Bajo la luna llena

Slash
R
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2
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planificada Mini, escritos 6 páginas, 1.893 palabras, 3 capítulos
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3

Ajustes
Sako solo podía concentrarse en sus pasos haciendo eco contra las losas de mármol de la academia. Acababa de llegar y estar de vuelta le otorgaba un sabor agridulce. No le gustaba regresar, se juró a sí mismo que nunca vendría a este reino, que no se asociaría con su primera desilusión ni nada que tuviera que ver con él. Pero aquí estaba, atado a un contrato para ser profesor con Umemiya-su enemigo jurado- como jefe. Habían pasado unos cuántos años y aún no soportaba a ese mago. Estaba muy seguro de que sus motivos eran irracionales y sobre todo cargados de una emoción muy específica: rencor. ¿Qué tenía Umemiya que había cautivado a Hiragi? ¿Qué tenía él para ser digno de la confianza de Hiragi y no él? Prefería no buscar la respuesta porque lo más seguro es que la odiara, pues en el fondo ya lo sabía. Se dejó llevar alguna vez por prejuicios tontos. Aún le costaba desprenderse de las enseñanzas que obtuvo de sus padres y posteriormente de Shishitoren. Cabe mencionar que solo era un renacuajo recién salido al mundo cuando tomó decisiones acerca de sus inclinación políticas y mágicas. Pero, con todo, Sako no lograba entender por qué Hiragi lo apartó así. En cierta forma pareció autodefensa y… le dolía pensar que pudiera haber ocasionado algún dolor sin darse cuenta, no sabía por qué. Intuía eso, no obstante, las respuestas no se obtienen pensando en las peores hipótesis. La noche y el cansancio hacían mella en él. Ahora con 28 años era un adulto y Hiragi debía rondar los 30 también. Habría respuestas pronto, si es que Sako se atrevía a dar unos pasos hacia delante y no estaba seguro de poder, porque la confusión, el miedo y el rencor no eran buenas compañeras. No estaban para niñerías, claro que no, solo esperaba no tener que cruzárselo. Por eso llegó en plena noche, esperando no ver a nadie indeseado. No es que se refiriera a Hiragi en concreto, más bien quería retrasar cuanto más pudiera la reunión con Umemiyay el resto de profesores. Al menos consiguió llegar a su habitación en la academia. A quién fuera que se ocurrió que debía un internado estaba mal de la cabeza, Sako no necesitaba convivir con la plantilla de profesores que hubiera elegido Umemiya. Sin embargo, no podía desobedecer y renunciar antes de siquiera empezar sonaba ridículo.

***

Dejó las maletas desperdigadas por la habitación, aunque no ocupaban demasiado espacio porque eran dos bolsos con hechizo de amplificación en su interior. Solo le hacía falta uno, pero le gustaba tener dos para separar el trabajo de lo personal. Sako esperaba que fuera sencillo. Había pasado todos estos años formándose en soledad, solo acompañado por Togame y Tomiyama que fueron también quiénes le aconsejaron aceptar esta propuesta de trabajo. Ya se estaba arrepintiendo. En parte, su magia sentía este lugar como algo familiar. Se odiaba a sí mismo por las emociones tan contradictorias. Estar allí le afloraba sentimientos que prefería tener lejos de él.

***

La mañana siguiente comenzó de lo más tranquila, al menos eso fue hasta el desayuno. En cuanto Sako entró en el comedor el silencio se hizo. Hasta que Umemiya levantó la mirada de su plato y miró a Sako, con una de esas miradas que podrían leerte el alma. Por un momento Sako se sintió intimidado, pero entonces Umemiya sonrió. — Bienvenido, Sako. Vamos, siéntate y desayuna con nosotros. — Dijo Umemiya. Sako, algo incómodo, avanzó posando su mirada en todos los presentes y tomando asiento finalmente al lado de Inugami Teruomi. — ¿Qué tal Sako? — Inugami con su energía usual se arrimó a Sako. — Cuando esto esté lleno de alumnos será genial. ¿Te imaginas la de aventuras y enseñanzas que habrán? Sako escuchaba a Inugami tratando de sobrevivir a su entusiasmo. No compartía ese sentimiento por desgracia. Se sirvió el desayuno y comenzó a comer pausado. No había rastro de Hiragi. Umemiya le lanzaba una mirada curiosa a Sako, y este se sentía sobre analizado. La magia de Sako vibraba de forma equilibrada, con templanza, intentando no dejarse llevar por el nerviosismo y la intuición de que había “gato encerrado” en todo esto.

***

Hiragi estaba escondido. Bueno, no era así, no tanto. Quizá solo estaba cuidando su privacidad. Nada. Un eufemismo para decir que estaba aterrado de cruzarse con Sako. Dios, él no era así, Hiragi no era el tipo de hombre que se escondía y huía. Pero Sako sacaba lo peor - y lo mejor- de él. Tantos años alejados tenía sus consecuencias. No sabía qué esperar. Sako debía de estar molesto, tal vez no le dirigiría la palabra ni estaría a su lado. Se formó un nudo en su estómago de solo pensarlo. Y luego estaba el tema de ser un hombre lobo, Sako jamás lo aceptaría. Aún así tenía sentimientos encontrados porque en el fondo, muy en el fondo, sabía que su miedo no era solo por los posibles prejuicios del mago, sino por lo que le nacía en el corazón al pensar en Sako. Así que en su habitación Hiragi permanecía mirando al techo junto a una taza de té y sus pastillas para el estómago a un lado. Iba a ser difícil.
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