Corriente de Malentendidos

Het
PG-13
Finalizada
4
Fandom:
Emparejamientos y personajes:
Tamaño:
25 páginas, 8.121 palabras, 5 capítulos
Descripción:
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Capítulo 5

Ajustes
Jay y Nya caminaron en dirección a Kai. Visto de cerca, Kai no parecía tan amenazador porque Kai tenía los mismos ojos que Nya. El mismo tono de piel, la misma textura de cabello, la misma intensidad en la mirada. Eran tan parecidos que resultaba casi cómico que Jay no lo hubiera visto antes. Kai los vio acercarse. Su mirada recorrió a Nya primero, con esa atención rápida que los hermanos mayores usan para comprobar que todo está en orden, y luego posó los ojos en Jay para evaluarlo. No estaba impresionado. —Nya —dijo Kai, con una voz grave que parecía salir de lo más profundo de su pecho—. Llegas tarde. —La feria cierra a las diez —respondió Nya, sin inmutarse—. Llegar a las nueve y cuarto no es llegar tarde. Es llegar a la hora. —Quedamos en las nueve. —Quedamos en "sobre las nueve". "Sobre" implica un margen de error. Kai resopló. Luego volvió a mirar a Jay. Esta vez, su expresión cambió. Ya no era solo evaluación era desaprobación. —¿Y este quién es? Jay sintió cómo las ondas de choque le recorrían la columna. "Este", pensó. "Me ha llamado "este". Como si fuera un objeto. Una mancha en el asfalto." Nya, por su parte, no pareció ofendida. Solo se encogió de hombros con la naturalidad de quien está acostumbrada a las groserías de su hermano. —Es Jay —dijo, como si eso lo explicara todo—. Mi cita. El silencio que siguió fue denso. Kai parpadeó una vez. Dos veces. Luego sus ojos se entrecerraron. —¿Tu cita? —repitió, como si la palabra fuera extranjera—. ¿Tienes una cita y no me lo dijiste? —No sabía que tenía que pedirte permiso —respondió Nya, con un tono que bordeaba el desafío. —No tienes que pedirme permiso. Pero podrías avisarme. Para saber si tengo que traer el soplete. —Kai, no vas a usar el soplete. —Eso es lo que tú crees. Jay observaba el intercambio con la sensación de estar viendo una obra de teatro aterradora. —Jay —dijo Kai, probando el nombre en su lengua—. ¿Jay qué? —Jay... solo Jay —respondió él, con la voz más aguda de lo que habría querido—. El apellido es opcional. Como los extras en las películas. No son necesarios para la trama, pero están ahí. Kai frunció el ceño. —¿Siempre hablas así? —Sí —respondió Nya, antes de que Jay pudiera decir algo—. Siempre. Es parte de su encanto. —¿Encanto? —Kai la miró con una ceja arqueada—. ¿Esto te parece encantador? —Más que tu actitud de perro guardián, desde luego. Kai ignoró el comentario. Sus ojos volvieron a Jay, y esta vez su mirada era más intensa. Escrutadora. Como si estuviera buscando algo específico. —¿Dónde la llevaste? —preguntó. —A la feria —respondió Jay, señalando hacia atrás con el pulgar—. Jugamos a los aros. Y a las tazas chocadoras. Y gané un pato. Señaló a Patricio, que Nya seguía cargando bajo el brazo como si fuera un trofeo de guerra. Kai miró el pato. Luego miró a Nya. Luego volvió a mirar a Jay. —¿Ganaste un pato? —Gigante —precisó Jay, con un orgullo mal disimulado—. En el puesto de puntería. Con seis rondas. Veinte dólares. —Veinte dólares por un pato de plástico. —De felpa. Es de felpa y plástico. Y se llama Patricio. Kai se quedó en silencio. Durante un momento, Jay temió haber dicho algo imperdonable. Pero luego, muy lentamente, la expresión de Kai cambió. La tensión en su mandíbula se aflojó. Sus hombros se relajaron. Y sus labios se curvaron en algo que no era una sonrisa, pero se le parecía peligrosamente. —Patricio —dijo con humor. —Ella le puso nombre —informó Jay—. E gracioso. ¿Verdad? Kai sonrió levemente. —Está bien —dijo, y no estaba claro si se refería a Jay, a la cita o al pato—. Puede quedarse. —¿Puede quedarse? —preguntó Nya, con un tono de incredulidad—. ¿Desde cuándo decides tú quién se queda? —Desde que soy el hermano mayor y tengo un auto. Si quieres volver a casa caminando, puedes ignorar mi opinión. Nya puso los ojos en blanco pero no discutió. Se limitó a abrir la puerta trasera del Mustang y meter a Patricio en el asiento. —Nos vamos —dijo Kai, abriendo la puerta del conductor—. Sube, Nya. —¿Y Jay? —Que se siente atrás —dijo, como si estuviera haciendo una concesión real—. Con el pato. Jay se deslizó en el asiento trasero sin decir palabra, junto a Patricio, mientras Nya ocupaba el asiento del acompañante. Kai arrancó el motor. El Mustang ronroneó con un sonido grave y potente, y luego comenzó a rodar lentamente hacia la salida del estacionamiento. —¿Dónde vives? —preguntó Kai, sin mirar atrás.

***

El viaje fue silencioso al principio. Jay miraba por la ventana cómo las luces de la feria se alejaban hasta convertirse en un borrón de colores en el espejo retrovisor. Fue entonces cuando Kai habló. —Así que —dijo, con un tono que pretendía ser casual pero no lo era—. Jay. ¿Qué haces cuando no estás secuestrando a mi hermana en ferias? —No la secuestré —respondió Jay, rápidamente—. La invité. Es diferente. —Diferente... —El secuestro implica fuerza bruta y falta de consentimiento. Esto fue... una propuesta. Aceptada voluntariamente. Con helado de por medio. Kai soltó un bufido. —¿Y siempre usas palabras tan grandes? —Solo cuando estoy nervioso. Y estoy muy nervioso. —¿Por qué? "Porque pensé que eras el novio de tu hermana y he estado sufriendo una crisis moral durante tres días", pensó Jay. —Porque tu auto es muy intimidante. Y tu chaqueta también. Kai lo miró por el espejo retrovisor. Sus ojos se encontraron. Por un segundo, Jay juró ver una chispa de diversión en la mirada de Kai. —Mi chaqueta es genial —dijo Kai—. No es intimidante. Es icónica. —Las dos cosas pueden ser ciertas —respondió Jay. Nya, que había estado en silencio durante todo el intercambio, soltó una risa contenida. —Me gusta —dijo, sin especificar a qué se refería. Kai frunció el ceño, pero no dijo nada. Cuando llegaron a la casa de Jay, Kai dijo lo obvio. —Llegamos — como si Jay no tuviera ojos. Jay abrió la puerta trasera y se bajó del auto, para luego quedarse parado junto a la puerta del copiloto, sin saber bien qué hacer. ¿Se despedía con un apretón de manos? ¿Con un saludo militar? ¿Con una reverencia? Nya bajó la ventanilla. —Jay —dijo. —¿Sí? —él se acercó para estar a su altura y escucharla mejor mientras la miraba a los ojos. —Gracias por el pato. —De nada. —Y gracias por la cita. Fue... divertida. A pesar de tu paranoia. Jay sintió que las mejillas se le encendían. —Fue... fue un placer. Para mí. Quiero decir. La cita. Fue un placer. Nya sonrió. Luego, antes de que Jay pudiera prepararse, se inclinó hacia la ventanilla y le dio un beso en la mejilla. Fue rápido. Un roce de labios sobre la piel, más breve que un parpadeo. Pero Jay sintió el contacto como si fuera un rayo. Electricidad pura recorriéndole la cara, bajando por el cuello, instalándose en el pecho con la fuerza de un martillo. —Hablamos mañana —dijo Nya, cerrando la ventanilla y ahogando las palabras de indignación de Kai que más o menos le reclamaban a Nya cómo se había atrevido a besar a Jay ahora, enfrente de él, y en su primera cita. Nya dijó algo y entonces el Mustang arrancó con un rugido. Jay se quedó plantado en la acera, viendo cómo las luces traseras del auto se alejaban hasta desaparecer en la esquina. No se movió durante un largo momento. Luego, muy lentamente, Jay levantó una mano y se tocó la mejilla donde Nya lo había besado. Electric Love, pensó otra vez. Así se siente. Entonces su teléfono vibró en el bolsillo. Lo sacó con manos temblorosas. "Kai dice que le caíste bien. No sé si es verdad o solo quiere que bajes la guardia. Pero yo digo que la pasé genial. ¿Repetimos?" Jay leyó el mensaje tres veces. Luego cuatro. Luego una quinta, solo para asegurarse de que no era un espejismo. "Sí. Repetimos. ¿Crees que sea posible sin hermanos?" "No prometo nada. Kai es como una sombra." Jay se enocogió de hombros. "Sobreviviré." Por Nya, haría lo que fuera. Sonrió.
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