El Demonio del Bosque
El portón quedó atrás sin hacer ruido. Amane no miró atrás. No la primera vez. Ni la segunda. Ni siquiera cuando el camino dejó de ser familiar y los árboles comenzaron a cerrarse sobre ella como un muro silencioso. Y aunque el bosque era frío. Demasiado frío. Al principio pensó que era soportable. Una incomodidad menor comparada con lo que había dejado atrás. Los primeros pasos fueron firmes. Como si cada uno de ellos confirmara que había hecho lo correcto. Pero el bosque no tardó en responder. La primera noche no durmió. El suelo era duro, y cada sonido parecía demasiado cercano. El viento entre las ramas susurraba cosas que no entendía, pero que la mantenían despierta. Alerta de lo que pudiera acercarse. La segunda noche, el frío ya no era solo una sensación. Era peso, un peso que se había instalado en su cuerpo, en sus huesos, en el espacio entre cada respiración. Para la tercera, Amane ya no estaba segura de nada. Y por primera vez desde que había cruzado el portón no pensó en su libertad. Pensó en regresar. Se detuvo. El bosque respiraba a su alrededor. Sus manos temblaban ligeramente mientras sujetaba el bokken. Ya no se sentía como un objeto firme, sino como algo ajeno, demasiado pesado para sus brazos cansados.Había racionado las bolas de arroz lo mejor que pudo. Ya no quedaba nada. El vacío en su estómago se había convertido en dolor. Un dolor constante, persistente, que no se calmaba con nada. Dio un paso. El siguiente le dolió más. Sus sandalias apenas se sostenían. La tela desgastada se había roto, y la suela ya no protegía sus pies. Cada piedra, cada rama, cada irregularidad del suelo la hacía estremecerse. Pero no se detenía. No podía. No ahora. El viento sopló entre los árboles. Un silbido largo, hueco. Amane se tensó. Retrocedió un paso sin darse cuenta. Apretó el bokken con más fuerza. —Solo una noche más… —murmuró. Su voz sonó pequeña. Casi inexistente. El bosque guardó silencio. Demasiado silencio. No había insectos. Ni había aves. No había nada. Amane dio otro paso. Y entonces lo escuchó. Un crujido detrás de ella. Se quedó inmóvil. Su respiración se detuvo por un segundo. Luego giró lentamente. Nada. Solo árboles. Sombras. Oscuridad. “Algún animal…” pensó intentando mantenerse serena. Se obligó a avanzar. Un paso. Otro. Sin embargo el sonido volvió. Más cerca. Más claro. No era el viento. No eran hojas. Era algo pesado. Algo que caminaba. El corazón de Amane comenzó a latir con fuerza. Podía sentirlo en la garganta. En los oídos. En las manos. Apretó el bokken. Lo único que le transmitía un poco de seguridad. El tercer crujido no vino desde atrás. Vino desde un costado. Demasiado cerca. Amane giró de golpe. Y lo vio. Al principio, su mente no pudo entender lo que estaba viendo. Era… una figura. Demasiado delgada. Demasiado larga. Sus extremidades se extendían en ángulos imposibles, como si su cuerpo no obedeciera ninguna estructura humana. Su piel era pálida. Tensa. Como si estuviera estirada sobre algo que no debería existir debajo. Y sus ojos… la miraban. Fijos. Hambrientos. La sonrisa apareció primero. Lenta. Antinatural. Demasiado amplia. El aire alrededor se volvió más frío de lo que ya era. —Ah… —susurró la criatura— una niña… La voz era húmeda. Como si cada palabra tuviera que arrastrarse fuera de su garganta. Amane no se movió. No podía. Sintio un nudo en la garganta imposible de tragar. El miedo la había alcanzado antes que cualquier otra cosa. —Qué suerte… —continuó— tan sola… El demonio dio un paso hacia ella. Amane reaccionó. Retrocedió. Alzó el bokken con ambas manos, temblorosa, torpe. —No… te acerques… —dijo, apenas en un susurro. El demonio inclinó la cabeza. Curioso. Divertido. —¿Vas a pelear? Otro paso. Más cerca. Demasiado cerca. El cuerpo de Amane reaccionó antes que su mente. “Respiración de la Luna. Cuarta Postura: Cuarto Creciente… Flujo Ascendente” Atacó. Un movimiento torpe. Desesperado. Sus pies y manos no coordinaron. El bokken cortó el aire con fuerza, pero sin técnica. El golpe impactó. Seco. Directo. El sonido de la madera contra carne resonó en el bosque. El demonio se detuvo. Amane también. Silencio. Luego… rió. Una risa baja. Ahogada. —Duele… —murmuró— pero no importa. Antes de que Amane pudiera reaccionar, la criatura se movió demasiado rápido. El golpe le robó el aire. El mundo giró. El suelo la recibió con una dureza que le hizo perder toda orientación. El bokken cayó de sus manos. Intentó moverse. No pudo. El frío volvió. Más profundo. Más pesado. El demonio se acercaba. Lento. Seguro. Amane intentó arrastrarse. Sus dedos apenas respondían. Y entonces, sin querer… Recordó. La luz de la tarde entrando por la ventana. El sonido del koto. Sus hermanas riendo en otra habitación. Y su madre… sentada junto a la ventana. Tejiendo. Siempre tejiendo. —Mantén la espalda recta, Amane —decía con suavidad—. Una dama debe verse firme incluso cuando duda. Amane nunca supo si eso era una enseñanza… o una advertencia. El recuerdo se deshizo tan rápido como llegó. El frío regresó. El bosque. El dolor. La respiración del demonio, cada vez más cerca. Intentó levantarse. Sus brazos temblaban. No respondían. El demonio se acercaba. Paso a paso. Sin prisa. —No sabes lo que soy… ¿verdad? Amane intentó arrastrarse hacia atrás. Sus dedos se clavaban en la tierra húmeda. Su respiración era irregular. Dolorosa. El aire a su alrededor demasiado denso. —Está bien… —susurró la criatura— te lo explicaré mientras te como. Se inclinó hacia ella. Su sombra cubrió por completo el cuerpo de Amane. Y por primera vez desde que había salido de casa… Amane entendió. Que podía morir. Sus ojos se abrieron ligeramente. —No… —su voz apenas salió como un susurro. No gritó. No lloró. Solo pensó "Si me quedo… no voy a vivir.” Pero ahora ni siquiera huir había sido suficiente. Cerró los ojos. Su cuerpo ya no respondía. El frío la envolvía. El hambre. El miedo.T odo al mismo tiempo. El sonido de algo cortando el aire rompió el silencio. Un instante. El peso desapareció. Amane no entendió. Abrió los ojos. El demonio frente a ella ahora estaba desintegrandose. — ¿Qué…? —murmuró sin aliento. Algo había pasado. Algo… rápido. Demasiado rápido para que pudiera verlo. Y entonces. Una figura. De pie entre los árboles. Completamente inmóvil. Silenciosa. Observando.***
Este capítulo representó un reto especial… nunca había escrito una escena de acción antes, así que tuve un pequeño bloqueo intentando que todo se sintiera lo más real y fluido posible. Aun así, le puse mucho cariño y esfuerzo, y espero de verdad que lo hayan disfrutado tanto como yo disfruté (y sufrí 😅) escribiéndolo. Me encantaría saber su opinión: 🌙 ¿Qué sintieron con este primer encuentro de Amane con un demonio? ¿Esperaban que reaccionara así o pensaban que iba a hacerlo diferente? 🌙 ¿Quién crees que es la figura misteriosa que salvó a Amane? ✨Dato Curioso: En muchas historias japonesas tradicionales, los bosques no solo son escenarios, sino lugares “entre mundos”. Se cree que son puntos donde lo humano y lo sobrenatural se cruzan, por eso es común que los encuentros con criaturas ocurran ahí. Ademas, el arma que lleva Amane no es una katana real, sino un bokken (espada de madera). En la vida real, se usa para entrenamiento… lo que hace este momento aún más peligroso, porque básicamente está enfrentando a un demonio sin un arma adecuada. Gracias por seguir acompañando esta historia. De verdad significa mucho para mí 🫀 Su opinion me ayuda mucho a mejorar mi escritura.