T'HY'LA PARTE 2. EXTRAS.

Mezcla
PG-13
Finalizada
0
Serie:
Fandom:
Tamaño:
400 páginas, 212.517 palabras, 63 capítulos
Descripción:
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MOMENTOS EN LA NÉBULA. V – El aperitivo.

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MOMENTOS EN LA NÉBULA V – El aperitivo                                                                                                                        Hacía calor en la sala de máquinas, Jadzia terminó por quitarse también el jersey rojo y mostrar sus músculos desnudos. Estaba sudando debido el esfuerzo físico, Anton se había vuelto loco y no dejaba de darle órdenes. Quería terminar con los arreglos de la Nébula cuanto antes.  - Y luego bájame ese condensador, tengo que desmontarlo. - Le pidió señalando hacia arriba, unos ocho metros por encima de sus cabezas, al cacharro redondo que soltaba chispas debajo del motor principal. - ¿O prefieres que suba yo?  - No. Tú quédate donde estás, estrella mía. - No podía permitir que subiera por aquella vieja torreta oxidada, ¿y si se caía? Si algo le pasara a su bebé...           En ese preciso instante, en la pequeña sala redonda al fondo del pasillo, Demora apoyó su mano sobre la extraña consola de controles y Jambalaya Jones bajó la palanca activando el mecanismo.  - ¿Qué ha sido eso? - Preguntó Sam sintiendo un ligero temblor en la nave. Los motores gruñeron con un sonido atronador. - ¿Dónde están Demora y el amo de las cavernas?  - ¡Jadzia! - Gritó Anton asustado. La torre por la que estaba escalando su novio se había partido en dos bajo su peso, el klingon estaba a punto de caer. - Osteregaytes'! *(cuidado, ruso)           Sucedió muy rápido, una fracción de segundo en realidad, pero para Sam, Anton y Jadzia, el tiempo pareció ralentizarse. El klingon caía desde casi seis metros de altura. El médico daba un paso de gigante hacia la torre metálica que se derrumbaba, siguiendo su instinto de ayudar a su amigo en peligro. Y Anton... bueno, él simplemente estiró las manos y empleó su poder telequinético.           El cuerpazo del jefe de seguridad de la USS Reliant quedó atrapado en una red invisible en la que flotaba, un campo de fuerza cuyo origen estaba en el interior de la cabeza de su amado ingeniero, evitando así estrellarse contra el suelo. La mujer rosada, que junto con George regresaba de las cocinas, casi pierde su bandeja de aperitivos al ver semejante prodigio: aquel Chekov era también un brujo, tal y como el amo le había contado.  - ¿Estás bien? - Pensó Anton solamente para su novio, rodeando al klingon entre sus brazos cuando éste tocó el suelo con las botas.  - Sí estrella mía, gracias a ti sigo entero. - Respondió del mismo modo besándolo con ternura. - ¿No podías haber bajado tú el condensador con tu magia desde el principio?  - Ah, no quería fastidiar nada, sabes que no soy muy fino con mis poderes... ¿y si le daba un testarazo contra el motor? - Sonrientes, enganchados el uno a los ojos del otro con una secreta y ñoña melodía, permanecían en silenciosa comunicación delante de los primos Kirk y la alienígena color chicle. - Cómo de profundo es tu amor... - Canturreó Anton en su cabeza.  - Por si nadie se ha dado cuenta... - George levantó la voz, detestaba verles compartir el tel *(vínculo) sin poder enterarse de nada. - ¡La nave se ha movido!  - ¿Qué son esas cositas que has traído, Laila? - A Sam el susto le había abierto el apetito, no tardó ni dos segundos en echarse a la boca un par de, algo así, como volovanes de paté. - ¡Hum! Está bueno, ¿me llenas el vaso, enano? - Pidió a su primo el menor que apretaba una botella de algo parecido a vino blanco entre las manos. - Lo vas a calentar...  - ¿Serás idiota? Ponerte a comer... - El rubio le dio la botella con malas maneras. - Jadzia casi se mata y, por si no te has enterado... ¡La nave se ha movido, imbécil!  - Estaremos en otro momento... pero no os preocupéis, volveremos al momento en que salisteis de vuestra nave. - Intervino Laila algo confusa, sirviendo unos canapés al poderoso brujo y al cachas de su novio; ambos la ignoraron. - ¿Un vaso de jugo de artrópina, tal vez? Es dulce, va bien con la pasta de embriones.  - ¿Embriones? - Sam estaba a punto de escupir lo que había estado masticando. - ¿Embriones de qué?  - De rata quilón, hay muchas en la Nébula. - Explicó la alienígena con su vocecilla aguda y suave. - Nos comemos los embriones... oh, y las crías. Están deliciosas como las prepara Delicias. ¡Claro! - Exclamó agitando la cabeza sin que su media melena se moviese ni un milímetro. - ¡Por eso el amo le llama así! ¡Delicias...!           Ante las carcajadas de George, Anton y Jadzia, el pobre Sam no sólo escupió sino que llegó a vomitar lo poco que había tragado de aquella asquerosidad. ¿Rata quilón? Una rata es siempre una repugnante rata, sea de la especie que sea.                                 Lejos de allí, en otro momento, Demora no podía creer lo que estaban viendo sus ojos. Aquel hombre vestido con el uniforme gris de la Flota no podía ser otro sino su padre, su otôsan, y en aquella hermosa mujer de negros cabellos pudo reconocer a Selene, su madre. Ambos hablaban delante de la iglesia de S an Pedro y San Pablo, el mismo lugar en el que, tan sólo cuatro años antes, habían contraído matrimonio jurándose amor eterno. Y ahora, con la calma que sigue a la tempestad, se encontraban allí rompiendo su promesa.           Una niña pequeña jugaba con una pelota de llamativos colores junto a la fuente. Su juguete favorito, su pensamiento cuando el amo de la Nébula apretó su mano contra la consola. ¡Era ella misma con tres años de edad! Demora sintió un mareo, no podía ser... ¡aquello simplemente no podía ser!  - ¿Cómo hemos llegado hasta aquí? - Preguntó a Jambalaya Jones que acudió a sostenerla quedándose a su lado. - Mis padres... ¿Pueden vernos?  - No, ni oírnos tampoco. - El extraño comprendió que aquel momento no era, precisamente, de los más felices en la infancia de la capitana. - Puedes gritarle a tu padre si quieres, me parece que va a abandonaros a ti y a tu madre.  - Mamá me lleva a París, con los abuelos Marchant y la tía Ellen. Mi padre... - Demora tragó saliva fijando la vista en los inocentes juegos de aquella pequeña y su pelota. - Papá ha sido asignado como capitán a la Enterprise, partirá junto a Khan y Pavel... se enamorará de ellos y les amará por siempre.           La hermosa mujer francesa, de lacios cabellos negros y ojos ligeramente verdes, llamó a su pequeña secándose las lágrimas. Subiendo al coche, se despidieron del hombre que permaneció un instante llorando en silencio, solo en mitad de la explanada ante la iglesia.  - Otôsan... *(papá) – Demora se acercó a su padre y susurró unas palabras a su oído, comprobando que él no podía escucharla. - Ve y sé feliz con Pavel y Khan, tu rosa y tu violeta te esperan en algún lugar.  - Podemos acompañarlo, si quieres. - Jambalaya Jones caminaba detrás de ella, quitándose la capucha descubrió una hermosa cabeza totalmente calva, recientemente rasurada, en contraste con su poblada barba negra. Los dos seguían de cerca el deambular sin sentido de Hikaru Sulu. - Así que vamos a ver unas flores... Pero ¿por qué está todo lleno de barro por todas partes, capitana?  - Ha habido un diluvio, casi morimos ahogados... ¡Todo el planeta! - Exclamó Demora con pavor al recordar aquello; las imágenes de la gente agolpada en el refugio subterráneo del Cuartel General de la Flota, cada uno rezando a sus propios dioses, le vinieron de pronto a la memoria. - Mi padre nos salvó. Él, Jim Kirk y todos los demás viajaron al pasado para traer una ballena que alejara la sonda de Poseidón de nuestro mundo. No preguntes. Yo era muy pequeña, como has visto, aunque me lo han contado tantas veces...  - ¿Viajaron al pasado a buscar una ballena? - A Jambalaya aquello le pareció interesante, tomando del brazo a su pasmada invitada la interrogó clavándole la mirada. - ¿Cómo hicieron tal cosa? ¡Solamente mi Nébula es capaz de moverse entre momentos!  - Dando la vuelta al Sol de mi mundo, o algo así, para que lo entiendas. - Demora se fijó en el color de aquellos ojos, de un tono verdoso muy parecido al de los ojos de su madre. Eso le provocó un escalofrío. ¿Qué edad tendría aquel hombre? - Señor Jones, le ruego que me suelte. La Flota Estelar puede que no posea la tecnología de su amada nave pero sabemos cómo usar un curso de asistencia gravitacional para desplazarnos en el tiempo.           A Jambalaya se le puso cara de bobo, la respuesta de la capitana Sulu le había dejado sin palabras. Pero eran sobre todo sus ojos oscuros y rasgados los que tenían fascinado al amo de la Nébula.   (Continuará...)
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