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Lo impresionó la vista de la casa de Bakugou. Parecía enorme y moderna. Como la mayoría de la clase, no sabía mucho de la vida de su compañero fuera de sus horas lectivas. Igual era que sus padres tenían dinero, como la familia de Momo. Bueno, en realidad dudaba que tuvieran TANTO dinero como la familia de Momo. Ella era un caso aparte. Se acercó al interfono al lado de la reja y le dio al botón. No escuchó a nadie al otro lado, pero la verja se abrió, así que se dirigió a la puerta principal. Allí lo recibió su amigo con un simple gesto de cabeza y un gruñido. —Tan expresivo como siempre. Un gusto verte también— dijo Kirishima sonriendo. —Cállate, no seas irritante. Y con ese saludo tan particular, lo invitó con un ademán a que entrara en el recibidor. —Tu casa es muy impresionante— dijo mientras se quitaba los zapatos— ¿A tus padres les parece bien que haya venido tan repentinamente? —Yo qué sé. No están, así que da igual. Ven. Y sin más palabras empezó a andar. Kirishima, extrañado, siguió sus pasos. En el piso superior de la casa, Bakugou se detuvo ante una puerta y la abrió, invitándolo a entrar. —¿Esta es tu habitación? —Claro que sí, ¿qué otra cosa iba a ser? Le sorprendió que todo estuviera ordenado y pulcro. A decir verdad, su compañero parecía el tipo de persona que lo tendría todo revuelto y caótico. Se quedó en la puerta, sin saber muy bien qué hacer. Bakugou se acercó a una estantería y sacó un libro de ella. Se giró a verlo y le indicó que se acercara con un ademán. —Ten— dijo entregándole lo que resultó ser un tomo de un manga. —¿Y esto? —¿No ves bien lo que es? Es un cómic. A veces te oigo hablar sobre estas cosas, y pensé que este manga en concreto podría gustarte. Ahí Kirishima se quedó frio. A ver, sí, había hablado con su tono prepotente de siempre, pero es que no solo le había prestado atención en clase, si no que había pensado en él. No sabía que Bakugou fuera capaz de hacer algo tan… humano. —¿Y bien? —¿Y bien qué?— respondió Kirishima que no acaba de procesar lo que estaba pasando. —Que si te apetece leerlo. Puedes sentarte donde quieras, menos en mi cama. Ese sitio solo es para mí. —Oh. ¿En serio lo había invitado a su casa para darle un manga que leer? Le parecía algo raro, pero al fin y al cabo era lo que estaba haciendo en su casa. Así que echó una ojeada a la habitación y eligió sentarse en un puf cercano a la cama. —Bueno, pues sí. Se dirigió al mueble y se hundió en él. Mientras tanto, Bakugou sacó otro libro de la estantería y se dejó caer en cama, abriendo el libro sin dirigirle ni una palabra más. Muy extrañado con todo, Kirishima abrió el tomo que tenía en las manos y empezó a leer. La verdad el cómic, que se llamaba Hellsing, no estaba nada mal. Se lo terminó enseguida. —¿Qué te ha parecido?— le preguntó nada más haberlo cerrado, mirándolo con su libro aún abierto. —Es genial. Había visto este comic en algunos sitios, pero nunca me había animado a leerlo. Ahora me arrepiento de no haberlo empezado antes. —Tengo todos los tomos, puedes leerlos. —Oh, gracias. Entonces Bakugou cerró su libro y se levantó. —Voy a buscar algo de beber. ¿Quieres algo? —La verdad algo de beber no me vendría mal. —Ven conmigo. Lo guio hasta la cocina y abrió la nevera. —Echa un vistazo y escoge lo que te apetezca. —Oh, refresco de melón, es mi favorito. Aunque solo queda una lata, ¿sería de mala educación que la tomara? —Para nada. El bobo de mi padre las compró el otro día para probarlo. No nos gustó a ninguno. Así que si te gusta, solo tómalo— dijo cogiendo la lata y poniéndosela en las manos—. ¿Vemos una película? Sentado en el sofá del salón, mientras Bakugou buscaba algo que le apeteciera ver (unilaterlamente, sin consultarle al otro qué le apetecería) Kirishima soltó la pregunta que le llevaba rondando desde que llegó. —Oye, una cosa… El otro le respondió con un gruñido que quería decir ¿¡Qué!? —¿Por qué me has invitado hoy a tu casa? Bakugou siguió buscando sin inmutarse. —Porque estaba aburrido. Y tú, de todos los que conozco, eres la persona que menos me molesta. Wow, rudo y directo al punto, como hacía siempre. Kirishima sonrió. —¿O sea que te agrada mi presencia?— dijo también para pincharlo un poco. —No me desagrada, que ya es algo. Para ser sincero, esperaba una respuesta más explosiva o agresiva. No algo tan.,, bueno, no había sido siquiera algo amable, pero para ser quien era ya parecía mucho. —Oh, esta. Ahora a callar, no me gustan las interrupciones.*****
Kirishima se lo había pasado bien con Bakugou. A pesar de que apenas habían hablado, porque su compañero era de pocas palabras, había sido agradable. Pensaba que había sido un evento aislado y raro, algo así como ver un unicornio, por eso le sorprendió recibir otro mensaje de su compañero el fin de semana. “Ven a mi casa” decía simplemente. Y Kirishima fue. Estuvo leyendo un nuevo tomo del manga Hellsing y cuando acabó comentó un poco el cómic con Bakugou. No solo charló con el de forma bastante tranquila, si no que los insultos y los exabruptos por parte de su compañero se redujeron al mínimo. —Oye, ¿Podría pedirte algo para beber? —Ya sabes dónde está la nevera, puedes ir tú mismo. Al abrir el frigorífico, se dio cuenta enseguida de que había varias latas de refresco de melón. Tomó una y se dirigió a la habitación de Bakugou. —Pensaba que a nadie de esta casa le gustaba esta bebida— dijo al volver. —Pero bueno, a ti si, ¿no? —Si claro, es mi favorito… —¿Pues entonces de que te andas quejando?— lo cortó Bakugou. Kirishima sabía que no estaba dentro de la personalidad de su compañero ser considerado. Pero aquel pequeño gesto de tener su bebida favorita para él le pareció adorable. —Bueno— dijo abriendo la lata y sentándose en el puf de nuevo— ¿Qué te están pareciendo las clases en la Yuei? —Son un petardo. No hacemos nada interesante, toda esa teoría es aburrida. —Y problemática. Se me da fatal estudiar, tengo miedo de suspender. —Pues el próximo día trae los libros. —Oh, ¿me vas ayudar a estudiar? —No, te machacaré para que las cosas entren en esa cabeza dura tuya. Y así, sin que ninguno se diera cuenta, a lo largo de todas aquellas tardes que quedaban juntos, acabaron por convertirse en amigos.