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Una semana después, Trunks supo que Goten estaba saliendo con alguien. No se lo dijo nadie. Lo vio. En el puesto de ramen. Goten estaba sentado al lado de un chico de cabello oscuro. Riku, se llamaba. Trunks lo supo después. En ese momento solo supo que Goten se reía. De verdad. No la risa prestada, vacía, que había estado usando los últimos meses. Como cuando se reía con él. Trunks se quedó parado en la calle, mirando desde lejos. Goten no lo vio. O tal vez sí, y simplemente no le importó. Riku apoyó la mano en la espalda de Goten, y Goten simplemente se quedó ahí, como si ese contacto fuera lo más natural del mundo. Como solía hacer con Trunks. Antes. Trunks sintió algo en el pecho. No era tristeza. No era enojo. Era algo más parecido a una quemadura.***
A la mañana siguiente Vegeta lo encontró en el gimnasio a las dos de la mañana. Trunks estaba golpeando el saco. Sin técnica. Sino como si pudiera sacar algo de su pecho a base de fuerza bruta. —Así no se entrena —dijo Vegeta desde la puerta. —No estoy entrenando. —¿Qué haces, entonces? Trunks dejó de golpear. Las manos le sangraban. No lo había notado. —Perder el tiempo —dijo—. Perder el tiempo con algo que ya no tiene solución. Vegeta se quedó callado un momento. —Esa es la única forma de perder que vale la pena. Cuando aprendes algo de la derrota.***
Pasaron dos semanas más. Trunks dejó de revisar el teléfono y dejó de ir al templo. Porque entendió que Goten ya no iba a volver. Y así como Goten lo había olvidado, era turno de Trunks de hacerlo también.***
Pasó un año. Un año sin mensajes. Sin encuentros casuales. Sin misiones que los obligaran a estar juntos. Un año entero donde Trunks aprendió a vivir con el vacío y Goten aprendió a vivir con la culpa. No fue fácil para ninguno. Trunks entrenó más de lo necesario. Vegeta no preguntó por qué. Bulma tampoco. Ambos sabían que algunas cosas no se preguntan, solo se esperan. Goten siguió con su vida. Riku fue un buen intento. Un respiro. Alguien que no le pedía nada. Pero Riku no era Trunks. Y Goten aprendió, a los cinco meses, que no se puede querer a alguien por obligación ni olvidar a alguien por voluntad. Terminaron bien. Sin peleas. Sin llantos. Riku entendió antes que Goten que en su corazón no había espacio para él.***
La misión que los volvió a juntar llegó sin avisar. Un enemigo grande que los requería a ambos. Bulma los llamó por separado. No les dijo que el otro iría. Pero ellos sabían que se verían. Llegaron al punto de encuentro al mismo tiempo. Se miraron. Un segundo. Dos. El año entero pesando en ese silencio. —Hola —dijo Trunks. —Hola —dijo Goten. Y no hubo más. La pelea fue brutal. Coordinaron como si nunca se hubieran separado. Los cuerpos recordaban lo que las cabezas habían intentado olvidar. Golpes, saltos, cubriéndose las espaldas. Como antes. Como siempre debió ser, y cuando el enemigo cayó, los dos quedaron parados entre los escombros. Respiración agitada. Miradas evitándose. —Bien —dijo Trunks—. Buen trabajo. —Igualmente —dijo Goten. Ninguno se movió, no quería separarse el uno del otro. —¿Cómo estás? —preguntó Trunks. —Bien —respondió Goten. —¿Y Riku? Goten levantó la vista. Lo miró a los ojos. Por primera vez en un año. —Terminamos. Hace meses. Trunks asintió. No preguntó por qué. Ya sabía. —¿Y tú? —preguntó Goten—. ¿Alguien? —No —dijo Trunks—. No quise. No pude. El silencio se hizo más denso. Goten se dio vuelta. Iba a irse. Como siempre. Pero esta vez Trunks habló antes. —Te extrañé. Goten se detuvo. No se dio vuelta. —No sabes cuánto —continuó Trunks, y su voz se quebró—. Todos los días. Todo el año. Te extrañé. —No deberías —dijo Goten, en voz baja. —Lo sé. Pero no puedo evitarlo... porque ahora sé que tenía miedo —dijo Trunks, y las palabras salieron solas, las tuvo muchos meses guardadas—. Tenía miedo de intentarlo y fracasar. De quererte y perderte. De que no fuera suficiente. De que tú quisieras más de lo que yo podía dar. Goten se dio vuelta lentamente. Sus ojos estaban brillantes. —Y te perdí igual —dijo Trunks, y una lágrima cayó—. Te perdí por no intentarlo. Por no decirte que... que tal vez sí quería. Que tal vez siempre quise. Pero no sabía. No entendía. Y cuando me di cuenta, ya te habías ido. Goten no dijo nada. Solo lo miraba. Escuchaba. —Ahora ya no tengo miedo —dijo Trunks, secándose la mejilla con el dorso de la mano—. Porque lo peor que podía pasar ya pasó. Perderte. Y sobreviví. No quiero volver a pasar por eso. Pero si hay una mínima posibilidad de que todavía sientas algo por mí... quiero intentarlo. Goten lo miró largamente. Los ojos llenos de lágrimas que no caían.—No —dijo. Trunks sintió que el suelo se abría bajo sus pies. —¿No? —No quiero que intentes nada solo porque crees que es la única manera de volver a ser como antes —dijo Goten, y su voz era un susurro—. No quiero que me quieras así, ser tu obligación. Yo también te he extrañado mucho. Creo que podría intentarlo de nuevo, solo ser amigos. Ya estoy listo. Quiero que seamos amigos de nuevo. —No —dijo Trunks demasiado rápido—. Eso no es lo que quiero. Lo que quiero es... —hizo una pausa. —¿Qué? —preguntó Goten. Trunks dio un paso al frente. Otro. Sus caras quedaron a pocos centímetros. —No miento, este año, sin ti, entendí que te quiero. No como amigo. Quiero estar contigo pero no como antes. Diferente. Diferente como tú querías. Cuando lo entendió, Goten rompió a llorar. —No, Goten no llores. Lo siento. Olvídalo. No llores. —Trunks no sabía qué hacer. —Nunca dejé de quererte —dijo Goten, entre sollozos—. Nunca. Por más que lo intenté. Por más que salí con Riku. Por más que me alejé. Nunca pude. Y me odié por eso. Por no poder soltarte. Por arruinarlo todo. —No arruinaste nada —dijo Trunks—. Yo fui el que tuvo miedo. Tú eres más inteligente que yo porque tú llegaste ahí antes que yo. Pero yo por fin estoy en el mismo lugar. Lo siento tanto, por haber tardado tanto. —Yo también lo siento —dijo Goten—. Por no saber esperar. Me apresuré porque te quería tanto. Lo siento. —Goten, —dijo Trunks con ternura, secandole las lágrimas. Se miraron. Las caras mojadas. Las manos temblando. —¿Y ahora qué? —preguntó Goten. —Ahora —dijo Trunks—, si me dejas... me quedo. Bajo la mano de su rostro a sus manos y lo apretó con fuerza, para que no se le volviera a escapar. Goten miró sus dedos entrelazados. Volvió a llorar. Pero esta vez rió también. Una risa rota, mojada, real. —Soy muy feliz —dijo. —Yo también —dijo Trunks, y también rió. —¿Estás seguro? —preguntó Goten, por última vez. —Nunca estuve más seguro de nada —respondió Trunks. Y se besaron. No fue perfecto. Fue torpe. Narices chocando, lágrimas saladas, manos que no sabían dónde apoyarse. Pero fue el final de un año de dolor y el comienzo de algo nuevo. Lleno de amor. Fin