Ithar

Het
G
Finalizada
2
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26 páginas, 10.375 palabras, 6 capítulos
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Capítulo 1: Némesis

Ajustes
      En la enorme Vía Aqua del espacio, existía un planeta que casi no podía verse en las rutas de los viajeros. Era el planeta Némesis, casi siempre cubierto por tormentas eléctricas y cielos nublados. Este planeta no tenía nada especial, excepto quizás que quiénes vivían ahí era por causas horribles.       Sí, el planeta Némesis era el lugar del destierro para aquellos que habían cometido faltas graves en cualquier planeta de la Galaxia. Algunos debían vivir ahí para custodiar a los desterrados, pero no pasaban largas temporadas antes de pedir un traslado.       Kael llevaba ocho años viviendo en Némesis, ocho años odiando el título que aparecía en todos los registros cuando sonaba su nombre: “Kael O. – Responsable de la caída de Ithar”.       La caída de Ithar fue un crimen imposible de perdonar por las altas esferas de la Galaxia. Nunca nadie olvidaría la destrucción de la estación espacial más importante y de los muertos. Todos miraban a Kael como un traidor y culpable… sin embargo… él… era inocente. El pobre chico había intentado contar la verdad, pero el Gobierno no había querido escucharle. Necesitaban ocultar a los verdaderos culpables: los Varkhiel.       Los Varkhiel eran lo que podríamos llamar una mafia o piratas del espacio. Su objetivo era conseguir energía estelar matando estrellas, arrancándoles su núcleo y vendiéndolo como combustible. Habían causado un gran temor en todas las galaxias, cada vez eran más las estrellas atacadas, en especial las estrellas fugaces, y el gobierno no podía permitir que otro crimen suyo saliera a la luz.       Toda esta información Kael la conocía por sus investigaciones, de hecho, fueron sus investigaciones lo que le llevaron a la condena, ya que alegaron que él era el único con conocimiento suficiente para realizar ese ataque. Desde ese momento la rabia se fue apoderando de él, se volvió desconfiado y desagradable.       En la soledad que vivía en Némesis, encerrado en lo que él llamaba “casa”, comenzó a construir cosas con material que encontraba en zonas de chatarra a escondidas de los guardianes del planeta. Primero fueron los telescopios de alto alcance, luego monitores con radares potentes y, por último, cañones silenciosos. En conclusión: construyo todo lo necesario para desfogar toda esa rabia, para conseguir venganza.       ¿Cuándo lo usaba? Cuando con sus radares captaba a los Varkhiel en las distintas Vías de la Galaxia. Lanzaba misiles silenciosos que destruían sus naves, así lograba que las estrellas perseguidas pudieran escapar. Cuando se trataba de salvar una estrella fugaz, Kael ponía especial dedicación en destruir a los enemigos… porque aquella noche el gran fallo no fue la destrucción de Ithar, sino la muerte de Yara, su amiga Yara, una estrella fugaz.       Cuando comenzaron los ataques, Kael sabía que Yara estaba en peligro porque las estrellas fugaces poseen una fuerza en su núcleo capaz de hacerlas viajar entre galaxias, una fuerza que ambicionaban los Varkhiel porque les proporciona casi el triple de combustible que una estrella normal; pero nunca pensó que llegaría el momento de su muerte. Antes del ataque, Yara, muchas veces, le intentó convencer de que no pasaría nada. Repetía la idea de que, si moría, en alguna otra parte despertaría una nueva estrella fugaz, pero eso no consoló al chico cuando todo ocurrió.       La verdad era que Kael no había podido salvarla y eso le pesaba más que cualquier cosa. La mataron despiadadamente frente a él robando todo su núcleo. Todavía recordaba el rostro de Yara cuando fue atravesada por el arma y cómo sus ojos se fueron quedando sin luz. Ese fallo había bastado para condenarlo y para condenarse. Por eso necesitaba realizar un acto de redención. Salvar a otras estrellas era para él como pedir perdón a Yara. Cada vez que lo lograba la herida que tenía dentro sangraba un poco menos.       Y eso se dedicaba aquella mañana cuando el cielo tembló en Némesis. Kael miraba el telescopio siguiendo la caza de tres naves Varkhiel a una estrella.       − Vas demasiado despacio para ser una fugaz… y esos bastardos están casi sobre ti − murmuró mientras ajustaba los misiles.       Activo el cañón y los misiles salieron silenciosos dando en las tres naves. Kael, con la satisfacción de haber acertado y con cansancio, se apartó del telescopio. Fue hasta la pequeña cocina a por una taza de té caliente. De repente, la tierra de Némesis tembló por un impacto fuerte.       Corrió a la ventana, y comprendió lo que ocurría. Sin dudar, tomo una linterna y una pistola saliendo hacía el lugar del impacto guiado por el polvo. Necesitaba llegar antes que los guardianes rojos, porque sabía que entre ellos había infiltrados. Si la estrella había sobrevivido y la encontraban… no podría escapar.       Descendió entre las rocas del cráter y en el centro…la vio. Una chica, una estrella fugaz. Tenía cierto parecido con Yara en el cabello claro, casi como plata, pero sus ojos eran grises, grandes y brillantes. Kael se quedó inmóvil hasta que notó que el traje blanco que llevaba iba manchándose de un rojo intenso por el costado: sangre. Estaba herida. A lo lejos, en el cielo de Némesis, comenzaron a verse luces rojas de naves. La estrella miró a Kael directamente a los ojos, con miedo y súplica. Él dudo un instante, pero luego pensó en Yara y se acercó a la estrella, la cogió en brazos y corrió de nuevo a su casa.       Al llegar, la escondió en el sitio donde tenía toda su maquinaria, era imposible que descubrieran esa zona de la casa. Y, efectivamente, cuando vinieron los guardias rojos para una revisión, no pudieron dar con ella; eso sí, no perdieron la oportunidad de humillar a Kael y recordarle que era un desterrado.       Después de una semana de lo ocurrido, mientras estudiaba los últimos movimientos de las naves de los Varkhiel, escuchó como se cerraba la puerta de casa. Lo supo al instante, la estrella, por fin, había despertado e intentaría escapar. Podía haber corrido, pero como estaba seguro de que no podría lograr su objetivo se tomó su tiempo antes de ir tras ella.       Efectivamente, cuando por fin llegó a una pequeña explanada cerca, vio a la estrella de espaldas con los brazos extendidos: la postura para invocar el movimiento que les impulsa hacía las vías espaciales. Vio cómo se comenzaba a elevar del suelo y pensó: uno… dos… tres…justo en ese instante la estrella cayó al suelo de golpe.       −No lo intentes más, no podrás hacerlo −dijo en alto con un tono muy desagradable.       Aunque no pudo ver su rostro, por la tensión de sus hombros comprendió que se había sorprendido al escuchar su voz. Pero, ella no hizo caso, levantó los brazos y lo intentó de nuevo. La caída se repitió unas tres veces más. Kael, ya un poco fastidiado de tener que esperar dijo con mala gana:       − ¿Puedes parar ya? ¿No ves que es imposible? ¡Estás herida! No podrás viajar al menos hasta dentro de unas semanas, ¿tan impaciente eres?       La estrella se puso de pie lentamente de su última caída y dijo con voz suave:       − ¿Eres tú quién me ha ayudado?       −Sí… −dijo Kael suspirando       Entonces, la estrella se dio la vuelta… Kael se quedó helado, por un momento juraría que tenía delante a Yara. ¿Sería posible…? No… él mismo la había visto morir. Ella se acercó a él lentamente hasta quedar justo enfrente de él, extendió su mano y dijo:       −Gracias… ¡Soy Lyra!       Sin responder al saludo de Lyra, dijo en tono cortante.       −Genial, ¿te importa dejar de llamar la atención? −le extendió una capa negra− ¿Podrías ponerte esto? Hay muchos en este planeta que te venderían por más que el precio que vales. Vamos.       Lyra se quedó un segundo con la mano extendida, pero sin decir nada más, se cubrió con la capa y se puso en marcha tras él. Mientras caminaban de vuelta, Lyra, de vez en cuando, levantaba la vista hacia el cielo de Némesis. En un momento que Kael miró con el rabillo del ojo la vio con la mirada a lo alto:       −No mires tanto arriba−su malhumor era evidente−Aquí eso llama la atención.       Lyra bajó rápidamente la cabeza y siguió caminando sin decir nada. Cuando llegaron a la casa de Kael, y él la llevó a la zona escondida, la estrella observó todo con curiosidad: las pantallas, los radares, los mapas estelares en las paredes y los telescopios… había como media docena de ellos, algunos travesaban el techo sin que se notara desde fuera.       − ¿Los hiciste tú? −pregunto con un tono de sorpresa       −No tenía nada mejor que hacer−respondió Kael mientras dejaba sobre la mesa la linterna y la pistola. – No es un sitio agradable, pero al menos estarás a salvo. Puedes dormir en esa habitación y descansar, yo me quedaré en este sofá de fuera.       Lyra, sin escucharle mucho, caminó hacía los monitores y luego hacía los mapas que mostraban rutas estelares, en algunos de ellos había marcas rojas señalando lugares y zonas. Sus dedos tocaron uno de los puntos.       −Fuiste tú…−dijo casi en un susurro       Kael levantó la vista hacía ella y vio como le miraba con una expresión de emoción y confusión.       − ¿Qué?       −La estrella de Syrma hace cuatro años… la estrella de Talos… ¡y la de Elnath!       A Kael se le cambió el rostro, claramente le molestó que Lyra supiera sobre esas estrellas       − ¿Cómo sabes eso?       −Las estrellas hablamos entre nosotras.       El silencio fue instantáneo y Kael sintió una sensación incómoda en la espalda. Había olvidado que las estrellas fugaces eran seres vivos… ¿estaría olvidando a Yara? Entonces, Lyra miró la pantalla de los monitores.       −Creíamos que eras un mito−e ignorando la risa burlona de Kael continuó con una sonrisa−Me alegro de que existas y todas ellas también. Ahora misma están refugiadas en…bueno… en un sitio.       Otra vez la sonrisa le recordó demasiado a Yara, Kael apartó la mirada inmediatamente.       −Escucha, es mejor que no me des información−dijo con un tono brusco−Y, no te preocupes, en cuanto puedas viajar, te irás. No quiero problemas. Prefiero seguir atacando desde lejos.       Lyra asintió despacio, pero después preguntó algo que hizo que Kael se enfadara y tensara por completo:       − ¿Quién es Yara?       − ¿Quién te habló de Yara?       −Nadie…solo supuse que tú eras Kael−Lyra levantó la mano para señalar una esquina de la habitación.       Kael giró la cabeza y vio una fotografía, la única conservaba. Yara salía sonriendo a su lado frente a una nave, sobre ellos ponía: “Kael y Yara”. Lyra se acercó a la foto:       −Se parece un poco a mí… ¿verdad?       Kael no respondió, porque en ese instante acababa de darse cuenta de algo mucho peor. La noche que Yara murió…también había despertado una estrella fugaz. Se obligó a sí mismo a no archivar esa información.       Un mes después, Lyra y Kael se habían acostumbrado a la forma de ser del otro. Lyra había aprendido que no debía hacer preguntas mientras él trabajaba; y Kael, sin darse cuenta, comenzó a dejar de trabajar para comer y cenar con ella.       Él seguía siendo desagradable y fingía que le molestaba la presencia de ella, pero en realidad, iba acostumbrándose a no estar tan solo de nuevo. La realidad es que Lyra estaba tardando más de la cuenta en curarse. Al principio pensaron que era por la profundidad de la herida, pero luego comprendieron que se debía al aire de Némesis, tenía una sustancia que era un poco tóxica para las estrellas fugaces, por tanto, tardaría más en recuperarse. No sería imposible, pero sería lento.              
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