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Hiragi suspiró una vez estuvo a solas. Apartar a Kota no era plato de buen gusto ni para él. ¿Pero qué podía hacer? Ese chico era un mago que eventualmente se llenaría de ideas contra las criaturas mágicas, algo que no podía evitar. Y Hiragi no podía arriesgarse porque él no era un mago, era un hombre lobo. Estaba acostumbrado a ser repudiado, pero no por Sako. Se estaba adelantando a los hechos. Tal vez debía esperar a que el joven Sako tomara sus propias decisiones. Pero el miedo, oh, el miedo.***
Mientras Hiragi ayudaba a Umemiya en el gremio, iban pasando los años. Hiragi aprendía magia. Le hacía feliz porque era capaz de usarla, nadie antes le había enseñado, pero Umemiya no era como los demás magos. Umemiya captó a varios magos de alto rango como Tsubaki, Momose y Mizuki. La idea era clara: cambiar la sociedad desde la raíz y para ellos Umemiya buscaba convertirse en el director de la escuela de magia, sitio al que van todos los usuarios de magia antes de ser admitidos a los gremios. El problema era que en la legislación actual no se admitían criaturas mágicas. Umemiya iba a cambiar eso y Hiragi lo ayudaría. Ya no sabía que había sido de Sako y eso aún pesaba en su corazón. ¿Por qué le molestaba tanto? Eso ya lo pensaría en otro momento. ¿Tenía sentido? Él lo apartó. Pero no podía evitar que doliera, que en su corazón aún viviera el recuerdo de ese chico al que alguna vez defendió de matones y con quién pasó tiempo. Solo deseaba que Sako hubiera encontrado su camino. Y el tiempo seguía pasando.