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Día 5: Frotamiento/Rubbing Roce o frotamiento, comúnmente conocido como “faje”. [Lune] Italia, Roma. El ambiente en aquella taberna apestaba a comida, alcohol y sexo. Era uno de los sitios más grandes y concurridos de aquella ciudad. Y Lune de Balrog estaba en el umbral de la puerta, decidiendo si entraba o no. El juez interino había sido enviado a una misión de reconocimiento, pues se había detectado el despertar de una Estrella Maligna. Pero, a pesar de que estuvo recorriendo varias calles por largo rato, no encontró a la vasija humana del futuro Espectro. Decidió esperar al día siguiente, por lo que se enfocó en la búsqueda de un lugar para comer. Llegó al establecimiento, guiado por el vistoso letrero iluminado con lámparas de aceite. En la puerta, un hombre alto y con gesto mal encarado lo barrió con la mirada, quizás pensando que, por su aspecto elegante, no entraría a una taberna. Lune iba vestido de civil, con ropa y calzado oscuros, así como una larga gabardina. Su cabello estaba recogido en una coleta baja y sólo portaba un morral de tamaño mediano al hombro. —¿Qué desea amigo?, éste sitio no es para burgueses— dijo el portero. El aludido elevó una ceja e hizo un gesto burlón. —Eso no lo decides tú, que, sin lugar a dudas, haces juego con la decoración decadente del lugar. — El vigilante gruñó, pero le cedió el paso. A final de cuentas, era un cliente más. —Entra, niño bonito, a ver si no es demasiado sucio para ti— masculló cuando pasó a su lado. Lune no le prestó atención, dirigiendo sus pasos al interior, escaneando el tugurio en busca de la mesa más apartada. Había gente, pero no estaba abarrotado, por lo que pudo observar con atención lo que sucedía aquí y allá. Las camareras iban de un lado a otro, llevando bebidas y comida. Hombres de todo tipo devoraban los alimentos y reían a carcajadas. Otros jugaban con dados y naipes, mientras las damas de compañía los abrazaban por detrás, embriagándolos con alcohol, intentando conseguir algunas monedas o algo más. Esto llamó la atención del juez interino, pues se percató de que, en algunas mesas, se estaban dando cierto tipo de actividades inmorales. Volvió a levantar una ceja, analizando el curioso espectáculo, pues era la primera vez que se topaba con tan laxa permisividad en un lugar de éste tipo. Su rostro no perdió la expresión estoica y se entretuvo mirando, a la vez que una camarera de edad madura se acercaba para tomar su orden. —El estofado del día y una cerveza— pidió el Espectro. La mujer lo anotó y luego siguió la mirada del hombre. —Caballero, si le interesa un postre de ese tipo, puede pedirlo— sugirió, viendo también a la pareja que se acariciaba mutuamente con vehemencia a unas cuantas mesas de distancia. —Éste negocio se caracteriza por atender muy bien a nuestros clientes— le sonrió con picardía cuando él regresó a mirarla. Por un instante, el juez interino no supo qué responder ante sus palabras, pues lo tomó por sorpresa. Ahora le quedaba en claro que aquel sitio era un burdel disfrazado de taberna, con una muy relajada moralidad. —Vuelvo con su orden, en lo que toma una decisión— la camarera señaló hacia otra esquina para que el hombre volteara. —Por allá, puede ver a las chicas que están disponibles, sólo tiene que escoger. — Se alejó rumbo a la cocina, seguida por la mirada de Lune, quien se sorprendió de estar considerando la propuesta. Después de todo, ya tenía tiempo de no divertirse con una mujer. Sus ojos ámbar examinaron a las damas que ocupaban uno de los extremos de la barra y una mesa cercana, aparentando ser otros comensales más. Sólo esperando la oportunidad de atender a un nuevo cliente. Lune no tuvo que meditarlo demasiado, su apetito no sólo era físico, sino también sexual. No obstante, ninguna de las chicas parecía convencerlo. Había rubias, morenas, pelirrojas, todas jóvenes, bonitas, y exageradamente maquilladas. Aquella apariencia sobrecargada no le agradaba del todo. En ese momento, la camarera volvió con una bandeja. Depositó las viandas y la cerveza sobre la mesa, para luego mirarlo, esperando que ordenase algo más. —Y bien señor, ¿Va a querer postre? — El interino la observó con más detenimiento, percatándose que la mujer no estaba maquillada como las otras damas. Esto le permitía calcular que quizás le doblaba la edad, sin embargo, su apariencia era agradable a la vista, a pesar de vestir como una simple camarera. Su mente y libido parecieron tomar una decisión. —Primero voy a comer, después decido— respondió, tomando los cubiertos para comenzar. La mujer madura se alzó de hombros, dándose la media vuelta para continuar con su trabajo. … Más tarde, Lune terminaba de dar el último trago a su cerveza cuando ella regresó. —Caballero, ¿Puedo retirar sus platos? — él sólo asintió con el rostro. Empezó a colocar las viandas en la bandeja, mientras volvía a insistir con el ofrecimiento de compañía femenina. —¿Y ya decidió si va a tomar postre? — —Tal vez lo haga. — —¿Cuál chica le gustó? — quiso saber, mientras limpiaba la superficie de la mesa. —Ninguna— Lune habló con serenidad, arrastrando los ojos por el escote de su vestido. Éste era pronunciado, por lo que dejaba ver muy bien sus turgentes senos. Y dicho escrutinio no pasó desapercibido para ella. Cosa que le hizo gracia, pues no esperaba que un hombre de su porte le prestase más atención que no fuera para pedirle comida o bebida. —¿Entonces qué quiere? — se llevó las manos a la cintura, extrañada por su respuesta. —Tú también eres parte del negocio, ¿No es así? — sus ojos ambarinos se clavaron en el rostro femenino, dejando en claro la intención de sus palabras. —No creo que sea necesario explicar los pormenores de lo que quiero. — Por un instante, la camarera se desconcertó ante lo frío y directo que fue aquel sujeto. —Caballero, creo que ya está borracho— sonrió un poco, tomando la situación a broma. —Yo no atiendo a los clientes de esa manera. — —Estoy dispuesto a pagar por tus atenciones— el Espectro depositó algunas monedas de oro puro sobre la mesa, atrapando la atención de ella. —Llevo algo de prisa, así que no tengo intenciones de ir a una habitación, sólo quiero un desfogue rápido, aquí y ahora— la camarera abrió los ojos en grande, apenas creyendo lo que oía. —Y puedo darme cuenta que, por tu madurez y experiencia, eres capaz de dármelo, no como aquellas chiquillas novatas. — —Yo… no creo que sea… buena idea… — la mujer apenas pudo hablar, pues no sabía si sentirse alabada u ofendida. Años atrás, también fue dama de compañía, así que conocía diversos trucos para complacer a un hombre. Pero con el tiempo, dejó ese trabajo, pues, según los clientes, ya no era atractiva para ellos. Tuvo la intención de negarse por completo y alejarse, pero él se adelantó, sujetándola del brazo para retenerla. —Tú dijiste que en éste negocio se atiende muy bien a los clientes— su mirada ámbar la contempló con malicia. —Y tú te me antojas como postre— la rodeó de la cintura, atrayéndola y obligándola a sentarse sobre su regazo, de frente a él. La camarera respingó ante la extraña situación, pues hacía muchos años que no pasaba por algo como esto. Ya no era joven, y le resultaba insólito que éste inquietante extranjero quisiera comprarla sin siquiera pedir su opinión. —Señor, me temo que, si en verdad quiere que lo atienda, le saldrá más caro que unas cuantas monedas— soltó de pronto, para ver si con eso lo desanimaba. Lune continuó mirándola con interés, sin apenas inmutarse ante su remilgo. Sin soltarla, buscó en el interior de su gabardina, sacando una pequeña bolsita de piel, la cual balanceó frente al rostro de la mujer, haciendo que las monedas en su interior sonaran. Entonces acercó el morral hacia el escote femenino, y sin vergüenza alguna, lo introdujo entre sus llamativos pechos. —No más excusas mujer, ahora quiero mi postre. — La camarera entrecerró los ojos, intentando sobreponerse al comportamiento del extraño tipo. Algo le decía que no era un hombre normal, pero sí un patán que pagaba por adelantado. Soltó un largo suspiro, prefiriendo aceptar dicha situación sin hacer tanto alboroto, después de todo, aquel oro ya era suyo. Sólo esperaba que las demás chicas no le echaran pleito por “apropiarse” de un cliente. —Bien, será como desee caballero— colocó las manos sobre los hombros de Lune, acomodándose de mejor manera. Él de inmediato le rodeó las caderas por encima del vestido. —Sólo espero que pueda disimular un poco, para no molestar a los demás comensales— sonrió con picardía. El hombre se alzó de hombros, importándole poco sus palabras. Es decir, había demostraciones carnales por todos lados, una más, no llamaría la atención. La mujer madura no se anduvo por las ramas, enfocándose directo en lo que el cliente deseaba: Un desfogue rápido. Lo que significaba que no necesariamente debía tener sexo con él, pues existían otros métodos para complacer a un hombre. En éste caso, decidió que primero lo excitaría para luego complacerlo. —Entreténgase aquí, mientras yo me encargo de lo demás— tomó las manos de Lune, e hizo que las subiera hasta sus pechos, para que los acariciase a gusto. El Espectro no protestó, aceptando el ofrecimiento con gusto, pues siempre le agradó tocar aquella parte de la anatomía femenina. De repente, sintió que las manos de ella se arrastraban por su torso, para luego abrir la gabardina por completo. Tuvo que apretar la mandíbula con fuerza cuando una de sus palmas se posó directo sobre su área genital, y sin darle tiempo de nada, empezó a acariciarlo por encima de la tela de sus pantalones. Lo hizo de manera cuidadosa, pero con la presión suficiente para despertar su virilidad y provocar la contracción de sus testículos. Un jadeo entrecortado escapó de su boca, pues la reacción física fue casi inmediata. Su miembro pulsó con fuerza, respondiendo muy bien a la estimulación manual. La camarera sonrió al dar un vistazo y notar que el bulto de su entrepierna se volvía lo suficientemente prominente para avanzar a la siguiente etapa, pues no iba a masturbarlo sólo con la mano. Se levantó lo suficiente la falda del vestido para que no le estorbase, y después acercó las caderas hasta topar con el vientre masculino, rozando su feminidad contra aquella erección. Lune resopló guturalmente al sentir la fricción, y apretó los dientes cuando la mujer empezó a ondular las caderas con lentitud. El estímulo que sintió fue demasiado agradable, pues las ropas que ambos vestían no eran tan gruesas como para disimular los contornos de sus sexos. Dejó de acariciarle los senos, llevando de nuevo las manos a sus caderas, para sujetarla con más fuerza y hacer que lo cabalgara con mayor ímpetu. Cosa que la exdama de compañía también disfrutó, pues no todos los días podía tener un cliente como éste. Se concentró en oscilar las caderas con intensidad, restregándose contra aquel falo cubierto, notando que su tamaño era bastante respetable. No pudo disimular sus propios jadeos ante el lascivo roce, y menos evitar que la lubricación de su interior humedeciera ambas telas. —¡Espero que… esto sea de… su agrado…! — susurró excitada contra el oído del Espectro. El hombre le dirigió una mirada enturbiada, pues desde hace un momento, había mantenido los ojos apretados, evidenciando el placer que estaba sintiendo con aquel obsceno frotamiento de sexos. Una escena más que pasaba a formar parte de la historia de aquella taberna. —¡Quiero más! — gruñó el juez interino. La camarera se sobresaltó cuando sintió que él se levantaba, sosteniéndola de los costados, sin apartarla ni un centímetro, para luego tumbarla sobre la mesa. La bandeja de los platos cayó al suelo, haciendo un poco de ruido, por lo que algunos clientes voltearon a mirarlos. Hizo que abriera aún más las piernas, dejando caer parte de su peso sobre ella cuando comenzó a embestirla sin moderación alguna. —¡E-Espere! — El Espectro ignoró las quejas de la mujer, reteniéndola contra la superficie, pues su culminación estaba demasiado cerca. Debía reconocer que había elegido bien, pues ella supo excitarlo y complacerlo sin tener que ir a una habitación. Entonces, el calor, la humedad y la fricción, desencadenaron el orgasmo en su vientre. La poderosa descarga subió por su espina dorsal, estallando con fuerza, obteniendo una tremenda satisfacción carnal. Su miembro, apretado entre los pliegues de la tela, pulsó, derramando copiosamente su semilla. La mujer sintió que se ahogaba, pues, entre gemidos descontrolados y la presión del cuerpo masculino, el clímax también le llegó de golpe. No se lo esperaba, pero aquel juego con el inquietante extranjero la había excitado bastante, y por un momento, se perdió en su propio regodeo. —Debo admitirlo mujer, eres un postre delicioso— le susurró Lune antes de apartarse de ella. La camarera tomó una bocanada de aire, tratando de recuperarse. Después de esto, seguro necesitaría un té para el cansancio, pues se sentía agotada, como si él le hubiese robado toda la energía. Entonces vio que el cliente ya había cerrado su gabardina y tomado su morral, dispuesto a marcharse. También se percató de los mirones que observaron entretenidos todo el espectáculo. —Ocúpense de sus asuntos, idiotas— masculló ella, bajando de la mesa y acomodándose el vestido, notando el pequeño saco de monedas todavía entre sus pechos. —Bueno, al menos valió la pena. — … Lune abandonó aquella taberna con el semblante relajado. Dio un vistazo al nombre y número de la calle para memorizarlos, pues tenía la intención de volver tan pronto completase su misión. La camarera madura le había agradado lo suficiente como para repetir aquel juego de obscenos rozamientos.***
Gracias por leer. 5/Octubre/2024