Capítulo 1
24 de mayo de 2026, 14:35
Han pasado 3 años.
Exactamente 3 años. De hecho, hoy es el aniversario. Unos cientos de personas se han congregado aquí para ayudar en las labores de búsqueda.
Ya solo venimos unos pocos normalmente. Que busquemos con algo de esperanza, digo. No soy idiota, sé que no está vivo. Pero necesito encontrar… “algo” para pasar página. Lo que sea. Así que sigo buscando.
Freya viene y va, pero hoy no está aquí. Sí están los posers, que vienen para poder decir que estuvieron aquí y que vieron el interior del árbol Lifa mientras buscaban los restos del héroe caído en defensa de todo el planeta.
Pensar en ello hace que me cabree. Es muy de Yitán eso de acabar dando la vida de esta forma. Total, por intentar salvar a quien no lo merecía. Ese pirado de Kuja literalmente quería volar todo por los aires. Y el estúpido de mi mejor amigo quiso salvar a ese otro estúpido. Y yo soy el estúpido que no puede pasar página y se pasa la vida buscando huesos en el mejor de los casos.
Me alejo sin ser visto del asentamiento provisional y me dirijo al área en el que estoy trabajando, alejado de todo ese ruido.
Entro en el barco volador que Cid diseñó para mi. Una de las muestras de gratitud que tuvo con todos nosotros. Por ayudar a salvar Gaia y todo eso. Le pedí un barco que pudiera estar largos tiempos inactivo en el mismo sitio, y como si fuera un genio el tío simplemente lo hizo realidad.
Entro y no me molesto en cerrar la puerta. Cojo mi hacha y ojeo en el mapa el cuadrante que voy a peinar hoy. Me cuelgo la mochila al hombro y cuando me dirijo a la puerta veo una silueta familiar.
Me detengo a su altura. Verla me duele un poco. Es como ver una versión alternativa de la persona a la que estoy buscando. Se parece tanto y a la vez es tan diferente...
-Hola Mikoto.
-Hola Blank.
Nos miramos un momento en silencio y me aburro de este juego, así que digo con la mínima brusquedad que puedo.
-¿Qué quieres, Mikoto? No quiero oír otra vez lo mismo.
-No vengo a convencerte de que dejes esta locura. Solo a decirte que los demás te echan de menos. Tu familia de Tantalus…
-Tantalus ya no existe. Baku es consejero de Cid, Marcus y Rubi tienen su teatrillo y Cinna a su mujer y su tienda de rosquillas de anís. Solo yo me dejo caer por la guarida. Solo yo sigo aquí.
-¿Y eso te enfada?
-No hagas eso, no me hables como si fueras mi psiquiatra. Me da igual que siguieran con su vida. Lo que me cabrea es que no dejan que yo siga con la mía.
-Tú no estás siguiendo con tu vida. Estás persiguiendo una quimera, esto ya no es sano.
-Lo sé. Y ahora, tengo que irme si quiero aprovechar algo de luz.
Mikoto se hace elegantemente a un lado y me deja irme sin chistar.
Recorro el trecho hasta la hondonada donde se extienden hectáreas y hectáreas de raíces del árbol Lifa. Bajo por una escalera de cuerda a una raíz que me hace de puente y empiezo a caminar con paso ágil y seguro. A los lados veo los cúmulos de raíces en los que podría haber algo y ya he inspeccionado. Todos marcados con pintura naranja chillón que reluce en la penumbra. En Daguerreo hacen cosas geniales.
Llego al límite de la zona despejada y empiezo mi monótono trabajo. Hachazo, hachazo, abrir camino, abrir hueco, buscar indicios.
Un año sin nada.
Ni una señal. Pero no puedo parar. He intentado irme, pero siempre acabo volviendo.
Hachazo, fragmentos que caen, hachazo, hachazo. Nada.
Siguiente cúmulo sospechoso.
*****
Pasan las horas, pero yo sigo. Incansable no, eso es imposible. Insensible al cansancio está más cerca de la realidad.
De pronto me siento raro. El mundo se vuelve demasiado brillante por un momento y empiezan a pitarme los oídos. Es un sonido agudo que me taladra el cerebro.
Aturdido, me cobijo en una zona donde el suelo de raíces y lianas es ancho y me siento.
El pitido va bajando, y no se si estoy loco, pero creo que oigo una melodía. Una que conozco bien.
Es la canción que canta Garnet en todos los memoriales a Yitán. “Su canción”.
Creo que me estoy volviendo loco. Será mejor que me vaya por hoy. Emprendo la retirada y a medida que me dirijo al exterior, la música se va haciendo más tenue.
Tengo una corazonada. Me giro en redondo y camino hacia donde estaba. La melodía se hace un poco más fuerte. Voy más allá, y se va haciendo más fuerte. Sigo frenético hacia delante y se hace más fuerte…
Casi truena en mis oídos. Estoy yendo lo más rápido que puedo en esta senda inestable. A lo lejos veo algo que reluce. Es una luz azul.
A la mierda la prudencia, estoy corriendo entre troncos vegetales gruesos pero inestables y me da igual. Llego a una zona extraña. Es como si multitud de raíces gruesas convergieran en un punto sospechosamente abovedado. De entre estas raíces escapa la luz.
Como un poseso, empiezo a gritar. Lo llamo, mientras astillo incansable un camino entre la madera. El hacha se hunde y noto vacío al otro lado. Prosigo enfebrecido y consigo abrir un hueco. A través de él escapa esa luz azulada a la que a mi vista no esta acostumbrada.
Entonces lo veo…
Dejo mi herramienta a un lado, desesperado. Con las manos enguantadas intento resquebrajar la madera que queda para abrir el espacio suficiente. Sé que me araño y me clavo astillas, pero me da igual. Por fin paso a esa especie de cueva.
Ahí está. Congelado en pleno salto. Dentro de una especie de campo de fuerza que aporreo. Pero no me oye. En el suelo veo otra silueta, pero no me importa. Yitán no me escucha, no se mueve, nada.
Me bloqueo. No sé que hacer. Entonces me voy corriendo por donde he venido. Tengo que llegar a mi nave, allí coger la radio y esperar que Mikoto no haya ido muy lejos. Ella sabrá, ella tiene que saber qué es esto.
No sé ni como he salido de donde estaba, pero ya veo el barco en su soporte a lo lejos. Entro en tromba y con gran alivio veo a Mikoto dormida en mi cama. Seguramente pretendía pillarme cansado y con la guardia baja.
La despierto sin miramientos y me mira preocupada mientras intento comunicarme sin mucho éxito. Estoy tan alterado que apenas doy hilado palabras. Pero lo poco que digo hace que le cambie la expresión por completo. Con urgencia, enciende la radio y envía un mensaje urgente a la aldea de los Genómidos. Luego, me pide que lo lleve al lugar y no perdemos más tiempo.
*****
La noticia corre como la pólvora.
El pelirrojo rarito, que se perdió todo lo importante con esa movida de salvar el mundo y luego se le fue la olla excavando una zona muerta en la que ni las alimañas querían entrar, al final lo consiguió.
Sigo sin entender muy bien lo que me ha dicho Mikoto. Pero digamos que es como si Yitán estuviera dentro de una burbuja que, a la vez lo protegió de las raíces y a la vez lo mantuvo en un estado de animación suspendida, donde el tiempo no transcurrió ni un segundo desde su creación.
Pero, no estaba solo.
El creador de dicha barrera era ni nada más ni nada menos que Kuja, que también entró en el rango de acción.
Ahora están ambos en el hospital real de Lindblum, en un sueño muy profundo del que no se sabe cuándo volverán en sí.
Pero Miko dice que despertarán. Que es seguro. Y eso hace que mi corazón lata de verdad por primera vez en años.