Just you and me

Slash
NC-17
Finalizada
1
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29 páginas, 8.749 palabras, 7 capítulos
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Capítulo 7

Ajustes
Promts 7 : deseo "El ejercicio es esencial para que el cuerpo humano funcione correctamente y mantenerlo sano". ​Era la frase de un conocido gimnasio de Japón y tenía como entrenador a un chico de unos 20 años. ​Poseía un cuerpo fornido, de estatura alta, cabello revuelto de color anaranjado como las mandarinas. Su nombre era Kunigami Rensuke, tenía un aura heroica al caminar; por ser dedicado a su trabajo y apoyar en el orden del gimnasio, sus compañeros lo apodaban "Héroe". ​No solo guiaba con palabras, acompañaba a sus alumnos en el ejercicio que les tocaba por rutina. El gimnasio era un ambiente tranquilo para Kunigami y para realizar su labor de manera eficiente. ​Hasta que un día llegó él. ​Un chico de excepcional belleza, sonrisa seductora, ojos de color rosado como las fresas que solía comer en las ensaladas de fruta. ​—Quiero una rutina para fortalecer mis piernas —se acercó al entrenador. ​—¿Eres nuevo por aquí? —Kunigami se secó el sudor con una toalla. ​—Sí —respondió—. Soy Hyoma Chigiri, deportista y modelo. ​—Un gusto —el pelinaranja le ofreció la mano para saludarlo—. Espero que te guste este gimnasio; yo me encargaré de diseñarte una rutina de ejercicios según tu meta. ​—Tengo la sensación de que me gustará algo más que el ejercicio —Chigiri apretó la mano del contrario—. Porque quiero mejorar mi fuerza en las piernas. ​—Con mi guía y consejo lograrás tu objetivo —Kunigami le señaló una máquina—. Comencemos con la prensa de piernas, 2 repeticiones de 15. ​El pelirrojo se sentó en la máquina; al sentir que el entrenador rozó sus dedos en su pierna derecha, sintió un escalofrío recorrer todo su cuerpo. No era de miedo, sino de placer. ​Aquel tacto despertó la curiosidad de Chigiri por Kunigami. ​A partir de ese día, Chigiri asistía todos los días al gimnasio para entrenar con el pelinaranja; se deleitaba al verlo quitarse la camiseta, dejando expuesto el abdomen marcado por el que goteaba lentamente el sudor por la actividad deportiva. ​—¿Le pasa algo? —preguntó Kunigami al darse cuenta de la forma en que lo observaba el pelirrojo. ​—No es nada —respondió este, echando su mechón de pelo hacia atrás—. Iré a hacer pesas. —Se dio la vuelta. ​Al entrenador se le hizo extraño el comportamiento de Chigiri; cada vez que estaba sin camisa, lo veía con el móvil en sus manos en posición de fotógrafo. ​—¿Me estará tomando fotos? —Se dirigió hacia la zona de pesas—. ¿O solo es mi imaginación? ​Kunigami se acercó a un rincón del gimnasio; su vista buscaba la imagen del pelirrojo por los alrededores. Lo que vio nubló la razón de su mente. ​Unas gotas de sudor bajaban del cuello de Chigiri hasta llegar a su nuca; una piel que brillaba como el sol, el cabello recogido en una coleta, los brazos levantando unas pesas de 20 kilos y su respiración agitada hicieron que naciera algo en el interior del entrenador. ​Deseo. ​Deseo de besar la hermosa nuca del chico, dejar mordidas profundas y escucharlo gemir. ​El de ojos rosados vio desde el espejo a Kunigami. No era tonto: reconocía el brillo e intención de los ojos del contrario porque sentía y tenía el mismo deseo hacia su entrenador. ​Dejó las pesas en su lugar y se encaminó al pelinaranja, que dio un ligero temblor. ​—Ven —soltó un susurro en el oído de Rensuke, haciendo que el entrenador lo siguiera sin decir una palabra. ​Ambos llegaron al baño y cerraron la puerta con seguro. ​Kunigami arrinconó al pelirrojo, haciendo que mirara hacia la pared. Sus labios se posaron en la nuca del modelo, lamiendo aquella zona fuertemente; se sonrojó al sentir una fricción del cuerpo contrario hacia el suyo. ​—Chigiri —murmuró el pelinaranja sujetando la cintura del chico—, no te muevas así. ​—¿No quieres llegar a más? —respondió el ojirosa—. No tienes idea de cuánto he deseado esto. ​—Pero no aquí —Kunigami lo volteó para mirarse frente a frente. ​—¿Me dejarás con ganas? —se quejó Chigiri, deslizando su mano por debajo de la camiseta de Kunigami, tocando los pectorales duros del contrario. ​—No —en un movimiento volteó al pelirrojo para luego apegarse a él, dejando besos en la nuca que tanto le habían obsesionado—. Dejaré mi marca en ti. ​Sus dientes se hundieron en la piel, ocasionando que Chigiri soltara un jadeo lleno de dolor y placer. ​—Kuni —susurró el modelo—... ahhh ​—Llámame Ren. ​—Eres fuerte —Chigiri acarició su nuca, sintiendo el ardor en su piel por la mordida que dejó el entrenador. ​—Tú me provocaste —respondió Kunigami—  lo siento. ​—No te disculpes —el modelo sonrió—, hace tiempo me empezaste a gustar. ​—Estamos igual —el pelinaranja se acercó y entrelazó su mano con los dedos de Chigiri—. Me gustas mucho. ​—Quién está en el baño —unas voces en tono alto que provenían de afuera interrumpieron la conversación de los amantes—. Salgan, por favor. ​—Mi turno termina a las 8 de la noche —susurró Kunigami camino hacia la puerta—. Te invito a salir, solo tú y yo —agarró el pomo de la puerta con su mano—. ¿Te parece? ​—Sí —a Chigiri se le iluminaron los ojos—. Después podemos ir a mi casa, que todo fluya entre nosotros. ​Ambos se besaron, moviendo sus labios con pasión, saboreándose a ritmo suave; sus respiraciones se sincronizaron como un reloj. ​Cuando la respiración se volvió escasa, Kunigami rompió el beso con el pelirrojo, que dejó una mordida juguetona en la mejilla del contrario. ​—Nos vemos luego, héroe —Chigiri abrió la puerta del baño y salió a paso ligero. ​—Nos vemos, princesa —susurró el entrenador quedándose en el baño. ​Soltó una sonrisa; se sentía extrañamente en las nubes. ​—¿Ocurre algo, entrenador? —dijo un chico de pelo azul. ​—Solo —titubeó— estoy contento —se rascó la nuca. ​Kunigami, al ver que el contrario se iba del baño, se sobó la cabeza para acomodar su cabello. Estaba con una meta: terminar su trabajo y conocer más a fondo al hermoso pelirrojo que le robó su corazón y pensamientos Lo que estaba experimentando, era amor y del bueno
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