Noche eterna

Slash
R
Finalizada
1
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264 páginas, 107.940 palabras, 31 capítulos
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Capítulo 6

Ajustes
Mayo se deslizó con gran rapidez, y los calendarios cambiaron a junio. El calor fue incrementándose conforme el verano se acercaba. Esto también significó que el sol se volvió mucho más molesto, al grado que Judai no podía dormir muy bien en el salón de clases, con lo que su mal humor durante el día empeoró. Incluso alguna vez pensó en dejar de ir al colegio. Sólo se detenía porque eso significaba ver menos a Sho, y además lo último que quería era a los profesores llamando a su puerta porque no se presentaba a clases. No podía esperar a que llegaran las vacaciones de verano y poder dormir todo el día; pero, para su mala suerte, todavía quedaba un mes más de clases. No tenía más remedio que aguantar por ahora. Al menos Sho había avanzado mucho en sus capacidades como duelista, y el pensar en nuevas formas para que siguiera creciendo lo mantenía ocupado durante esos días cada vez más largos. Cierto, no ganó el torneo al que lo inscribió, aunque no por falta de esfuerzo. Incluso Yubel admitió que tal vez no era un duelista tan patético como creyó en un primer momento. Eso fue un gran avance. Como supuso desde el primer momento, el mayor problema de Sho era su falta de confianza, y esto dejaba la pregunta: ¿quién fue el causante de esto? Claramente, los complejos de Sho venían de años de escuchar que no valía la pena. Si encontraba al responsable, mandaría al diablo las sutilezas y el perfil bajo. Quien haya hecho eso, merecía ser drenado hasta la muerte. Su teoría inicial fue que tenía que deberse a su familia, puesto que Sho se negaba hablar sobre ella, normalmente evadiendo el tema. Pero, tras pasar algunas horas observando desde las sombras, se dio cuenta de que no podía ser así. Su abuela era una mujer amable que se preocupaba por su bienestar, y hasta cierto punto lo mimaba mucho. Y su madre, aunque pasaba la mayor parte del tiempo trabajando, se tomaba el tiempo para hablar con él sobre cómo iba en sus clases o si había algo que necesitara. Cierto, parecía haber algo de remordimiento en sus acciones; sin embargo, ella no parecía ser la razón de los complejos de Sho, a pesar de que claramente el niño se esforzaba por no decepcionarla. Además de ellas, se enteró de que Sho tenía un hermano mayor que iba a la Academia de Duelos, y a quién admiraba al punto de haberlo idealizado como el duelista perfecto en su mente. El hermano también parecía ser el orgullo de la familia. Sin embargo, no había señales de que él viviera en la casa. Una que, dicho sea de paso, era demasiado grande para solamente tres personas. Especialmente porque era una de las pocas casas tradicionales que había en la ciudad Domino. Curiosamente, no había señal alguna de algún otro miembro de la familia. Nada de fotografías o cualquier otro rastro que indicara que Sho tenía un padre. Por supuesto, bien podría haber muerto, en cuyo caso habría un altar como el que había en el salón dedicado a su abuelo. Así que la opción más lógica era un divorcio. Uno de los malos, si debía interpretar la falta completa de su presencia en la vida de Sho. Judai decidió dejar de indagar en ese aspecto de momento, y concentrarse en mejorar las habilidades y la confianza de Sho. Y tal vez también debería comprar un par de discos de duelo. Usar el disco que trajo desde las Doce Dimensiones no parecía ser una buena idea, con Seto Kaiba espiando por todas partes. Otro de los motivos por los que esperaba con ansias las vacaciones, era porque los mejores torneos amateurs de ciudad Domino se llevaban a cabo durante el verano, así que bien podría emplear los meses que quedaban para perseguir la meta de ganar algunos de esos eventos. Quizá él también participaría. Hacía tiempo que necesitaba de un buen duelo. Era viernes por la noche, y estaba sentado en la sala, con su mazo y las cartas que había reunido los últimos meses en la mesita del café, trabajando en ajustar sus estrategias y ver qué uso podría dar a esas cartas. —Interesante colección. Una voz femenina lo sacó de su concentración, haciendo que Judai levantara la cabeza de golpe, al tiempo que sentía las suaves manos de una mujer acariciando su rostro. —¡Camula! Judai se levantó y abrazó a la vampira, quien estaba de pie detrás de él. Camula sonrió feliz, mientras alzaba al joven y besaba su frente. —¿Cómo has estado, pequeño? —preguntó mientras se sentaba en el sillón a su lado. —Aburriéndome —le respondió Judai—. Tengo que ir a la escuela con los mortales y hacer toda clase de misiones absurdas. No sé por qué Haou permitió al consejo enviarme aquí. Camula no pudo evitar reír divertida. —Vamos, ¿no puede ser tan malo? Al menos espero que hayas reducido un poco la población de Ganado. Judai hizo una mueca de fastidio. —Está prohibido matar en la ciudad de Kaiba. —De cualquier forma, Judai jamás mataba. Fue el turno de Camula de mostrar su descontento. Sabía todo de ese desastre ocurrido con Seto Kaiba un par de años atrás. Ella misma fue contactada para castigar al idiota que les costó el ser descubierto por el maldito segundo mejor duelista del mundo. —¿Cómo soportas este mundo? —preguntó Judai—. Me volvería loco si tuviera que pasar veinte años en este lugar. —Dos años —corrigió Camula—. El tiempo en este mundo es diferente. —Lo sé, pero para mí fueron como veinte años. Quería verte desde hace mucho. Habría ido a buscarte, sin embargo, el consejo me tiene atrapado aquí. Y Yubel no es de mucha ayuda. —Mocoso engreído —gruñó Yubel apareciendo en un rincón de la habitación con los brazos cruzados sobre el pecho. Camula se levantó e hizo una pequeña reverencia ante el espíritu. No era un vampiro, pero seguía siendo el consorte del rey. Yubel simplemente asintió y luego volvió a desaparecer. —¿Vas a quedarte por aquí? —preguntó Judai con un tono lleno de esperanza. Camula sonrió con tristeza. —Lo siento, pequeño, aunque únicamente estoy de paso por la ciudad. Mi misión se acerca a un punto crítico y estaré muy ocupada en los próximos meses. Judai hizo un puchero como si fuera un niño pequeño. Camula era la única persona, por así decirlo, ante la que Judai mostraba su lado más infantil. —Si las cosas salen bien, terminaré pronto mi misión. Tal vez pueda quedarme un poco más por aquí. El rostro de Judai se iluminó ante la perspectiva. —¡Sería maravilloso! Camula rio entre dientes ante el entusiasmo de Judai. —Ahora, ¿por qué no me cuentas un poco sobre lo que has estado haciendo? Judai suspiró. —No mucho. Me obligan a ir a la escuela, como dije, para mantener las apariencias, y a buscar algunas cartas. Una tontería sobre estudiar qué tan avanzado está el duelo en este mundo. Eso, y vigilar un poco por aquí o por allá. No es que pueda hacer muchas cosas sin exponerme. Kaiba parece saber absolutamente todo lo que pasa por aquí. Un paso en falso y puede descubrirme. Camula asintió. Confiaba que Judai podía pasar desapercibido, de toda su especie era el más humano. Algo lógico, era el más joven de todo el clan y el haber nacido en la época moderna significaba que para él era mucho más fácil mezclarse entre los mortales de la Tierra. El vampiro más cercano a su edad tenía alrededor de doscientos años, y nació en las Doce Dimensiones. Contrario a lo que los humanos pensaban, era sumamente extraño que un vampiro Engendrara a otro. El Clan únicamente quería a los mejores, así que la decisión de traer a un humano a sus filas se tomaba con mucho cuidado. También estaba el hecho de que, durante siglos, el Clan de la Noche estuvo dividido. Los vampiros en el Mundo Humano se vieron forzados a ser cuidadosos ante el constante acoso de los cazadores, sobre todo en Europa a causa del poder que obtuvo la Inquisición durante la edad media y hasta muy entrado el siglo XIX. Incluso ahora, se movían en secreto oculto del ojo público en un mundo que se había olvidado de las viejas leyendas y ahora consideraba sus métodos una atrocidad que nunca debió pasar. Camula detestaba recordar esto. Esos siglos de angustia, viendo cómo cada uno de sus amigos fue cazado por la Iglesia. Las décadas de soledad en ese viejo castillo, protegida por viejos conjuros puestos allí por su familia mortal, un antiguo y poderoso clan de hechiceros, del cual ahora sólo quedaban unos pocos huesos que siglo a siglo languidecían hasta ser solamente polvo encerrado en viejas tumbas. Familia mortal que fue cazada por los Inquisidores con tanta insistencia como a los otros miembros de su Clan. Siempre agradecería a Haou por haberla encontrado, por llevarla a ese mundo del que solamente había escuchado leyendas, por haberle permitido conocer a Judai, un pequeño humano en ese entonces, que estaba tan solo y desesperado como ella. Un dulce y pequeño niño a quien pudo amar como algún día amó a sus crías, las crías que la Iglesia sacó de sus ataúdes durante el día para empalar sus corazones y quemar sus restos. Cierto, no era su sangre la que corría por las venas de Judai, era la de Haou, pero para ella siempre sería su cría. —Encontré a un mortal muy interesante. Es inmune al Dominio. Camula enarcó una ceja de forma inquisitiva. —¿Estás seguro? —Sí, lo he confirmado. Y es un buen duelista. Lo quiero. Camula sonrió con malicia. —¿Lo quieres? ¿En qué sentido? ¿Quieres comerlo o…? —¡No! —se quejó Judai negando con la cabeza enérgicamente—. Quiero Engendrarlo. Camula se puso seria. —Judai, amor, eres muy joven para tener tus propias crías. Judai hizo un puchero. —¡No te pongas del lado de Yubel! Quiero a Sho. Camula suspiró, mientras sentaba a Judai en su regazo como si todavía fuera un niño pequeño. Solía hacer mucho eso cuando Judai despertaba atormentado por pesadillas en las que veía morir a sus padres mortales una y otra vez. Si Haou no se hubiera deshecho de los malditos fanáticos de la Luz que le provocaron ese dolor hace años, ella misma estaría dándoles caza para destruirlos con sus propias manos. —¿De verdad lo quieres o solamente es un pequeño capricho? —¡No es un capricho! —¿Estás seguro? Judai asintió con la cabeza, muy convencido. —Durante cincuenta años has estado solo, diez de esos años siendo el único mortal en nuestro mundo que no era Ganado, sin poder mezclarte con otros. —Oh, y vaya que Judai había intentado hacerse amigo de los otros humanos, pero estos lo veían con miedo y huían de él. Era Ganado que conocía su lugar y sabían que, incluso cuando Judai era tan humano como ellos, era el protegido del mismo Rey Supremo y algún día se sentaría a su lado como un miembro en todo derecho del Clan de la Noche—. Haou te Engendró a una edad muy joven… —Lo sé —dijo Judai hundiéndose un poco. Si él no hubiera sido tan estúpido como para caer en esa trampa… Nunca se engendraba a alguien tan joven, y Haou se vio forzado a hacerlo para evitar que muriera. —No fue tu culpa, amor. Se lo habían repetido muchas veces, no obstante, parecía no entrar en esa dura cabezota con forma de Kuriboh. Camula suspiró de nuevo, mientras acariciaba los mechones de Judai en un gesto maternal. Para que Judai olvidará ese trago amargo, decidió volver al tema de ese mortal a quien Judai quería Engendrar: —Judai, únicamente quiero que seas honesto contigo mismo: ¿de verdad quieres a este mortal o sólo es un capricho por tu necesidad de tener a alguien a tu lado? —Sho tiene potencial… —No lo dudo, pero el potencial no significa que deba ser atraído hacia nuestro mundo. No todos los mortales están hechos para vivir tanto tiempo. Muchos enloquecen ante la sangre, otros no soportan más de unos pocos siglos y terminan suicidándose. Judai asintió. Había escuchado historias terribles sobre los desdichados que no soportaban la inmortalidad. Y no podía mentirse, a veces sentía miedo de que él mismo no soportaría esa existencia. También conocía las horribles formas en que algunas familias escogían a sus miembros antes de que Haou las unificara a todas en el Clan de la Noche Eterna, y creara leyes sobre cómo y cuándo Engendrar. Uno de los ancianos del consejo disfrutaba asustarlo cuando todavía era un niño mortal rodeado de seres inmortales que con gusto le abrirían las venas para beber toda su sangre. Para ello, se valía de historias de cómo solían darles a sus escogidos únicamente la suficiente sangre para que se mantuvieran apenas vivos, y luego los enterraban en espera de que el hambre y la desesperación los hiciera destrozar sus ataúdes y excavar hacia la superficie. De esa manera, sólo aquellos que eran capaces de mantener algo de cordura después de eso eran admitidos. El resto volvían a las tumbas, o se dejaban allí si nunca lograron emerger, hasta que los cazadores llegaban a destruirles o la inanición los convertía en momias vivientes que permanecerían en sus tumbas, sumidas en un ciclo perpetuo de desesperación hasta el final de los tiempos. —Estoy seguro de que algunos de esos pobres diablos todavía están allí —terminó su relato—, en sus tumbas ancestrales, retorciéndose de hambre tras siglos sin probar una sola gota de sangre. Tal vez el rey debería dejar que realicemos el viejo ritual contigo, para ver si de verdad eres digno de pertenecer al Clan. No hace falta decir lo furiosa que estaba Camula cuando Judai no pudo dormir durante toda una semana después de escuchar aquello. —Háblame de este Sho. Esto pareció animar a Judai. Judai le contó cómo lo había conocido, y el hecho de que en primera instancia pensó que de hecho estaba bajo su Dominio, ya que cuando técnicamente le ordenó que hiciera gran parte de su trabajo escolar (lo que le ganó una pequeña regañina de Camula por ser flojo) no se quejó en lo absoluto. Por supuesto, luego Yubel le llamó la atención sobre el hecho de que el Dominio no funcionaba en él. Así que decidió prestarle un poco más de atención. —Tiene potencial, solamente necesita un poco más de autoestima. Estoy seguro de que puede convertirse en uno de los mejores duelistas de este mundo. Al menos creo que podría patear el trasero de uno o dos miembros del consejo. —Tienes mucha confianza en él. —¡Por supuesto! ¿Quieres conocerlo? Estoy seguro de que podrás comprobar que es tan bueno como digo. Los ojos de Camula brillaron con interés. —¿Estás seguro? Camula no era precisamente un oponente fácil. Al grado de que era la única duelista en el Clan a quien se le permitía usar la «Puerta de la Ilusión», posiblemente la carta más poderosa en posesión del Clan y una carta que únicamente un vampiro podía usar con todo su potencial. No por nada ella era uno de los generales más confiables de Haou. —No te lo diría si no lo pensara. —Tal vez cuando termine mi misión ponga a prueba a tu amiguito. Judai asintió. —Exactamente, ¿cuál es tu misión? —No sé si debería decirte… —¡Oh, por favor! Yo te hablé sobre la mía. No es como si vaya a decírselo a alguien. Además de Yubel y Sho, no habló con nadie, y no voy a ir corriendo a contarle a Sho sobre lo que pasa aquí. No hasta que sea el momento correcto, al menos. —¿De verdad? —preguntó Yubel—. Después de lo que hiciste durante el Día de los Espíritus, me sorprende que el niño no haya salido huyendo aterrado de la ciudad. Judai hizo una mueca de fastidio. —¿Qué sucedió? —preguntó Camula. —Nada —respondió Judai malhumorado. —Judai… El joven vampiro se mordió el labio ante el tono usado por Camula, tan similar al que usaba su madre cuando rompía alguno de sus jarrones por jugar béisbol dentro de la casa y trataba de ocultarlo debajo de algún mueble. —Sólo fue un pequeño desliz. ¡Pero Sho pensó que todo era una broma! —¿Estás seguro? —Fue hace meses. Seguramente Sho ya lo olvidó… Camula suspiró con un gesto decepcionado. —Tendremos que comprobarlo. ¿Sabes lo terrible que podría ser si alguien te vio? —Soy cuidadoso… —Al parecer no lo suficiente. Camula envolvió sus largos dedos en los mechones de Judai, en un gesto relajante. —Sabes lo peligroso que puede ser cometer un error en esta ciudad. —Judai asintió lentamente—. Asegurémonos que no ha quedado un solo cabo suelto. Judai asintió de nuevo. No quería involucrar a Sho en todo eso… no al menos todavía, pero Camula tenía razón. —Muy bien, ¿por qué no invitas a Sho aquí mañana? Creo que lo mejor es conocerlo. —Pensé que estabas de paso por la ciudad. —Estaré por aquí un par de días. Hay algo que necesito revisar. —Muy bien. Invitaré a Sho mañana. Camula besó a Judai en la frente. —No te preocupes. Hay forma de lidiar con estas cosas sin tener que matarlo. Además, si como dices está convencido que todo fue una especie de broma, ni siquiera tendremos que hacer nada. —Muy bien. Camula sonrió para alentar a Judai y disipar un poco su preocupación por su amigo. Yubel sonrió satisfecho. No sería necesario matar al niño, independientemente de lo que descubrieran. Él tenía sus propias maneras de atar los cabos sueltos, al menos en lo que respectaba a este chico. Además, posiblemente Camula podría descubrir un poco más sobre el porqué el niño era inmune al Dominio. Después de todo, la vampira estaba más familiarizada con la magia restante del Mundo Humano.
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