Capítulo 2: El escape
16 de mayo de 2026, 5:21
Una tarde que el viento daba contra los cristales, Lyra dormía en el sofá del fondo mientras Kael trabajaba inclinado sobre uno de los telescopios portátiles. De vez en cuando levantaba la vista hacia los radares para comprobar que no hubiera movimiento cerca de la zona.
−Vas a romperte la espalda si sigues sentado así.
Kael ni siquiera giró la cabeza.
−Y tú deberías estar dormida.
−Ya dormí mucho.
−Pues vuelve a hacerlo, necesitas descansar.
Lyra rio en alto. Kael fingió no escucharla, aunque una parte de él empezaba a reconocer ese sonido como algo agradable entre el ruido de las máquinas. Después sintió pasos acercándose lentamente, cuando levantó la vista, Lyra ya estaba junto a la mesa observando las piezas desmontadas del telescopio. Llevaba una de sus camisas negras demasiado grande para ella y el cabello plateado recogido de cualquier manera. Todavía se veía débil.
− ¿Qué es esto? −preguntó tocando una pequeña lente.
−No lo toques.
Ella apartó la mano inmediatamente y Kael suspiró.
−No porque vaya a explotar. Solo… está calibrado.
−Siempre hablas como si estuvieras enfadado.
−Porque normalmente lo estoy.
−Ya…
Lyra se sentó sobre la mesa y lo observó mientras trabajaba. Kael intentó ignorarla, aunque notaba constantemente su mirada.
− ¿Qué ocurre? −dijo en un tono de malhumor
−Nada.
−Entonces deja de mirarme así.
− ¿Así cómo?
Kael quiso responder, pero no encontró ninguna respuesta. Lyra bajó la vista hacia las herramientas.
−Nunca había visto tantos telescopios juntos.
−Nunca había tenido tanto tiempo libre.
Ella levantó una pequeña pieza metálica entre los dedos.
−Mientes un poco.
− ¿Perdón?
−No los construiste solo por aburrimiento.
−No sabes nada de mí.
−Sé que cada vez que una estrella fugaz cruza cerca de este planeta, tú la observas y sé que siempre llegas antes que los Varkhiel. Las estrellas hablan mucho de ti.
−Espero que no digan cosas buenas.
−Dicen que eres un hombre triste, pero las más antiguas nunca cuentan el porqué.
Aquello le molestó más de lo que debería.
−Pues tus amigas tienen demasiado tiempo libre, deberían preocuparse más se su propia seguridad.
Lyra volvió a reírse y esa vez Kael sí levantó la vista. La lámpara iluminaba apenas el rostro de ella, algunos mechones del cabello plateado le caían sobre los hombros y sus ojos grises parecían contentos. Kael sintió algo incómodo en el pecho, así que volvió rápidamente al telescopio.
−Deberías acostarte un rato más −murmuró sin mirarla− Llevas demasiado rato de pie.
Lyra parpadeó sorprendida porque aquello, viniendo de Kael, prácticamente era preocupación.
−Estoy bien.
−No te pregunté eso.
Despacio bajó de la mesa y caminó hacia el sofá, pero antes de sentarse se detuvo detrás de él. Kael sintió entonces algo suave sobre los hombros, era la manta.
− ¿Qué haces? —protestó inmediatamente.
− Tú también deberías descansar un poco.
Kael no supo el motivo, pero no dijo nada más. Simplemente se ajustó la manta sobre los hombros mientras asentía. Lyra, al ver que no se quejaba más, sonrió para sí misma antes de volver lentamente al sofá.
Una noche, mientras Kael ajustaba un misil, Lyra entró en la habitación con naturalidad.
− ¿Nunca duermes? − preguntó−Pensé que era necesario para los humanos.
−Dormir está sobrevalorado.
La respuesta causo una risa en Lyra, y él intento seguir trabajando sin que se notara que también le había hecho gracia la situación ya que había sido una respuesta estúpida. Después de unos segundos dijo sin mirarla:
−Hoy respiraste mejor.
−Estoy mejorando.
−Pronto podrás… viajar de vuelta.
−Es una pena…
Kael la miró y asintió. Entonces Lyra, sin saber por qué, dio un paso hacia él. Los ojos grises de ella reflejaban una intensidad distinta y, por un momento, ninguno de los dos dijo nada. De repente, unas luces rojas y sirenas rompieron el momento. Kael reaccionó inmediatamente corriendo hacia uno de los radares centrales: doce naves Varkhiel.
−Kael…−la voz de Lyra era una mezcla entre miedo y confusión
−No −la miró a los ojos de nuevo – No va a pasarte nada.
Entonces una voz grave sonó desde fuera reclamando la vida de la estrella y la rendición de su protector. Kael reconoció la voz al instante, era Soren Varkh, el mismo que había causado la caída de Ithar, el verdadero culpable… el asesino de Yara.
−Kael…−Lyra dio un paso hacia él.
Dentro del corazón de Kael se daba una lucha: vengar la muerte de Yara con un enfrentamiento o lograr huir para salvar a Lyra. ¿Qué debía hacer? Entonces… recordó cómo los últimos días había experimentado realmente el brillar de una estrella, comprendió que Yara había sido importante, pero era parte de su pasado… por fin entendió que tenía un presente y que ese presente ahora tenía un nombre: Lyra.
Rápidamente tecleo en los monitores activando las defensas y haciendo que varios misiles atacaran a la vez. El combate comenzó de inmediato. Las naves Varkhiel disparaban fuego rojo sobre los cañones, mientras intentaban esquivar los misiles. Kael sabía que tenían poco tiempo, pero era algo. Tomo la mano de Lyra para tirar de ella, pero ella se resistió, cuando giró para preguntarle qué ocurría, ella dijo con fuerza:
− ¡Si intentas salvarme te matarán!
− Ya intentaron hacerlo una vez.
− ¡Kael! ¡Lo digo en serio!
− ¡No voy a entregarte!
Ella lo miró sorprendida. Y por primera vez desde que llegó a Némesis, Kael fue completamente sincero consigo mismo… miró a Lyra y dijo en un tono bajo:
−Estoy cansado de perder gente… y a ti… te acabo de encontrar. No…no quiero perderte, Lyra.
Lyra cerró los ojos y cuando volvió abrirlos, brillaban. La luz comenzó a recorrer su piel, su cabello y sus manos. Kael quiso retroceder, pero ella le cogió la mano más fuerte.
− ¿Lyra…?
− Las estrellas fugaces no solo viajamos entre galaxias…
Ella sonrió con tristeza mientras la energía comenzó a elevarse alrededor de ella con más intensidad.
−También podemos arder.
Y entonces Kael entendió, ella pensaba sacrificarse. Si una estrella fugaz, por voluntad propia ardía, podía entregar su núcleo para salvar una vida y renacer en otro mundo. Miró a Lyra con desesperación y suplica.
−No lo hagas…
−Si libero toda mi energía, destruiré las naves.
−Y tú también desaparecerás.
Ella no respondió y él apartó la mirada un segundo. Durante un instante, Lyra pareció entender algo, por eso dando un paso hacia él dijo casi en un susurro:
−Kael… yo no soy Yara.
Él cerró los ojos con fuerza.
−Ya lo sé.
Y de verdad que lo sabía. Al principio pensó que lo que sentía por Lyra era lo mismo que por Yara, pero luego entendió que Yara nunca había tenido aquella forma de mirarlo. Nunca había conseguido atravesar su corazón de esa manera. La miró directamente a los ojos:
−Ya lo sé, Lyra. Y es precisamente por eso que no quiero perderte.
Lyra levantó una mano y la apoyó en el pecho de Kael mientras sonreía.
−Escúchame. Las estrellas fugaces no morimos como los humanos...
Pero Kael no pudo escuchar lo que le dijo a causa de una explosión cercana. Las alarmas seguían gritando sin parar. No tenían tiempo. Kael, sin pensarlo, la atrajo hacía él y la besó de una forma desesperada. En el momento en que sus labios se tocaron, el brillo de Lyra se intensificó entre ambos. Kael sintió cómo la energía recorría todo su cuerpo. Cuando el beso terminó, Lyra le abrazó respirando con fuerza. Entonces sonrió de nuevo, una sonrisa hermosa, acercó su rostro y le susurró al oído:
− ¿Sabes qué hacemos las estrellas fugaces cuando alguien nos mira por lo que somos?
Kael negó suavemente con la cabeza, incapaz de apartar la mirada de sus ojos grises. La luz alrededor de Lyra se mantenía y su cabello tenía un tono especial.
− Brillamos.
Y en ese instante, el universo pareció escucharla. De pronto, todas las pantallas se llenaron de destellos imposibles. Kael giró hacia los monitores al escuchar las advertencias de los radares. No eran naves Varkhiel, eran estrellas… probablemente estrellas fugaces. Cientos de ellas que atravesaban el cielo de Némesis.
De repente, entre todas las estrellas se generó un campo magnético que detuvo en el tiempo las naves de los Varkhiel. Kael observó el cielo sin entender, pero recordó las palabras de Lyra hace unas semanas: “Las estrellas hablamos entre nosotras.”
Habían venido por ella, la luz que envió solo era posible enviarla si poseía una fuerza interior capaz de traspasar el tiempo… y esa fuerza que tenía… ¿era él? La miró directamente a los ojos…Lyra le apretó la mano.
− Tenemos que irnos.
− ¿Irnos?
− ¿Aún funciona tu nave? Nos darán solo 7 minutos, luego ellas también deben huir.
Claro que funcionaba, llevaba años reparándola sin admitir realmente por qué, quizás solo era por tener una manera de escapar en caso de que algo ocurriera. Sin soltar la mano de Lyra, comenzó a correr junto a ella mientras las alarmas seguían sonando y en el cielo de Némesis se veían las estrellas fugaces.
Cuando llegaron a la nave, Kael se detuvo un segundo para mirar por última vez el planeta donde había pasado años enterrándose vivo. Subió a la nave y Lyra se colocó a su lado, entonces ella entrelazó sus dedos con los de él y sonrió suavemente.
− ¿Listo?
Kael la miró unos segundos, ella se acercó y le beso con suavidad. Después, por primera vez en muchos años… él sonrió también.
− Listo.