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Otros tipos de relaciones
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planificada Maxi, escritos 19 páginas, 6.605 palabras, 5 capítulos
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Reencuentros

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Miraculous, les aventures de Ladybug et Chat Noir y sus personajes son propiedad de Thomas Astruc y Zag Entertainment.

Reencuentros

Marinette abrió los ojos con pereza. Estaba agotada, pero no pensaba quejarse. Palmeó la mesilla de noche a su lado hasta dar con el móvil que chillaba para que se levantase. Apagó la alarma y, aunque su cuerpo le pedía cinco minutos más, se sentó en el borde de la cama consciente de que el riesgo que volver a dormirse era muy real. Adormilada y aún con la mirada borroso revisó sus notificaciones. La mayoría eran del grupo de costura en el que le pedían, una vez más, a quién se dedicase a beberse los refrescos de la nevera que no eran suyos que parase. Nunca le habían dicho nada, pero apostaba a que sospechaban de ella. Era la que más horas pasaba allí dentro y la única que no solía meter nada en la nevera. Marinette prefería tener una excusa para salir y que le diera el aire, así que, cuando le apetecía algo, simplemente, iba y lo compraba. Optó por no contestar. Continuó su paseo por el mar de notificaciones hasta que algo llamó su atención. Un nombre. Seis letras. —Adrien —susurró como si fuese incapaz de comprenderlo si no lo pronunciaba. Era una llamada perdida. Adrien y ella se comunicaban, principalmente, vía WhatsApp. Horarios diferentes y tarifas internacionales les disuadían de mantener contacto telefónico. Optó por enviarle un mensaje de texto para no despertarle. Una disculpa sencilla que sabía que Adrien entendería. Abandonó el móvil entre las sábanas y se preparó para afrontar un nuevo día. Cuando llegó a su lugar de trabajo las miradas se clavaron en ella. Las ignoró, se había convertido en una experta en ello. Dejó el vaso de cartón que contenía su humeante té de manaza y canela y se dispuso a trabajar. El vestidito de Xantal estaba prácticamente acabado. Le quedaban los últimos retoques y los botones. Confiaba en tenerlo listo en poco más de una hora. —Es una monería —canturrearon a su lado. Marinette le sonrió a la única persona de aquel infierno que le caía bien. Su compañera tomó el vestido y lo alzó. La tela de un suave tono lavanda resaltaba los pequeños adornos de color blanco que decoraban los hombros y cintura. —¿Has pensado en dedicarte a la ropa para bodas? —Es sólo algo puntual. Tantos vuelos y pedrería me harían perder la cabeza —declaró con una risita—. Mis amigas merecen lo mejor, y me hace muy feliz que cuenten conmigo para esto. —Si algún día me caso pienso contratarte, Marinette. Tras lanzar aquella promesa regresó a su mesa para enfrascarse en su propio proyecto. Las siguientes dos horas las pasó trabajando en los detalles más pequeños al ritmo de los tres primeros álbumes de Kitty Section. Esos en los que Luka aún tocaba con ellos. La guitarra de Luka le daba un toque tan mágico y especial a cada canción que no oírlo le rompía el corazón, aunque eso no pensaba decírselo a los demás. La música de Luka aún era su preferida y estaba segura de que lo sería para siempre. No importaba el género que tocase, al pasar por sus dedos se transformaba en algo capaz de tocar su alma. De reojo vio la pantalla de su móvil encenderse, lo tomó y revisó la notificación que abrió sin dudarlo. Adrien le había contestado. «Buenos días, Marinette. ¿Estás trabajando?» leyó. Se apresuró a contestarle afirmativamente porque si lo posponía acabaría por olvidarse. Esperó un poco, pero Adrien no contestó. Bloqueó el móvil y se concentró de nuevo en la pedrería que amenazaba con hacerla enloquecer. Empezaba a dolerle el trasero de estar quieta tanto rato cuando el murmullo emocionado se mezcló con la música. Se quitó uno de los auriculares y alzó la mirada. Lo primero que notó fue que nadie murmuraba eran grititos emocionados. Lo segundo fue a él, allí plantado con cara de no saber por dónde escapar. —¿A... Adrien? Alcanzó a verla. La sonrisa iluminó su rostro y por un segundo Marinette volvió a sentirse como aquella quinceañera que suspiraba por él. —¿Qué...? ¿Cómo...? —se atragantó con todas las preguntas que querían huir de su garganta a la vez. Se mordió el labio y se puso en pie—. ¿Qué haces aquí? Se vio atrapada en un abrazo, su mejilla reposó contra el pecho de Adrien. Era más alto que la última vez que se habían visto, no le pasó desapercibido. —Marinette, ¿es que os conocéis? Abriendo el espacio con Adrien, Marinette, sonrió al autoproclamado jefe del atelier. La pregunta era estúpida a más no poder. —Somos amigos. Estudiamos juntos y diseñé algunos modelos para él. «Y salimos juntos un año» añadió Adrien mentalmente. La observó desenvolverse con la avalancha de preguntas que le lanzaron. Se la veía segura y serena. Le alegró ver que no había cambiado demasiado. Seguía siendo bajita y delgada, cada movimiento que realizaba era un derroche de energía y buen humor. Amable, valiente, amistosa... —¿Crees que podríamos ir a tomar algo cuando acabes aquí? —Estaba pensando en tomarme un descanso —contestó. No tenía ganas de aguantar el interrogatorio al que la someterían en cuanto Adrien saliera por la puerta—. Dame un minuto. Sintiéndose un poco culpable vio como la seguían con la mirada. Debería haberla citado directamente en algún café cercano, pero ya era tarde para eso. Casi puedo oír la risita burlona de Plagg por haberse precipitado así. Marinette casi le arrastró al exterior, parecía ansiosa por alejarse de allí. Le llevó a una cafetería minúscula a dos manzanas de distancia y se acomodaron en una de las mesas más apartadas. —Lo siento —murmuró él—, no debería de haberme presentado en tu trabajo así. —Oh, no, no. No pasa nada. —Movió las manos nerviosa—. Es que no hay muy buen ambiente últimamente y no tengo ganas de que acabes enredado en ello. »Por cierto, ¿cómo sabías dónde encontrarme? —No es que te haya investigado como un psicópata —soltó y Marinette rió sintiéndose una psicópata porque ella sí lo hizo con él siendo una cría—. Me lo ha dicho Alya. —Alya, claro. No le pasó desapercibida la mueca de tristeza que adornó el rostro de Marinette. —¿Va todo bien? —Sí, no es nada —contestó lista para cambiar de tema—. ¿Desde cuándo estás en París? No sabía que estabas aquí. Los labios de Adrien se curvaron en una sonrisa, pasaría por alto ese cambio de tema tan descarado por el momento. —Anoche, por eso te llamé. Quería avisarte y quedar. Marinette se disculpó una vez más por no haber atendido su llamada. La conversación fluyó con más facilidad cuando tuvieron ante ellos el almuerzo. Ponerse al día era sencillo, ambos continuaban en el mundo de la moda, así que lo único sin actualizar era la información personal. Las risas brotaron con las anécdotas y por un momento fue como antaño, cuando Marinette dejó atrás al amasijo de nervios y logró establecer una relación con Adrien. Era agradable y reconfortante. Adrien enmudeció súbitamente, Marinette estaba a punto de disculparse por si había dicho algo fuera de lujar, pero notó que la mirada de Adrien estaba clavada más allá de ella. Unas manos se interpusieron en su campo visual y la cegaron por sorpresa. Marinette dio un saltito sobresaltada. —¿Quién soy? —¡Luka! —chilló. Le reconoció, no por su voz, si no por aquel olor tan suyo en el que se mezclaban el jabón, la madera y el papel. Sus manos desbloquearon su visión. Ella se puso en pie de un brinco y le abrazó con fuerza. Inspirando hondo, sintiendo el cálido refugio de unos brazos siempre llenos de amor y oyendo los latidos fuertes de su corazón. Marinette se sintió como si acabase de recuperar una parte de sí misma que añoraba y en la que se obligaba a no pensar. Luka significaba tanto. Su ausencia había dolido tantísimo. El calor de Adrien se extendió por su espalda y su olor a perfume caro se mezcló con el natural de Luka embriagándola. El abrazo se estrechó cuando Luka abandonó su cintura para rodear a Adrien y atraerlo. Apretujada entre los dos deseó quedarse allí para siempre. Estar entre ellos le parecía su lugar natural. Era como la ganache de un macaron. La idea la hizo ahogar la risa en el pecho de Luka que se contagió sin remedio como si compartiesen tan extraña ocurrencia. —No esperaba encontraros aquí —musitó Luka rompiendo el abrazo. Sin saberlo dejó un extraño vacío en sus dos amigos que mantenían sus sonrisas con esfuerzo—. De hecho, esperaba no encontrar a nadie. —¿Te escondes? —preguntó Adrien con humor robando una nueva risa del pecho de Luka. —Algo así. Luka pidió algo y se sentó con ellos. Cuando llegó su comida volvió a hablar. —Llegué anteayer —confesó con arrepentimiento—. No es que me esconda. Al principio todo estaba bien, pero de repente me sentí como un extraño en mi propia ciudad. Antes de ver a nadie necesitaba hacer las paces con esa parte de mí. —¿Y las has hecho? —preguntó Marinette. —Aún no, pero no podía fingir que no os había visto. Además, reconciliarse siempre es mejor en compañía. La naturalidad que había marcado su amistad durante la adolescencia regresó sin demora. Despertando viejas sensaciones casi olvidadas. Luka se enredó en la belleza suave y exótica de Marinette, también en la casi perfecta de Adrien. La atracción eléctrica seguía allí, más despierta que nunca. Se preguntó qué pasaría si lo confesase entre risas, si le mirarían como a un bicho raro, si se escandalizarían o si se lo tomarían a broma. Se mordió la lengua, ahogando la confesión en un silencio sostenido. Su música preferida sonaba de nuevo con fuerza.

Continuará

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