Entre espadas y juramentos

Slash
R
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2
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planificada Maxi, escritos 173 páginas, 57.242 palabras, 16 capítulos
Descripción:
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Capítulo 11.- Rupturas y bienvenidas

Ajustes
El amanecer llegó... pero no trajo paz. La luz se filtraba por las ventanas de la cocina del Thousand Sunny, suave, dorada... casi cruel en su calma, como si el mundo siguiera avanzando con normalidad mientras algo dentro de ese barco ya se había roto sin posibilidad de repararse. Sanji ya estaba ahí. Desde mucho antes de que el sol apareciera. No había dormido, no realmente. Había cerrado los ojos... sí, pero el descanso nunca llegó. Solo recuerdos...Solo ecos...Solo sensaciones que no podía apagar. La misma ropa seguía sobre su cuerpo, arrugada, marcada, como si también cargara con el peso de lo ocurrido, como si cada pliegue guardara un momento que él no quería recordar pero que su cuerpo se negaba a olvidar. Sus ojos estaban enrojecidos, hundidos, rodeados de ojeras profundas que hablaban de una noche interminable, de lágrimas que no dejaron de caer, de silencios que dolieron más que cualquier palabra. Su mirada estaba apagada. No vacía... peor ... Cansada. Cansada de sostenerse. Cansada de fingir. Cansada de sentir demasiado. Sus manos se movían solas, como si no le pertenecieran, rompiendo huevos, cortando pan, sirviendo café, siguiendo una rutina que había repetido tantas veces que ahora era lo único que le impedía desmoronarse. Porque si se detenía... Si dejaba de moverse... Si se permitía pensar... Se iba a romper ahí mismo. -Tiene que ser hoy... El susurro se perdió en el vapor del café. El desayuno, sería el momento adecuado... Así todos estarían reunidos... Antes de los preparativos... Antes de las decoraciones... Antes de que alguien mencionara flores, trajes, promesas... Y sobre todo antes de que la mentira siguiera creciendo sobre algo que ya estaba muerto. Respiró hondo; Pero el aire no llenó nada... Nunca lo hacía. La puerta se abrió. El sonido fue leve. Pero suficiente. Paso firme. Pesado. Reconocible. Zoro. El primero en llegar como siempre. Pero esta vez... no era igual. Se detuvo al verlo. Y algo en su expresión cambió. No fue inmediato. Fue sutil. Pero real. Sanji no se giró. No necesitaba hacerlo. Podía sentirlo. Ese silencio entre ellos ya no era el de antes. No era cómodo. No era cotidiano. Era tenso. Filoso. Roto. -Llegaste temprano -dijo Sanji, sin mirarlo, con una voz que intentaba sostener normalidad... pero se quebraba en los bordes. Zoro no respondió enseguida. Sus ojos estaban sobre él. No como antes. No con simple irritación. No con costumbre. Sino con algo más profundo. Más atento. Más incómodo. -Voy a decirlo hoy. Las palabras salieron antes de que pudiera detenerlas. Directas. Sin defensa. Sanji cerró los ojos apenas un segundo. -En el desayuno. Zoro frunció el ceño. -¿Decir qué? Pero ya lo sabía. Lo sabía desde que lo vio. Desde que notó ese vacío en él. -Que se cancela. El aire se volvió pesado. Denso. Casi imposible de respirar. Zoro avanzó un paso más. Y entonces... Lo vio. De verdad. No desde la rabia. No desde el rechazo. Sino mirando. Observando. Las ojeras. La forma en que evitaba ciertos movimientos. La rigidez en su postura. El leve temblor que no coincidía solo con tristeza. Había algo más. Algo que no encajaba. Sus ojos descendieron apenas, analizando sin querer hacerlo evidente, encontrando pequeños detalles que antes habría ignorado, señales que ahora... no podía dejar pasar. Y la duda apareció. No débil. No pasajera. Real. Molesta. Persistente. -...Sanji. Su voz cambió. Más baja. Más lenta. Más incierta. Sanji se tensó. Pero no se giró. -¿Qué? Zoro apretó la mandíbula. Las piezas no encajaban. Y eso lo irritaba. Porque significaba que había algo que no había querido ver. -No tienes que... Las palabras se atascaron. Porque decirlo significaba aceptar otra versión de la realidad. Y su orgullo... Su maldito orgullo... No lo dejaba. No lo dejaba retroceder. No lo dejaba admitir que quizá... Se había equivocado. -Olvídalo -gruñó al final, retrocediendo un paso, levantando su propio muro otra vez. Sanji sonrió. Pero fue una sonrisa que dolía ver. -No... tienes razón. Y ahí... Algo se quebró de verdad. Porque eso no fue acuerdo. Fue rendición. Y Zoro lo sintió. Pero no hizo nada. No dijo nada. Y ese silencio... Fue el verdadero punto de no retorno. Minutos después, todos estaban reunidos. El desayuno servido. La tensión en el aire. Invisible... pero imposible de ignorar. Sanji estaba de pie frente a ellos. Sintiendo el peso en su pecho. Las palabras atoradas. El impulso de huir. Pero no podía. Porque quedarse así... Dolía más. -La boda... se canceló. El mundo se detuvo. Las miradas se clavaron. El silencio se expandió. Y dentro de Zoro... La duda creció. Más fuerte. Más clara. "Algo no está bien..." Pero justo en ese instante- Cuando todo estaba a punto de romperse de verdad- Cuando Sanji estaba a punto de caer- Cuando Zoro estaba a punto de hablar- El golpe. Seco. Violento. Desde la cubierta. Todo se rompió. La atención cambió. El momento... desapareció. Un cuerpo cayó y estaba malherido. Arrastrando consigo la interrupción perfecta. Era ni más ni menos que Katakuri... Sanji reaccionó al instante como si algo lo estuviera llamando y sin pensar corrió hacia él y lo saco de los escombros y en ese movimiento... Todo cambió. Zoro vio todo y eso le parecía raro, la forma que sanji reaccionó al sujeto que cayó, ya no solo veía a Sanji, también veía al desconocido y algo en su instinto... se tensó. Katakuri apenas había abierto los ojos, su respiración medida, su cuerpo aparentemente debilitado, sostenido entre el dolor y el agotamiento que fingía con precisión absoluta, y lo primero que vio... Fue a su Sanji. Y en ese instante... Lo supo. Su rubio era más frágil, más vulnerable, más accesible, más sensible, más hermoso y sobre todo más suyo y eso lo hacía feliz pero no lo mostró.... Mejor dicho no podía. Así que continuo con su actuación perfecta... Y con dificultad fingida comenzó a mover los labios dejando escapar un simple... -Gracias... Y al escuchar la voz de Katakuri, Sanji tembló inconscientemente...Katakuri cerró los ojos, fingiendo aun debilidad, pero por dentro... Sonreía. Porque no solo  había detenido la verdad... Sino también había desviado el momento... Había protegido la mentira.. Y ahora... Con todos en movimiento... Con las emociones abiertas... Con las grietas expuestas... El juego apenas comenzaba. Y esta vez... No iba a fallar. Para Sanji, el “gracias” de Katakuri no fue una palabra… fue una invasión. El cocinero no lo procesó... Lo sintió... Como si esa voz hubiera atravesado directamente su piel, su memoria, su cuerpo… despertando algo que no podía nombrar pero que lo reconocía con una precisión aterradora. El instante no pareció importante al inicio… Fue pequeño, casi insignificante. El aire cambió de forma casi imperceptible, como si esa única palabra hubiera sido suficiente para alterar el equilibrio de todo lo que los rodeaba, porque no fue el tono, no fue la intensidad, no fue el contexto… fue la forma en que esa voz llegó hasta Sanji. Sanji, que estaba de pie. Sanji, que estaba conteniéndose. Sanji, que había pasado toda la mañana sosteniéndose a sí mismo con hilos invisibles que ya estaban a punto de romperse. Esa voz lo alcanzó antes de que pudiera prepararse... Entró sin permiso, sin filtro de forma directa y algo dentro de él reaccionó. No en su mente. No de forma consciente. Sino más profundo... Mucho más profundo. Su cuerpo fue el primero en traicionarlo al ponerse tenso y su respiración se detuvo un segundo. Un solo segundo, pero suficiente. Sus pupilas se contrajeron levemente, como si algo lo hubiera atravesado. Un recuerdo que no lograba formar pero que dolía... Dolía como si su piel lo reconociera antes que su memoria. —… No entendía. No sabía por qué. Pero su pecho comenzó a apretarse demasiado fuerte, como si algo invisible estuviera tirando de él desde adentro. Su corazón se aceleró de forma descompasada y errática. Sus oídos comenzaron a zumbar. Y la voz… Esa voz… Se repitió en su cabeza. Gracias... Gracias...Gracias. Cada vez más profunda...Más cercana. Más… íntima. Su visión tembló y el entorno se distorsionó apenas y las figuras frente a él perdieron nitidez. Y entonces… volvió a temblar... No era miedo... Era una respuesta... Era una reacción involuntaria, profunda, casi íntima… como si su cuerpo recordara antes que su mente. —Tú… —intentó hablar, pero el sonido murió antes de nacer. Y colapsó. Su cuerpo cedió hacia adelante sin resistencia. Pero no cayó. Zoro lo sostuvo rápido, firme e instintivo. Sus brazos rodearon a Sanji con una seguridad que no dejaba espacio a la duda, atrapándolo contra su pecho como si el mundo entero pudiera romperse, pero no permitiría que él tocara el suelo. —¡Sanji! —su voz fue áspera, pero demasiado cargada para ser solo molestia. El cuerpo inconsciente del cocinero se acomodó contra él. Y entonces… Ese pequeño movimiento. Ese leve temblor. Sanji se aferró inconscientemente. A Zoro. Y algo en el aire… se tensó. Katakuri lo percató. Y por primera vez— No fue solo satisfacción...Fue algo más oscuro. Más denso. Más posesivo. Algo en su pecho se apretó al ver esa cercanía. Esa forma en que el cuerpo de Sanji, incluso inconsciente… respondía a otro. A Zoro. “No…” La idea fue inmediata. Fría. Cortante. Equivocada. Sanji no debía reaccionar así ante nadie más. No debía buscar calor en otro cuerpo. No debía… acomodarse así. Porque Sanji— Era suyo. La certeza se asentó dentro de Katakuri con una intensidad casi violenta. Su juicio se endureció apenas un segundo. “No es de él.” Cada pensamiento se volvió más preciso. Más afilado. “Ese lugar no le pertenece.” Zoro sosteniéndolo. Zoro tocándolo. Zoro siendo el punto donde su cuerpo encontraba refugio… No. Eso no encajaba. Eso no iba a permanecer. Y justo en ese momento se escucho una orden— —Déjalo!. La voz de Luffy irrumpió, directa, firme... Haciendo que toda la tripulacion se estuviera... Zoro ni siquiera volteó al inicio... Ajustó ligeramente su agarre sobre Sanji, protegiéndolo más. Ese gesto… Encendió algo en Luffy... —No necesitas cargarlo tú, otro miembro de la tripulacion puede hacerlo, al fin de cuentas el compromiso está roto, no te hagas más daño—continuó Luffy, avanzando, su mirada estaba fija no en Sanji… sino en Zoro. El ambiente cambió a pesado y denso. Katakuri lo sintió de inmediato. Esa corriente invisible. Ese filo. Luffy no estaba preocupado... Estaba… molesto. No por la situación, sino por la cercanía. Por cómo Zoro lo sostenía. Por lo natural que parecía. Y eso— Eso le resultó fascinante. Porque no era el único que reclamaba algo. Zoro no respondió, pero no soltó a Sanji.. Ni un centímetro. Entonces Chopper no dudó en actuar e interrumpiendo el momento de tensión grito... -¡Llévenlos a la enfermería, rápido! Dijo con voz temblorosa y ya cerca de katakuri, ya trabajando para intentar estabilizarlo mientras señalaba a Sanji. -¡Ambos! ¡Ahora!- volvió a decir con insistencia Chopper. Entonces Chopper le aplicó un medicamento a Katakuri que lo hizo "reaccionar". Abriendo los ojos de golpe.  Ya estás estable! Pero necesito revisar que todo esté bien, puedes ponerte de pie? -pregunto chopper con preocupación. Creo que si -contesto katakuri siguiendo con su actuación maestra. Ok , pero de todos modos.. Frankly por favor ayúdalo a ir a la enfermería yo voy adelantarme a preparar todo -ordeno el doctor reno- Katakuri se puso de pie tambaleando porque aún seguía "débil", Frankly puso su brazo en su hombro y comenzaron a caminar hacia la enfermería, pasando un lado de Zoro y Sanji. A katakuri no le gustaba como el espadachín abrazaba a SU sanji y entonces de nuevo se escuchó a Luffy hablar... —Veo que no me harás caso, entonces por el bien de Sanji —dijo Luffy, más bajo, más controlado, tratando de esconder su molestia, pero con una tensión clara—. Llévalo a la enfermería… ya!. Una orden. Zoro apretó la mandíbula. Y caminó. Sin discutir. Pero sin ceder tampoco. Sanji seguía en sus brazos. Seguro. Protegido. Y mientras avanzaban— Luffy se colocó a su lado. Demasiado cerca. Como si no fuera casualidad. Como si no quisiera dejar ese espacio libre. Katakuri iba hacia la enfermería pero iba observando, midiendo y sintiendo. Cada detalle. Cada mirada. Cada respiración. Y entonces lo sintió de nuevo— Sanji volvió a temblar. Más fuerte. Más evidente. Un estremecimiento que no coincidía con el contacto de Zoro. Sino con algo más. Algo que lo seguía. Algo que lo observaba. Algo que lo reclamaba sin tocarlo. Katakuri. Y esta vez… Sonrió. Porque lo entendió. Ese cuerpo reaccionaba distinto. Respondía a estímulos distintos. Y aunque ahora se aferrara a Zoro… Había algo más profundo que ya no le pertenecía. Algo que ya había marcado y volteo a ver a su sanji pero sus ojos chocaron con la mirada de Zoro. Y la sonrisa desapareció apenas. Porque seguía ahí. Demasiado firme. Demasiado presente. Demasiado… importante. Los celos no fueron ruido. Fueron decisión. Fría. Precisa. Controlada. “Primero él.” Zoro no había caído. No completamente. Aún creía. Aún protegía. Aún sostenía. Y eso… Eso era un problema. Pero también… Una oportunidad. Porque cuanto más fuerte fuera ese vínculo— Más devastadora sería la caída. Y mientras cruzaban la puerta de la enfermería— Con Luffy abriendo paso, demasiado atento, demasiado cerca de Zoro… Y Zoro sin soltar a Sanji… Katakuri ya no solo observaba. Planeaba.. Porque Sanji era suyo y no de Zoro... De nadie más. Y eso… No iba a cambiar, lo haría realidad. Zoro apretó la mandíbula....Su instinto gritaba que no soltara a Sanji. Que no lo dejara. Que no lo perdiera de vista. Pero... Era una orden. Y él obedecía al capitán. Siempre. -Tch... Sin decir más, continuó cargando a Sanji con firmeza y caminó hacia la enfermería. La enfermería se llenó de movimiento. Chopper corría de un lado a otro. Revisando... Pensando... Preocupado. -Necesito espacio -dijo finalmente-. ¡Todos fuera! Zoro no se movió. -Dije fuera. Más firme. Más insistente. Luffy apoyó una mano en su hombro. -Déjalo trabajar. Zoro dudó. Miró a Sanji una vez más. Demasiado pálido. Demasiado quieto. Y luego... A Katakuri. Solo un segundo, pero suficiente... Salió, pero no se fue lejos... No realmente. Dentro de la enfermería... El silencio regresó. Chopper preparaba medicamentos con rapidez, revisando frascos, hojas, dosis- Y entonces- Un pequeño sonido. Casi imperceptible. Katakuri movió la mano. Una leve inclinación y un frasco cayó...Rodó..Se rompió. -¡Ah! Chopper giró de inmediato. -No!... esto era lo último que me quedaba aquí en la enfermería... Frunció el ceño, nervioso y calculando. -Tengo que ir al almacén... no tardo. Dudó en irse y miró a ambos. -No se muevan, por favor -murmuró, más para sí mismo que para ellos. Y salió corriendo. La puerta se cerró de golpe... El silencio... Se volvió absoluto. Al escuchar que el reno se fue, Katakuri abrió los ojos. Sin prisa. Sin debilidad. Sin disfraz. Se incorporó lentamente y su mirada fue directa. Hacia Sanji.. estaba ahí. Inconsciente. Vulnerable. Hermoso en su fragilidad. Se acercó. Paso a paso. Como si el mundo entero se redujera a ese momento. Extendió la mano. Y tocó su rostro. Suave. Lento. Casi... reverente. Y Sanji reaccionó. Un estremecimiento recorrió su cuerpo. Su respiración se alteró. Sus cejas se fruncieron levemente. Como si su cuerpo recordara. Como si su piel supiera. -Ah... -susurró Katakuri, fascinado-. Otra vez... Sus dedos descendieron con cuidado, trazando la línea de su mandíbula, su cuello... deteniéndose apenas donde sabía que la marca descansaba oculta. Su marca. Su obra. Su reclamación silenciosa. Y Sanji... Tembló más. No despertó. Pero respondió. Siempre respondía. Katakuri cerró los ojos un instante, disfrutando esa reacción como si fuera una sinfonía creada solo para él. -Eres increíble... -murmuró-. Incluso roto... incluso perdido... sigues viniendo a mí. Su mano continuó bajando, lenta y calculada... deteniéndose en la parte baja de su abdomen. Ahí. Donde una idea nació... Oscura... Retorcida... Imposible. Y aun así... Irresistible. -¿Y si te hago completamente mío... Con algo que nadie podrá separar nuestro vínculo? -pensó. No de una forma simple... No superficial.l, sino absoluta.l e irreversible. Su mente ya trabajaba buscando e imaginando formas de atarlo. De marcarlo más allá de lo visible. De convertirlo en algo que nadie más pudiera tocar... ni reclamar. -Encontraré la manera... Te lo prometo -decidió, con una calma monstruosa. Sus ojos brillaron apenas pero no con locura, sino con propósito. Luego volvió a inclinarse sobre él, observándolo y memorizando cada reacción, cada temblor, cada suspiro inconsciente. Mientras tanto afuera... Zoro no se había ido. Estaba apoyado contra la pared de forma inmóvil, pero demasiado tenso. Algo no lo dejaba en paz... Se puso a pensar en esa imagen, esa reacción. Sanji... Reaccionando a él... A ese hombre, a un extraño. Definitivamente no!, eso no era normal y entonces...Surgio un pensamiento frío, incómodo y peligroso. -¿Y si no es un extraño...? Sus ojos se endurecieron y en ese mismo instante... Dentro de la enfermería... Katakuri sonrió, porque podía sentirlo...No con los ojos... No con palabras... Sino con esa intuición afilada que no fallaba. -Ya estás mirando más de lo que deberías... Espadachín -pensó-. Perfecto. Retiró lentamente la mano de Sanji, volviendo a su posición... A su papel... A su máscara. Cuando Chopper regresara... Encontraría exactamente lo que esperaba. Nada más. Nada menos. Pero ahora... El juego había cambiado porque ya no solo estaba rompiendo a Sanji, ahora... También estaba empezando a despertar algo en Zoro. Y cuando esa sospecha creciera lo suficiente... No quedaría amor, solo obsesión, solo duda, solo destrucción.l y en medio de todo eso... Sanji...Seguiría temblando y reaccionando cada vez que él lo tocara. El tiempo no avanzaba... Se arrastraba, de forma pesada y asfixiante. De pronto, Chopper regresó con las manos llenas de hierbas, respirando agitado, murmurando para sí mismo mientras organizaba todo con rapidez. No notó nada fuera de lugar. No vio la posición exacta en la que había dejado a Katakuri. No percibió el leve cambio en la respiración de Sanji... Nada. Porque todo estaba exactamente como debía parecer. -Bien... bien... tranquilo... -murmuraba, intentando calmarse mientras preparaba el remedio-. Todo va a estar bien... Pero no lo estaba. No realmente. Porque mientras Chopper trabajaba... Sanji volvió a moverse, pero está vez un leve quejido escapó de sus labios y su cuerpo se tensó otra vez. Y esta vez...No fue tan sutil.l, porque sus dedos se aferraron a las sábanas y su respiración se volvió irregular, más profunda, más... cargada. Como si estuviera atrapado en algo. Un recuerdo. Una sensación. Algo que no entendía... pero que su cuerpo no podía ignorar. -Hmm... - se quejo sanji y Chopper se acercó de inmediato-. Sanji... -lo llamo Chopper preocupado, pero antes de que pudiera decir o hacer más- Sanji susurró. Un sonido bajo, roto yasi inaudible. -...no... Chopper se congeló. -¿Sanji? Pero no hubo respuesta consciente. Solo otro estremecimiento. Otra reacción. Interna e involuntaria. Katakuri lo observó de reojo. En silencio. Analizando. Disfrutando. -Lo sientes incluso ahora... -pensó, con una calma oscura-. Qué hermoso eres... Pero no se movió, no esta vezorque ahora... El escenario requería paciencia. - Afuera... Zoro ya no estaba apoyado en la pared. Estaba caminando. De un lado a otro. Como un animal enjaulado. Su mente no se detenía. No podía. La imagen se repetía. Una y otra vez. Sanji... Girando hacia él. Reaccionando. Temblando. No tenía sentido. Y sin embargo... Se sentía real. Demasiado real. -Tch... Se detuvo en seco. Su mano apretó con fuerza la empuñadura de una de sus espadas. -¿Qué demonios está pasando...? Porque no era solo eso. Era todo. La cancelación. El estado de Sanji. Esa... rendición en su voz. Y ahora esto. Era como si algo se hubiera roto antes de que él pudiera entenderlo. Y lo peor... Era que no sabía cuándo. Ni cómo. Ni por qué. Pero alguien sí. Alguien dentro de esa enfermería... Sabía más de lo que mostraba. Y esa idea... Le revolvía el estómago. Dentro de la enfermería... Chopper finalmente administró la medicina a Sanji. -Esto debería ayudar... -murmuró, observando su reacción-. Solo necesita descansar... Luego miró a Katakuri. -Y tú también... Katakuri asintió levemente. Perfecto. Sumiso. Controlado. -Gracias... -respondió con voz baja. Pero sus ojos... Nunca dejaron realmente a Sanji. Pasaron unos minutos muy lentos y pesados. Y entonces... Sanji volvió a reaccionar más fuerte. Su cuerpo se arqueó apenas. Su respiración se quebró. Y su mano... Se movió de forma que estaba buscando inconscientemente algo o alguien. Chopper parpadeó. -¿Eh...? Pero antes de que pudiera interpretarlo, los dedos de Sanji rozaron el aire y se detuvieron en dirección a Katakuri. Otra vez el silencio se volvió denso, casi insoportable. Chopper no entendía. Pero Katakuri sí. Y eso... Lo hizo sonreír apenas. -Incluso cuando no puedes verme... -pensó-. Sigues buscándome. Eso ya no era coincidencia. Era vínculo. Era respuesta. Era algo que iba más allá de lo racional. Y eso... Era exactamente lo que él quería. La puerta se abrió de golpe. Era Zoro.... No pidió permiso. No lo necesitaba. Sus ojos fueron directo a la escena. A Sanji y su mano extendida a la dirección.. A él. Otra vez el aire cambió. Chopper se giró. -¡Zoro! Te dije que- -¿Por qué...? No fue una pregunta completa, fue una acusación incompleta, pero cargada y pesada. Zoro no apartó la mirada de Katakuri. -¿Por qué reacciona así contigo...? Chopper parpadeó, confundido. -¿Qué...? Pero Katakuri respondió antes. Su voz tranquila, controlada y casi amable. -No lo sé. -dijo katakuri fingiendo inocencia y formando una mentira perfecta. -Tal vez... solo está desorientado. Zoro dio un paso adelante. -No. Seco. Firme. -Eso no es desorientación. Era algo más. Algo que no quería nombrar. Pero que ya estaba ahí. Creciendo. Katakuri lo miró directamente. Y en ese instante... Ambos entendieron. Sin palabras. Sin necesidad. -Ya lo ves... -pensó Katakuri-. Pero no lo suficiente. Zoro apretó la mandíbula. Y por primera vez... No sintió solo molestia. Ni enojo. Ni orgullo herido. Sino algo más oscuro. Más profundo. Más peligroso. Una necesidad. De entender. De confirmar. De no perder. Porque aunque no lo aceptara aún... Algo dentro de él se estaba rompiendo también. Y esa grieta Katakuri ya la había visto y pensaba usarla... Hasta el final. En la cama... Sanji respiró hondo inestable, frágil, atrapado en algo que no podía ver, pero que ya lo estaba envolviendo. Y sin saberlo... Se estaba convirtiendo en el centro de algo mucho más grande que él. Mucho más oscuro. Donde el amor ya no era amor. Donde la duda se volvía veneno. Y donde cada mirada... Cada reacción... Cada silencio... Era una pieza más... De una caída inevitable.
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