Capítulo 7
1 de mayo de 2026, 15:41
Promts 7 : deseo
"El ejercicio es esencial para que el cuerpo humano funcione correctamente y mantenerlo sano".
Era la frase de un conocido gimnasio de Japón y tenía como entrenador a un chico de unos 20 años.
Poseía un cuerpo fornido, de estatura alta, cabello revuelto de color anaranjado como las mandarinas. Su nombre era Kunigami Rensuke, tenía un aura heroica al caminar; por ser dedicado a su trabajo y apoyar en el orden del gimnasio, sus compañeros lo apodaban "Héroe".
No solo guiaba con palabras, acompañaba a sus alumnos en el ejercicio que les tocaba por rutina. El gimnasio era un ambiente tranquilo para Kunigami y para realizar su labor de manera eficiente.
Hasta que un día llegó él.
Un chico de excepcional belleza, sonrisa seductora, ojos de color rosado como las fresas que solía comer en las ensaladas de fruta.
—Quiero una rutina para fortalecer mis piernas —se acercó al entrenador.
—¿Eres nuevo por aquí? —Kunigami se secó el sudor con una toalla.
—Sí —respondió—. Soy Hyoma Chigiri, deportista y modelo.
—Un gusto —el pelinaranja le ofreció la mano para saludarlo—. Espero que te guste este gimnasio; yo me encargaré de diseñarte una rutina de ejercicios según tu meta.
—Tengo la sensación de que me gustará algo más que el ejercicio —Chigiri apretó la mano del contrario—. Porque quiero mejorar mi fuerza en las piernas.
—Con mi guía y consejo lograrás tu objetivo —Kunigami le señaló una máquina—. Comencemos con la prensa de piernas, 2 repeticiones de 15.
El pelirrojo se sentó en la máquina; al sentir que el entrenador rozó sus dedos en su pierna derecha, sintió un escalofrío recorrer todo su cuerpo. No era de miedo, sino de placer.
Aquel tacto despertó la curiosidad de Chigiri por Kunigami.
A partir de ese día, Chigiri asistía todos los días al gimnasio para entrenar con el pelinaranja; se deleitaba al verlo quitarse la camiseta, dejando expuesto el abdomen marcado por el que goteaba lentamente el sudor por la actividad deportiva.
—¿Le pasa algo? —preguntó Kunigami al darse cuenta de la forma en que lo observaba el pelirrojo.
—No es nada —respondió este, echando su mechón de pelo hacia atrás—. Iré a hacer pesas. —Se dio la vuelta.
Al entrenador se le hizo extraño el comportamiento de Chigiri; cada vez que estaba sin camisa, lo veía con el móvil en sus manos en posición de fotógrafo.
—¿Me estará tomando fotos? —Se dirigió hacia la zona de pesas—. ¿O solo es mi imaginación?
Kunigami se acercó a un rincón del gimnasio; su vista buscaba la imagen del pelirrojo por los alrededores. Lo que vio nubló la razón de su mente.
Unas gotas de sudor bajaban del cuello de Chigiri hasta llegar a su nuca; una piel que brillaba como el sol, el cabello recogido en una coleta, los brazos levantando unas pesas de 20 kilos y su respiración agitada hicieron que naciera algo en el interior del entrenador.
Deseo.
Deseo de besar la hermosa nuca del chico, dejar mordidas profundas y escucharlo gemir.
El de ojos rosados vio desde el espejo a Kunigami. No era tonto: reconocía el brillo e intención de los ojos del contrario porque sentía y tenía el mismo deseo hacia su entrenador.
Dejó las pesas en su lugar y se encaminó al pelinaranja, que dio un ligero temblor.
—Ven —soltó un susurro en el oído de Rensuke, haciendo que el entrenador lo siguiera sin decir una palabra.
Ambos llegaron al baño y cerraron la puerta con seguro.
Kunigami arrinconó al pelirrojo, haciendo que mirara hacia la pared.
Sus labios se posaron en la nuca del modelo, lamiendo aquella zona fuertemente; se sonrojó al sentir una fricción del cuerpo contrario hacia el suyo.
—Chigiri —murmuró el pelinaranja sujetando la cintura del chico—, no te muevas así.
—¿No quieres llegar a más? —respondió el ojirosa—. No tienes idea de cuánto he deseado esto.
—Pero no aquí —Kunigami lo volteó para mirarse frente a frente.
—¿Me dejarás con ganas? —se quejó Chigiri, deslizando su mano por debajo de la camiseta de Kunigami, tocando los pectorales duros del contrario.
—No —en un movimiento volteó al pelirrojo para luego apegarse a él, dejando besos en la nuca que tanto le habían obsesionado—. Dejaré mi marca en ti.
Sus dientes se hundieron en la piel, ocasionando que Chigiri soltara un jadeo lleno de dolor y placer.
—Kuni —susurró el modelo—... ahhh
—Llámame Ren.
—Eres fuerte —Chigiri acarició su nuca, sintiendo el ardor en su piel por la mordida que dejó el entrenador.
—Tú me provocaste —respondió Kunigami— lo siento.
—No te disculpes —el modelo sonrió—, hace tiempo me empezaste a gustar.
—Estamos igual —el pelinaranja se acercó y entrelazó su mano con los dedos de Chigiri—. Me gustas mucho.
—Quién está en el baño —unas voces en tono alto que provenían de afuera interrumpieron la conversación de los amantes—. Salgan, por favor.
—Mi turno termina a las 8 de la noche —susurró Kunigami camino hacia la puerta—. Te invito a salir, solo tú y yo —agarró el pomo de la puerta con su mano—. ¿Te parece?
—Sí —a Chigiri se le iluminaron los ojos—. Después podemos ir a mi casa, que todo fluya entre nosotros.
Ambos se besaron, moviendo sus labios con pasión, saboreándose a ritmo suave; sus respiraciones se sincronizaron como un reloj.
Cuando la respiración se volvió escasa, Kunigami rompió el beso con el pelirrojo, que dejó una mordida juguetona en la mejilla del contrario.
—Nos vemos luego, héroe —Chigiri abrió la puerta del baño y salió a paso ligero.
—Nos vemos, princesa —susurró el entrenador quedándose en el baño.
Soltó una sonrisa; se sentía extrañamente en las nubes.
—¿Ocurre algo, entrenador? —dijo un chico de pelo azul.
—Solo —titubeó— estoy contento —se rascó la nuca.
Kunigami, al ver que el contrario se iba del baño, se sobó la cabeza para acomodar su cabello. Estaba con una meta: terminar su trabajo y conocer más a fondo al hermoso pelirrojo que le robó su corazón y pensamientos
Lo que estaba experimentando, era amor y del bueno