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Los días pasaron. Trunks se convenció a sí mismo de que había tomado la decisión correcta. Goten necesitaba tiempo. Él necesitaba espacio. Eventualmente, los sentimientos de Goten se enfriarían. Volverían a ser amigos. Como antes. Todo volvería a la normalidad. Normalidad. Esa palabra se convirtió en su mantra.***
A la quinta semana, Vegeta le preguntó por Goten. No fue una pregunta cariñosa. Vegeta no hacía preguntas cariñosas. Fue una pregunta práctica, en medio del entrenamiento, después de que Trunks perdiera el enfoque por pensar en otra cosa. —¿Dónde está el chico ese con el que siempre andas? —Goten —dijo Trunks, y el nombre le supo extraño en la boca—. Está en su casa. —¿Pelearon? —No. Solo... nos estamos dando un tiempo. Vegeta lo miró. Un segundo. Dos. Luego volvió a golpear el saco. —Estúpido —dijo, sin mirarlo. —¿Qué? —Si quieres que alguien se quede, lo dejas quedarse. Si lo alejas, se va. No hay tiempo que arregle nada. Solo gente que aprende a vivir sin la otra. Trunks se quedó paralizado. Vegeta no soltaba discursos. Nunca. Pero cuando lo hacía le recordaba lo inteligente que era. Trunks no durmió esa noche y al día siguiente casi llama a Goten. Tuvo el teléfono en la mano. El dedo sobre el nombre. "Goten". Una sola letra. Un contacto favorito desde que tenía catorce años. Pero se contuvo porque si llamaba, todo el esfuerzo de las últimas semanas se habría perdido. Goten volvería a tener esperanza. Y Trunks volvería a sentirse ahogado. Colgó el teléfono. Lo dejó en la mesa. Se fue a entrenar solo.***
Pasaron tres meses. Goten cumplió diecinueve años. No hizo fiesta. Chi-Chi quiso preparar algo, pero él dijo que no hacía falta. Gohan le regaló un libro de técnicas de combate que Goten hojeó una noche y después dejó en la mesa de luz, sin marcar la página. Trunks no lo llamó para felicitarlo. Goten no lo invitó a su fiesta pero Trunks debió saber que ocurriría. Aún así, cuando Goten no supo de él no se sorprendió. Esa fue la primera señal de que algo había cambiado. No el dolor. Eso seguía ahí, pero enterrado, como una raíz vieja que ya no se ve pero sigue ocupando espacio. Lo que cambió fue la espera. Antes, cada día era un conteo regresivo hacia nada. Ahora, los días pasaban y Goten simplemente... estaba. Se levantaba. Entrenaba. Comía. Ayudaba en la casa. Salía con amigos. Volvía. Dormía. Y en ningún momento pensaba "ojalá Trunks aparezca". A veces lo hacía, sí. Pero era un pensamiento frío, sin urgencia. Como recordar una serie que te gustaba de chico: la querías, pero no tenías ganas de volver a verla.***
Trunks se frustró con Goten durante una cena familiar. Bulma había invitado a todos. Goten llegó puntual. Saludó a todos con una sonrisa amable. Se sentó en un rincón. Comió en silencio. No miró a Trunks ni una sola vez. Al principio, Trunks pensó que era casualidad. Que Goten estaba distraído. Pero pasó toda la cena. Dos horas. Goten habló con Videl. Con Gohan. Con Pan. Con Bulma. Con Chi-Chi. Con todos menos con él. Cuando terminó, Goten se levantó, dijo "gracias por la cena" y se fue volando. —¿Goten se fue? —preguntó Bulma, sorprendida. —Sí —dijo Trunks. Después se paró de inmediato y voló a toda velocidad detrás de él. Lo llamó con gritos y le cerró el paso tan pronto lo alcanzó. —¿Qué pasa? —preguntó Goten asustado por la acción de Trunks. —¿Sabes qué? —dijo Trunks, y su voz sonó más fuerte de lo que pretendía—. No entiendo qué haces. Goten lo miró confundido —¿Qué? —Esto. Todo esto. Actuar como si yo fuera invisible. Como si no existiera. ¿Es un castigo? ¿Por no querer estar contigo? Goten parpadeó lentamente. Su cara seguía siendo neutra, pero sus ojos... sus ojos tenían algo. Cansancio. Mucho cansancio. —No es un castigo. —Entonces, ¿qué es? —Es... —Goten buscó las palabras—. Es intentar no molestarte. —No es que me molestara —dijo Trunks, con la voz más baja—. Es que no me... No es justo que me trates así. Siempre te quise como amigo. Nunca te pedí que sintieras algo más. —Lo sé. —Entonces, ¿por qué me tratas como si fuera el malo? ¿Por qué me castigas por no sentir lo mismo que tú? Goten lo miró. —No te estoy castigando, Trunks. Solo... no sé estar cerca de ti sin querer estar más cerca. Y como no puedo, aprendí a estar lejos. —Pero yo no pedí que te alejaras —dijo Trunks, y su voz tembló—solo te di tiempo. Pero ¿sabes qué es lo que más me duele? —dijo, y sus palabras salieron cortantes, como vidrios—. Que ahora miro hacia atrás y no sé si alguna vez fuiste realmente mi amigo. Goten abrió los ojos. Por primera vez, su máscara se resquebrajó. —¿Qué? —Que no sé si todos esos años... los abrazos, las noches juntos, las conversaciones... si todo eso fue real o solo estabas esperando tu oportunidad. Fingiendo que eras mi amigo mientras esperabas a que yo sintiera algo más. El aire se volvió denso. Goten lo miró como si Trunks le hubiera escupido en la cara. —¿En serio piensas eso? —No lo sé —dijo Trunks, y su voz se quebró—. No lo sé, Goten. Porque ahora todo es raro. Y no puedo dejar de preguntármelo. Goten respiró hondo. Las manos le temblaban. Pero cuando habló, su voz fue sorprendentemente calmada. —Cuando éramos chicos, yo no esperaba nada de ti. Te quería porque eras mi amigo. Porque me hacías reír. Porque me defendías. Porque contigo todo era fácil. No había segundas intenciones. No había planes. Solo éramos nosotros. Trunks lo miró, sin saber qué decir. —Eso cambió —continuó Goten—. No lo elegí. Me pasó. Como te enfermas o te lastimas. Un día desperté y ya no eras solo mi amigo. Y te juro que lo intenté. Intenté que no fuera así. Intenté esconderlo. Intenté manejarlo solo. Pero no pude. Y cuando por fin me animé a decírtelo... me rechazaste. Y está bien. Tenías derecho. —Goten... —Déjame terminar. Me rechazaste y yo debería haberlo aceptado y seguir adelante. Pero no supe. No sé. Y lo arruiné todo. La amistad. Todo. Por no poder quererte solo como amigo. Una lágrima cayó por la mejilla de Goten. No la secó. —Tienes razón en una cosa —dijo Goten—. Esto es mi culpa. No tuya. Tú no pediste nada de esto. Yo fui quien cambió las reglas. Yo fui quien te puso en esta posición. Así que sí. Lo siento. Por darte esa impresión. Por hacerte dudar de todos los años que fuimos amigos de verdad. —No quise decir... —Lo mejor que puedes hacer es olvidarme como un trago amargo. Algo que probaste, no te gustó, y ya está. Porque yo fui quien lo fastidió todo. No tú. Goten retomó su camino. —Goten, espera —dijo Trunks, y su voz sonó pequeña—. No quise decir eso. No quise decir que fingiste... —Pero lo dijiste. Y está bien. Porque es verdad que cambié. Y es verdad que ahora no sé ser tu amigo sin querer más. Entonces lo mejor es que no lo intentemos. —¿Y qué vamos a hacer? ¿Dejar de hablarnos para siempre? Goten se detuvo. No se dio vuelta. —Eso ya lo estamos haciendo —dijo—. Solo que ninguno de los dos lo había dicho en voz alta. Y se fue volando.