Fuera de lugar

Het
NC-17
En progreso
3
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planificada Midi, escritos 97 páginas, 32.827 palabras, 10 capítulos
Descripción:
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10. Por unos instantes

Ajustes
La música seguía sonando a todo volumen en casa de Tolkien y el ambiente empezaba a ponerse cada vez más pesado. El suelo estaba pegajoso, costaba respirar con tanto humo y algunos rincones contenían un líquido espeso y desagradable que era mejor no intentar descubrir qué era. Tras la discusión con Kenny, Cartman se adentró entre la gente sintiéndose completamente derrotado y sin saber qué hacer para acercarse a Heidi. Sabía que lo tenía muy complicado después de lo que sucedió con la escalera, porque el hecho de que le siguiera teniendo miedo complicaba mucho cualquier intento de hablar con ella. Por no mencionar que había estado besándose con Kenny, el experto en féminas, algo que lo dejaba en clara desventaja al no contar con las mismas armas que él. No quería tener que ir contra Kenny, pero no le quedaba otra. O hacía algo pronto, o terminaría perdiendo todo lo que había construido con ella desde el fin de semana pasado. Y no estaba dispuesto a renunciar a Heidi. Por eso la esperó en un rincón apartado con la vista fija en la escalera, esperando a que bajara con Bebe. No se había movido de ahí en un buen rato y tenía el pecho tan apretado que hasta le dolía respirar. Estaba aterrado por cómo iba a reaccionar ella al verlo. ¿Lo evitaría? ¿Le diría que no se acercara más? ¿Lo miraría con miedo? No soportaba toda aquella situación. Ya estaba al límite. Y mientras Cartman se consumía en ese rincón aislado, Kenny se preguntaba dónde estaba Heidi. No la veía desde que Craig fue a buscarla y aunque intentó contactarla, no obtuvo ninguna respuesta, así que supuso que tal vez había acompañado a Bebe a casa. Minutos antes se había topado con Butters en el baño de la planta baja y, como era de esperar, la tensión apareció de inmediato. Bastó una sola palabra para que ambos terminaran discutiendo. Pero como si eso no fuera poco, ahora Cartman también parecía odiarlo. Su enfrentamiento con él en la cocina lo había dejado demasiado alterado al punto de no poder sacárselo de la cabeza, y lo único que se le ocurrió para silenciar esa voz en su conciencia fue beber una copa tras otra hasta que se callara de una vez. Y lo había conseguido. Bailaba, reía, saltaba... Todo le daba exactamente igual, porque la noche era para divertirse, y a él le hacía demasiada falta. Pero no todos se divertían tanto como Kenny, ya que en la planta de arriba de la casa la atmósfera era completamente distinta. Heidi y Bebe habían pasado un buen rato en una de las habitaciones que Tolkien les dejó mientras la rubia se recuperaba de su malestar. Ahora, mucho más frescas, decidieron bajar para terminar de despejarse. La castaña trataba de bajar las escaleras a duras penas con una Bebe totalmente descompuesta, a la que le fallaban las piernas, mientras ella se agarraba con firmeza de la barandilla. Con esfuerzo, consiguieron llegar abajo y caminaron a paso lento hasta el sofá de una esquina, dejándose caer entre los cojines sin fuerzas para moverse. —Bien, quédate aquí. Iré a buscar a Clyde —le dijo Heidi a Bebe, mientras se levantaba despacio del sofá. La respuesta de la rubia fue señalar hacia una esquina con una expresión nerviosa. Heidi siguió la dirección de su dedo con la mirada, y sus ojos se abrieron con confusión al ver a Kenny hablando con Nichole. Se quedó unos segundos paralizada, intentando entender qué pretendía el rubio al acercarse de esa manera a la reciente ex de Tolkien. Porque en realidad, el problema no era que le estuviera hablando, sino la intención con la que lo hacía. Estaba prácticamente pegado a ella, sosteniendo esa sonrisa pícara que Heidi ya le había visto más de una vez. Aun así, siguió observándolos más de la cuenta, intentando convencerse de que todo estaba en su cabeza, de que Kenny no era como Bebe decía y que seguramente solo estaba malinterpretando las cosas. Pero no. No era su imaginación ni de lejos. Lo que tenía delante era exactamente lo que parecía. Con una naturalidad descarada, Kenny deslizó una mano por la espalda baja de Nichole y la atrajo hacia él. Luego le apartó el cabello con la otra mano y se inclinó hacia su oído con una expresión traviesa. Una presión se instaló en el pecho de Heidi, obligándola a levantarse de golpe. Bebe intentó detenerla sujetándola del brazo, pero no tuvo fuerzas suficientes para retenerla y acabó soltándola mientras la castaña se encaminaba hacia ellos con los ojos llenos de furia. Se plantó frente a Kenny y él soltó de inmediato a Nichole. —Heidi. Fue lo único que logró pronunciar el chico de la parka naranja mientras la expresión de su rostro se descomponía por completo. Heidi no quería escuchar explicaciones. Ya había visto demasiado. Se inclinó hacia su oído y él tragó saliva con dificultad. —Sé que todavía no hemos definido lo que somos, Kenny, pero esto que acabas de hacer es una mierda. Kenny se quedó completamente paralizado, viendo a Heidi alejarse mientras Nichole lo observaba con total confusión. Con un nudo aprisionándole la garganta, Heidi avanzó entre la multitud en busca de Clyde sin saber muy bien hacia dónde se dirigía exactamente. ¡Soy tan estúpida! Dio algunas vueltas sin sentido por la mansión, pasando una y otra vez por los mismos lugares mientras sentía que en cualquier momento estallaría en lágrimas. Ya no soportaba todo lo que le había estado pasando últimamente. Por más que se esforzara, todo terminaba estallándole en la cara una y otra vez. Siguió caminando medio desorientada hasta que al pasar por la puerta principal encontró a Clyde hablando animadamente con Jimmy. Se acercó a ellos para avisarle de que Bebe estaba en el sofá y ambos se quedaron confundidos al verla tan afectada. Jimmy la saludó con cierta incomodidad y Clyde se limitó a observarla con el ceño fruncido. Ella tan solo le devolvió un saludo distraído a Jimmy antes de inclinarse hacia el oído de Clyde. —Bebe te está buscando. Está en el sofá de la esquina, el de cuero —le dijo con la voz casi quebrada. Él se apartó para mirarla a los ojos. —¿Te encuentras bien? —preguntó, alzando la voz para que pudiera escucharlo por encima de la música. Heidi soltó una risa sarcástica que lo dejó confundido. —¿Qué te importa, Clyde? No pretendas hacerte el bueno ahora. Clyde la sujetó del brazo tratando de detenerla, pero ella se soltó con brusquedad y se alejó de ahí lo más rápido posible. Heidi llegó al jardín respirando de forma entrecortada y caminó con los hombros caídos hasta dejarse caer sobre el escalón de madera de la entrada, mientras una fina línea húmeda se deslizaba por sus mejillas. Se sentía tan tonta por no haber escuchado la advertencia de Bebe sobre Kenny. Había estado ignorando todas las banderas rojas que él le mostraba, convenciéndose de que tal vez exageraba porque solo había tenido una relación en toda su vida y quizá estaba demasiado atrasada en cuanto a nuevas relaciones. Pero sospechar algo así no minimizaba la traición que estaba sintiendo por parte del rubio. Se había pasado toda la semana pensando que por fin tenía una oportunidad de olvidar a Butters, pero todo terminó siendo mucho peor de lo que jamás se hubiera esperado. Se preguntaba qué estaba mal con ella y por qué todos la engañaban de esa manera. ¿Acaso era una ignorante que no se enteraba de nada? ¿O tal vez estaba tan necesitada de validación que ya no le importaba su propia dignidad con tal de que los demás la aceptaran? No sabía la respuesta. Tampoco quería seguir pensando en eso. Solo sabía que extrañaba la felicidad que sentía al estar con Butters antes de que todo se arruinara. Se cubrió el rostro con ambas manos, completamente vencida por la angustia, hasta que el sonido de la puerta cerrándose con suavidad la puso en alerta. Rápidamente trató de limpiarse las lágrimas con la mano en un intento de no parecer más patética de lo que ya era. —Heidi, ¿estás bien? La voz de Cartman la estremeció y se obligó a bajar rápidamente la vista hacia el suelo. De todas las personas que no quería ver en ese momento, él era probablemente la peor, sobre todo después de lo mal que lo había tratado cuando fue a su casa. Estaba tan avergonzada que no se atrevía ni a mirarlo a la cara. ¿Por qué estaba ahí con ella? Tal vez el destino todavía le guardaba una última puñalada y Cartman había decidido mostrar su verdadera naturaleza para burlarse de ella. Y si ese era el caso, estaba lista para aceptar que él también la había estado engañando todo ese tiempo. —Hola, Eric. No... —respondió en voz baja. Cartman se frotó el brazo con incomodidad sin saber muy bien cómo acercarse a ella. —¿Me puedo sentar? —preguntó con suavidad, señalando el escalón a su lado. Ella asintió despacio con los ojos fijos en sus pies. —¿Por qué estás aquí sola? —Es por Kenny... —soltó con amargura. Él trató de fingir que no sabía nada, aunque había visto perfectamente cómo Kenny utilizaba sus típicos trucos con Nichole mientras Heidi los observaba desde el sofá. —¿Con Kenny? —preguntó, intentando sonar despreocupado. —Durante la semana estuvimos pasando tiempo juntos... y ahora lo encontré coqueteando con Nichole. Los puños de Cartman se apretaron con fuerza dentro de los bolsillos de su chaqueta. ¿Durante la semana? Veo que no perdiste el tiempo, Kenny. —¿Te gusta mucho? Heidi se encogió de hombros mientras sus manos se apretaban sobre su regazo. —Intenté acercarme a él, traté de hacerle ver que estaba dispuesta a avanzar hacia algo más serio. Sin embargo, de nada sirvió... El pecho de Cartman se encogió dolorosamente. —Entiendo... —murmuró en voz baja. Cartman sabía perfectamente cómo se sentía Heidi porque él se sentía exactamente igual. También se había esforzado por acercarse a ella, por demostrarle que estaba dispuesto a avanzar hacia algo más serio, pero tampoco había servido de nada porque Heidi ni siquiera lo tenía en cuenta como opción. Era hora de aceptar que no tenía cómo competir contra la dulzura de Butters o el atractivo de Kenny, y que por mucho que se esforzara él nunca sería suficiente para ella. Al final no importaba si eran ellos dos o cualquier otro, porque cualquiera siempre sería una mejor alternativa para Heidi que él. Bajó la vista hacia sus pies, sintiendo un gran vacío en el estómago, deseando desaparecer de ahí en ese mismo instante para no volver a acercarse a ella, hasta que Heidi comenzó a sollozar en voz baja. Él se giró de inmediato hacia ella y posó una mano sobre su hombro para intentar calmarla. —Hey, no llores... Ella asintió con suavidad, pero cuando Cartman quiso volver a hablar, Heidi se abalanzó sobre él en un abrazo desesperado. Cartman se quedó completamente sin aliento por un momento, procesando el calor de Heidi contra su pecho. Con vacilación, la rodeó con los brazos mientras una pequeña sonrisa se dibujaba en su rostro. Sabía perfectamente que ese abrazo para ella era solo un desahogo, pero para él era más de lo que jamás podría haber imaginado. Se quedaron así por unos instantes, tan solo sintiendo el calor del otro en silencio, como si ya no importara nada más. Los sollozos de Heidi iban deteniéndose poco a poco, mientras Cartman solo se limitaba a acariciarle la espalda con suavidad, con el corazón latiendo como un loco contra su pecho. Si fuera por él, se quedaría así con ella durante horas, pero sabía que si los veían, los chismes volverían a correr por el pueblo, y Heidi ya había tenido suficiente que soportar por su culpa. Con pesar, se separó de ella despacio, y Heidi lo miró confundida, con el rostro todavía empapado en lágrimas. Cartman rebuscó rápidamente entre sus bolsillos un pañuelo y le secó las lágrimas pasándolo con cuidado por sus mejillas mientras Heidi lo miraba fijamente a los ojos. Él le dedicó una sonrisa débil al terminar y le dejó el pañuelo en la mano. —Creo que debería irme, alguien podría vernos y empezarían a correr los chismes otra vez —dijo, levantándose del escalón de madera. —Aquí no creo que nos vea nadie, Eric... —respondió ella en voz baja, aún conmocionada por la ternura con la que la había tratado. El castaño negó con la cabeza. —Yo no debería estar aquí —dijo vacilante—. Heidi, sé que viniendo de mí suena como un chiste, pero trata de olvidarte de Butters y Kenny. Ellos no te merecen. —Pero... Entró rápidamente, dejando a Heidi sin poder responder, con un nudo apretándole la garganta. Solo había estado cultivando una idea en su cabeza que siempre supo que no iba a florecer, una que estaba destinada a marchitarse desde el principio. Nunca tuvo ninguna oportunidad con Heidi. Caminó entre el caos de la fiesta, empujando a la gente sin siquiera mirar a quién. Se adentró en la cocina decidido y se inclinó sobre la encimera, rebuscando entre el montón de botellas. Sus manos se movían con rapidez, apartando las que no le interesaban, cada vez más desesperado por calmar el vacío que lo estaba consumiendo hasta que sus ojos se detuvieron en una botella de tequila. Una sonrisa ladeada se dibujó en sus labios y la tomó como si fuera un trofeo. —¡A ti te estaba buscando, amiga! —soltó, antes de darle un beso al cristal. Se dejó caer en el suelo, apoyado contra una esquina, y suspiró. La noche había sido una auténtica mierda. ¿Por qué le habría hecho caso a Red? Abrió el tapón de la botella y lo lanzó hacia la encimera, pero falló y cayó al suelo, repiqueteando y dando vueltas hasta detenerse. Se encogió de hombros. Ya todo daba igual. Se empinó la botella para tomar un trago y se quedó con la mirada fija en ella, observando su imagen distorsionada en el cristal. No debería haber venido. No tengo la más mínima posibilidad... Volvió a dar otro pequeño trago mientras el vacío en su estómago se hacía más pesado y doloroso. Para ella no soy más que un pobre marginado, desesperado por un poco de su cariño. Frunció el ceño y esta vez tomó un gran trago, casi terminándose la botella sin apenas detenerse a respirar. Un ardor repentino le subió por la garganta, obligándolo a toser con fuerza mientras la angustia se le acumulaba en el pecho. —Soy patético —murmuró con la voz quebrada. Chasqueó la lengua y se la terminó de un solo trago, sintiéndose miserable, ridículo... Y completamente solo.
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