"Sweet Deadly Curse" - Fushiguro Megumi

Het
NC-17
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planificada Mini, escritos 12 páginas, 5.454 palabras, 3 capítulos
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"Realidad"

Ajustes
Estuve toda la siesta buscando a Preciosa. La llamaba en las habitaciones, salí al patio con lluvia y fui al cobertizo y al sótano. La única explicación es que no está quieta en ningún segundo. Y no logro alcanzarla. Tomé una ducha luego de empaparme y ahora estoy secándome el cabello con una toalla. Estoy segura que cuando Fushiguro vuelva la va a exorcizar. Lo hará durante la madrugada, pues no parece planear quedarse un día más aquí. Observo el reloj de mi pieza. Las cuatro y cuarto de la tarde. Con un vestido liviano, me acurruco dentro de mis sábanas sin poder pegar un ojo. Exhalo profundamente mientras escucho la lluvia y trato de concentrarme en eso. No quiero ahogarme en tantos pensamientos de vuelta. Eso me recuerda a cuando trataba de no pensar en la vida de mamá. En lo que hacía cuando no estaba con nosotras. Siempre parecía pasarla mejor con sus amigas, o amigos que no me quedaba claro que tanto... o hasta el trabajo. Ocupada en otras cosas más que en nosotras. No quería lidiar emocionalmente con nosotros, pero daba todo de ella económicamente para lo que necesitáramos. Ugh, no quiero volver a esos recuerdos. No quiero pensar en mi padre tampoco. Giro sobre mí misma y miro al techo. Cierro los ojos. Debería tratar de dormir un poco, quizás si busco algún pensamiento bueno mi mente se suelte un poco y al fin descanse. Criick. Abro los ojos. ¿Qué fue eso? Lo que parecía garras rasgando tela hizo que me enderezara en la cama. No cesaba. —¿Preciosa? Se detiene. —¿Preciosa? ¿Dónde estás? Me levanto de la cama y veo debajo. La veo dar vueltas nerviosa hasta que me ve. —¿Dónde estabas? Te estaba buscando por todos lados. Se desliza hacia mí hasta mis manos y la levanto. Sus patitas quedan al aire mientras chilla de emoción. La abrazo en mi pecho y suspiro. Me subo de vuelta a la cama y la acerco a mi pecho para dormir. Ella se acomoda y su nariz juega con la mía lo que me hace reír un poco. —Te quiero. Sintiéndome un poco más tranquila teniendola en mis brazos, finalmente puedo descansar un poco. . . . El pánico por oír los tacones hace que de un brinco y pegue a Preciosa a mi pecho. Registro la habitación y me alivia ver que es afuera en el corredor. Preciosa se remueve al sentirme salir de la cama pero se duerme enseguida donde estaba acostada. La miro unos segundos antes de salir para ver qué sucede afuera. Cuando salgo escucho una conversación apagada antes de salir del pasillo y ver a mi hermana subir las escaleras. Fushiguro está empapado al inicio de ellas, viéndola subir con el rostro indiferente. Parece que mi hermana tuvo la última palabra otra vez. Voltea hacia mí. Con el cabello húmedo caído, sus ojos fríos e indiferentes, su piel pálida y la ropa ajustándose a él... no podía evitar pensar lo atractivo que es. Fushiguro Megumi. No dice nada mientras continúa mirándome. Siento mi pecho sacudirse de repente y me sorprendo por el sentimiento ácido brotar desde ahí. Envidia. ¿Envidia de quién? ¿De mi hermana? Fushiguro gira para tenerme de frente. Quizás me hubiera gustado que me protegiera a mí. Tonterías. Yo causé la maldición, es obvio que no tiene por qué protegerme a mí. —¿Estás bien? ¿Mi hermana fue dura contigo? —No. Todo está bien. Me acerco a él despacio y miro hacia arriba para ver si ella se ha ido por completo. —¿Necesitas una toalla? Me mira unos segundos más en silencio. Parece cansado. —No hace falta. Ya debería irme. ¿Eh? Escucho un siseo desde mi habitación y volteo hacia ahí. Un movimiento capta mi atención cerca de mis pies. Un conejo. El pequeño animal me observa... y luego gira la cabeza, como si estuviera siguiendo algo que yo no puedo ver. Fushiguro pasa a mi lado dirigiéndose a mi habitación y la desesperación brota con fuerza cerrándome la garganta. Lo sigo de prisa por detrás. Se detiene en mi puerta y trato de ver lo que hay frente a él. Preciosa muestra su colmillo a los conejos cerca de la cama, perturbada. Su apariencia cambia, tiene garras enormes y los ojos rojos, creciendo varios centímetros más. Sisea hacia mí, hacia Fushiguro y luego me ve. Parece calmarse un poco más. —Fushiguro. Por favor, espera un segundo. Te lo ruego. —No es una mascota, Susanne. Ya deberías saberlo —dice indiferente. —¿Sabías que fui yo? —Cuando lidias diariamente con maldiciones en locaciones específicas, puedes intuir qué lo creó. Además, fuiste muy obvia en el almuerzo. La vergüenza me sube hasta las orejas y bajo la vista al instante. —No deberías haberte encariñado. Mi corazón es arrancado de mi cuerpo. Siento mis ojos humedecerse y Preciosa sisea hacia nosotros. Escucho un gruñido y capto como preciosa usa sus garras contra los conejos y salta para ir debajo de la cama. Los conejos la siguen y siento que se multiplican pues aparecen más. —¿La vas a matar? No dice nada mientras me hace a un lado suavemente y genera a sus perros que se materializan y van hacia las escaleras. Tiene que hacerlo. Para eso está aquí. Mi Preciosa no es mala, sólo me defendía cuando nadie más lo hacía. Cuando nadie más me veía. Sólo sentía por mí y cuidaba de mí porque era mi única compañera. No es su culpa. Es la mía. Si la alejo de aquí... Si la alejo de aquí no haría más daño. Si la educo podría evitar que lastime a alguien más. Si la saco... Si la escondo... Quizás sea el momento de irme de aquí. Entro a mi habitación sintiendo la mirada de Fushiguro sobre mí, pero no me sigue. Busco una mochila dentro de mi armario y empiezo a juntar algunas cosas. Los pasos alejándose de la puerta me aseguran que Fushiguro se había ido. Podía escuchar un ajetreo en el piso superior y la ansiedad empieza a crecer cada vez más. Necesito lograrlo a tiempo. No creo que pueda irme sin que mi familia me busque, pero si logro esconderla por un tiempo hasta que logre desvincularme de ellos... podría funcionar. Podría mantenerla conmigo. Cuando creo que al menos lo importante está dentro, cierro la mochila y me la pongo. Ahora sólo faltaba encontrar a Preciosa. Los golpes en las paredes hacen que me aleje de la cama. Baja por la pared que da al exterior hasta que escucho cómo con sus garras trata de salir hacia afuera. No la puedo abandonar. Salgo de mi habitación corriendo y cruzo la sala hasta la puerta principal justo cuando el rayo ilumina por completo la entrada de la casa. El trueno hace que me encoja un momento antes de animarme a cruzar la lluvia hacia la parte donde había escuchado los ruidos. Cuando llego veo a Preciosa tratando de cruzar el agujero que ha hecho y yo empiezo a jadear al verla desesperada tratando de sobrevivir. La ayudo a pasar y la sujeto con cuidado, evitando sus garras afiladas que buscan defenderse en el aire a pesar que la estoy sujetando. La lluvia me empapa por completo pues cae sin piedad sobre nosotras. —Shh ¡Preciosa! ¡Soy yo! Veo que me mira agitada y asustada mientras trata de ver a su alrededor. La acerco a mi pecho con cuidado para que se tranquilice. El barro ahora mismo es lo último que me preocupa. —Te llevaré a un lugar más tranquilo. Los conejos salen por el agujero y yo me hago para atrás. Un gruñido bajo hace que gire violentamente hacia la entrada. Era el mismo perro de la mañana, agresivo y monstruoso. Poco después aparece Fushiguro detrás de él. —Escucha Susanne, tienes que entregar a la maldición. —Mi hermana— —Le dije que se encerrara en su habitación. No saldrá hasta que se lo indique. Entonces podíamos hablar sin problemas. —Si la llevara fuera de la mansión podría evitar que lastime a mi familia. Si puedo tenerla en un lugar— —No va a alejarse de aquí. Es su origen. No puede ser. Se me escapa una exhalación incrédula ante mi poca esperanza. Por favor, debe haber una manera. —¿Y tus mascotas? —digo tratando de aguantar mis lagrimas—. ¿Acaso no es el mismo caso? Se sorprende unos segundos y yo me aferro a la posibilidad que lo entienda. —Lo siento, pero no es lo mismo. La llama de la esperanza se extingue con la lluvia. Me quedo en silencio mirándolo sin poder soltarla, con frío y completamente mojada. No quiero moverme de aquí. Me río ligeramente de la desesperación y me encojo de hombros, la sonrisa deformándose por las lagrimas —La quiero. ¿Qué esperas que haga? Nos quedamos en silencio observándonos. No sé cómo hacerle entender lo importante que es para mi esta pequeña. Su perro da un paso hacia mí y, a causa de eso, Preciosa se revuelve cortándome el brazo sin querer. Jadeo ante el dolor. —Susie, suéltala. Me pongo de rodillas y suelto un poco más a Preciosa sobre mis muslos que se remueve y sisea hacia ellos. —¡Sólo está alterada! —siento el ardor en mi brazo por el corte y mi derrota está expuesta frente a ambos. Preciosa voltea hacia a mí y me lame la mejilla, como si quisiera consolarme. Eso sólo logra que se me desgarre más el corazón. Se acerca hasta mí y se arrodilla. Deshace sus sombras y lo miro expectante. —Megumi, por favor. —Lo siento Susie. Igual lo hará. Bajo la mirada mientras la escucho gimotear por mí, mientras él la toma detrás de sus patas delanteras. No quiero verlo. No quiero escucharlo. Llevo mis manos a mis oídos y las tapo, fijando la mirada al suelo. Un ruido sordo me llega y clavo las uñas en mis sienes. El sonido de la lluvia y el trueno interrumpe el ruidoso silencio que viene después que anuncia mi mundo detenerse. Siento que las gotas se llevan cualquier sentimiento que podría tener. —Estoy sola de nuevo. Quizás ese es el punto. Quizás es esto lo que debo aprender. Debo aprender a estar sola. A no encariñarme a cosas, a no necesitar de nadie, a no buscar afecto. Después de todo siempre llega el final. La separación o la muerte. La voz del hechicero me despierta —No lo estás. Tienes a tu familia. Levanto la vista hacia él —La has conocido. ¿Te parece que tengo una? Sus ojos se clavan en los míos unos segundos y, ahora que lo veo mejor, no veo nada bello en él. Quizás estaba siendo muy emocional con respecto a todo. —¿Susie? —Estoy bien. Era lo que se tenía que hacer. Me pongo de pie y reviso mi atuendo. Mi vestido liviano empapado pegado a mi cuerpo, lleno de barro y con cortes aleatorios. Parece que estoy sangrando un poco. —Entremos.
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