The Beauty Inside

Gen
PG-13
Finalizada
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38 páginas, 18.190 palabras, 12 capítulos
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Capítulo 12

Ajustes
Todo volvió a la normalidad. Ya puedo dormir sin pastillas. Seguía con mi trabajo y haciendo pequeños planes como ir al gimnasio o a aprender otro idioma. Y a veces… A veces me pregunto si soy la misma persona que ayer. Me despierto con la misma cara, pero mi mente se agita, cambia. Quizás Shaoran no fuera el único que cambiaba. En su habitación, Sakura sacó algunas fotos que tenía con Shaoran. En cada foto, Shaoran era una persona completamente diferente. Tras guardar las fotos en una caja, se quitó el anillo de hilo del dedo, lo metió en una bolsita y lo guardó junto a las fotos. Aquella historia de amor debía enterrarla para que dejara de hacerle daño.

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10 meses después. –Este es perfecto para su espacio privado. También tenemos sillones individuales. Puede echar un vistazo si quiere. –dijo Sakura a un cliente. –Gracias. –dijo el cliente. –Mira, Sakura. –dijo Maki acercándose con una tablet. –Mira los muebles de esta web. ¿Qué te parecen? –Muebles Yue. Tienen buena pinta. –¿A ti también te lo parece? –Sí. –Por lo visto son de una zona rural de la República Checa. –dijo Maki. –Es una suerte que tengamos internet. Busca al diseñador y comprueba si tienen un agente o un comercial. Ah, y dile a los de Clow que no vamos a renovar el contrato.

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Tal y como le pidió Maki, Sakura fue a la fábrica de Clow para comunicarles que su jefa había decidido no renovar el contrato. Al principio, Eriol se sorprendió de ver allí a la ex novia de su amigo, pero recibió una llamada e interrumpió la reunión. –Perdona. Era una llamada urgente. ¿Qué querías? –preguntó Eriol muy serio una vez que colgó. Era una seriedad que Sakura no le conocía. –Estoy aquí por motivos profesionales. –dijo Sakura. –No hace falta que estés a la defensiva. –Los pedidos estarán listos en una semana. –dijo Eriol continuando con su gesto serio. –Muy bien. Sólo venía a decirte que mi jefa no quiere renovar con Clow. Así que continuaremos los pedidos hasta el fin de contrato. –dijo Sakura levantándose de la silla y colgándose el bolso. –Para decirme eso no hacía falta que vinieras. Habría bastado con una llamada. –dijo Eriol fríamente. Parecía que Eriol culpaba a Sakura de la infelicidad de su amigo. Entonces, antes de salir, Sakura vio unos cuantos tablones de madera apilados, y se fijó que esos maderos llevaban un sello de la República Checa. –¿Qué tal le va a Shaoran? ¿Está bien? –preguntó Sakura, en cuya mente había hecho una conexión un poco extraña. Pero Eriol no respondió. –República Checa. Eso está muy lejos.

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–Ya estoy en casa. –dijo Sakura. –Hola, hija. –dijo Fujitaka, que cortaba verduras en la cocina. –Papá. ¿Echas de menos a mamá? –preguntó Sakura, cuya madre murió cuando ella sólo tenía tres años. Ella echaba de menos a Shaoran y sólo habían pasado diez meses desde que dejaron la relación. Le fascinaba ver lo bien que llevaba las cosas su padre. Por eso decidió preguntarle. Quizás pudiera aprender a vivir sin Shaoran, igual que Fujitaka aprendió a vivir sin su mujer. –Ella siempre está presente en mí. –dijo Fujitaka. Sakura se colocó al lado de su padre y lo ayudó a cocinar. –¿Qué querrías hacer si estuviera por aquí? –preguntó Sakura. –Envejecer juntos. Cada vez me hago más mayor, pero ella permanece igual. –dijo Fujitaka indicando la fotografía de una joven Nadeshiko Kinomoto. Era una foto familiar tomada poco antes de que muriera. En ella estaba su padre, visiblemente más joven, su hermano Touya siendo un niño, y una Sakura de tres años sentada sobre las piernas de su madre, una mujer de pelo castaño largo rizado y ojos verdes. Ojos que heredó Sakura. Sakura se dio cuenta que desde que se tomaron esa fotografía, todos habían cambiado, excepto su madre. Aquello la hizo pensar.

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Al día siguiente, a Sakura se le hizo tarde para marcharse del trabajo. Cuando salía, se dio cuenta de que sólo quedaba ella y el encargado de la limpieza, que pasaba la escoba por la tienda mientras escuchaba música en unos cascos. –Hasta mañana. –dijo el hombre, apartándose los cascos cuando Sakura pasó por su lado. –Hasta mañana. –dijo Sakura. Pero cuando el hombre se apartó los cascos y a pesar de que sólo fue unos segundos, fue suficiente para que Sakura reconociera la inconfundible guitarra que tocaba “Amapola”. Aquello la hizo detenerse y acordarse de Shaoran. ¿Por qué últimamente todo hacía que pensara en él? Era como si la vida le estuviera enviando señales todo el tiempo. ¿A qué le temía?¿A los cotilleos y rumores?¿A los obstáculos que tendríamos que superar? Lo único que no podía superar era estar sin él. –Señorita, ¿se encuentra bien? –preguntó el limpiador volviendo a quitarse los cascos. Había preguntado al ver que la castaña se había detenido y tenía los ojos empañados en lágrimas. –Bonita canción.

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Un nuevo día amanecía en una pequeña ciudad de la República Checa. Shaoran despertó como siempre, con un nuevo cuerpo. En un intento de empezar de nuevo, se había decidido a ir allí. Era un lugar con buena madera y podría seguir vendiendo por internet, al igual que cuando empezó en el negocio. Aunque nadie lo sabía, los muebles que diseñaba allí bajo la marca Yue y que vendía por internet seguía siendo una marca dependiente de Clow, por lo que contaba con el apoyo logístico de Eriol a pesar de que al principio la idea le había parecido una locura y había aceptado a regañadientes. Pero era necesario para que su amigo intentara recuperarse de la ruptura con Sakura. Sin saber cómo lo hizo, y tampoco quería saberlo, Eriol había conseguido meterlo en un barco como polizón hasta China. Desde allí, realizó un largo viaje por carretera hasta llegar a la República Checa, ya que para Shaoran, tener pasaporte era algo un poco complicado. Eriol le proporcionó documentación que acreditaba que estaba allí por motivos laborales, aunque el motivo real de estar allí era que Shaoran quería alejarse de Tokio para no caer en la tentación de ir a ver a Sakura.   Shaoran realizaba la misma rutina al despertar que en su país, incluyendo el colocarse el anillo de hilo en el dedo, pero la tristeza y la soledad lo consumían. Había sido demasiado feliz junto a Sakura y el día a día se le hacía muy duro aunque hubieran pasado diez meses desde la ruptura. Un día, sintiendo una soledad insoportable, Shaoran llamó a Eriol. –¿Quién es?¿Shaoran? –respondió Eriol. –¿Cómo estás? –preguntó Shaoran. Pero no hablaba en japonés. Aquel día había despertado en un cuerpo extranjero. –¿Qué dices? Estoy ocupado. –dijo Eriol. –¿Qué puedo hacer? –preguntó Shaoran. –Tío, no entiendo nada. –¿Cómo está mi madre? –¿Estás borracho? –¿Y Sakura? –Haz el favor de llamarme cuando seas japonés. –dijo Eriol antes de colgar. No era lo que había esperado, pero al menos había escuchado una voz amiga.

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Varios días después, Shaoran seguía con su rutina. Despertó siendo un hombre castaño de los que se denominan del montón. Trabajaba en el taller cuando a las dos menos cuarto de la tarde sonó el timbre. Lo que Shaoran no esperaba era que la que estuviera en la puerta fuera Sakura. –Hola. –saludó Shaoran en checo. –Hola. –saludó ella en inglés. –He venido a ver a Shaoran Li. –Me temo que se ha equivocado. –dijo Shaoran respondiendo en inglés. –No hay nadie aquí con ese nombre. –Pensé que vivía aquí. ¿Está seguro? –preguntó Sakura, viendo que en la etiqueta del telefonillo venía el nombre de Muebles Yue. –Sí. Lo siento. –dijo Shaoran cerrando la puerta. No quería sentir más dolor. –Espere. –lo detuvo Sakura. –¿Es esto Muebles Yue? ¿Le importaría que entrara para echar un vistazo a los muebles? Trabajo en una renombrada tienda de Tokio. Sakura le pasó una tarjeta. Una tarjeta que Shaoran se sabía de memoria porque siempre recibía una cada vez que fue a aquella tienda haciéndose pasar por cliente. Ante aquello, Shaoran no tuvo otra opción que dejarla pasar. Shaoran entró y se fue directo hacia la diminuta cocina, donde había una ventana en forma de ele, mientras que Sakura miraba todo. Estaba todo lleno de muebles. Algunos embalados. Otros estaban en el banco de trabajo. Por las paredes había algunos bocetos de diseños. Cuando llegó a la zona de la vivienda, Sakura vio lo mismo que en Tokio. Ropa y calzado de diferentes tallas y sexos. –¿Le apetece un té? –preguntó Shaoran. No recibió respuesta, pero Shaoran se puso a hacerlo por calmar su nerviosismo. Sabía que Sakura lo iba a descubrir en cuanto entrara. De hecho sabía que lo había descubierto nada más abrir la puerta. ¿Qué probabilidades había de te abriera la puerta una persona con rasgos asiáticos en la República Checa? Quizás si ese día se hubiera levantado como extranjero habría sido más fácil de evitar. –¿Trabajas solo? –Sí. –Mi empresa está interesada en tus productos. Vimos tus diseños en Tokio a través de la página web y nos enamoramos. –dijo Sakura, mientras Shaoran seguía de espaldas con las manos apoyadas en la encimera. No quería mirarla. Sabía que claudicaría, y se había esforzado muchísimo por olvidarla, aunque todos sus esfuerzos caían en saco roto una y otra vez. –Podría haberte enviado un correo electrónico, pero quería verte y hablarte. Y aquí estoy. Entonces, Shaoran sintió la mano de Sakura sobre la suya y la cabeza en su hombro. –Shaoran. Ahora estoy bien. –dijo Sakura volviendo a hablar en japonés. Sakura sintió cómo Shaoran temblaba. Sabía que estaba luchando contra sus instintos. –Volverás a enfermar. –Lo sé. Pero estar sin ti es peor. –dijo Sakura emocionada. –Lo siento mucho. Shaoran tampoco pudo contener las lágrimas. Seguía sin atreverse a mirarla, al tiempo que no se creía lo que le estaba diciendo. Tras reponerse un poco de la emoción, ambos salieron a pasear cogidos de la mano como habían hecho tantas veces en Tokio. Shaoran todavía no se creía que la tuviera al lado, mientras Sakura le dedicaba su dulce sonrisa. –Podríamos ser solamente tú y yo. –dijo Sakura deteniéndose en un puente con bonitas vistas a un río. –Lo he pensado mucho, y quiero estar contigo. Tú te lo guardas todo para ti, pero no puedes vivir así de solo. Una vez te vi cambiar cuando desperté antes que tú. Vi cómo pasaba y debo admitir que me asusté. Me asusté a sabiendas de que cambiarías. Pero con el tiempo, estoy agradecida por aquel día, porque conocí al verdadero Shaoran. No me importa tu aspecto. No me importa si cambias, porque sé que eres tú. Amo al Shaoran Li de dentro. Siento que me haya llevado tanto tiempo. Shaoran. –¿Qué? –¿Quieres casarte conmigo? –Pues, recuerdo que alguien me dijo una vez que era algo que había que pensar mucho. –dijo Shaoran. –Oh, no seas cruel. No rompas la magia. –dijo Sakura sabiendo que se refería a ella. –Bueno, ¿entonces qué me dices? Shaoran extrajo una cajita de madera del bolsillo de su abrigo y deslizó la tapa, dejando ver un anillo de madera con un brillante en el centro. Sacó el anillo de la cajita y se lo puso a Sakura en el dedo anular. –Bueno, ¿a qué esperas para besarme? –preguntó Sakura. Shaoran redujo la distancia y la besó. Fue entonces cuando se dio verdadera cuenta de cuánto había extrañado sus labios. En aquel momento los dos fueron los más felices del mundo.

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–Al principio estaba asustada. Y también estaba enfadada contigo. –dijo Ieran a Hien Li. –Temía que nuestro hijo fuera como tú. No supe manejarlo. Era demasiado joven. –No podía estar contigo. –dijo Hien. –Pero todo este tiempo te he estado mirando desde la distancia. Sabía cómo te sentías. –Yo también sabía que me mirabas. A veces podía sentirte cerca. Pero ya no tengo miedo. Ahora me asusta otra cosa. Temo que pase algo que te aleje de mí. Entonces, todo se acabaría antes de tener la oportunidad de estar juntos. ¿Podemos ser sólo nosotros dos? Hien sujetó la mano de Ieran, haciéndole saber que sí.

Fin.

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