Maitasuna / Draco Malfoy (Gay)

NC-17
En progreso
0
Tamaño:
planificada Mini, escritos 7 páginas, 2.750 palabras, 3 capítulos
Descripción:
Publicando en otros sitios web:
Consultar con el autor / traductor
0 Me gusta 0 Comentarios 1 Para la colección

2. Draco Malfoy

Ajustes
—¡Pero yo no quiero casarme con ese niño estúpido! —exclamó un pequeño Draco, con el rostro enrojecido de enfado. —Draco, cielo, no te vas a casar con él si no quieres —intentó calmarlo su padre Narcisso, con toda la paciencia que pudo reunir. —¡Pero no paráis de llevarme a conocer gente! Si no me voy a casar con ellos, entonces todo esto es ridículo —gruñó Draco, aún más enfurruñado. —Draco, no le hables en ese tono a tu padre —siseó Lucius, sentado en el magnífico sofá de terciopelo negro del majestuoso salón. Hasta ese momento se había limitado a observar, respetando la petición de su amado esposo de no intervenir. Sin embargo, tampoco podía tolerar que el mocoso de su hijo hablara así al amor de su vida. —Perdón… —murmuró Draco, bajando la cabeza. La verdad era que su padre Lucius le imponía un respeto cercano al miedo. Narcisso levantó una ceja hacia su marido, quien se limitó a encogerse de hombros en un gesto de rendición. —Cariño —prosiguió Narcisso con un tono dulce, volviendo a dirigirse a su hijo—, ya sabes que no estás obligado a casarte con nadie que no quieras. Además, aún eres demasiado pequeño para pensar en esas cosas. —Hizo una pausa y suavizó aún más su voz—. Pero sabes que nuestra familia siempre ha seguido la tradición de entrelazarse con linajes de sangre pura. No pasará nada por conocer y estrechar lazos con la familia Valverde. Vienen de muy lejos para poder presentarse y, quién sabe, quizá te lleves una sorpresa. Draco se quedó pensativo unos instantes. Desvió la mirada de la expresión afectuosa de Narcisso al semblante severo de Lucius, que lo observaba en silencio. —Está bien… —murmuró al final, completamente rendido. El rostro de Narcisso se iluminó con una sonrisa tan amplia que sus ojos parecieron dos medias lunas. —Qué orgulloso estoy de ti —dijo, abrazando a su pequeño—. Ya eres todo un hombrecito. —¡Vale, pero si resulta ser un idiota o un niño feo como los demás, se larga de aquí! —replicó Draco, completamente sonrojado, antes de salir corriendo del salón seguido de su elfo doméstico. La verdad era que el matrimonio Malfoy había intentado en numerosas ocasiones que su hijo congeniara con los descendientes de las familias más influyentes del mundo mágico, aquellas con las que convenía mantener relaciones tanto sociales como económicas. Nunca lograron nada: Draco no cedía ni un ápice. Sin embargo, esos encuentros habían servido al matrimonio para comprender tres cosas muy claras. La primera: definitivamente habían mimado demasiado a su hijo, y ese exceso de atenciones lo había convertido en un niño de carácter complicado. Lucius, en realidad, no se preocupaba demasiado por este aspecto. La segunda: aunque abrigaban la esperanza de que Draco pudiera interesarse algún día por alguien de una familia respetable, jamás lo obligarían a casarse contra su voluntad. Ellos mismos habían vivido un infierno para estar juntos. Pese a la oposición de sus familias, nunca dejaron de luchar por su amor. No deseaban que su hijo pasara por el mismo dolor, porque nada era tan cruel como hallar a tu pareja predestinada, tu alma gemela, y no poder estar a su lado. Y la tercera, quizá la más importante: habían descubierto que Draco no sentía atracción por las niñas, pero tampoco mostraba demasiado interés por los niños. Tal y como él mismo había dicho, la mayoría carecía de ingenio, y tampoco eran demasiado agraciados. —Lo has hecho muy bien, mi vida —dijo Lucius mientras se levantaba y rodeaba con su mano varonil la esbelta cintura de su esposo. —Oh, cielo, qué ganas tengo de que llegue el día —respondió Narcisso, apoyando su cabecita de sedoso cabello negro y platino sobre el ancho y musculoso hombro de su atractivo marido—. Tengo un buen presentimiento. —¿De verdad lo crees? —preguntó Lucius, guiando a Narcisso con el brazo firme aún ceñido a su cintura hacia la alcoba que compartían. —Claro, al fin y al cabo, soy un poquito bruja —bromeó Narcisso, provocando que Lucius soltara una breve carcajada. Mientras tanto, Draco se preparaba para irse a la cama, planeando ya una que otra travesura para atormentar al “niño tonto” que estaba por llegar. Se prometió que le haría pasar tan mal rato que huiría de Inglaterra para regresar corriendo a España, y que cada vez que escuchara una sola palabra en inglés le temblarían las piernas al recordar su rostro. Lo que Draco no sabía es lo profundamente equivocado que estaba.
0 Me gusta 0 Comentarios 1 Para la colección