MOMENTOS EN LA NÉBULA. XIII – Los dos minutos de la capitana Talas.
30 de mayo de 2026, 14:00
MOMENTOS EN LA NÉBULA
XIII – Los dos minutos de la capitana Talas
Cuando la Nébula estuvo reparada y Jambalaya Jones consideró que no había excusa para mantener a bordo a sus invitados por más tiempo, los reunió a todos en la sala de controles redonda para darles una adecuada y cálida despedida.
- Vuestras aventuras en la Nébula se acercan a su fin, amigos míos. Nuestros caminos se separan. - Con los brazos extendidos les miraba lleno de emoción. - Gracias a todos por hacer que mi nave regrese a sus mejores tiempos, no hay momento al que ahora no pueda acceder.
- Has prometido hacernos volver al puente de la Reliant dos minutos después de que nos hicieras desaparecer de allí... o harás... o hallas hecho desaparecer. - Sam dudó con el tiempo verbal que debía utilizar. - Ojalá pudiera llevarme ese trasto tuyo de inspección médica, Jambalaya. ¿No tendrás una versión portátil por ahí, verdad? Un hombrecillo de Vitrubio para mí... - Sonrió con picardía.
- Lo lamento, doctor rojo. - Respondió el amo encogiendo los hombros. - No hay nada así en todo el universo, la Nébula es única. - Se jactó con orgullo.
- Voy a echar de menos todo esto. - Murmuró George algo afectado por la inminente partida. Soplando bajo su flequillo y haciéndolo volar por encima de su frente, miró de soslayo a la chica rosada. - Lo voy a echar mucho de menos.
- ¡Siempre habrá un momento para visitar a los viejos amigos! - Jambalaya Jones sacudió la espalda del rubio con una buena palmada. - O un viejo momento para visitar a los nuevos.
- Tus respuestas son tan enigmáticas como de costumbre, amo de la Nébula, algo que todos vamos a echar de menos. - Jadzia se llevó la mano al pecho para saludarle con honor. - Qapla'! (te deseo una muerte honrosa) – Exclamó en su lengua.
- Dif-tor heh smusma. *(larga vida y prosperidad) - Pronunció Anton con solemnidad a su lado, alzando la mano derecha abierta en uve con el saludo vulcano propio de su pueblo.
- Hasta otro momento entonces. - Añadió George intentando ocultar su tristeza tras una blanca y radiante sonrisa.
- Sois opuestos hasta en vuestra forma de despediros. - Observó Jambalaya con su voz metálica, riendo entre dientes. - Si uno alude a la muerte, el otro a la vida, ¿cómo dos seres tan diferentes pueden haber llegado a ese profundo amor? ¿En qué punto se halla vuestro equilibrio?
Pulsando unos botones y accionando unas palancas en los controles circulares, por fin completamente iluminados y a pleno rendimiento, un eufórico y descontrolado Jambalaya Jones les envió a un momento muy especial que, sabía bien, haría las delicias del Chekov y el hombre marcado.
- ¡Disfrutad, amigos míos! Éste es mi regalo para vosotros. George Kirk, debes acompañarlos... - Dando un empujón al rubio le animó a que tomase la mano que Anton le tendía. - In medio stat virtus! *(en el equilibrio está la virtud, latín) – Girándose hacia el médico le mostró una sonrisa de oreja a oreja. - Y ¿qué podría agradar al doctor rojo? Un hombre tan inteligente, tan hábil en el ejercicio de su profesión, tan... solitario...
- ¡Oh, estupendo! ¿Un último viaje? - Sam se preparó para ser transportado por la nube violeta que empezaba a envolverle. - ¿Iré yo solo? Bueno, mejor eso que mal acompañado... - Sonrió con cinismo viendo cómo, por fortuna, la mujer de color chicle cuyos grititos no soportaba, permanecía estática en la pequeña sala de controles mientras él se materializaba en otro lugar.
- Tú irás conmigo, Demora. - Susurró a su oído tomándola por la cintura. - Laila, vigila la duración de los momentos, volveremos enseguida.
- Sí amo, como ordenes. - Respondió bajando la cabeza con una genuflexión ante él.
Agitando su media melena blanca, impecablemente peinada con la puntas hacia fuera, Laila se centró en observar la pantalla. Las tres dispares trayectorias que se dibujaban en líneas verdes sobre el monitor principal, mostraban el curso de los tres momentos que el amo había elegido: uno para él y la capitana Sulu, otro para su amigo George Kirk, el Chekov y el hombre marcado, y un tercero para el médico de pelo rojizo que siempre tenía algo que decir. Esperó unos instantes. Las líneas se volvieron amarillas y después, poco a poco, rojizas. Entonces accionó la palanca que tenía a su derecha y un vapor color violeta invadió la sala trayendo a los viajeros de vuelta.
- ¡Intenso! - Exclamó Sam. - ¿Dónde habéis estado vosotros? - Preguntó a sus primos y a Jadzia. - ¡Menuda cara traéis los tres!
- Mi experiencia con Jambalaya, como siempre, ha resultado maravillosa. - Demora aún estaba extasiada, colgada del brazo de su apuesto anfitrión y prendada de sus ojos verdes. Tenía las mejillas sonrosadas y el corazón palpitante.
- Parecéis enojados, ¿qué habéis estado haciendo? - Insistió el médico fijándose en Anton; su primo el mayor bajaba la vista al suelo, como avergonzado.
- Hemos ido al futuro... - Murmuró George. - ¡Ah, joder! ¡No entiendo cómo es posible que nosotros...!
- Los futuros son todos posibles, es donde nada ha sucedido todavía. - Jambalaya Jones intuyó que, tal vez, se había equivocado al escoger el momento para sus amigos. - El tres es un buen número, ¿no os parece? Muy equilibrado.
- Si aún no ha ocurrido... - Anton se metía las manos en los bolsillos, con la punta de su bota izquierda rozaba el suelo distraído. - Puede que no pase en realidad, puede ser diferente... ¡Otro futuro! ¿No son posibles todos?
- El que hemos visto no estaba nada mal. - Protestó Jadzia, no se había atrevido a decir palabra hasta entonces. Tanto Anton como George se giraron para mirarle con furia en los ojos. - No he dicho nada, olvidadlo.
- Pero... - Sam se moría de curiosidad. - ¿Qué narices habéis visto, por Odín?
- No importa. - Jambalaya no quería dilatarlo más, era hora de decir adiós a sus invitados. - Lo olvidarán en cuanto pongan un pie en vuestro momento, lo que no ha ocurrido no se puede recordar.
- ¿Vamos a olvidar que hemos...? - Anton se mordió la lengua, casi desvela aquel embarazoso secreto que los tres habían jurado no contar jamás.
- ¡Mucho mejor así! - George sonreía aliviado, al menos aquellas imágenes se borrarían de su cabeza.
- ¿Olvidaré yo también lo que he visto, señor Jones? - Sam parecía triste, deseaba que la respuesta fuese que no.
- Es tu futuro, doctor rojo. - Respondió afirmando con la cabeza y posando la mano sobre el hombro del médico. - Aunque algo siempre queda, los momentos son captados por el alma y la impresión... la huella... - Volviéndose hacia Demora la derritió con su verde mirada y con su grave voz metálica. - La huella, si es profunda, se vuelve imborrable.
Demora se dejó abrazar por aquel hombre extraordinario una vez más, temía que fuese la última. Las palabras que Jambalaya le susurró al oído le hicieron cambiar de idea, pronto volverían a cruzarse sus caminos. A George, después de lo que acababa de ver en su último viaje con la traviesa interfaz de la Nébula, no le fue difícil decirle adiós a la chica de color chicle y sonrisa artificial.
- Hasta otro momento, Laila. - Murmuró besándola en la mejilla. - Cuídate mucho, no olvides respirar.
- Adiós, George Kirk. - Le dijo sosteniendo sus manos entre las suyas durante unos segundos. - Encantada de haberte conocido. - Rió guiñándole los dos ojos a la vez, no había aprendido aún a hacerlo por separado.
- Anata... *(cariño) No vuelvas a afeitarte la cabeza, no te sienta bien, y nada de princesas rigelianas... ¿entendido? Espero verte pronto. - Demora se separó de Jambalaya para acercarse a su tripulación.
- Una cosa más antes de iros. Prometed que no revelareis a la Flota los secretos de mi nave. - Les pidió sorprendiéndolos, una vez más, antes de accionar el mecanismo de la Nébula. - No quiero un ejército de exploradores pululando por aquí y poniéndolo todo perdido de virus humanoides...
- Descuida, amigo mío. - George se echó a reír, imaginando a otra expedición de la Flota Estelar sometida a la dura prueba del desinfectante naranja. - Tú procura que sólo hayan pasado dos minutos, ¿de acuerdo? Mentiremos en el informe, total... ¿quién se iba a creer que hemos estado tres meses fuera?
- ¡Pues cualquiera que le vea la barriga, enano idiota! - Gritó Sam señalando el abultado vientre de Anton, luego de propinar un buen capirotazo a la rubia cabeza hueca de su primo el menor.
- Mi bebé ha crecido, es verdad. - Los fuertes brazos de Jadzia ya le protegían ante el inminente meneo del viaje. - Está más grande...
- Todos hemos crecido, todos hemos cambiado... - Musitó Jadzia mentalmente, sabía que cualquiera en la sala podría escucharle. - La Nébula ha afectado nuestras vidas cambiándolas para siempre... Hemos de guardar el secreto de Jambalaya Jones. Se lo debemos.
Los cinco asintieron al unísono. La bruma violácea de la Nébula empezaba a envolver sus cuerpos, pronto los viajeros desaparecerían de la sala de controles redonda dejando un hueco imposible de llenar en el corazón de su estrafalario anfitrión. Jambalaya lloró, iba a echar de menos a aquella gente.
- ¡Laila! - Gritó llamándola a pesar de tenerla a su lado. - Dile a Delicias que prepare la cena, vegetales terrícolas y mousse de embriones de rata quilón para mí.
- Sí amo, como ordenes. - Repitió una de sus genuflexiones y caminó con sus pasitos de geisha saliendo por el pasillo hacia las cocinas.
Jambalaya Jones secó sus lágrimas y sonrió. Levantando una tapa roja de la consola circular, pulsó el botón que ésta ocultaba. Una tonta melodía sentimental empezó a sonar por la megafonía de toda la nave.
- How deep is your love... sha la la, hum, sha la laaaa... *(¿cómo de profundo es tu amor?) - Canturreó en falsete, en un tono divertido y muy agudo, mientras bailaba en círculos siguiendo la música alrededor de los controles. Jambalaya levantó los brazos como si estuviera sosteniendo a una mujer imaginaria y menuda entre ellos. - Demora... oh Demora... - Susurró con su voz metálica. - 'Cause we're living in a world of fools, breaking us down, when they all shlould let us be... we belong to you an me... *(porque vivimos en un mundo de locos que nos destroza, cuando todos deberían dejarnos en paz... nos pertenecemos el uno al otro...)
La música seguía sonando, llenando la Nébula con su empalagosa melodía; en cocinas, Delicias pelaba unas zanahorias meneando discretamente las caderas. Laila le echaba una mano, batiendo los embriones con nata se dibujó en su rostro una ya no tan artificial sonrisa.
La oficial andoriana a cargo de las telecomunicaciones, perdió de vista a la expedición durante al menos un par de minutos. La escala de mando de la USS Reliant al completo había desaparecido del puente. Durante ese breve lapso, como oficial más veterana, ella misma ostentó el grado de capitán. No pudo dar siquiera una orden; el tono azul intenso de su piel se volvió pálido cuando la extraña nube de color violeta comenzó a alejarse en el monitor principal. La nave alienígena, cuyo capitán sin rostro había exigido con su voz metálica los servicios del más famoso ingeniero de la Flota, aceleró de pronto y se esfumó del escáner. ¡Casi acaba con sus vidas y se estaba yendo de rositas! Talas no podía creerlo, las antenas azules que asomaban por encima de su cabellera blanca temblaron con algo de ira.
- ¡Capitana Sulu! - Exclamó la alférez azul, aliviada al verla regresar. - ¡Tenientes Kirk, Chekov y De Mogh! ¿Están todos bien? Señor Chekov... - Murmuró pasmada observando su gran barriga. - ¿Qué le ha pasado?
- No es nada, gases... - Sam lo tomó del brazo arrastrándolo hacia el turboascensor, Anton se cubría el vientre con ambas manos. - Me lo llevo a enfermería. Capitana... ¿no tienes papeleo por hacer?
- Sí, así es. - Asintió Demora. - ¡Todo el mundo a sus puestos! - Ordenó a la tripulación. - Piloto, continúe con el curso que llevábamos. Teniente George Kirk... teniente De Mogh, acompáñenme a mi despacho. Tome el mando, alférez Talas.
- Pero... - La andoriana vio salir a los cinco del puente y se quedó un segundo boquiabierta. - Sólo han estado fuera dos minutos... ¿qué era esa nave? ¿Qué ha pasado allí? ¿Qué le ocurre al señor Chekov y sobre todo, qué le digo yo ahora a la Flota?
Fin de la OVA