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Minutos antes, en su vieja habitación en casa de sus padres, Bebe se acomodaba sobre el cabello una tiara, esta sostenía un velo que caía delicadamente sobre su rostro, el que complementaba su vestido blanco decorado con pequeñas perlas blanquecinas. Bajo un silencio que no concordaba con la ocasión, desvió su atención tras ella en el reflejo del espejo, donde cruzó miradas con Wendy, que aguardaba junto a la puerta. Wendy, la madrina encargada de acompañar y ayudar a la novia con lo que necesitara, lucía un vestido azul a juego con los padrinos; mientras, en el antejardín, Tweek, el último padrino, caminaba de un lado a otro esperando la llegada de la limusina. En la habitación, Wendy solo se limitaba a observar a Bebe, quien parecía tardar a propósito y antes de que se lo mencionara, los pasos apresurados de Tweek en el pasillo interrumpieron el sepulcral silencio. —¡Ya llegó la limusina! —anunció a viva voz, abriendo la puerta—. ¡Vámonos, vámonos! Bebe se giró en completa calma y le asintió con la cabeza antes de continuar acomodando la tiara. Ansioso, Tweek revisó la hora en su celular mientras Wendy cerraba la puerta. —Bebe, ¿todo bien? —preguntó Wendy—. Ese velo está listo hace rato. —¡Ya vámonos! —insistió Tweek, despeinando su cabello. —Ya, Tweek, cálmate —dijo Wendy, reacomodándole el cabello—. Clyde se va a enojar si llegas despeinado. Entre algunos tics nerviosos en su ojo derecho, Tweek prestó atención a Bebe, quien veía su reflejo en el espejo mientras admiraba su vestido con una calma que lo perturbaba. —¡Me va a dar algo, Bebe! ¡Apúrate! —reclamó Tweek, quitándose las manos de Wendy. Bebe tomó una gran bocanada de aire antes de forzarse a sonreír y, decidida, tomó un pequeño ramo de rosas azules y se dirigió hacia la puerta, sin embargo, con la mano sobre la manija su sonrisa se desvaneció. —No puedo —murmuró. Soltó la manija y se volteó a ver a ambos, pero antes de que pudiesen decir alguna palabra, Bebe tomó las manos de Tweek y puso en ellas el ramo. —Dile a Clyde que me perdone. Sin decir más, salió corriendo de la habitación. Consternado, Tweek bajó la mirada al ramo mientras Wendy, apenas reaccionó, se asomó al pasillo, pero ya estaba vacío. —Bebe... —balbuceó Tweek con la vista clavada en el ramo. Wendy no perdió tiempo. Miró a Tweek y lo tomó por los hombros con firmeza. —Voy a ir a buscarla a su apartamento. Tú ve a la iglesia y dile a Clyde. —¡¿Q-qué?! ¡¿A la iglesia?! —Dejó caer el ramo a sus pies—. ¡Yo no...! Dio un paso atrás y contuvo el aliento, pero Wendy intensificó el agarre en un inútil intento por calmarlo. —¡Tweek! Solo ve allá y dile lo que pasó. —Pe-pero... —Por favor, no lo dejes esperando. No hagas esto peor para él. Llama a Craig de camino. Wendy salió a paso rápido mientras Tweek se mordía las uñas entre leves quejidos. Pronto, sacó su celular y, con manos temblorosas, buscó el contacto de Craig. La grabación del buzón de voz hizo que Tweek chistara la lengua antes de correr a asomarse por la ventana a llamar a Wendy a todo pulmón, pero esta lo ignoró, hasta finalmente perderse entre las calles. —Oh, mierda —reclamó Tweek, dirigiendo su mirada a la limusina. Sin más opciones, Tweek corrió hasta el vehículo y subió a toda prisa. —Lléveme a la i-iglesia —ordenó en cuanto cerró la puerta. —Pero ¿y la novia? —preguntó el chofer, mirándolo por el espejo retrovisor. —¡Se fue! —explicó con desesperación—. ¡Gah! ¡Clyde está esperando y...! ¡Solo lléveme! Ante la urgencia de Tweek, el chofer se limitó a obedecer y arrancó el motor.•• ━━━━━ ••●•• ━━━━━ ••
Mientras tanto, en la iglesia, en cuanto Jimmy anunció la ansiada llegada de la limusina, Clyde, emocionado, se volteó hacia Tolkien y tomó su antebrazo con fuerza. —¡Me voy a casar! —anunció con voz aguda y una gran sonrisa. —Lo sé. —Le sonrió antes de bajar su mirada a la ansiosa mano de Clyde. Clyde se incorporó y en cuanto la marcha nupcial comenzó, se volteó de un rápido movimiento hacia Craig. —¿Tienes los anillos? —¡Que sí! —reclamó antes de sacar una pequeña caja forrada de terciopelo azul del bolsillo. Afuera, Tweek bajó de la limusina y se quedó en la acera, desde donde podía ver a los tres, esperando en el altar. Tomó una gran bocanada de aire y se encaminó con pasos torpes. La melodía no hacía más que empeorar su nerviosismo. Caminó con lentitud y apretó los puños mientras miraba de reojo a los invitados a su paso. A medio camino y por la ausencia de la novia, la melodía se detuvo. Cada paso que daba incrementaba los murmullos de los presentes. Pronto posó su mirada en Clyde, quien lo veía con una ansiosa sonrisa, lo que hacía más difícil avanzar en un camino que parecía interminable. Al llegar frente a Clyde, este pudo notar la angustia reflejada en el rostro de Tweek. —¿Y Bebe? —preguntó, mirando por sobre el hombro de Tweek—. ¿Por qué tarda tanto? Incapaz de decirle la verdad, tragó saliva y le negó con la cabeza. Preocupado por su actitud, Tolkien se aproximó a Tweek. —¿Qué pasó? —Bebe... Bebe se fue. Dijo: Dile que me perdone. Y solo se fue. Clyde no dijo nada, no lloró, ni siquiera parpadeó. Las palabras de Tweek le cayeron como un balde de agua fría. El mundo a su alrededor enmudeció y ahí, en medio del altar, solo miraba hacia la entrada de la iglesia con su mente atrapada en un vacío blanco. Al ver su estado, Tolkien se acercó despacio, con el rostro cargado de preocupación y lo rodeó por los hombros con un fuerte abrazo. A pesar de que Clyde se mantuvo rígido y no correspondió el gesto, Tolkien hundió su rostro contra el hombro del desdichado novio, y allí, oculto de la vista de los presentes, el gesto de preocupación se desvaneció por completo, transformándose en una silenciosa e inevitable sonrisa. Por otro lado, Craig, luego de procesar la noticia y asegurándose de que Tolkien intentaba contener a Clyde, se aproximó a Tweek en busca de una explicación, sin embargo, lo único que recibió de su novio fue un regaño en voz baja por mantener su celular apagado. El murmullo de la gente aumentó considerablemente, por lo que su padre se acercó a ver qué pasaba y en cuanto le explicaron, solo se limitó a abrazar a Clyde, pero este se mantenía absorto en sus pensamientos y la mirada vacía. Jimmy, preocupado, tomó sus muletas y mientras se acercaba a los chicos, una imprudente invitada se levantó de su asiento. —¿Y la novia? —vociferó, ganándose la atención de los chicos. Nervioso por la enorme cantidad de miradas sobre él, Tweek dio un paso atrás, por lo que Craig aclaró su garganta. —La boda se cancela hasta nuevo aviso. Sin decir más, se volteó a darle la espalda a los invitados. Pronto, el murmullo se convirtió en un barullo que poco a poco abandonaba la iglesia. Tolkien, aún junto a Clyde, quien recibía el insistente abrazo de su padre, buscó su mirada, sin embargo, la conmoción se adueñaba por completo de él. Y así, a los pies del altar, el que debía ser el día más feliz de la vida de Clyde se transformará en una caída libre al desvarío.