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Día 7: Juguetes sexuales/Sex Toys Objetos utilizados para potenciar el placer propio o en pareja. [Pandora] Italia, Castillo de Hades. Se acercaba la media noche y Pandora no había conciliado el sueño todavía. Odiaba sentir preocupación por él, a pesar de saber que siempre volvía a su lado. Se levantó de la cama y avanzó hacia el ventanal, para luego abrir sólo un poco las cortinas. Había luna creciente, por lo que su habitación se mantuvo a oscuras. Retrocedió unos pasos y tomó asiento en un diván cercano. Soltó un fugaz suspiro, quedándose mirando a la nada y sin saber cómo retomar el sueño. Normalmente no le sucedía esto, excepto cuando Rhadamanthys salía en misión. Bostezó un poco y se apoyó en el respaldo del mueble, para luego acomodar su largo camisón de seda sobre sus muslos. El repentino roce le generó cosquillas y un sutil escalofrío, lo que atrajo su atención. Con las manos recorrió sus piernas, separándolas lentamente, dejándose llevar por un repentino y natural impulso. No pensó en nada, sólo permitió que el momento y las sensaciones la dominaran. Empezó a rozar su entrepierna con suavidad, usando la palma de su mano sobre la tela. La presión y la textura se convirtieron en un agradable estímulo por algunos segundos. Pero no fue suficiente. Su mirada se desvió a los lados, buscando algo que le sirviera de apoyo para su travieso juego. Por extraña coincidencia, cerca de ella, se ubicaba el pedestal donde reposaba el tridente que le fuese otorgado por los dioses gemelos. Lo contempló un par de segundos, decidiendo si era buen idea usarlo como juguete sexual. La sensación cálida y palpitante de su sexo le dijo que sí. Se sentó en la orilla del diván, estirando el brazo para alcanzar el arma. Sujetó con firmeza el báculo y lo sostuvo en vertical frente a su entrepierna, a la vez que mantenía separados los muslos. Sonrió divertida, pensando que debía estar demasiado necesitada como para recurrir a semejante objeto, para saciar el repentino deseo que ella misma se provocó. Realmente no le importó. Mantuvo plantado el tridente en el suelo, sujetándolo con una mano, mientras que, con la otra, se apoyaba sobre el diván, dándose soporte por detrás de la espalda. Entonces, comenzó a mecer las caderas contra ese falo improvisado. La sensación fue demasiado dura y fría. Pero eso no la intimidó, simplemente moderó su impulso, permitiendo que la tela de su camisón fuera una suave barrera. Un débil gemido comenzó a escapar de su garganta, al mismo tiempo que una evocación lujuriosa llenaba su mente. Su cuerpo respondió al estímulo, y el tridente se convirtió en el juguete correcto que le ayudaría a saciarse. La fricción de sus pliegues contra el metal se fue acelerando, conforme el deseo le pedía más y más. Sus caderas mantuvieron la cercanía, consiguiendo que las descargas sensoriales viajaran por su espalda, hasta lograr que todo su ser temblara. Una fina capa de sudor perló la frente de Pandora, conforme su jadeo se tornaba más sensual. Podía sentir la proximidad del orgasmo, así que mantuvo aquella grata oscilación, hasta que no pudo más. El improvisado juguete sexual logró su cometido, ya que un último roce bastó para que la carne femenina vibrara en éxtasis. Su clamor fue profundo, notando que la lubricación humedecía su bata y el mango del arma. Poco le importó cuando sus pensamientos se enturbiaron de placer por largos segundos. El clímax la relajó, al grado de que fue quedándose dormida sobre el diván, dejando el tridente en el suelo. No había sido tan mala idea, y quizás más adelante lo repetiría.***
Gracias por leer. 7/Octubre/2024