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Los días pasaban para Shaoran, pero ya no tenía ninguna ilusión por levantarse de la cama. Simplemente, era una carcasa que respiraba y vivía por inercia. A veces se quedaba mirando las fotos con Sakura que habían imprimido o que se habían sacado en algún fotomatón. También miraba los videos de registro en los que ella salía, o simplemente abría la nevera para ver el montón de fiambreras congeladas que todavía quedaban. En otra ocasión, se quedó un rato mirando el anillo de compromiso que le hizo y que ni siquiera pudo entregarle porque fue justo el día en el que fue consciente de que todo se torció. Tras mirarlo, lo metió en su cajita y lo guardó en un cajón. ¿Puedo vivir sin ella? Disfruté cada día con Sakura como una persona diferente. Nunca se quejó por disfrutarlo. Y yo creí que ella también lo estaba disfrutando. Pensé que pasaríamos toda nuestra vida juntos. Dicen que el amor es la respuesta a todos los problemas; pero también lo arruina todo.00000000
Sakura recibió el alta del hospital al día siguiente de haber sido ingresada en urgencias. Tras un par de días en casa, volvió al trabajo y aunque seguía siendo una gran profesional, ya no desprendía la misma alegría. Tras varios días de trabajo sin saber nada de Shaoran, un día, durante el descanso, había recibido un mensaje de él diciéndole que iría a verla cuando saliera. Cuando se despidió de todas sus compañeras, vio a un hombre plantado en la salida de la tienda. Su saludo le hizo saber que era Shaoran. –¿Por qué no me has llamado antes? Iba a salir con mis amigas esta noche. –dijo Sakura. –Necesito darte algo. –dijo Shaoran. –¿Por qué hoy? –Shaoran sólo hizo un gesto con los hombros. Finalmente, Sakura accedió y se dirigieron al taller de Shaoran, donde sobre un banco de trabajo había una silla que todavía estaba sin acabar. –¿A esa silla no le falta una pareja? –preguntó Sakura. –Sí, pero primero quería que la probaras para asegurarme de que se adapta a ti perfectamente. –dijo Shaoran cogiendo la silla para ponerla en el suelo. –Siéntate. Sakura se sentó como si estuviera esperando el autobús. –¿Te gusta? –Por supuesto. Tras probar la silla, decidieron salir a dar un paseo. –¿No es bonito? –preguntó Sakura mirando cómo caía la nieve mientras paseaban cogidos de la mano. –Hacía tiempo que no veía nevar. Pero es raro que no haga tanto frío. ¿Te apetece pasear un poco más? –Sakura. –¿Qué hacemos mañana? –preguntó Sakura. –Romper. –Qué mal. No era lo que tenía pensado. –Es lo mejor. Quiero que dejes la medicación. –dijo Shaoran ante una cabizbaja Sakura que sin haberse percatado, estaba frente a la puerta de su casa. –Entra. Hace frío. Después la soltó de la mano y se marchó. Cuanto antes mejor, como cuando se arrancan las tiritas. Era lo más difícil que había hecho en su vida. A él mismo le había costado hacerse a la idea, pero tras mucho pensar, no veía solución. Su amor era imposible. –Pero, Shaoran. –dijo Sakura mirando cómo se iba alejando. Esa noche, Sakura se la pasó llorando. Sabía que Shaoran la amaba, pero lo hacía por su propio bien. No quería ser el culpable de que su amor le costara la salud.00000000
La vida continuaba y Sakura intentó seguir con su vida cotidiana. Te siento a mi alrededor, pero no puedo decir nada. No estoy segura de qué hacer con este sentimiento. ¿Estoy aliviada? Sakura llamó a Tomoyo para enseñarle lo que había recibido en su casa. Un par de días después de salir del hospital había decidido contarle a su amiga todo lo que había pasado, así como la condición de Shaoran. Al principio a Tomoyo le costó aceptarlo y todavía le parecía increíble, pero ante todo, Sakura era su mejor amiga y la iba a apoyar en todo. Además, Sakura jamás se habría podido inventar una historia como aquella. Y eso explicaba todas las fotos con personas diferentes que había visto. Cuando Tomoyo llegó, Sakura la llevó hasta su habitación, donde encontró la silla que había probado en el taller de Shaoran, pero esta vez, sí estaba terminada. –¿Y esto? –preguntó Tomoyo. Tomoyo fue a sentarse cuando vio la marca. –Ya entiendo. Los hombres van pero las cosas permanecen. ¿No me digas que te la ha hecho a medida? Porque probándola me lo parece. Tomoyo se levantó y abrazó a su amiga, que no pudo contener más las lágrimas. –Tomoyo, lo recuerdo todo. –dijo Sakura. –Recuerdo dónde fuimos, lo que comimos, pero no recuerdo su cara. No puedo. Tomoyo se quedó esa noche con Sakura. Estaba claro que necesitaba su hombro y lloró hasta no poder más hasta que el sueño la venció. Continuará…