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Luego de guardar en un par de cajas todo lo relacionado a la boda, Roger subió al desván en compañía de Tolkien. Mientras acomodaban todo, Tolkien se topó con una fotografía del día en que Clyde le había propuesto matrimonio a Bebe. Ambos posaban con una gran sonrisa, presumiendo las manos con los anillos de compromiso puestos. —Me pregunto qué fue lo que pasó para que Bebe lo dejara plantado. ¿Por qué esperar hasta hoy? —Clyde estaba tan emocionado... —comentó Roger, antes de que las lágrimas lo interrumpieran. Una llamada en el teléfono de Roger frenó la conversación. Tolkien le dio una leve palmada en la espalda a modo de consuelo antes de bajar a la sala para darle un poco de privacidad. Abajo, Tweek, aunque revisaba sin descanso sus redes sociales en el celular, prestaba atención a Jimmy, que conversaba y bebía café con Craig. En cuanto Tolkien entró a la sala, los tres dirigieron su mirada a él. —Ya todo listo y escondido —anunció, sacudiéndose el polvo de las manos. —¿De verdad crees que eso va a servir de algo? —cuestionó Craig—. No va a olvidarlo de la noche a la mañana. —Es lo que sugirió el médico. —Tolkien se encogió de hombros. Antes de que Craig lo cuestionara, Roger entró a la sala a paso rápido mientras guardaba su celular con manos temblorosas y una expresión de pánico. —¿Se encuentra bien, señor Donovan? —preguntó Tweek, inclinándose sobre su asiento. —Debo... Debo irme —explicó con torpeza—. Mi madre tuvo un accidente. —Ay, por dios. ¿Está bien? —No lo sé, pero... Clyde. No puedo dejarlo solo. Tolkien se aproximó a él de inmediato y posó una mano sobre su hombro con la intención de calmarlo. —Roger, creo que a Clyde no le hará bien verte en este estado cuando despierte. —No quiero dejarlo solo —se lamentó, apretando los puños con frustración. —Yo puedo quedarme a cuidarlo. Ve tranquilo, te prometo que ante cualquier emergencia, serás el primero en enterarte. —Pero... —Roger, de verdad. No es problema para mí quedarme. Craig se puso de pie apresurándose a beber su último trago de café. —Yo puedo quedarme también —agregó, con una sonrisa. —No —dijo al instante Tolkien, volteándose a verlo. —¿Por qué no? —Es decir... —Carraspeó la garganta y cambió su tono por uno más suave—. No te preocupes, Craig. Yo puedo hacerme cargo. —Pero también es mi amigo, no me molesta. De hecho, podríamos quedarnos todos —sugirió, volteándose a ver a Jimmy y Tweek. Tweek asintió con una amistosa sonrisa, a diferencia de Jimmy, quien recorrió a todos con una mirada cargada de culpa. —B-bueno... En realidad, yo iba a viajar mañana con N-Nancy. Ya tenemos los bol-letos comprados. —Aún así seríamos tres, no será tan complicado —continuó Tweek. —No es necesario —insistió Tolkien, con una falsa sonrisa. —Tal vez p-podría aplazar el viaje con Na-Na-Nancy. —Jimmy —intervino Tweek—, solo ve a tu viaje y disfrútalo. Supongo que nos quedaremos solo los que tenemos el corazón roto —dijo, un poco cabizbajo. —Ah, ya va a empezar —comentó Craig, dejando escapar una risa burlona—. Supéralo, Tweek. —Cuando lo superes tú —reclamó, dedicándole una mirada de desagrado mientras le enseñaba el dedo medio. —Homosexual —articuló Craig en silencio, regresándole la seña. Ambos compartieron una risa cómplice mientras Tolkien recibía las instrucciones de Roger. —Las llaves de repuesto están en aquel cajón. Si tiene hambre... —Roger, tranquilo —dijo, guiándolo hacia la puerta con pasos lentos—. Míranos bien, tenemos casi treinta años. Sabemos cuidarnos, ya no somos niños. Roger soltó un pesado suspiro y se volteó a ver a todos en la sala antes de abrir la puerta. —Por favor, cuídenlo bien. —Lo haremos —respondieron al unísono. —Yo también debo irme, de v-verdad lo s-s-siento. —Jimmy se aproximó a alcanzar a Roger—. Y-yo lo llevo, Roger, no creo que esté en condiciones de conducir. —Gracias —dijo, saliendo de casa. Tolkien se quedó en el umbral de la puerta principal hasta perder de vista el auto de Jimmy y se volteó a ver a Tweek y Craig, quienes conversaban y bromeaban sentados en el sofá. —No tenían que quedarse también —regañó entre dientes—. Tendré que ver cómo me deshago de ellos en estos días. Entró a la sala y dio una fuerte palmada única antes de sonreírle a ambos. —A dormir —ordenó Tolkien. —Y... ¿Cómo nos vamos a distribuir todos aquí? —preguntó Tweek. —En la habitación de invitados —sugirió Craig. —¿La que tiene dos camas? Te recuerdo que somos tres, Craig. —Pues sí, Clyde solo tiene esa aparte de la suya. —Bueno, su cama es matrimonial... Tolkien se apresuró a intervenir, previniendo nuevas ideas. —Yo puedo dormir en la habitación de Clyde para... ya saben. Cuidarlo y todo eso. Ustedes pueden dormir en la otra habitación. —Bien —dijo Tweek—. O podemos turnarnos y dormir ahí cada uno una noche. —No es necesario —insistió Tolkien. —Pero sería lo más justo —agregó Craig. —No, no es necesario. —Pero Clyde tiene solo una cama, ¿no sería un poco incómodo dormir con él? —insistió Tweek. —No me molesta dormir ahí —dijo, con una risa nerviosa—. No es como que voy a estar abrazándolo ni nada de eso. Craig entrecerró sus ojos, delatando incomodidad en su expresión. —Nadie pensó eso, amigo. —Yo tampoco —aseguró Tolkien antes de voltearse y encaminarse a la escalera—. Ustedes vayan a dormir o... hagan lo que quieran. Buenas noches. Sin darles tiempo de que respondieran, subió a paso rápido hasta la habitación de Clyde, cerró la puerta tras él y se apoyó en ella. La tenue luz de la luna a través de la cortina traslúcida iluminaba el ahora sereno rostro de Clyde. Fue en ese preciso instante en el que Tolkien se cuestionó aquella sonrisa tan imprudente en la iglesia. Sabía muy bien que no era correcto, pero aquella sonrisa casi irracional venía acompañada de ilusiones y nuevas esperanzas. Las mismas ilusiones que había perdido el día que Clyde le propuso matrimonio a Bebe. Las mismas esperanzas que se veían cada vez más lejanas mientras intentaba sostener una falsa relación con Nichole. Tolkien se aproximó con pasos lentos y silenciosos. Se sentó en la orilla de la cama junto a Clyde, mientras acercaba la mano a su mejilla hasta por fin acariciarlo y pronto, apoyó su frente contra la de Clyde. Cerró los ojos al sentir la calidez de su respiración contra sus labios y sonrió. —No sé cuándo me enamoré de ti, Clyde, pero estoy harto de amarte en silencio —susurró. Acarició su mejilla una vez más y se levantó de inmediato. Caminó alrededor de la cama y mientras cambiaba su ropa por un pijama que tomó del ropero de Clyde, se volteó a verlo y, para su sorpresa, Clyde tenía los ojos abiertos, con la mirada fija en él, aunque inexpresivo. Sobresaltado, Tolkien terminó de ponerse una camiseta y, un poco nervioso, alzó su mano en el aire y la movió lentamente. Aunque Clyde parecía verlo fijamente, su mirada permanecía perdida. —¿Clyde? —preguntó, conteniendo la respiración. Aunque no obtuvo respuesta, insistió una vez más, pero Clyde solo se acomodó de lado sobre la cama y cerró sus ojos. Aliviado, Tolkien soltó un suspiro y alzó el edredón de la cama, se sentó sobre esta y antes de acostarse, se dio cuenta de que estaba en el lugar que solía usar Bebe. Inevitablemente dirigió su mirada a la mesita de noche junto a él y, con la intención de buscar respuestas, abrió el cajón. Maquillaje, maquillaje y más maquillaje, sin embargo, un trozo de papel con un número telefónico apuntado llamó su atención. Sin dudarlo, recogió su pantalón y sacó su celular. Marcó el número, pero del otro lado de la línea solo estaba la grabación del buzón de voz. Cortó la llamada, sacó una fotografía del número y regresó el papel a su lugar. Se acomodó en la cama con su cuerpo hacia Clyde, tomó su mano y sonrió. —Buenas noches, Clyde —susurró.Cap. 2 - Contigo, en silencio
21 de junio de 2026, 7:38
Un par de horas más tarde, cerca de las nueve de la noche, Tweek preparaba café en la cocina en compañía de Jimmy. En la sala, Tolkien y Craig conversaban en voz baja. Ninguno se atrevía a romper el ambiente tenso que se apoderaba de la casa de Clyde.
En el segundo piso, Roger conversaba con un médico, el que terminaba de inyectar el brazo de Clyde, recostado sobre su cama. Mantenía la mirada perdida en un punto inexacto y respiraba con calma, aunque desde la iglesia no había dicho una sola palabra ni respondía a estímulos.
—¿Está seguro de que mi hijo va a estar bien? —Roger se inclinó a buscar la mirada de Clyde—. No se ve nada bien.
—Acaba de sufrir un shock emocional severo, es una respuesta normal.
—Pero... Es como... que se hubiera apagado. Simplemente dejó de funcionar.
—Para eso lo sedé, necesitamos que duerma y pueda procesar todo con más calma. El cerebro sigue trabajando, incluso en ese estado.
Clyde parpadeó con pesadez. Poco a poco cerró los ojos, sumergiéndose en un sueño que aparentaba total calma.
El médico se levantó para guardar sus instrumentos, mientras Roger se sentó en la cama junto a Clyde.
—¿Hay algo que pueda hacer? —preguntó al borde del sollozo, acariciándole el cabello con torpeza.
—Sería prudente que esconda todo lo que pueda recordarle a la boda, pero no lo tire, puede empeorar las cosas cuando recupere la lucidez. Escóndalo hasta que él pregunte. Esto es como un duelo, en algún momento necesita despedirse de ella.
Roger asintió en silencio y estiró la mano para recibir un frasco de pastillas que le entregaba el médico.
—Dele una cada doce horas. Ni una más, ni una menos.
—¿Y si despierta a mitad de la noche?
—No lo hará. Con la dosis que le administré debería despertar pasado mañana.
Alarmado por esto, Roger regresó su atención a Clyde nuevamente.
—Mi pobre pequeño... —murmuró.
—Señor Donovan, es muy importante que cuando despierte no le hable de esa forma. Le aseguro que lo que menos necesita en este momento es lástima. Él necesita compañía, calma, sentirse seguro y sobre todo evite presionarlo.
Sin poder contenerse más, Roger estalló en un llanto ahogado, lo que alertó a Tolkien y Craig, que aguardaban sentados en el sofá de la sala.
Ambos se miraron con preocupación, compartiendo un silencio que rompió Tweek mientras se acercaba con una bandeja con cuatro tazas de café, seguido de Jimmy, quien acomodó una silla para ambos frente al sofá.
Tweek le entregó una taza a Tolkien y luego a Craig, tomó una para él y se sentó junto a Jimmy a continuar la espera.
Pronto, los pasos del médico bajando la escalera interrumpieron el lúgubre ambiente, seguidos de los de Roger. Antes de retirarse, le entregó una tarjeta con su número a Roger, indicándole que lo llamara ante cualquier emergencia.