Capítulo 8.- La marca permanente
12 de junio de 2026, 2:14
El Thousand Sunny avanzaba con calma sobre un mar oscuro y sin luna, como si el mundo entero hubiera decidido guardar silencio esa noche.
La tripulación dormía abajo, ajena a lo que se quebraba lentamente arriba del barco y esperando con ansias el evento "la boda".
Se escuchaba el sonido de las olas que golpeaban el barco...
En lo alto, en el Nido del Cuervo, Roronoa Zoro estaba solo...
Zoro tirado en el suelo con una rodilla flexionada y la otra pierna estirada, tenía la espalda apoyada contra la madera y a su lado, a su alrededor, varias botellas vacías de sake rodaban con el vaivén del barco.
No era entrenamiento.
No era descanso.
Era caída....
La noticia seguía rebotando en su mente como una herida que no cerraba: la boda cancelada... y lo peor de todo, era el fin de su relación con su amado cocinero Vinsmoke Sanji.
-Tch... -gruñó, tomando otra botella-. ¿Y si todo lo que acaba de pasar fue mentira?
Bebió sin medir.
El alcohol no borraba nada.
Solo hacía más pesada la realidad.
- Idiota... -murmuró al aire, sin saber si hablaba de Sanji o de sí mismo.
Su mirada estaba perdida en el horizonte negro del mar.
Mientras tanto en la parte baja del nido del cuervo el ambiente era distinto.... Había silencio, pero no paz.
Vinsmoke Sanji bajó lentamente las escaleras del nido sin encender ninguna luz. Nadie lo vio.
Nadie lo siguió.
Porque los demás miembros de la tripulación aun dormían plácidamente.
El rubio se escabulló como una sombra hasta la parte trasera del barco.
Ahí el viento era más frío.
El mar golpeaba más fuerte.
La oscuridad gobernaba totalmente, era un lugar apartado de los dormitorios.
Sanji se detuvo y por primera vez en toda la noche... dejó caer su máscara.
-Luffy es un traidor... -susurró.
-Zoro nunca me amó...
Su voz se quebró.
-La boda era solo una mentira... toda la tripulacion es una hipocresía...
Se llevó una mano al rostro y el silencio lo rompió...
Lloró... No como alguien fuerte, sino como alguien que ya no sabía qué sostener.
-¿Por qué todo tenía que terminar así...?- pregunto al mar con mucho dolor-
Entonces el aire cambió, no fue sonido.. Fue la aparición de una presencia.
Una presión leve, pero firme, Sanji lo sintió detrás de él.
- No todo está terminado ...-dijo una voz grave.
Sanji se congeló y giró lentamente.
Desde la oscuridad emergió Charlotte Katakuri, pero cuidando revelar su identidad.
No había luz suficiente para ver su rostro completo, pero su silueta era inconfundible.
Sanji se limpió rápido las lágrimas, molesto y lo confrontó.
-Otra vez tú!...que es lo que quieres?.
Katakuri no avanzó de inmediato.
-Solo veo lo equivocado y perdido que estás, sufres por algo que no está destinado para ti, ni tú para el, el espadachín peliverde no es tu vínculo, no sabe apreciarte -dijo con calma.
Sanji apretó los dientes.
-¡Cállate! Tú no sabes nada de mí, y mucho menos de Zoro y mucho menos del destino!.
Katakuri lo observó unos segundos.
-En eso te equivocas, se lo suficiente para ver que estás confundido.
Sanji dio un paso hacia él, para hacerle entender que no le tiene miedo.
-No estoy confundido!- Da otro paso retador.
Katakuri observo serenamente a sanji y le iba responder hasta que sanji lo interrumpió...
-¡Ahh! Sabes que ya estoy harto! -dijo con desesperación.
Y entonces el silencio volvió a caer, de pronto Katakuri se acercó más a Sanji e inclinó ligeramente la cabeza.
-Entonces mírame bien.- Katakuri le ordenó al cocinero con mucha autoridad.
Sanji frunció el ceño.
-¿Qué...?
Katakuri estaba demasiado cerca y la tensión del momento, el llanto reciente, la confusión emocional... todo se mezcló en un instante inestable.
Sanji retrocedió medio paso, confundido.
-¿Qué estás haciendo...?
Katakuri no respondió, se dio un paso adelante más acercándose a sanji, lo miró y por un segundo, el mundo pareció detenerse en esa oscuridad.
Sanji giró ligeramente el rostro, desconcertado por la cercanía y la intensidad del momento.
-No te acerques más... Su voz tembló, no por miedo, sino por caos emocional.
Katakuri no avanzó más, solo habló, bajo:
-No estás viendo con claridad.
Y en ese instante acerco más su rostro al de sanji, el viento sopló fuerte sobre la popa del barco.
La vela crujió.
El mar golpeó.
Y la distancia entre ambos se acortó en un solo movimiento, haciendo que sus labios se unieran en un beso inesperado.
Sanji quedó inmóvil... Y después katakuri se separó lentamente.
Dejando a Sanji sorprendido, confundido, respirando agitado, sin entender si lo que sentía era enojo, confusión... o algo que no quería nombrar.
Y entonces Katakuri al sentir los labios de SU Sanji, decidió que ese beso no era suficiente para dejarlo marcado como suyo, era el momento de actuar con mayor severidad. Y entonces lo sentenció, esa noche lo haría suyo en las sombras.
La tensión en el aire del Thousand Sunny era tan densa que se podía cortar con un cuchillo. Sanji, con los ojos llenos de lágrimas recientes, se encontraba atrapado entre la sorpresa, el enojo y una extraña calidez que se extendía por su cuerpo desde donde los labios de Katakuri se habían unido a los suyos.
Katakuri no esperó a que Sanji procesara lo que estaba sucediendo. Con una determinación que no admitía discusión, tomó el rostro del cocinero con ambas manos, forzando a Sanji a mirarlo directamente a los ojos. La oscuridad impedía ver los detalles, pero la intensidad de su mirada era palpable.
-Has vivido en una mentira -dijo Katakuri, su voz un murmullo grave y firme-. Zoro nunca te valoró como mereces. Pero yo sí.
Antes de que Sanji pudiera responder, Katakuri lo levantó con una facilidad sorprendente. Sanji luchó brevemente, pateando y tratando de liberarse, pero la fuerza de uno de los comandantes e hijo de Big Mom era abrumadora. Lo transportó hacia un rincón más oscuro de la cubierta, donde la madera estaba húmeda por el rocío del mar.
-Déjame, idiota -gimió Sanji, mientras sentía el pánico crecer en su pecho-. No quiero esto.
Katakuri lo hizo descansar contra la madera fría, sujetando sus muñecas con una sola mano por encima de su cabeza. La otra mano comenzó a recorrer el cuerpo del cocinero, explorando cada centímetro de su piel con una posesión que hacía temblar a Sanji.
-Tu cuerpo dice lo contrario -susurró Katakuri, mientras sus dedos encontraban los botones de la camisa de Sanji y los desabrochaban uno por uno con una precisión calculada.
Sanji cerró los ojos con fuerza, negándose a disfrutar de las sensaciones que recorrían su cuerpo. No era mentira que una parte de él respondía al tacto del hombre, pero otra parte se rebelaba contra la violencia de la situación. Era un conflicto interno que lo estaba desgarrando.
Cuando la camisa quedó completamente abierta, Katakuri inclinó su cabeza y comenzó a explorar el pecho de Sanji con su boca. Sus labios calientes y húmedos encontraron primero los pezones del cocinero, que respondieron endureciéndose instintivamente al contacto. Katakuri comenzó a succionarlos con una fuerza casi dolorosa, como si quisiera extraer algo esencial de ellos.
-¡Ahhh! -gimió Sanji, arqueando la espalda a pesar de sí mismo.
El dolor y el placer se mezclaban en una tormenta de sensaciones abrumadoras. Katakuri alternaba entre suaves lametazos y succiones vigorosas, dejando los pezones de Sanji enrojecidos y sensibles al tacto. Luego, con una precisión calculada, comenzó a pellizcarlos entre sus dedos, aumentando la intensidad hasta que Sanji gritó, mezclando el dolor con un placer involuntario.
-Zoro nunca te dio esto -murmuró Katakuri entre succiones-. Nunca supo apreciarte como mereces.
Mientras continuaba con el tormento erótico de los pezones, Katakuri comenzó a deshacer el cinturón y los pantalones de Sanji. El cocinero intentó resistirse, pero su fuerza era inútil contra el hijo de Big Mom. Pronto, sintió el aire frío de la noche en su piel desnuda.
-No... por favor -suplicó Sanji, con lágrimas corriendo nuevamente por sus mejillas.
Katakuri ignoró sus súplicas. Con una determinación feroz, comenzó a preparar a Sanji para lo que estaba por venir. Sus dedos exploraron lugares íntimos que nadie había tocado antes, preparando al cocinero con una mezcla de lubricación y estiramiento que era a la vez clínico y profundamente personal.
Sanji se sentía expuesto, vulnerable y humillado. Pero a pesar de todo, una parte de él respondía a las sensaciones, traicionando su voluntad. Era una batalla perdida desde el principio.
Cuando Katakuri consideró que Sanji estaba listo, se bajó el cierre del pantalón, liberando un gran bulto, se bajó el boxer dando a conocer que era de un gran tamaño, se posicionó entre las piernas del cocinero. La anticipación era casi insoportable para el cocinero, que sentía el corazón latiéndole con fuerza en el pecho.
-Esta noche te marcaré como mío -sentenció Katakuri, su voz llena de una posesión que no admitía discusión-. Y cuando salga el sol, Zoro solo será un recuerdo lejano.
Con esas palabras, comenzó a entrar en Sanji rasgando las paredes de su apretada entrada hasta topar con el himen y que de una sola estocada con una fuerza característica de Katakuri,lo rompió y logro entrar, haciéndolo sangrar y robando el aliento al cocinero y algo más. El dolor de Sanji fue intenso, abrumador, como si lo estuvieran quemando por dentro y partiendo en dos haciendo y ocasionando que gritara contra la mano de Katakuri, que había cubierto su boca para amortiguar el sonido y que nadie de la Tripulación se despertara e interrumpiera su maravilloso momento.
-¡Ahhh! -gritó Sanji, un grito mezclado de dolor y un placer que no quería admitir.
Mientras tanto, en el Nido del Cuervo, Zoro había bebido más de lo habitual. El sake nublaba su juicio pero no su dolor. Justo cuando estaba a punto de terminar otra botella, un sonido penetró su conciencia de golpe. No era el rugido del mar ni el crujido de la madera. Era un grito casi inaudible. Un grito casi silencioso que reconoció inmediatamente.
-¿Sanji? -murmuró, levantándose con dificultad, agarrando una de sus espadas como bastón para poder levantarse.
Con la espada todavía en la mano, comenzó a bajar las escaleras del Nido del Cuervo, siguiendo el eco de ese sonido que ahora se convertía en gemidos suaves pero audibles. Cada paso aumentaba su pesadilla. No quería creer lo que su intuición le estaba diciendo.
De vuelta en la cubierta, Katakuri continuaba con su posesión implacable. Cada embestida era una afirmación de dominio, una marca indeleble en el cuerpo y en el alma de Sanji. El cocinero había perdido la cuenta de cuántas veces había sido llenado, cuántas veces había sentido el semen caliente corriendo por sus piernas temblorosas mezclado con algo más, algo que le confirmaba que esa noche perdía algo irrecuperable: su virginidad.
-Mío... solo mío -murmuraba Katakuri con cada embestida, mientras sus manos continuaban torturando los pezones ya enrojecidos y doloridos de Sanji.
Sanji ya no luchaba. Su cuerpo respondía con una mezcla de dolor y placer que lo tenía al borde de la locura. Su lengua asomaba entre sus labios, mientras gemía sin control, sus ojos en blanco y fijos, una mezcla de sufrimiento y éxtasis que lo había robado por completo.
Zoro se detuvo en la sombra cerca de donde estaban los dos hombres. La luz de la luna, aunque tenue, era suficiente para ver la silueta de Sanji, arqueado y gimiendo mientras un desconocido lo poseía salvajemente. Vio cómo el semen escurría por las piernas de su amado, mezclado con sangre, ese detalle hizo que sintiera un disparo directo en el corazón, porque se suponía que a medio día se estarían casando, se suponía que la primera vez de Sanji sería para el, lo amaba tanto que espero y planeó que ese momento fuera magico e inolvidable, algo que ninguno ellos dos olvidaría y representaría su "amor". Vio cómo Sanji sacaba la lengua en un gesto de dolor y placer perdiendo su ternura y timidez y lo peor, Zoro nunca había visto antes a Sanji así... estaba... disfrutándolo!.
El mundo de Zoro se derrumbó en ese instante. El dolor era tan agudo que sentía como si le estuvieran arrancando el corazón y lo tiraran rompiendolo en miles de pedazos. No había error, no había malentendido. Sanji estaba con otro hombre, y parecía estar extasiado y gozándolo.
Sin hacer un sonido, Zoro dio media vuelta y regresó a su refugio en el Nido del Cuervo. Cada paso era más pesado que el anterior. El amor que sentía se estaba convirtiendo en un odio tan profundo que lo asustaba. No quería ver más, no quería escuchar más. Solo quería desaparecer, borrar de su mente lo que vio y creer que solo era una maldita pesadilla.
Katakuri, con su agudeza especial, sintió la presencia de Zoro antes de que se fuera. Una sonrisa sutil se dibujó en su rostro. Sabía que su plan estaba funcionando perfectamente. No solo estaba marcando a Sanji como suyo, sino que estaba destruyendo cualquier posibilidad de reconciliación con el espadachín.
-Amanecerá pronto -murmuró Katakuri entre jadeos al oído de Sanji, mientras continuaba sus embestidas con mucha fuerza haciendo notar el miembro de katakuri en el plano abdomen del cocinero y eso era para hacerle entender a Sanji a quien le pertenece ahora-. Y cuando lo haga, serás completamente mío y no habrá vuelta atrás.
Sanji apenas podía procesar las palabras. Su mente era un torbellino de sensaciones, emociones y confusión. No se había dado cuenta de la presencia de Zoro o si ya iba a amanecer, se había perdido en el torbellino de dolor y placer que lo había consumido durante toda la noche, nunca había experimentado con alguien algo así. Lo peor es que su cuerpo ya estaba marcado y sucio.. ya no era puro para Zoro, no se merecía estar ya a lado del espadachín, ya no había posibilidad de reanudar la boda...
Cuando los primeros rayos del sol comenzaron a teñir el horizonte, Katakuri dio la última embestida y libero su semilla en Sanji y finalmente se separó del cocinero, dejándolo exhausto, jadeando y temblando con la conciencia perdida en la cubierta y cubriéndolo con su capa, al verlo en ese estado sintió que ganó, pero no podía dejarlo así en ese estado, no quería que nadie más se diera cuenta por el momento, porque eso arruinaría la siguiente etapa de su plan. Así que lo levanto como princesa con delicadeza, como habia estado vigilando a sanji ya sabía la ubicación de cada habitación del barco y se dirigió hacia el baño, ingreso con sanji en sus brazos y puso llave para que no lo descubrieran y comenzó a llenar la bañera con agua tibia para preparar el baño de SU cocinero y una vez lista la tina metió a Sanji, con cuidado comenzó a lavar su piel, cuando noto que el cocinero comenzó a recuperar la conciencia, en ese momento antes que pudiera reaccionar Sanji, Katakuri desapareció, dejando al rubio en la bañera confundido, con muchas dudas, emociones y demasiado dolor y tristeza...Ese día en el nido del cuervo la semilla del odio, la duda e ira ya está comenzando a germinar.