"Sweet Deadly Curse" - Fushiguro Megumi

Het
NC-17
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planificada Mini, escritos 12 páginas, 5.454 palabras, 3 capítulos
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"Guardián"

Ajustes
Gruñe mostrando los colmillos y suelto un jadeo. Me ignora y sale disparado hacia las escaleras. Abre su teléfono y marca al primer número —Yenia-san, ¿está en la casa? —cruza la puerta—. Voy junto a usted. Y me deja sola. Estoy siendo irracional. Sabía desde el principio que no tenía que encariñarme, que debía haberla  denunciado... pero la vergüenza de explicar que por mi culpa fue que se formó. Y también... se volvió mi única compañía. Es la única que ilumina mis días aquí. Me hace feliz al llegar de la universidad a este deprimente y frío lugar que es mi hogar. Me siento en el parquet con ganas de llorar. No me dejan ni tener un miserable perrito para mí. Estoy cansada. Voy a solucionarlo, nada de esto se ve bien pero lo lograré de alguna forma. Me merezco un poco de felicidad ¿no? Sólo la alejaré de mi hermana. Mi subconsciente me susurra ingenua y tengo que silenciarla. Decido irme a mi habitación lentamente. Quizás me sienta mejor si duermo un poco. No quiero afrontar nada ahora mismo. Lily sale de mi habitación con lo que parece ser mi canasta de ropa usada. Más al final del pasillo está la habitación de mi hermana con la puerta abierta. —Lily, ¿el hechicero ya entró en mi habitación? —Hace unos segundos uno de sus perros entró aquí adentro pero ya se regresó junto a él. —¿Entonces puedo dormir un poco? —Muy pronto será el almuerzo Susie. No necesito más sermones —Ya lo sé. Sólo unos minutos. —¡Carajo! Lily y yo quedamos absortas ante la palabrota que había gritado mi hermana. Fushiguro aparece de repente caminando hacia nosotras. —Necesito un botiquín — dice ignorándome a mí solicitándole a Lily. Ella asiente. —¿Qué sucedió? —me apresuro a comprobar a mi hermana. Su brazo tiene una cortada profunda por debajo del codo hasta la mitad del brazo. Mi hermana se lo sujeta con la otra mano furiosa. Dios mío. Se me para el corazón. —¿Cómo...? —¡Esa porquería dejó su baba por mis almohadones! —dice siseando de dolor. —La maldición puede solidificar su baba como quiere. Dejó filoso los bordes para que se cortase —explica él. Trata de limpiar la sangre que se le cae por el brazo. Oh Dios, Oh Dios esto es mi culpa. Fushiguro toma de las manos de Lily el botiquín y le indica a mi hermana que se siente. Con mucho cuidado, limpia la herida con una gasa del botiquín. El perro gigante entra corriendo a la habitación por lo que me hago a un lado, ladra y se vuelven loco gruñendo y mordiendo a la nada. —¿Qué pasa...? Veo que el tocador de mi hermana se mueve por un golpe y el perro se acerca con sus fauces abiertas y juega a morder al espacio. ¿No será que...? —¡Susie! ¡Haz algo! —me grita ella. No entiendo qué diablos quiere que haga. La persigue decidido y por el movimiento de la alfombra noto que se ha metido bajo la cama. Lo veo olfatear por debajo y trata de meter la nariz para olerla. Fushiguro arrastra la cama de mi hermana a un lado y el mismo hoyo que hay en el cobertizo se ve en la pared. —Tiene túneles por toda la casa. El animal sale disparado fuera de la habitación. No pasará mucho para que la encuentren. —¡Susie! —escucho que me grita para detenerme. Me veo a mí misma persiguiendo al perro por la casa. Cruza la puerta de la entrada y olfatea el pasto. No puede haberse ido lejos. A unos cincuenta metros los portones están cerrados y las murallas son muy altas... aunque hiciera túneles igual no dejaría la casa. —¿Qué estás haciendo? —volteo y lo veo frunciendo el ceño. Trago saliva y sostengo su mirada. No tengo una respuesta para él pero... —Fushiguro. —Piensa bien lo que estás por decir. Porque si piensas rogarme por la maldición créeme que no voy a ceder. —¿Las maldiciones siempre son malas... o solo nacen de algo triste? ¿No necesariamente nacen del odio... verdad? Parpadea varias veces. Parece que lo tomé desprevenido. Jamás querría lastimar a mi hermana. No me siento bien con lo que le está pasando. Me clavo las uñas en las palmas de las manos. —¡Susie! —mi hermana nos alcanza al porche, todavía sujetando su brazo con dolor—. ¡Idiota! ¿En qué piensas persiguiendo al perro? Vas a hacer que me de un ataque. —Yenia, no fue mi intención— —¡No quiero oírte! Entra en la casa. Ahora. Dios, tengo que lidiar contigo también. Él no dice nada mientras paso a su lado volviendo a entrar en la casa. Escucho el cielo retumbar por la lluvia que se avecina. Lily se acerca a nosotros al vernos regresar—El almuerzo ya está listo. —Ahora vamos —responde mi hermana detrás de mí todavía molesta. . . . Como es costumbre, sólo somos mi hermana y yo. Aunque ahora está Fushiguro. Mi hermana está terminando la llamada cuando nos traen nuestros platos y nos lo dejan frente a nosotros. Miro de reojo a Fushiguro que parece indiferente al trato y a lo que tiene frente a él. Me pilla mirándolo así que decido concentrarme en mi plato. —Bien —dice ella dejando su celular en la mesa—. Tengo que ir a la oficina —. Anuncia y luego se dirige a él directamente—. ¿Tienes que acompañarme o puedo ir por mi cuenta? —Tendré que acompañarla. Puedo ver a mi hermana reorganizar su día con esa información—De acuerdo. Adelante, buen provecho. Observo el bistec frente a mí sin ganas. Realmente preferiría comer en mi habitación ante esta situación incómoda. ¿Qué estará pensando de nosotras? ¿Qué pensará de mí? ¿Creerá que le tengo rencor y odio por eso la maldición se formó? —Señorita Yenia —Lily se acerca a la mesa—. Su madre quiere que la llame cuanto antes. —Es que ella nunca escribe —resopla molesta. Se pone de pie—. Disculpen un momento. Sin mirar nada más que su teléfono, sale del comedor y cierra la puerta detrás de ella. Fushiguro y yo quedamos en silencio. Agh, quiero irme de aquí. —¿No vas a comer? No esperaba que me hablara —Eh... sí. Por supuesto. Tomo los cubiertos de mala gana y comienzo a cortar para acercármela a la boca. En el momento en que doy el primer bocado, él se da la oportunidad de comer. Estaba esperando por mí. Es un chico muy educado. Quizás lo estuve juzgando demasiado. O quizás sólo tenía hambre. Con un nudo en la garganta trato de terminar el plato tratando de ignorar al hechicero frente a mí. El sonido de los cubiertos es lo único que se oye entre nosotros por un buen tiempo y siento que es mejor así. —Acerca de lo que me preguntaste antes —levanto violentamente la cabeza para verlo. Observa su plato unos segundos antes de volver a mirarme—. Las maldiciones nacen del miedo, de la tristeza, del resentimiento... de emociones negativas. No sólo del odio.

Trago saliva ante la revelación y el extraño consuelo que me dan sus palabras. No lo hice desde el odio. Yo no odio a mi hermana. ¿Cómo podría odiarla? Sólo trata de ayudarme y guiarme como sabe. ¿Sólo me gustaría que me tratara mejor quizás? ¿Que no fuera tan dura? Que no me hiciera sentir tan sola y desgraciada. Trato de sonreírle, pero no logro manejar muy bien mi expresión —Gracias. La verdad, no sé mucho de maldiciones. Del mundo de la hechicería tampoco. Él asiente tranquilo como si lo entendiera. —Mi madre nos habló muy poco sobre ello, ya que ella había tenido un hermano que era hechicero. —Ya veo. —Discúlpenme por retirarme —dice mi hermana abriendo la puerta. La noto peor que antes—. Bien, ya has almorzado todo. Necesito hacer unas cuantas cosas así que será mejor que nos vayamos ahora. —Yenia, no has comido nada. —Comeré algo de camino, no te preocupes —me dice para tranquilizarme aunque la sonrisa no le llega a los ojos. —Tienes que cuidar más de ti —y la culpa me golpea el pecho en respuesta. —Lo haré, lo haré —dice un poco más animada. Suspira un poco y se acerca a mí—. Cuídate tú y no hagas locuras. Ya tengo muchas preocupaciones para que tú seas una más. Me da un medio abrazo rápido, de esos que siempre hace. Es su máxima demostración de afecto. —Vámonos —le ordena a él y sin ningún comentario respecto a eso, se levanta y sale del comedor detrás de ella. Observo toda la comida que queda en la mesa sólo para mí. Creo que podría comer un poco más. Escucho el golpeteo de mis cubiertos en el silencio sepulcral que se ha instalado.
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