Capítulo 2
24 de mayo de 2026, 14:40
Me despierta una leve sacudida de mi hombro. Abro un ojo y veo que es Bakú.
No tengo ganas de hablar. He estado evitando a todos los miembros de Tantalus y al grupo de héroes que salvaron el mundo. Incluso a Freya, aunque no ha sido difícil porque apenas ha estado aquí.
Me ha dolido evitar a esta última, ya que fue una de las pocas personas que me apoyó en mi loca búsqueda. Que ahora no se ve tan loca, y parece que todos quieren pedirme disculpas.
Por no haber creído en mí, por no haber buscado conmigo, por haberme dejado atrás…
Y no quiero oírlo. Simplemente no quiero.
Me giro para seguir con lo que estaba, pero Baku se sienta en la cama, donde le doy la espalda y apoya de nuevo una manaza en mi hombro.
-Pregunta por ti.
No necesito más, me levanto como un resorte.
-¿Hace cuanto se ha despertado?
-Un par de horas. Le han hecho un montón de pruebas y parece que está estupendo.
Vuelo por los pasillos del castillo hasta la habitación donde ha pasado Yitán los últimos días, vigilado por el equipo médico. En la puerta un enfermero me reconoce y no hace ni ademán de detenerme. Abro la puerta y veo su espalda. Los brazos de Garnet lo rodean y en rostro de esta está enterrado en el cabello dorado de mi mejor amigo.
Mi mejor amigo que está aquí, de pie, despierto.
Vivo.
Garnet me mira y Yitán nota el gesto de su cabeza. Es la primera en abrazarme. Salta a mis brazos llorando, susurrando una y otra vez un gracias trémulo. Algo cortado, intento separarla con suavidad, pero acabo por dejarla estar.
Porque el mundo se ha detenido al ver esos ojos azules que tanto ansié ver.
Es él quien consigue apartar a Garnet. Una de sus manos se apoya en mi nuca, y la otra en mi espalda y mi corazón se salta un latido. Luego me atrae hacia él, apoyando su frente en mi hombro.
-Siempre supe que podía contar contigo hermano. Pero este límite es nuevo- Me coge por los codos y me aparta con brusquedad para mirarme otra vez con ese azul que me hace vibrar-. Pero estas puto loco. Aunque no puedo enfadarme contigo. Yo… Gracias. Gracias Blank. No sé cómo empezar a agradecerte…
No lo dejo continuar y lo vuelvo a abrazar con fuerza. Él me corresponde.
-Esta es una buena forma de empezar. Y tenemos una conversación pendiente sobre la estupidez que cometiste al meterte allí.
-Tú no eres quién para cuestionar decisiones estúpidas, ermitaño loco- solloza medio riendo en mi hombro.
-Si no fuera por esa decisión estúpida no estarías aquí.
-Y si yo no hubiera tomado esa decisión estúpida, Kuja no estaría aquí.
No sé que responder. Opto por no fastidiar el ambiente diciendo que eso no me importa lo más mínimo.
-Pero ¿qué te ha pasado? Estás enorme- ríe mientras me mira como si viera a alguien nuevo-. Estos músculos no estaban ahí la última vez, te has vuelto un cachas.
-Qué le quieres, mucho ejercicio físico de ermitaño leñador puto loco- le sonrío.
Entonces noto algo raro.
Es como un escalofrío que baja por mi columna vertebral, haciendo que se me ponga la piel de gallina en la nuca. Me llevo la mano a esa zona, pero no noto nada. Entonces escucho un susurro. No se que ha dicho, pero sé que lo he escuchado. Otra vez. Me giro hacia la puerta de la habitación.
Siento que todo el sonido se apaga y solo puedo oír ese bisbiseo en mis oídos. Bajo, muy bajo.
La realidad pierde sentido y mi mente se aleja del presente para centrarse en entender las palabras, si es que son palabras, que hacen ecos en mi cerebro.
Sin pensar, me dirijo a la puerta. Esta no es mi destino, solo algo que se interpone entre yo y a donde he de ir. Alargo la mano para girar el pomo. Los susurros se hacen un poco mas audibles.
-…ank. ¡Blank!- una mano me retiene el brazo. Es Yitán. Vuelvo a la realidad y noto que todos me miran.
-¿Qué?
-¿Cómo que qué? Te has que quedado como ido y te pusiste pálido. Luego anduviste como un autómata hasta la puerta, y por fin me hiciste caso. ¿en qué piensas?
-Yo…- sacudo la cabeza- No sé. Creo que sigo cansado. He dormido muy poco, quizá me dio un bajón de algo.
-Son las tres de la mañana- dijo Yitán. Yo miro por la ventana y es la primera vez que me fijo en que es de noche-. Incluso yo estoy cansado. Mañana llegan Mikoto y Freya, tenemos que reunirnos todos. Hay algo que debéis saber. Pero ahora mismo no tengo energías, es largo y no estamos todos. Así que propongo irnos a dormir. Voy a reformular la frase; yo me voy a dormir, vosotros haced lo que queráis. Mañana es otro día.
*****
Salimos todos, salvo Garnet, a pesar de las quejas de Steiner.
Sabía que esto iba a pasar, pero no por eso duele menos. Yo se que Yitán no me quiere. Bueno, sí que me quiere. Pero como un hermano.
Ya está. Voy a abrir yo mismo el cajón de mierda.
Llevo enamorado de mi mejor amigo ni se cuanto tiempo. Él nunca me ha correspondido. Él es un hombre hetero que nunca mostró ni mostrará interés en mí.
Necesitaba encontrar sus restos para pasar página, ese amor que sabía que no podía ser, pero al menos me hacía feliz el estar a su lado. Ahora está aquí, vivo, sano, salvo.
No me debe nada. Lo volvería a hacer mil veces. Entiendo que para él no ha pasado el tiempo y que está enamorado. Y que Garnet lo sigue queriendo. Y de verdad, de verdad, de verdad, de verdad que me alegro de que puedan estar juntos al fin, que seguramente es lo que pasará.
Ya lo estoy viendo, imagínate la boda. Imagínate la propaganda. La princesa guerrera y el héroe de otro mundo que salvan el planeta se casan. Imagínate los hijos… te imaginas demasiado.
Zap.
Me recorre de nuevo una corriente eléctrica y me siento mareado por un momento. El susurro ha vuelto. En mi diatriba mental caminé sin rumbo, y ahora estoy ante una puerta, de pie. Ni siquiera me había dado cuenta de que me había parado aquí.
Me doy la vuelta para irme, pero oigo de nuevo el susurro en mi cabeza, poco claro, pero lo suficiente para que entienda.
“ven”
Abro la puerta. Una vez he entrado, me doy cuenta de que ni he cuestionado por qué lo hice. Pero la visión al otro lado me detiene.
Parece un cuento de hadas. La bella durmiente, si fuera un genómido hombre de un metro ochenta. El pelo largo y violáceo cae a los lados de su cabeza, perfectamente despeinado sobre la almohada. Su rostro de facciones finas está crispado, como en un sueño inquieto.
Yo lo he visto. Estaba con Yitán en la burbuja temporal o lo que sea que le llamó Mikoto. Es Kuja.
“ven”
Me acerco hasta quedar a un paso de la cama. Veo los cables del aparato que mide sus constantes vitales y me extraña que no haya nadie vigilando la estancia. Este tipo es peligroso, ¿no?
Entonces abre los ojos. Poco a poco. Azul.
Zap. Otro calambrazo. Esta vez fuerte. Me hace retroceder un poco.
-Me has escuchado- dice débilmente desde la cama.
Vuelvo a centrar la vista en Kuja. No parece amenazante. Ni loco. Parece aliviado y en paz.
-Gracias por haberme escuchado.
Y un pitido intermitente y molesto sale de la máquina a la que está conectado y todo se vuelve una vorágine de personal sanitario que me echa de la habitación sin miramientos.
Yo me quedo allí un largo rato. Quiero volver a entrar, pero no me lo permiten. Me pongo un poco gallito, he de reconocer. Tiro de lo que sea, pero quiero pasar. Estoy a punto de hacerlo por la fuerza, pero entonces aparece Bakú de vaya usted a saber dónde y me sujeta con brusquedad.
-¿Qué te pasa? Déjalos trabajar. Ni siquiera conoces a ese tipo, ¿Qué perra te ha entrado?
-No lo se- respondo sinceramente y cedo, yéndome al cuarto que me han dejado estos días en el castillo para dormir un poco.
Esa noche sueño y despierto un montón de veces, soñando con un azul que no es el que acostumbro a ver en sueños y muchas otras cosas que apenas recuerdo a la mañana siguiente.