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Camula observó desde el techo del edificio principal al primer Asesino llegar a la Isla Academia en su ala delta. El niño era un duelista excepcional, no por nada fue llamado Rey de la Academia, siendo el único capaz de hacer frente a Kaiser de igual a igual. Bueno, si no contabas a su tercer amigo, el mismo que ahora estaba pagando las consecuencias de haber intentado desafiar a Haou. La vampira no pudo evitar sentir un poco de curiosidad sobre los planes que tenía su Rey para él. E incluso cuando nunca lo expresaría en voz alta, se sentía un poco traicionada de no haber sido advertida de que no era el único agente doble en las filas de los Asesinos. Por supuesto, la lealtad del niño era cuestionable, determinada por el control que La Máscara tuviera sobre él y la constante amenaza sobre el destino de su amigo. Camula llamó a su Familiar. El murciélago voló desde el bosque cercano y se posó sobre su brazo extendido, como si fuera un águila amaestrada. —Muéstrame la ubicación de los guardianes. Tal como pensaba: Kaiser estaba entre ellos. También los dos chicos que habían participado en el duelo inter escolar antes de las vacaciones de verano: Asuka y Daichi. Decidió mantener a ambos vigilados, ya que su habilidad era la suficiente como para ser considerados para los planes de su Rey. Era una lástima que esos dos de la Academia Norte contra los que perdieron no asistieran a Central. También eran buenos objetivos. Tres de las llaves estaban bajo la protección de los tres profesores más fuertes de la Academia: Chronos de Medici, jefe de Obelisco y del departamento escolar; su colega, Midori Hibiki, jefa del dormitorio Obelisco Femenino y profesora de construcción de mazos e historia del duelo; y Daitokuji, jefe de Osiris, profesor de alquimia, y secretamente un agente doble de Kagemaru. La última llave fue entregada a Seika Kohinata, una alumna de tercero de Obelisco. Era obvio que no había sido la primera opción de Samejima, considerando que la chica parecía tomar todo eso como una especie de broma. Quizá si ese chico Manjoume se hubiera quedado en la escuela él habría ocupado su lugar. La niña era buena, pero no lo suficiente, así que no entendía como el director la había nombrado guardián en lugar de quedarse él con la llave. Como jefe actual del clan del Ciber Estilo, habría tenido muchas más posibilidades. Camula sintió el cambio en el aire cuando el primer Juego de lo Oscuro comenzó. Como esperaba, el niño persiguió primero al guardián más débil. Se preguntó si eso haría que esa chica, Seika, espabilara un poco y se tomara en serio su misión. —Vamos, mi pequeño, muéstrame el duelo. Su familiar alzó el vuelo en dirección al volcán. Camula sonrió complacida cuando se conectó psíquicamente con él, de tal forma que podía ver el desarrollo de la batalla como si estuviera en primera fila. Muy bien, la chica era buena, como esperaba de alguien que tuvo el título de Reina de Obelisco por dos años consecutivos. Sin embargo, el mazo de Ojos Rojos del niño no tardó en abrumarla. —Vamos, niña, al menos resiste lo suficiente para que tu llave se cargue de energía de duelo. Negó con la cabeza cuando el dragón terminó el duelo y la chica se desplomó en dirección hacia el volcán. No es que realmente se fuera a quemar con la lava, todo era parte de la ilusión del Juego de lo Oscuro, pero vaya que su mente estaría perdida en el dolor hasta que colapsara. Considerando la vida frívola y despreocupada que llevó en sus días en la Academia de Duelos, no esperaba que aguantara mucho. —Es una lástima. —La niña era bonita, si hubiera resistido un poco más, tal vez se habría planteado convertirla en parte de su Ganado. Abrió los ojos, desconectando su mente de su familiar y miró uno a uno a los dormitorios. Había muchos humanos jóvenes y de buen aspecto para escoger. Una ventaja de estar apostada en la Isla Academia era que tenía tiempo para elegir a los más apetitosos. Camula se permitió otra sonrisa, antes de desvanecerse en la noche. Antes de eso, vio al ala delta alejarse de la Isla. Se preguntó a quién elegiría el niño a continuación. Deseaba que fuera a la otra chica de Obelisco. Un duelo entre hermanos siempre era divertido.Capítulo 10
3 de abril de 2026, 10:18
Durante los últimos cuatro meses, una pregunta había estado rondando la mente de Sho. Más allá de todos los cuestionamientos que se hacía sobre el mundo que lo rodeaba, un mundo en el cual los monstruos de duelo eran reales, su mente volvía una y otra vez al mismo punto: ¿qué era en realidad un vampiro?
Sho no era un ávido consumidor del terror. No le gustaba sentir miedo, así que trataba de mantenerse lejos de todos los relatos de fantasmas y monstruos (tanto occidentales como japoneses). Por supuesto, esas historias estaban tan arraigadas en la cultura popular, sobre todo gracias al éxito del duelo de monstruos, que era imposible no saber al menos lo básico sobre ellas. Más aún de un monstruo tan popular como lo eran los vampiros.
¿Pero qué eran en realidad los vampiros? Según todo el folclore que se tenía sobre ellos, se trataban de muertos vivientes. Dependiendo qué tradición considerarás, podían ser algo no muy lejos de un simple cadáver reanimado que buscaba sangre de la misma forma que un zombi buscaba cerebros. No obstante, Judai no parecía ser una de esas cosas. Bueno, su piel era muy fría, salvo después de alimentarse, como la de un cadáver. Y aunque era un poco más pálido de lo que podría ser considerado sano, no a un punto que resultara enfermizo.
De igual forma, ahora que sabía que Judai era un vampiro, tomaba sentido el hecho de que despreciara la luz del sol y prefiriera dormir de día. Aunque no estallaba en llamas como decían todas las tradiciones.
Las películas también hablaban de los poderes psíquicos de un vampiro, el hecho de que supuestamente eran capaces de poner en trance a sus jóvenes víctimas solamente con verlas a los ojos. Ese punto al menos parecía ser cierto, corroborado por todos esos episodios extraños alrededor de Judai que hasta ese momento se había negado a ver como algo sobrenatural. El hecho de que le bastaba una simple mirada para que las otras personas se hicieran a un lado o lo ignoraran por completo. De igual forma, el hecho de que la profesora Nosaka se olvidó de su existencia en un segundo, al igual que el resto de sus compañeros de clase, quienes solamente lo recordaban cuando Judai necesitaba algo de ellos.
Ahora que estaba en el mundo de Judai, y lo veía como lo que realmente era, su mente volvía una y otra vez a la representación tradicional de Drácula: el elegante caballero que se colaba al dormitorio de las doncellas, y las drenaba poco a poco, una medida de sangre a la vez. Y las doncellas parecían más que dispuestas a ofrecerle su cuello al monstruo. Él podía entender eso. Había sentido en carne propia lo que el Beso del vampiro podía hacer: el placer embriagador de ese momento en que ambos corazones latían al mismo tiempo, la forma en que las mentes de ambas partes se abrían una a la otra, como si se convirtieran en un mismo ser compartiendo absolutamente todo. Sho incluso se preguntó si así se sentían los espíritus de los monstruos de duelo cuando se fusionaban para invocar a otro monstruo.
Sacudió la cabeza para deshacerse del sonrojo que le provocó ese pensamiento.
Judai sólo se había alimentado de él en tres ocasiones, y siempre se «desconectaba» antes de que se intercambiara mucha información, pero eso fue suficiente para que viera algunos de sus recuerdos más íntimos. Sho había visto a la madre de Judai, su verdadera madre, una mujer muy amable que parecía vivir únicamente para él. Y había sentido el amor puro y la felicidad que Judai guardaba en esos recuerdos.
Judai había sentido la admiración y el respeto que Sho tenía por su hermano; el amor incondicional que profesaba hacia su propia madre, la mujer que abandonó su orgullo para casarse con ese estoico hombre de negocios para salvar la empresa de su padre y quien, años después, renunció a la vida de lujos que siempre llevó para proteger a su hijo menor.
—Él nunca más les hará daño —prometió Judai después de ver y sentir el terror que su padre le provocaba.
Y Sho le creyó. Considerando lo que sabía ahora de Judai, si el vampiro decidiera ir tras su padre, ¿el hombre podría defenderse detrás de los muros de su mansión y de sus guardaespaldas? Había visto a Judai viajar a través de las sombras y de la oscuridad misma, así que virtualmente no había lugar en el mundo al que no pudiera entrar. A menos que ese viejo rumor de que debías invitarlo primero fuera cierto. De cualquier forma, si esa superstición fuera verdad, Judai podría encontrar la manera de colarse a una casa humana sin muchos problemas.
¿Qué otra cosa podía hacer?
—¿Puedes convertirte en un murciélago y entrar volando a su casa sin que se dé cuenta?
Judai soltó una fuerte carcajada tras escuchar eso.
—Ves demasiadas películas.
—En realidad, no —negó Sho sonrojándose por haber parecido estúpido—. Pero, todos saben que los vampiros se convierten en murciélagos.
—Una cosa es lo que creen saber, y otra cosa es lo que saben.
Sho frunció el ceño.
—Supongo que el ajo y las cruces tampoco funcionan.
—Los ajos funcionarán sólo si el alquimista que los prepare sea bueno haciéndolo. Las cruces, bueno, dependerá si la persona que se oculta detrás de ellas de verdad piensa que eso puede protegerla. Es la capacidad de tener fe lo que le da poder al símbolo, y no al revés. La voluntadlo es todo.
Sho había aprendido cosas sobre los vampiros de esa forma: poco a poco. Y no podía evitar pensar en que le estaba enseñando, preparándolo para que se convirtiera en uno de los suyos. ¿No era eso lo que suponía la madre de Rei? Incluso cuando Judai se alimentaba de él, no parecía que fuera solamente porque lo consideraba parte del ganado. Pero aun si resultaba estar equivocado, al menos Judai trataba a sus sirvientes mejor que otros vampiros, a ellos no les permitía tener un disco de duelo (aunque solamente le permitiera usarlo en el coliseo cada vez que alguien, no necesariamente un vampiro, lo desafiaba a un duelo y lo elegía a él como su campeón), cartas propias (salvo a Rei), ni mucho menos les daba obsequios costosos.
Sho se miró las manos. Parecían humanas. Sus uñas no tenían ese aspecto más como de garras que tenían las de Judai (los humanos verán en un vampiro lo que este quiere que vean en él, le explicó). Tampoco sentía que sus colmillos fueran más largos o afilados. Y, definitivamente, no se sentía más fuerte, ágil o con un deseo de consumir sangre. Al contrario, cada vez que Judai se había alimentado de él, una vez pasada la euforia del Beso, Sho se sentía muy hambriento y sediento, lo cual se entendía por la pérdida de sangre y energía.
—No me siento diferente —dijo.
—¿Por qué sería así?
—Todas las leyendas dicen que, si un vampiro te muerde, te conviertes en uno de ellos.
Judai resopló y murmuró algo por lo bajo.
—No vas a convertirte en un vampiro únicamente por eso —le aclaró por fin—. Tendría que darte a beber mi sangre.
Sho frunció el ceño.
—Pero yo ya he bebido tu sangre.
—Un pequeño trago, sólo para que te adaptaras a este mundo y su magia. Mucha menos incluso de la que yo tomo de ti en cada Beso. Además, para Engendrar, un vampiro primero debe tomar casi toda la sangre de un mortal, y luego devolvérsela mezclada con la suya. Al menos con los humanos.
Sho abrió los ojos, sorprendido.
—Pensé que todos los vampiros fueron humanos.
—No todos. A lo largo del tiempo, se ha experimentado en convertir a otros seres en vampiros. Incluso hay algunos que solían ser espíritus de duelo.
—¿Cómo conviertes a un espíritu en un vampiro?
—Igual que a un humano.
—Los espíritus no tienen sangre.
—Pero tienen energía. Todo tiene energía.
Judai tomó la cabeza de Sho gentilmente entre sus manos. Lo atrajo hacia él, casi como si fuera a robarle un beso. El corazón de Sho comenzó a acelerarse. Judai, en cambio, apoyó su frente contra la suya. Y entonces lo sintió: su cuerpo se calentó un poco y comenzó a sentirse cansado. Judai lo soltó al instante, dejándolo algo aturdido.
—¿Lo entiendes ahora?
Sho tardó un momento en recuperarse y luego susurró:
—No necesitas sangre, puedes vivir robando la energía a otros directamente.
—No lo llamaría vivir… Aunque…, sí: en esencia, eso es lo que hice.
Sho se sintió mareado, así que Judai lo atrajo para que su cabeza descansara en su pecho, mientras lo abrazaba.
Mientras estaba así, recargado en Judai y con la mirada en el jardín, se le ocurrió que las plantas se veían extrañas, como si fueran tan peligrosas como los mismos amos del castillo. Incluso reconoció algunos árboles que le recordaban a la carta «Orchis Vampírico», pero estaban demasiado lejos como para confirmarlo.
—¿Por qué…?
Judai acarició su cabello.
—¿Por qué beber sangre si puedes vivir de esta manera? —terminó.
—Porque no es agradable, ni para el vampiro ni para la víctima. Además, la sangre es vida. La energía que se obtiene de ella es más pura, más deliciosa. Y vuelve el acto de alimentarte en algo más íntimo.
Sho cerró los ojos. Podía entender a qué se refería Judai. Se había sentido muy diferente a cuando bebía su sangre. No había nada de esa sensación de euforia agradable, solamente un vacío y una sensación de cansancio. Le costaba mantenerse despierto, y Judai únicamente había hecho eso por un segundo. Comprendió que era más fácil matar a sus víctimas haciendo eso, y si algo había aprendido estando en ese mundo, era que los vampiros no drenaban por completo a sus víctimas como en las películas de terror. ¿Por qué entonces hacerle eso a un espíritu de duelo?
—Ellos son energía pura. Algo como esto no los matará. No tan fácilmente como a un humano, al menos.
Eso… sí, tenía sentido. De alguna manera.
—Judai, ¿por qué me trajiste aquí?
—Te lo dije, ¿recuerdas? En el festival de la Noche de los Espíritus.
Sho se sonrojó al recordar esa noche. La noche en que Judai le dijo que era suyo.
—Yo no soy ganado, ¿verdad?
—¡Nunca pensaría en rebajarte a ese nivel!
Sho se sintió aliviado. Y entonces, el miedo lo llenó. ¡Era verdad, Judai quería convertirlo en un vampiro! Era algo que ya sospechaba, pero ahora estaba completamente seguro de eso. Judai se estaba tomando demasiadas molestias con él. Lo trataba como a un igual, y no como a los otros o como a Rei.
Sho se había dado cuenta de que Rei no era para Judai lo mismo que sus otros sirvientes. A ella le había permitido tener cartas, y no se molestó porque Sho le enseñara duelo; al contrario: lo alentó a hacerlo.
—¿Qué pasa con Rei?
—Todavía no lo he decidido. No es Ganado, aún. Eso puedo decírtelo. Ningún vampiro se ha alimentado jamás de ella. Ni siquiera el bastardo que la trajo aquí siendo tan joven.
—Ella bebió tu sangre.
—Lo hizo, una vez, y en una cantidad pequeña, como tú. Ya has sentido lo que puede hacer la sangre de un vampiro a un mortal.
Sho se sonrojó más. Vaya que lo sabía. Durante los días que estuvo bajo la influencia de la sangre, Judai había ocupado todos sus pensamientos y no de la forma usual. Los recuerdos estaban borrosos, pero estaba casi cien por ciento seguro que incluso había soñado con él. Sueños similares a otros que ya había experimentado antes, pero en los que Judai ocupaba el lugar que normalmente tenía la «Chica Maga Oscura».
—La sangre de un vampiro tiene poder —continuó Judai—. Para convertir a alguien en Ganado, debes alimentarlo dos veces con una dosis de sangre casi el doble de la que tú y Rei recibieron para adaptarse a este mundo, en un lapso no mayor a seis meses entre trago.
»El primer trago no es muy diferente a lo que experimentaste. Sólo que es más intenso. Es una especie de purga de aquello que puede contrariar a su Maestro, para preparar al individuo a asumir su nueva existencia.
»El segundo trago: implica obtener completamente la lealtad del individuo. Sin embargo, todavía podrá pensar por sí mismo y actuar de forma limitada, aunque nunca con deseos de rebelión, y estarán más que felices de ser elegidos para alimentar a su señor. Dicho vínculo se renueva más o menos cada cinco o diez años. Todo depende de si quieres que envejezca a un ritmo normal o no.
»Un tercer trago —Judai lo dijo con disgusto—, dado de nuevo en un lapso de entre seis a un año después de recibir el segundo, suprime por completo la voluntad y personalidad del individuo. Ya no es Ganado, ahora es un Ghoul: una criatura cuasi inmortal que existe sólo como una extensión de la voluntad del vampiro que lo redujo a eso.
Sho se tensó de únicamente escuchar algo tan horrible. Si los vampiros podían hacer eso, ¿qué esperanza tenían los humanos? Si ellos decidieran apoderarse de todo, únicamente tendrían que infiltrar a sus Ghouls en lo más alto de las posiciones de poder de la Tierra y sería el final de su mundo. No necesitarían siquiera una guerra para lograr poner todo bajo su control.
—Eso es… horrible.
Judai besó su frente.
—Lo es. Quedan muy pocos Ghouls en este mundo. El Rey Supremo prohibió su creación, salvo como un castigo para aquellos que han intentado hacer daño al Clan. Lo peor de un Ghoul es que seguirá vivo mientras su maestro así lo quiera.
Judai se tensó. Recordó los relatos de aquel viejo vampiro hablando de los vástagos encerrados en sus tumbas, muriéndose de hambre durante siglos. Algo similar podía experimentar un Ghoul, pero sin estar en su tumba. Un vampiro podía ordenar a un Ghoul jamás alimentarse, y a la vez no permitirle morir. El resultado sería un ser desnutrido, casi una momia viviente, sometida a la tortura perpetua del hambre, vagando por los pasillos del nido de su maestro o de su «establo», olfateando la comida como una tortura eterna.
Haou había hecho bien en prohibir ese destino para mortales que no lo tuvieran merecido.
—Creo que necesitas descansar.
Judai ayudó a Sho a ponerse de pie, y lo guio a su carruaje para llevarlo de nuevo al pueblo.