contacto de Sakura o no. Al fin y al cabo, debía de ir haciéndose a la idea. Pero justo antes de borrar el contacto, recibió un mensaje de Sakura. ¿Qué te pasa? Te estoy esperando mucho tiempo. Shaoran se percató de que era la hora en la que Sakura salía del trabajo. A pesar de no haber ido a desayunar con ella, parecía que aguardaba la esperanza de que fuera a recogerla. Shaoran se frotó los ojos con las manos. Me está esperando. No puedo desaparecer así. Haría cualquier cosa por ella. Entonces, casi con desesperación, colocó su cuaderno de dibujo sobre la mesa y comenzó a diseñar un nuevo mueble. Había tomado una decisión.00000000
A la semana siguiente llegó una gran caja a la tienda en la que trabajaba Sakura. Se despertó una gran expectación al ver que los repartidores descargaban una caja con el logo de muebles Clow. –Siempre he sabido que las chicas monas son buenas en su trabajo. –dijo Maki, consciente del logro de Sakura. –Sólo me puse pesada y envié un montón de correos electrónicos. –argumentó Sakura, que había conseguido que Clow les suministrara algunos muebles, aunque también era consciente de que había sido porque había conocido a Shaoran Li, el mismísimo diseñador de la renombrada marca de muebles hechos a medida. Una vez dentro, cuando abrieron una de las cajas, Sakura reconoció aquel mueble. Era una mesa con un espacio para dejar el teléfono móvil, el cual se podía cargar. También contaba con unos discretos altavoces. –Sakura, encárgate de la formación de los nuevos empleados. –ordenó Maki. –De acuerdo. –dijo Sakura. –Aprended y trabajad duro y en unos tres meses podríais ser empleados a tiempo completo. –dijo Maki antes de retirarse a sus quehaceres.00000000
Tras una corta sesión de formación, Sakura repartió algunas tareas mientras ella puso su móvil en la mesa de Clow para probarla. Tal y como había imaginado, la mesa sonaba. Aquello puso contenta a Sakura. Aunque no había tenido noticias de su creador, sabía que ella había sido la inspiradora de aquella mesa. Pero no podía ensimismarse más y debía continuar con su trabajo. Entonces, una de las nuevas empleadas que había estado limpiando con ahínco los muebles que habían llegado, se dirigió a la mesa, y tras comprobar que cojeaba un poco, sacó una especie de taco adhesivo y lo colocó en la pata coja. –Eres buena. –dijo Sakura, cuyo gesto no había pasado desapercibido para ella. –¿Dónde has aprendido eso? –Me llamo Meiling. –dijo Meiling tímidamente pero sin apartar la mirada de los ojos verdes de Sakura. –Encantada, Meiling. –dijo Sakura. –Sigue trabajando así de bien. –Gracias. Por cierto…–comenzó a decir Meiling. –No, nada. Encantada de conocerla a usted también. Un rato después, Meiling entró en el almacén y se sentó en un taburete. Se miraba las manos mientras reflexionaba, cuando entró Sakura. –¿Estás bien? –preguntó Sakura entrando y sentándose a su lado. –Sí. Todo bien. –respondió Meiling mientras se colocaba su pelo negro tras la oreja. –Meiling, ¿no? –Sí. –respondió Meiling. –Perdone que me lance, pero, ¿está libre después…? –Sakura. –la llamó una compañera, interrumpiendo la pregunta de Meiling. –Hablamos luego, Meiling. –dijo Sakura. –¿Qué pasa? –La jefa quiere verte. Diez minutos después, Maki salió de su despacho y dio un par de palmadas para reunir a los empleados. –¡Haced un círculo!¡Hora de los comentarios del día! –dijo la jefa. –Debo felicitaros por el trabajo de hoy. Así que, nos vemos mañana. No olvidéis traer puesta vuestras sonrisas. Tras unos aplausos, Sakura también se despidió de los nuevos empleados. Cuando la zona se despejó un poco, Meiling volvió a intentar hablar con Sakura. –¿Tiene planes para cenar? –preguntó Meiling directamente. –¿Tienes algo que decirme? –preguntó Sakura, que le parecía muy extraño que una empleada que estaba a prueba intentara cenar con ella en el primer día de trabajo. –¿Recuerda a Shaoran Li? –preguntó Meiling. Tras la mención de aquel nombre, Sakura accedió a ir con ella sin comprender todavía lo que unía a Meiling y a Shaoran. Fueron todo el camino en silencio, hasta que por fin, la morena se detuvo frente a una puerta. –Es la primera vez que alguien entra aquí. –dijo Meiling ofreciéndola pasar. Al entrar, Sakura se quedó mirando a su alrededor mientras Meiling entraba con naturalidad y dejaba su bolso. Sakura no podía creer lo que estaba viendo. Era una especie de taller, en el que había una mesa de diseño, pero también un montón de muebles embalados, de los que la mayoría eran sillas. –¿Los recuerdas? –preguntó Meiling refiriéndose a los muebles. Por supuesto que los recordaba. Eran muebles de su tienda. Ella misma los había vendido. –¿Qué es este sitio? –preguntó Sakura sin comprender nada. –¿Por qué está todo esto aquí? –Sakura. Antes de nada, escúchame. Te lo explicaré todo. –dijo Meiling, que había empezado a tutear a Sakura. –¿Quién eres tú, Meiling? –Por favor, no me malinterpretes. –pidió Meiling. –¿Me estás acosando? –preguntó Sakura. –No es nada de eso. Yo solo… –Será mejor que me vaya. –dijo Sakura, a la que no le gustaba nada aquella encerrona de la morena. Sin decir nada más, se dirigió hacia la puerta. –¡Yo soy Shaoran Li! –exclamó Meiling con desesperación. Aquella declaración hizo que Sakura se detuviera y la mirara como si estuviera loca. –No me llamo Meiling. Me llamo Shaoran Li. Sé que parece una locura, pero mira esto, por favor. Shaoran se dirigió hacia la mesa y encendió el ordenador portátil. Le puso un vídeo del primer día que la vio. –Había ido a ese lugar muchas veces pero nunca había visto a Sakura Kinomoto. Su voz, sus ojos. No me la quito de la cabeza. “Primero fue un árbol, luego un barco y ahora una silla”. Nos parecemos mucho. Eso es todo por hoy. Sakura reconoció a aquel hombre. Era el caballero que fue a buscar tiradores de cajones y acabó comprando una silla. Pero Shaoran continuó poniéndole vídeos de personas que le resultaban muy familiares. Eran todos los clientes que le habían comprado todos los muebles que estaban en ese lugar. Y entonces, en la pantalla, apareció Shaoran, el hombre castaño con el que había cenado durante dos noches seguidas. Sakura recordaba que sobretodo, el segundo día, el castaño parecía especialmente cansado. Incluso las ojeras comenzaban a asomarse. –Jamás me había sentido así. Es un milagro que me haya mantenido despierto durante dos días y no sé qué va a ocurrir, pero no me importa. Eso es todo por hoy. Sakura se dio cuenta de que todos los vídeos acababan igual: Eso es todo por hoy. Luego, le mostró el hombre calvo y con barba. Incluso estaban en orden cronológico. –Todos ellos soy yo. –confesó Shaoran, a la que hasta hacía unos minutos Sakura conocía como Meiling. –Mi físico cambia cada vez que despierto. Todos esos rostros y cuerpos diferentes son Shaoran Li. Sakura se llevó la mano a la boca sin dar crédito a lo que estaba escuchando. –No tiene sentido. –dijo Sakura con una sonrisa de incredulidad. –La vieja silla hecha de un barco hundido, la música que escuchamos en la fábrica y la guitarra de la marca José Ramírez que escuchamos en la tienda de antigüedades…Sé que no tiene sentido y suena loco, pero todos eran yo. –dijo Shaoran, mostrándole la mano, en cuyo dedo corazón había un anillo de hilo. Sin saber por qué, Sakura intentó ocultar su propio anillo de hilo. –No sé de qué me hablas. –dijo Sakura, aunque sabía que había enumerado a la perfección todos aquellos bonitos momentos con Shaoran. –Sólo quería contarte la verdad. –¿Por qué me haces esto? –preguntó Sakura, mientras Shaoran intentaba hallar la manera de convencer a la castaña de que lo que le decía era cierto. –Déjame que te enseñe los mensajes que me has enviado. –dijo Shaoran sacando su móvil. –No. –dijo Sakura retrocediendo un paso. –No quiero volver a verte en la vida. Era curioso, porque eso es lo que realmente iba a ocurrir, ya que mañana él habitaría en un cuerpo completamente diferente. Sakura se marchó, pero no podía culparla. He crecido acostumbrado a esa mirada de escepticismo. Yo mismo vi esa mirada en el espejo el primer día que cambié. Luego, la vi en la cara de mi madre cuando me vio, y por último, en la cara de Eriol. Una vez más, estoy solo. Continuará…