Pulsión incontrolable

Slash
NC-21
Finalizada
2
El trabajo participa en el concurso «Estrellas del Escenario»
Fechas del concurso: 06.05.26 - 15.06.26
Inicio de la votación: 15.05.26
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Emparejamientos y personajes:
Tamaño:
5 páginas, 1.426 palabras, 2 capítulos
Descripción:
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Capítulo 2

Ajustes
Pasaron los minutos, y cuando se quiso dar cuenta, Jeong estaba agarrando de las manos a sus compañeros, en círculo, como en una oración. Cerrando los ojos, visualizando el momento. No fue consciente de nada más. Reaccionó a un único estímulo, oír como gritaban “ToyBoys”. En el momento justo, todas las cámaras los enfocaron y se fundió en un gran abrazo con sus amigos. Eso era ganar. Se sentía demasiado bien. Demasiada euforia, el corazón demasiado acelerado haciéndole retumbar la sangre en el cerebro como para darse cuenta de lo que estaba pasando. Las cámaras lo grabaron con su banda recibiendo el premio con humildad, dando un discurso compartido agradeciendo al público y a los demás grupos, las fotos interminables, la rueda de prensa después. Todo pasó rápido y en un mar de júbilo. No podía parar de sonreír. Era una de las personas más felices sobre la faz de la tierra, y simplemente lo estaba disfrutando. La cena de gala, donde fueron el centro de atención, estuvo deliciosa. No tenía ni idea de qué había comido, pero eran los platos más esquisitos que había probado su paladar. La fiesta tuvo su apogeo y ahora se acercaba a su final. Por fin, la verdad. La adrenalina ya había pasado su pico hace tiempo en su sistema y empezaba a necesitar un rato de descanso. El banquete había sido en mismo complejo hotelero donde se hospedaban todos, y su cama estaba siendo un reclamo cada vez más poderoso. Aún así, seguía necesitando ese ratito de desconexión, y le dijo a los demás que iba a pasear un rato a solas por donde pudiera. No era algo raro en él, y los demás lo dejaron ir, con la promesa de levantarse antes de las 12 por la mañana para desayunar-almorzar. Y sin más, metió las manos en los bolsillos y buscó un lugar tranquilo en el que deambular un poco antes de irse a dormir. Salió al exterior, a una zona ajardinada cerrada del mundo exterior por un muro vegetal. Caminó un poco y eligió el muro de un cenador que había allí en medio para apoyar la espalda y desperezarse un poco. —Enhorabuena— dijo una voz conocida, en algún lugar a su derecha. —Gracias. —No te voy a mentir, me gustaría haber ganado. Pero ya que no he sido yo, me alegro de que hayas sido tú— dijo Kuro apoyándose en el muro a su lado. —Qué considerado. Debe ser duro reconocer que soy mejor. Kuro se rio para sus adentros, con aquella voz grave reverberando en su garganta. Jeong lo miró por primera vez directamente, y Kuro le pasó un mechón de pelo detrás de la oreja. Ese roce despertó mariposas. —Eres tan adorable cuando pretendes ser prepotente e ingenioso. —Y tú tan cansino cuando vas de chulito. Ahora mismo, con ese premio en mis manos, no estás en posición de serlo. Esta vez, Kuro se rio en alto. Cogió suavemente el mentón de Jeong y susurro en sus labios. —Quédate con ese premio. Yo vengo a reclamar algo mucho mejor. Y lo besó. Suave, demandante. Con cuidado, Kuro apoyó su peso sobre Jeong, aprisionándolo entre él y el muro. Sin dejarlo replicar, subió una mano por dentro de su cazadora de corte militar y su camisa para rozar la piel desnuda. Jeong no pudo evitar un jadeo, y cuando sus labios se separaron, Kuro aprovechó para morder levemente su cuello. Por desgracia, la ropa de Kuro estaba muy pegada a él y no encontraba fisura por donde meter las manos. —¿Te estorba mi ropa?— susurró en su oreja antes de darle un leve mordisco. Jeong cogió su rostro y lo miró a los ojos antes de besarlo de nuevo. Y con todo el descaro, luego buscó la bragueta de Kuro y la bajó para tocarlo por encima de la ropa interior. Esta vez le tocó gemir a Kuro. Con sorpresa, con excitación, con la voz muy ronca. Se repuso rápido y mordisqueó el labio inferior de Jeong para luego hacerle lo mismo, solo que él se saltó la ropa interior y tocó directamente la carne pulsante de su amante. Ninguno estaba dispuesto a ceder. A ser el que dijera, “aquí no”. Se besaron con hambre y se tocaron sin pudor. Se convirtieron en una maraña de gemidos, y Jeong no pudo parar. Se corrió en la mano de Kuro, mientras este ahogaba su gemido de éxtasis con sus labios. —Joder, Kuro… ¿qué me haces? —El amor, si me dejas apropiadamente. La simple anticipación de más placer envió una descarga a la espina dorsal de Jeong. Pero aún así, un ápice de arrepentimiento cruzó por su conciencia. —Kuro, ¿está bien esto? ¿Y si nos pillan? El interpelado, se separó de él y sacó un pañuelo con el que limpió el semen de su mano. Sin aparente pudor, se dejó su miembro duro y palpitante fuera de la bragueta. —Siempre preguntas lo mismo. Siempre después de correrte, justo cuando tu pulsión ya ha sido saciada. Si crees que soy un error vete. Pero si te vas, no vuelvas a buscarme. Jeong se quedó frío. Pero en el fondo, sabía cual iba a ser su decisión. No podía evitarlo. En aquel hombre había algo adictivo, algo de lo que nunca podía tener suficiente. Se dejó caer de rodillas y empezó a lamer el glande de Kuro. Claro que no iba a irse. Claro que aquello no se iba a acabar allí. No sabía como iba a acabar aquel affair. Pero no iba a acabar esa vez. Y probablemente la siguiente tampoco sería la última.
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