Noche eterna

Slash
R
Finalizada
1
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264 páginas, 107.940 palabras, 31 capítulos
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Capítulo 11

Ajustes
Sho abrió los ojos de golpe. Su corazón latía muy rápido, hasta el punto de que podía sentirlo en la garganta, y el miedo acumulándose en su estómago. No estaba en la cama de su habitación. Esta era mucho más grande, y más cómoda que aquella. Las sábanas, las almohadas, incluso los doseles que la cubrían, todo se veía más lujoso y también se sentían mucho más suaves. Estaba seguro de que era seda, una incluso mejor que las de las sábanas en la casa de su padre. Sus ojos se movieron por la habitación en penumbras, en busca de aquello que lo había despertado. Por supuesto, tenía la duda de cómo había llegado hasta allí. Lo último que recordaba era haberse recostado en el regazo de Judai, mientras el movimiento del carruaje lo mecía, arrullándolo casi como si fuera un niño pequeño. Sin embargo, por ahora su mente estaba ocupada buscando aquello que perturbó su sueño. Había una presencia en la habitación, una que no era humana ni tampoco espíritu. Se sentía como Judai, pero a la vez muy diferente. Sho movió los ojos de forma frenética de un lado a otro. Estaba seguro de que la presencia estaba muy cerca de allí; aunque no era capaz de ubicar en dónde exactamente, como si estuviera en todas partes a la vez. Casi saltó del miedo cuando notó como el colchón se movió, de una manera en la que resultó muy obvio que alguien se había subido a la cama. Se giró hacia la dirección donde sintió el movimiento, no obstante, no vio nada. La presencia también pareció desvanecerse. «Estoy imaginando cosas», pensó. La presencia regresó, esta vez inequívocamente a su lado. Sintió unos dedos fríos tomarlo por la barbilla, al tiempo que el miedo lo paralizaba. Los dedos contra la piel de su mentón eran tan fríos como el hielo, y se sentían duros como barras de acero. La presencia lo obligó a girar la cabeza. Se encontró frente a frente con un rostro que se parecía mucho al de Judai. Incluso, por un breve momento, pensó que era él. Descartó eso de inmediato: físicamente, ambos rostros eran un calco el uno del otro; pero a la vez eran completamente diferentes. Las facciones de este rostro carecían por completo de emociones. Era como mirar a una estatua de Judai, esculpida en frío mármol. Y lo que más lo aterraban eran los ojos: dos orbes con el color del oro fundido, que parecían penetrar su alma, haciendo que todo en él se paralizara, como una presa viendo los ojos de una serpiente. Aquella mano de acero movió su rostro, inclinándolo en diferentes ángulos. Sho se dio cuenta de que lo estaba analizando. —Puedo ver porque te encuentra atractivo —dijo una voz fría. Sho parpadeó, la confusión superando el miedo. Sabía que la voz venía del rostro frente a él, a pesar de que sus labios no se habían movido ni un milímetro. Y la voz se escuchó tan clara, que no quedaba duda alguna de que alguien había hablado en voz alta. Su rostro volvió a quedar viendo directamente hacia aquella cara que ahora se le antojaba como una caricatura macabra del rostro de Judai. —¿A cuántos de mis súbditos has matado? Sho quiso tragar saliva. Ese rostro… esta persona, ¿era el Rey Supremo? Este hombre era el padre vampírico de Judai, aquel de quien Rei y su familia adoptiva hablaban con una extraña mezcla de miedo y reverencia, casi como si fuera un dios omnisciente que supiera todo cuanto pasaba en su reino. —Yo… —¿Cómo se suponía que debía responderle a eso? ¿El Rey querría castigarlo por todas esas almas que había destruido? Judai le había dicho que no había problema, pero… —Si eran tan débiles como para caer ante ti, entonces no se merecían seguir existiendo. El rostro se movió para esbozar una sonrisa cruel. Eso en sí resultó ser más aterrador que el simple hecho de que lo mirara sin emoción alguna. Fue como ver fijamente una estatua en un museo, y que de pronto esa estatua se moviera para demostrar emociones… y no de las agradables. El Rey soltó una carcajada que heló la sangre de Sho. Casi como si una voz, que podría ser confundida con la intuición o el instinto, se lo hubiera susurrado se dio cuenta de un hecho: el Rey conocía cada uno de los pensamientos que pasaban por su cabeza. —Definitivamente, veo porque le gustas tanto a mi cría. Veamos si vales tantas molestias. La mano de acero apartó su rostro hacia un lado, de una forma en que Judai había hecho antes varias veces, pero no había nada de esa sensación de anticipación al Beso que Sho había aprendido a anhelar. Completamente dominado por el miedo, Sho cerró los ojos esperando a que estallara el dolor en su cuello, su corazón latía tanto que temía que fuera a reventar. No esperaba que el Rey fuera a molestarse en evitarle el dolor como sí lo hacía Judai. Los colmillos perforaron su piel, y al instante sintió como su alma y su mente se conectaban con las del Rey de los vampiros. Allí terminaron las similitudes entre un Beso y otro. Sho sintió como todo lo que era: sus recuerdos, sensaciones y emociones, fluían hacia la otra parte, sin embargo, no recibió información a cambio. En lugar de la sensación de haberse fundido en un mismo ser con su atacante, Sho sentía como si estuviera cayendo por un abismo. Su mente se nubló, al tiempo que las tinieblas parecían listas para reclamar su alma. Jadeó, luchando por obtener aire, como si acabara de salir del agua tras estar varios minutos sumergido con la respiración contenida. —Delicioso —susurró la voz del Rey con un deleite malsano. La mano de acero por fin soltó a Sho, quien cayó de espaldas en la cama, todavía luchando por controlar su respiración. Las luces parpadearon, antes de encenderse bañando la lujosa habitación con el resplandor vacilante de las lámparas de gas. Sho miró al Rey sentado en la orilla de la cama, muy cerca de él. De verdad, era muy parecido a Judai. Quizá la mayor diferencia era su cabello, que era de un color castaño un poco más oscuro; además de que su rostro, ahora que lo veía a la luz de las lámparas, se dio cuenta de que tenía unas facciones un poco más maduras que las de Judai. Donde Judai era un adolescente eterno, el Rey parecía estar atrapado en una edad de unos veinte años. —Es una lástima —dijo el Rey, y esta vez sus labios se movieron—. Tu alma habría sido un buen impulso de poder para «Súper Polimerización». El Rey volvió a sonreír de esa forma que Sho estaba aprendiendo a temer. —Siempre puedo encontrar otros usos para ti. Sho escuchó una puerta abriéndose en las cercanías, y el conocido sonido de los pasos de Judai avanzando hacia él. Apartó la mirada del Rey para dirigirla hacia el vampiro más joven. Judai se detuvo a unos metros de la cama. Sho sintió como el peso en el colchón desaparecía. Un segundo después, el Rey estaba de pie junto a Judai. Ahora que estaban uno junto al otro, Sho notó la otra diferencia: el Rey era más alto, por unos veinte centímetros. Además, donde Judai vestía una elegante levita de color gránate, el Rey llevaba una túnica de color negro con adornos dorados. Sho contuvo la respiración, al ver que la mirada de Judai se movía entre él y el Rey. —¿Ya has conocido a Sho? —Se rascó la mejilla—. Esperaba que fuera en mejores circunstancias. —Lo trajiste a este castillo sin mi permiso. —Lo siento. —Judai soltó un suspiro que lo hizo parecer muy humano—. No pensaba hacerlo. Necesitaba que lo viera un curandero, y los del pueblo no son muy buenos. El Rey asintió, mirando a Sho. Luego devolvió su atención a su cría. —Si vas a recoger mascotas, cuida mejor de ellas. Judai comenzó a negarlo. El Rey alzó una mano haciéndolo callar. —Si ya lo vio el curandero, deberías devolverlo al establo, entonces. Tu dormitorio no es lugar para el Ganado. —¡Sho no es…! —Un nuevo movimiento de la mano del Rey volvió a callar a Judai. Un segundo después, el Rey estaba de vuelta en la cama. Había tomado a Sho y lo sostenía como si fuera el muñeco de un ventrílocuo. Sho sintió las manos de acero del Rey recorrer su mejilla derecha, haciendo que se estremeciera y cerrara los ojos. —¿Quieres Engendrarlo? Hubo un silencio. Judai no emitió sonido alguno, pero al parecer respondió sin necesidad de decir palabra alguna, porque casi al instante el Rey volvió a hablar: —Entonces, hazlo. De nuevo la respuesta de Judai fue en silencio. —¿O prefieres que lo haga yo por ti? —Sho sintió el cosquilleo del aliento del Rey de vuelta en su cuello, pero no llegó a sentir la mordida—. ¿Tienes miedo? —La pregunta no era para él, sino para Judai—. Todavía temes que no podrás soportar vivir por siempre. Y por eso mismo temes que él no tendrá la fuerza. —¡Sho es fuerte! Únicamente… no es el momento. —Los humanos son frágiles. Un simple movimiento de mi parte, y morirá; y si no soy yo, puede ser una enfermedad, o cualquier accidente. Sus cuerpos envejecen y se marchitan muy pronto. Lo sabes bien. Si pierdes el tiempo pensándolo, tu oportunidad sé ira. Si lo quieres, tómalo. Sho volvió a ser dejado en la cama, mientras el Rey una vez más estaba frente a Judai. Se sentía muy cansado. Cerró los ojos, y se sumió en un sueño intranquilo. Judai miró a Sho un momento, y luego a su Padre. —Quiero que Sho elija por sí mismo —dijo por fin. —¿Te arrepientes de que te haya tomado tan joven? —¡No! —Judai negó con la cabeza—. Yo iba a morir. Estaría muerto hace mucho de no ser por ti. Además, tu ley siempre ha sido no Engendrar a los más jóvenes… Haou asintió. Había creado esa ley porque los mortales jóvenes tendían a enloquecer más fácilmente. Pero este era un Marufuji de quien hablaban. Incluso cuando su padre se había encargado de acabar con casi toda su confianza, no dejaba de ser mucho más fuerte que los humanos promedio. —Pronto eso no va a importar. Judai miró a su Padre con curiosidad. —Dos años más, y la promesa que te hice estará cumplida. Todas las piezas están en su lugar. Haou caminó hacia la puerta, esta vez con la velocidad de un mortal. —Si vas a engendrarlo, hazlo antes de ese tiempo. No muchos de ellos sobrevivirán cuando destierre a la Luz por siempre de nuestro universo. Los que queden… —Haou guardó silencio, como si estuviera tratando de encontrar las palabras para explicarse de la mejor forma—. Digamos que sólo quedaran dos tipos de humanos después de eso: el Ganado, y los salvajes a los que cazaremos por deporte. Haou cerró la puerta detrás de él. Judai se dirigió hacia su cama. Sostuvo a Sho entre sus brazos, viendo las marcas de la mordida donde su Padre se había alimentado de él. Se quitó el guante, y perforó su dedo con uno de sus colmillos. Luego, frotó las heridas con unas cuantas gotas de su sangre. Al instante la piel se cerró, cicatrizando hasta que no quedó señal alguna de la mordida. Depositó un suave beso en su frente y lo dejó descansar en la cama. —Lo siento mucho, Sho. No esperaba que tu primer encuentro con él sería así. También debí pensarlo mejor antes de tomar tu energía de ese modo. Judai había querido darle una pequeña demostración, pero no tomó en cuenta que Sho, por más fuerte que fuera, no estaba tan acostumbrado a la atmósfera de su mundo. Según todo lo que investigó sobre la familia de Sho, técnicamente era un enemigo del clan, así que la magia que protegía el Reino de la Noche lo atacaba más que a cualquier otro mortal, que no fuera Ganado, en su mundo. Y estaba el hecho de que él no estaba acostumbrado a alimentarse de esa forma. Un vampiro tardaba siglos en aprender a alimentarse así, y él no había sido lo que era siquiera por más de cincuenta años. —La curandera dijo que mañana estarás mejor, y podré llevarte al establo, dónde cuidarán mejor de ti. Detestaba tener que dejar a Sho allá, pero entendía que el castillo no era un lugar seguro para él. No lo fue para él, bajo la protección del mismo Rey Supremo, ¿cómo podría esperar que los otros se contuvieran de drenar por completo a alguien tan delicioso como su pequeño Sho?

- GX -

Haou cortó con el cuchillo las venas de la mujer humana. La sangre brotó llenando la copa. Chasqueó los dedos, y al instante una docena de familiares rodearon a la mujer, trasladándola hacia la pieza de su curandera personal. Ella se ocuparía de que la herida cerrara, y de que la mujer pudiera reponer sus reservas hasta que quisiera beber de nuevo de ella. —¿Qué piensas del niño? —preguntó su amado Yubel mientras aparecía sentado en su trono. Haou se sentó en su regazo, reclinando la cabeza para que Yubel pudiera peinarlo con sus garras de dragón. —Puedo ver porque mi cría se encariñó tanto con él. Se llevó la copa a los labios, dio un pequeño trago y se permitió mantener la sangre en su boca saboreándola. Había elegido a esa mujer por su alcoholismo, de tal forma que su sangre siempre estuviera impregnada con el aroma y el sabor del licor, haciendo más literal ese viejo dicho vampírico de que la sangre era como vino tinto. Por supuesto, no había sido fácil crear ese efecto en su sangre de manera perpetua. Sus alquimistas habían hecho un muy buen trabajo para preparar a ese Ganado en específico. —Creo que podría ocupar mi lugar, y ser el nuevo guardián del Heraldo. Haou entrecerró los ojos. —Sabes que únicamente existe un espíritu del Dragón Guardián de las Pesadillas. Y los hechiceros de la corte de mi padre lo unieron a tu alma. Yubel dejó de peinar sus cabellos, y se acercó para susurrar a su oído: —Podemos buscar otra criatura que se ajuste a él. Él es un samurái, tal vez podamos buscar a uno de esos Shiranui. Si Judai lo Engendra, lo lógico es que se convierta en un espíritu del tipo Zombi. —¿No tienes dudas de que lo hará? —Tiene tu permiso, solamente es cuestión de que tome el valor. Haou tomó otro trago de su copa. —No necesitará más de un Guardián. La Oscuridad pronto no tendrá ninguna necesidad de manifestarse a través de un Heraldo. Yubel levantó el rostro de Haou para robarle un beso. —Sabes que la Luz intentará detenernos. Incluso cuando las cosas ahora están equilibradas. La conversión de los dos últimos Heraldos en vampiros, criaturas tradicionalmente alineadas al lado de la destrucción, sumada a la desaparición completa del único linaje mortal en el que podría nacer otro, parecía haber calmado la sed de destrucción de la Luz. Esto al parecer equilibró el balance del universo por primera vez desde que los Grandes Reptiles se habían extinguido… Al menos en la Tierra. Pero, ahora que el plan de Haou para desterrarla estaba casi completo, la Luz comenzaba a moverse hacia el lado contrario del que había sido su naturaleza hasta entonces. Una de las razones principales de Haou para hacer lo que pretendía fue su descubrimiento de la verdad: ambas fuerzas, Luz y Oscuridad, eran dos piezas puestas allí por el dios Creador Horakhty para intercambiarse el papel de Creador y Destructor en una especie de juego para mantener divertidos a los dioses. Había sido un fuerte golpe para ambos darse cuenta de que, en los esquemas más altos, toda noción de bien o mal, vida o muerte, no tenían valor. El mundo era solamente un gran tablero de juego en el que nadie era de verdad libre. Pero, a través de «Súper Polimerización» sería posible acabar con el ciclo de forma permanente. Y dado que el ciclo actual había iniciado con la Oscuridad, lo lógico sería que la Luz fuera la fuerza desterrada del tablero para mantener el mundo en existencia. —¿Has visto al Campeón de la Luz? Yubel acarició la mejilla de su amor con su mano humana. —Lo vi, puedo decir que no ha encontrado su mejor carta. El Dragón todavía duerme. No obstante, despertará pronto. —¿Dónde está? —La Academia Norte. Hizo equipo con Jun en un duelo Tag. Los ojos de Haou brillaron con interés. —El Criador de Dragones con el Maestro de las Gemas. Haou saboreó la ironía en esas palabras. Jun, quien en otra vida se había inclinado ante él, haciendo equipo con Johan, el mismo hombre que en esa otra vida fue el responsable de su muerte. Los dioses tenían un gusto por la ironía macabra. Si el plan original hubiera seguido su curso, y Judai hubiera vuelto al mundo humano como un mortal para asistir a la Academia, ¿Jun habría estado haciendo equipo con él en vez de con el Campeón de la Luz? Una pregunta que tal vez jamás tendría respuesta. —¿Quieres divertirte más? Asuka y Daichi fueron sus oponentes. Por supuesto, perdieron. Haou resopló. Por supuesto que sí. Asuka no tenía su verdadero mazo, el mazo de la Noche Blanca, el cual había sido robado por la Luz después de asesinar a los padres de los Hermanos de Hielo en su última vida. Y Daichi… era un buen duelista, pero siempre había sido más un erudito que un guerrero. —Así que, cómo pensamos, nuestra vieja corte está en la Academia Central. —La mayoría —respondió Haou—. Camula buscó al resto para mí, incluido a nuestro alquimista. Yubel se tensó un poco. Siempre había sospechado que Daitokuji había tenido dobles intenciones cuando ayudó a convertirlo en el guardián, pero jamás hubo pruebas. —Dentro de menos de dos años, todos estarán en la Academia Central. Entonces podremos traerlos a este mundo. —Supongo que eso significa que podemos comenzar a purgar el Consejo. Haou apuró la copa de sangre. —Pronto, mi amor. —No los necesitas más —le recordó Yubel—. Tendrás a tu corte de nuevo, ¿por qué molestarte más tiempo en mantener a esos vejestorios? —Siendo honestos, es la corte de Judai. Yubel resopló. —Judai puede ser el Heraldo, sin embargo, el título sigue siendo tuyo. El título se ha convertido en tu nombre. Haou soltó una carcajada. —Por supuesto, y los nombres tienen poder. Un Heraldo sin su título, rebajado a ser un príncipe y no un rey. Hacía mucho que Haou sabía que su reclamo sobre el título como su nombre propio era lo que le permitió manipular el poder de la Oscuridad como si todavía fuera el Heraldo. No es que hubiera pretendido usar a Judai de esa forma. Pero, si el universo había empujado las cosas en esa dirección, habría sido tonto en no sacar provecho de eso. —¿Cómo piensas reunirlos a todos en la Academia Central? —Tengo a uno de los directores en mi poder. Kaiba ha perdido mucho del control de las Academias ante la junta escolar, así que no fue difícil arreglar las cosas. Ha conseguido convencer a la Junta de hacer una demostración con los mejores duelistas de cada una de las Academias. Está programado para lo que habría sido el tercer año de Judai en la Academia. »Además, tendré a Fubuki infiltrado en Central para cuando sea el momento. Ahora mismo, él debe estar montando la mejor actuación de su vida para ganar la confianza de todos. Y con Asuka allí, no dudo que lo reciban con los brazos abiertos. »Y, por supuesto, enviaré a Judai y a su mascota allí cuando sea el momento. Más el nuevo súbdito que Camula me traerá pronto. Yubel volvió a besar a su Rey. Después de tanto tiempo, era casi increíble que todo quedaría resuelto en solamente un par de años más. Luego de eso, sólo quedaría relajarse en el nuevo mundo que construirían juntos. Uno donde nunca más serían marionetas de los dioses.
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