Corriente de Malentendidos

Het
PG-13
Finalizada
4
Fandom:
Emparejamientos y personajes:
Tamaño:
25 páginas, 8.121 palabras, 5 capítulos
Descripción:
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Capítulo 2

Ajustes
Jay pasó las seis clases siguientes flotando en una nube, repitiendo la conversación en su cabeza como si fuera un disco rayado. "Siete. En la entrada principal." "Está bien." "Está bien." "Está bien." La frase resonaba en su cráneo con la insistencia de un martillo hidráulico, pero en lugar de molestia le producía una especie de cosquilleo cálido en el pecho. Había sonreído durante toda la clase de matemáticas. La profesora le había preguntado si se sentía bien. Jay había asentido sin dejar de sonreír, y ella había anotado algo en su libreta con expresión preocupada. Cole y Zane lo habían observado desde sus respectivos pupitres con una mezcla de diversión y orgullo. —Parece un cachorro que acaba de descubrir los juguetes que brillan —susurró Cole. —Su ritmo cardíaco se ha elevado un quince por ciento desde la invitación —respondió Zane, con la muñeca levantada como si estuviera tomando lecturas invisibles—. Es fascinante. Jay no los escuchaba. Estaba demasiado ocupado imaginando cómo iba a saludar a Nya en la feria. Aunque al final decidió que lo mejor sería dejarse llevar por el momento, lo cual, para alguien cuya idea de "dejarse llevar" era planificar cada movimiento con tres semanas de anticipación, era una declaración de principios bastante audaz. Cuando sonó el timbre final, Jay salió del aula con más energía de la que había tenido en todo el semestre. Sus pies se movían solos, siguiendo el camino habitual hacia la salida principal, pero con un propósito renovado. Iba a buscar a Nya. No para decirle nada importante, solo para verla una vez más antes de que el fin del día escolar se interpusiera entre ellos. Los estudiantes salían en grupos, riendo, empujándose, despidiéndose hasta el día siguiente. Jay los atravesó con la mirada fija en la puerta principal, escaneando la multitud en busca de cabello oscuro y chaqueta negra. La encontró. Nya estaba de pie junto a la acera, aun lado de un auto deportivo rojo, un Mustang, a unos veinte metros de la entrada de la escuela; con la mochila colgando de un hombro y estaba sonriendo. Hacia la persona que tenía a su lado. Jay se detuvo en seco. La persona que tenía a su lado era un chico de último año. Evidente duelo del auto deportivo porque tenía las llaves en la mano. El chico era alto, de hombros anchos, con el cabello castaño peinado en puntas hacia arriba como si se hubiera peinado con un tenedor eléctrico. Llevaba una chaqueta de cuero roja, gastada en los codos pero cuidada con el esmero de quien sabe que las chaquetas de cuero mejoran con el tiempo. ...y tenía el brazo sobre los hombros de Nya. No solo apoyándolo. Su mano descansaba sobre el hueso del hombro de ella, y sus dedos se movían en pequeños círculos distraídos mientras hablaba. Nya se rió de algo que él dijo. Una risa abierta, sincera, que Jay conocía bien porque la había estado imaginando durante semanas. Luego le dio un pequeño golpe juguetón en el pecho con el puño cerrado. —Basta, Kai —se le escuchó decir. El chico de la chaqueta roja, Kai, se llevó una mano al corazón en un gesto teatral de dolor, como si el golpe lo hubiera herido de muerte. Jay sintió que el suelo se abría bajo sus pies. "No", pensó. "No puede ser. No. No. No." Su cerebro, que minutos antes estaba ocupado planeando su cita, se congeló por completo. Y cuando se recuperó empezó a generar fragmentos de películas que había visto, de novelas que había leído, de canciones que había escuchado. Todas contando la misma historia: el chico popular con chaqueta de cuero y auto deportivo, la chica hermosa que se ríe de sus bromas, el protagonista que llega tarde y se queda mirando desde lejos. "Ese es el novio de Nya". La conclusión llegó de inmediato y se convirtió en una verdad absoluta. "Ese es el novio de Nya. Tiene que serlo. Mira cómo la mira. Mira cómo ella le sonríe. Nya es preciosa, encantadora... era claro que tendría un novio. Uno que es guapo. Es seguro de sí mismo. Que tiene un auto. Que es todo lo que yo no soy." Jay dio un paso atrás. Luego otro. Sus pies lo llevaron hacia un arbusto ornamental que bordeaba la escuela y se agachó detrás de él. "Esto es un desastre", pensó, con la mirada fija en la escena a través de las ramas. Porque si ese chico era el novio de Nya, entonces la invitación que él le había hecho horas antes no era una oportunidad. Era una invasión. Un acto de guerra. Él había cruzado una línea que ni siquiera sabía que existía. "Ella aceptó", recordó de repente. "Aceptó salir conmigo. Sabiendo que tiene novio." El pensamiento lo golpeó con la fuerza de un puñetazo en el estómago. ¿O no? ¿Tal vez Nya aceptó tan rápido porque no creyó que Jay la estuviera invitando a una cita? O ¿Tal vez ella está cansada de su novio y está buscando nuevas opciones? Su mente empezó a divagar por caminos oscuros. Imágenes de triángulos amorosos, de citas clandestinas, de miradas cómplices a escondidas del "novio oficial". Se vio a sí mismo como el protagonista de una novela romántica prohibida, y el vértigo moral lo invadió. ¿Qué clase de persona era si seguía adelante con la cita sabiendo que Nya tenía novio? ¿Un egoísta? ¿Un desesperado? ¿Un idiota sin juicio? Y ¿quién era Nya? ¿Quería eso para él? Pero entonces recordó la sonrisa de Nya cuando aceptó. La forma en que sus ojos se habían iluminado, como si la invitación la hubiera sorprendido gratamente. Recordó el sonido de su voz diciendo "está bien" con esa calma que no era indiferencia, sino seguridad. "Solo es un helado", se dijo a sí mismo, con la voz temblorosa de quien está a punto de justificar lo injustificable. "Solo una salida casual. No voy a besar a nadie. No voy a cruzar ninguna línea. Solo voy a demostrar que soy una mejor opción. Eso no está mal. Eso es... competencia sana". "Competencia sana por una chica que ya tiene novio", respondió su conciencia, con un tono de voz que sonaba sospechosamente a Zane. Jay apretó los dientes. "Soy una mala persona", concluyó. Pero una mala persona que va a tomar un helado con la chica de sus sueños. Y si el tipo de la chaqueta roja quiere matarme después, que lo haga. Al menos habré vivido. Miró por encima del arbusto. Nya y el chico seguían hablando. Después ella abrió la puerta del copiloto y se deslizó dentro con la naturalidad de quien lo ha hecho cientos de veces. Él cerró la puerta, rodeó el auto y se instaló al volante. El motor rugió con un sonido grave y poderoso. Jay los vio alejarse por la avenida principal. Permaneció agachado detrás del arbusto otros treinta segundos, solo para estar seguro. Luego se puso de pie y comenzó a caminar hacia su casa con las manos en los bolsillos y la mirada perdida en el horizonte. "El viernes", pensó. "Tengo una cita con Nya el viernes. Y ella tiene un novio. Y yo lo sé. Y voy igual." Una sonrisa pequeña. Culpable. Y un poco emocionada se formó en sus labios. —Vas a ir a esa cita —se dijo a sí mismo en voz alta—. Vas a ser encantador. Vas a ser gracioso. Y Nya va a dejar a su novio por tí. Tienes tres días. Setenta y dos horas. Cuatro mil trescientos veinte minutos para planificar la mejor cita de la historia.
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