*****
Cuando terminaron las clases, Kirishima recogió todas sus cosas y buscó a Bakugou con la mirada. Para su sorpresa, daba la impresión de que se había ido. No se habían visto en los dos días de descanso después del festival deportivo y tenía la esperanza de hacer algo con él ese día. Pero por lo visto, su amigo no estaba de humor. Volvió a casa solo y cuando terminó de hacer sus tareas, le envió un mensaje a Bakugou. “Ey, hacemos algo hoy? Podríamos ir al cine. Hay una película que deberíamos ver, promete mucho!” Y esperó por la respuesta. Y esperó, y esperó. “Oye, si estas ocupado no pasa nada. Solo quedemos para otro día vale?” Ese mensaje tampoco obtuvo respuesta.*****
Al día siguiente, una vez finalizaron las lecciones, se acercó al pupitre de su amigo, pero tan pronto lo vio venir, Bakugou le giró la cara. No es que fuera algo inusual, así que Kirishima se acercó de todas formas. —Buenas, ¿estabas muy ocupado ayer como para contestar? Silencio y mirada esquiva por respuesta. —Bueno, si me aplicas la ley del silencio sabes que hablaré hasta que te hartes, ¿verdad? Misma respuesta. —Venga hombre, ¿hay algo que te molesta? ¡Deberías estar pletórico! Al final ganaste en el festival. Eres demasiado fuerte, apenas pude hacerte un rasguño en la cara y… —¡Callate!— le gritó al fin—. Eres molesto, lárgate. Pero Kirishima se quedó quieto en el sitio. Conocía de sobra el tono en el que su amigo decía las cosas. Pero aquella vez sonaba diferente. Además, nunca había rechazado tan abiertamente hablar con él. Definitivamente algo iba mal. —Bakugou, ¿estás bien? —No, porque hay un idiota que me molesta. Lárgate de una vez— dijo poniéndose de pie y cogiendo su mochila. Kirishima alargó una mano hacia él. —Eh, Bakugou… De un manotazo apartó su mano y sin mirarlo salió del salón. Kirishima se quedó frío. ¿Qué le podía pasar? Quizá aún seguía molesto por haber ganado el festival contra un Todoroki que no dio el cien por cien. ¿Qué podía hacer él? ¿Dejarlo a solas y tranquilo unos días? ¿O quizá debería intentar sonsacarle qué era lo que lo hacía sentir mal? Probablemente si seguía la segunda opción le mandaría una explosión a la cara.*****
Pasaron varias semanas, y Kirishima empezaba a preocuparse. Bakugou lo ignoraba abiertamente, tanto en persona como por los mensajes que le enviaba. Si lo llamaba saltaba el buzón de voz. Definitivamente algo le estaba pasando. Intentó con todas sus fuerzas no agobiarlo, no meterse en su camino para ver si se le pasaba lo que fuera que le ocurriera. Pero parecía no tener fin. Entonces pensó que igual le daba vergüenza hablar sobre sus cosas en un lugar público. Así que decidió ir a su casa aquella tarde.*****
La verdad, le daba algo de corte aparecer en una casa ajena sin avisar. Había visto de pasada a los padres de su amigo y siempre habían sido amables con él. Solo esperaba no ser una molestia. Llegó a la verja y llamó al interfono. Miró a la cámara para que lo reconocieran bien. Una voz crepitó en el altavoz. —Pelo de mierda, lárgate. Y se cortó la comunicación. Volvió a pulsar el botón del timbre, esta vez más tiempo. —¡Oye, ya te he dicho que te largues! —¡Pues mala suerte, no pienso irme hasta hablar contigo! Se oyó un silencio al otro lado, pero no oyó el sonido que indicaba que se cortaba la comunicación. —Si es preciso me quedaré aquí toda la tarde llamando al timbre. Sabes que lo haré. Déjame hablar contigo. Silencio. Entonces la verja se abrió con un chirrido. Caminó hasta la puerta, que estaba abierta. Un Bakugou sombrío lo esperaba al otro lado. Estaba parado en el umbral, claramente impidiéndole el paso. —¿Y bien? ¿Qué carajo quieres? —Quiero saber que te pasa. Me ignoras por completo, estás raro en clase. Demasiado callado. Ni siquiera gritas a nadie. —¿Echas de menos mis gritos? ¿Qué eres, masoca? —Echo de menos al Bakugou de siempre. —Soy el mismo de siempre. Si todo lo que tienes que decir es esa chorrada, adiós— dijo empezando a cerrar la puerta. Pero Kirishima no estaba dispuesto a dejarlo estar. Agarró la puerta y activó su don, fijándola en el sitio. —¡Qué te crees que haces idiota! ¿¡Crees que puedes irrumpir en mi casa, así como así!? ¡Desactiva ahora mismo tu poder y lárgate! —No— fue su calmada respuesta—. De ninguna manera voy a dejar que esto vaya más lejos. Eres mi amigo. Te conozco bien. Sé que algo te pasa. Quiero ayudarte. ¿Cómo puedo ayudarte? —Ahora tengo yo una pregunta para ti, ¿por qué quieres ser amigo de alguien como yo? —¿Y por qué no iba a querer serlo? Tienes tu personalidad y tu carácter, sí, pero eres una persona noble, una buena persona. Me lo paso bien contigo, a tu lado me siento genial. No quiero que eso acabe. No quiero que cambies. Quiero que todo sea como antes. —Nada puede ser como antes. —¡Y por qué diablos no! Bakugou lo miró a los ojos por fin. ¿Estaba sonrojado? Definitivamente sí. Lo agarró por la camiseta y lo atrajo hacia delante. Kirishima estuvo a punto de activar su don, porque pensaba que se venía un ataque. Pero no era nada de eso. Lo agarró de la camiseta y lo atrajo hacia sí mismo, uniendo sus labios, dándole un beso corto pero intenso. —Por esto, idiota. Kirishima se quedó congelado, y Bakugou aprovechó para cerrarle la puerta en las narices. Una vez lo hubo hecho, apoyó la frente contra la madera y sintió un nudo en el estómago. Ya está. Lo había hecho por fin. Seguramente Kirishima ya no querría saber nada de él. Pero no podía evitarlo. Ya no podía negarlo, no podía estar cerca de él sin pensar en besarlo. Por lo menos, había podido hacerlo, aunque eso significara no poder estar con él nunca más.