Capítulo 7.- La cancelación de una promesa y la oscuridad se adueña
12 de junio de 2026, 2:13
La noche había caído como un manto pesado sobre Totto Land, sofocante, inmóvil... como si incluso el mundo contuviera el aliento ante algo que estaba a punto de quebrarse sin remedio.
Sanji caminaba.
No... no era caminar.
Era avanzar por pura inercia, como un cuerpo que ya no le pertenecía, como si cada paso fuera una orden que su mente daba mientras su alma se arrastraba detrás, herida, rezagada... rota.
El suelo parecía más pesado bajo sus pies.
Como si quisiera retenerlo.
Como si supiera que no debía seguir.
Pero siguió.
Porque detenerse significaba pensar.
Y pensar... dolía demasiado.
Porque cada pensamiento lo arrastraba sin piedad al mismo lugar.
A esa escena.
A ese instante que no podía arrancarse de la mente.
El beso de Luffy y Zoro.
Torpe. Breve. Inesperado.
Pero real.
Demasiado real.
Sanji apretó los dientes con fuerza, tanto que el dolor físico apenas lograba contener lo que amenazaba con desbordarse dentro de él.
Porque Zoro no se apartó.
Porque Luffy no dudó.
Y porque nadie... nadie hizo nada.
El silencio que siguió fue lo que realmente lo destruyó.
Un silencio pesado. Incómodo. Asfixiante.
Nami frunció el ceño, sorprendida, sí... pero no indignada.
-...Eso no estaba en el plan -murmuró, cruzándose de brazos, sin intervenir.
Usopp abrió la boca, dispuesto a hacer un escándalo... pero terminó riéndose nerviosamente, incapaz de sostener la tensión.
-¡E-esto sí que no nadie se lo esperaba!
Chopper se escondió, rojo hasta las orejas.
-¡L-las emociones humanas son muy complicadas!
Robin observó en silencio.
Demasiado silencio.
-Interesante... -murmuró, como si analizara una pieza más del corazón humano.
Franky soltó una carcajada corta, incómoda.
-¡SUPER inesperado!
Brook inclinó la cabeza.
-El amor toma formas raras y curiosas... yohoho...
Y Jinbe...
Jinbe lo miró.... Solo un segundo.
Pero lo vio... Y aun así... No dijo nada.
Nadie lo detuvo.
Nadie lo cuestionó.
Nadie lo defendió.
El momento simplemente fue absorbido... aceptado... como si hablarlo lo volviera más real y callarlo lo hiciera más fácil.
Y en ese instante, Sanji entendió.
No había lugar para él ahí.
No en esa historia.
No en ese amor.
Algo dentro de él se quebró, silencioso y definitivo.
No iba a casarse.
No podía.
No después de eso.
-Maldito marimo... -murmuró con la voz rota-...ni siquiera fuiste capaz de aclarar está situación.- dijo sanji viendo la puerta de la cocina abrirse con la esperanza que Zoro apareciera y le explicara.
Necesitaba escucharlo.
Necesitaba que Zoro lo dijera.
Necesitaba enfrentarlo.
Aunque fuera para terminar de romperse.
Por eso salió de la cocina...
Por eso avanzaba...
Por eso subía...
Por eso se dirigía directamente al nido del cuervo.
El lugar donde sabía que Zoro estaría.
El lugar donde todo terminaría.
O comenzaría a doler de verdad.
El viento golpeó su rostro al pisar el primer escalón y así comenzar a subir, pero no logró despejar su mente. Al contrario... todo se volvía más denso.
Más pesado...Más... extraño....
Y entonces...
Se detuvo... Y el aire cambió, no fue de forma inmediata...Fue sutil.
Como una presión que se colaba entre sus huesos.
Un escalofrío recorrió su espalda.
Luego otro.
Y otro más.
Sus manos comenzaron a temblar.
Su respiración se volvió irregular.
Su cuerpo reaccionaba antes que su mente.
Instinto puro... Peligro.
Miro a su alrededor pero no había nadie.
O al menos... no podía verlo.
Sin embargo... alguien estaba ahí.
Observándolo...Esperando.
Sanji tragó saliva, tensándose.
-Te ves mal...
La voz surgió de la nada.
Grave.
Calmada.
Demasiado cercana.
Sanji giró bruscamente.
Nada...solo sombras... Oscuridad.
Pero la presencia...
Seguía ahí.
Más cerca.
Más pesada.
Más real.
-No estás bien. - volvió a decir la voz misteriosa.
El corazón le golpeó con fuerza el pecho.
Su piel se erizó.
Sus piernas... dudaron.
No entendía.
No entendía por qué su cuerpo reaccionaba así.
Por qué quería retroceder.
Por qué algo dentro de él... también quería quedarse.
-¿Quién...eres? -su voz salió baja, tensa.
Hubo un silencio, pero no estaba solo.
Nunca lo estuvo.
Porque desde mucho antes...
Alguien ya lo observaba.
Desde las sombras.
Desde la distancia.
Desde ese punto donde el dolor ajeno se vuelve algo... fascinante.
Katakuri.
Oculto.
Invisible.
Presente.
Sus ojos seguían cada respiración agitada de Sanji.
Cada temblor.
Cada grieta que se abría en él..
Había esperado este momento... Y lo había provocado para que sucediera.
Había movido las piezas con paciencia... con precisión... empujando apenas lo necesario para que todo se quebrara sin que nadie notara su mano... Cómo una jugada maestra del ajedrez, se podría decir que Sanji estaba en Jaque.
El beso.
La confusión.
El silencio de la tripulación.
Todo...Había sido suficiente.
Porque Sanji ya estaba roto.
Y lo roto... Es más fácil de reclamar y adueñarse.
Sanji dio un paso atrás, sintiendo que algo lo rodeaba.
No unas manos.
No un cuerpo.
Pero sí una presencia.
Una intención.
Oscura.
Persistente.
-No deberías estar solo... -susurró la voz, más cerca, rozando su oído sin tocarlo.
Sanji tembló.
Y no entendía por qué.
No entendía por qué su pecho dolía más.
Por qué su respiración se volvía más pesada.
Por qué esa presencia lo aterraba...
Y al mismo tiempo...
No quería que desapareciera.
Porque esa voz...
No ignoraba su dolor.
No lo minimizaba.
No lo evitaba.
Lo veía.
Completamente.
Y eso...
Era más peligroso que cualquier rechazo.
Porque no quería salvarlo.
No quería detenerlo.
Quería verlo caer.
Quería acompañarlo en su caída.
Quería ser lo único que quedara... cuando todo lo demás desapareciera.
Sanji apretó los puños.
Su mente gritaba que siguiera.
Que llegara al nido del cuervo.
Que enfrentara a Zoro.
Pero su cuerpo...
Su cuerpo estaba atrapado en ese instante.
En esa sensación.
En esa presencia que lo envolvía lentamente.
-No tienes a dónde volver...pero si a dónde ir -murmuró la voz, suave, firme, inevitable.
Y algo dentro de Sanji...
Cedió...Apenas pero lo suficiente.
Porque en el fondo...
Ya había tomado una decisión.
Y esa decisión no solo lo alejaba de Zoro.
Sin saberlo lo empujaba...
Directamente hacia algo mucho más oscuro.
Más profundo.
Más peligroso que el amor.
La obsesión.
No estaba seguro de querer escapar.... Mejor dicho no podía escapar...
Sanji sintió el aire espesarse de repente. No como el calor de la playa de Totland, sino como una presión densa, tangible, que se posaba sobre sus hombros y empujaba hacia abajo, hacia las tablas del suelo. Era un peso que no tenía forma, pero sí presencia. Una voluntad que lo rodeaba, que lo contenía, que le dejaba claro una cosa: no podía moverse.
No por falta de fuerza en sus piernas. No por miedo, aunque el miedo ya estaba allí, latiendo en sus venas como un segundo corazón. Era el Haki.... Un Haki de observación tan avanzado, tan invasivo, que no solo predecía sus movimientos... los suprimía. Como si el simple deseo de huir fuera aplastado antes de nacer.
-No te vayas -la voz no era un susurro ahora. Era una orden baja, clara, que resonaba dentro de su cráneo más que en sus oídos-. Aún no, tenemos que conocernos...-dijo ansocio el misterioso katakuri-
Sanji intentó retroceder. Sus músculos se tensaron, su pie se despegó apenas del suelo... y entonces una fuerza invisible, fría como el acero y suave como la seda, lo empujó hacia atrás, contra la pared de sombras del pasillo cerca de las escalaeras. No fue un golpe. Fue una colocación. Su espalda chocó con la madera, sin violencia, pero con una firmeza absoluta.
-¿Qué... qué eres? -Su voz sonó ahogada, más por la presión en el pecho que por la garganta.
Una mano surgió de la oscuridad.
No de repente. Surgió como si siempre hubiera estado allí, esperando a ser vista...Grande...Cubierta por un guante de cuero negro y el brazo musculoso lleno de tatuajes intrincados que parecían moverse con la tenue luz de las antorchas lejanas. Se posó en su mejilla. El tacto fue seco, cálido, innegablemente real. Sanji contuvo el aliento. El pulgar de esa mano trazó una línea desde su pómulo hasta la comisura de sus labios, con una lentitud deliberada, posesiva.
-Algo que te ve -respondió la voz, ahora separando Sanji de la pared y acomodándose atrás del cocinero, aunque Sanji no podía girar la cabeza para comprobarlo. La presión del Haki lo mantenía inmóvil, no como un fósil, sino como un animal atrapado en una red demasiado fuerte-. Algo que te ve desde hace mucho tiempo....
La mano se movió. Los dedos se enredaron en su pelo rubio, tirando con suavidad, justo lo suficiente para hacer que su cabeza se inclinara ligeramente hacia atrás, exponiendo la línea de su cuello. Sanji apretó los dientes.
-Suéltame..-dijo, pero la orden sonó débil, quebrada..con temor.
-No!- La respuesta de katakuri fue simple y definitiva.
La otra mano apareció entonces, plana y ancha, y se posó en su costado, justo sobre la cintura. El calor a través de la fina tela de su camisa era abrasador. Los dedos se cerraron, no con fuerza para magullar, pero sí con una firmeza que hablaba de propiedad. De algo que se reclama. Sanji intentó arquearse, alejarse, pero la presencia extraña lo tenía acorralado en sus brazo y el Haki que lo inmovilizaba eran una prisión perfecta.
-No quiero esto -logró decir, y esta vez el temblor en su voz era inconfundible.
-Lo sé -la voz estaba cerca, tan cerca que podía sentir el aliento caliente rozando su oído-Pero eso no importa ahora.
El pulgar que estaba en su mejilla bajó, deslizándose por su cuello, sobre el latido acelerado de su arteria carótida. Era un roce estudioso, como si estuviera midiendo la frecuencia de su pánico, saboreando el ritmo de su resistencia. La mano en su costado subió, lenta, desafiante, hasta posarse sobre las costillas, palpando la respiración agitada que hinchaba su pecho en el lado izquierdo.
-Estás herido aquí -murmuró Katakuri, y la observación en esa palabra iba más allá de lo físico-. Tú no lo vez pero está sangrando por dentro. Y ellos... -una pausa cargada de desprecio- ...solo vieron derramarse la sangre y apartaron la mirada. Yo no....
Sanji cerró los ojos con fuerza. Luffy...Zoro... La Tripulación... Sin ayuda. Los pensamientos gritaban, pero su cuerpo no respondía. El Haki del hombre era un yugo perfecto. Y el tacto... el tacto no era violento. Era eso lo que aterraba. No era un asalto; era una inspección... Una reclamación paciente y metódica.
La mano en su pecho se abrió, cubriendo casi por completo el espacio sobre su corazón. La presión aumentó, no para lastimar, sino para sentir. Para marcar.
-Ellos te dieron al mar -continuó la voz, un tono profundo y resonante en la oscuridad- No te preocupes, yo te recogeré de la orilla... Incluso si luchas... Incluso si crees que no me quieres... Tú...Serás mío... Pieza a pieza... Gota a gota.
Los dedos se cerraron en el puño de su camisa. Un leve tirón. La tela se tensó. Sanji abrió los ojos, pánico verdadero encendiéndose en su pecho por primera vez.
-Para.. -su voz fue un hilo de sonido-. Por favor...- dijo al observar hacia arriba..
La mano se detuvo. La presión del Haki no cedió ni un ápice, pero el movimiento cesó. La oscuridad frente a él pareció oscilar, y por un segundo, en el perfil de sombras, creyó ver la silueta de un hombre alto, imponente, con algo que brillaba pálidamente alrededor del cuello. Luego solo fueron los ojos...Dos puntos de intensidad carmesí que lo miraban desde la nada, fijos, hambrientos, posesivos.
-"Por favor" -repitió Katakuri, y el eco de la palabra en su boca sonaba a algo dulce y venenoso-. Esa palabra... también será mía... Todo tu es mío!
La mano en su pecho se movió finalmente, pero no para alejarse. Para bajar. La palma se deslizó por su abdomen plano, los dedos presionando ligeramente a través de la tela, trazando un camino posesivo hasta detenerse en el hueso de su cadera, donde se aferraron con una tenacidad que prometía moretones.
-Hoy es solo el principio, Vinsmoke Sanji -la voz empezó a alejarse, a difuminarse en la oscuridad, pero la presión del Haki y el agarre en su cadera permanecieron, sólidos como cadenas-. No importa a dónde vayas. No importa con quién hables.. Yo ya te vi caer. Y estaré allí para asegurarme de que caigas... directamente hacia mí.
Y entonces, como si nunca hubiera estado, la presencia física se desvaneció. Las manos desaparecieron. El peso del Haki se retiró, de golpe, dejándolo tambaleándose en el vacío repentino.
Sanji cayó de rodillas en la madera, jadeando, una mano instintiva cubriendo el lado de su cadera donde los dedos invisibles aún parecían quemar a través de la tela. El temblor lo recorría de pies a cabeza. No había visto un rostro. No había oído un nombre.
Pero lo había tocado...Lo había reclamado.
Y lo peor... lo más frío y claro que resonaba en el silencio que dejó la voz... era que Katakuri tenía razón.
Sanji ya no tenía a dónde volver. Y en ese vacío, una presencia oscura y fija acababa de dibujar su contorno, esperando a que cayera.
Y él... ya estaba cayendo.
Sanji aún podía sentirlo.
Ese roce.
Ese control invisible que lo había paralizado sin tocarlo realmente... o tal vez sí.
Su respiración seguía descompasada mientras avanzaba, como si el aire ya no le perteneciera del todo, como si algo más lo reclamara desde las sombras. No sabía quién había sido... pero lo había sentido demasiado real, demasiado cercano, demasiado... invasivo.
Y aun así, había huido.
O eso creyó.
Porque incluso ahora... sentía que no lo habían dejado ir...
Al reponerse después de ese encuentro decidió proceguir su camino, aunque tuviera miedo de la extraña presencia pero necesitaba cancelar la boda, esa misma noche y más porque eñ día de mañana y no podría estar con Zoro..se sentía incómodo, raro, fuera de lugar...
Cuando llegó al nido del cuervo, el viento golpeó su rostro como un intento inútil de despejar su mente, pero no lo logró. Nada lo hacía. No después de eso.
No después de ese encuentro.. con algo en las sombras...
Y no después de lo que vio... Ese maldito beso de Luffy y Zoro..
Esa imagen seguía ardiendo en su cabeza, mezclándose con la sensación de haber sido observado, contenido... reclamado.
Todo se estaba rompiendo.
Y ya no podía ignorarlo.
-Tenemos que hablar.
Su voz salió más firme de lo que se sentía, pero por dentro estaba al borde, completamente al borde.
Zoro no tardó en responder, pero su tono era áspero, como si también estuviera cargando algo que no sabía manejar.
El aire todavía vibraba con el eco de esa presencia opresiva cuando un nuevo peso, familiar y a la vez completamente distinto, se posó en el extremo del pasillo. No era el silencio acechante de Katakuri. Era una ira fría, afilada como el filo de una espada, cargándose eléctricamente en el espacio reducido.
Zoro.
Había estado allí, al escuchar la voz de su cocinero pero vió el encuentro de Sanji con un extraño en las sombras... No todo, pero suficiente. Suficiente para que algo primordial y rabioso se agitara en sus entrañas. Primero, la imagen de Sanji arrodillado, jadeando, con una mano aferrada a su propio costado como si quisiera arrancarse algo. Segundo, y lo que había encendido la mecha: el último parpadeo, la residual sombra de unos dedos grandes y tatuados, desvaneciéndose de la cadera de Sanji. Una posesión fantasma que alguien más se había atrevido a marcar.
No necesitó preguntar. No necesitó procesarlo. El instinto, tosco y directo, lo impulsó a cerrar la distancia con pasos que resonaban como un juicio sigiloso y regreso al nido del cuervo... No corrió... Solo avanzó como un tifón contenido, Hasta que después un momento apareció el rubio y poso su mirada fija en Sanji, que apenas se había recuperado por ese encuentro, se veía todavía desorientado y pálido.
-¿Qué fue eso? -La voz de Zoro no fue un grito. Fue un bajo, un gruñido ronco que cortó el silencio peor que cualquier alarido.
Sanji alzó la vista, sus ojos azules todavía velados por el pánico y la confusión. Al ver a Zoro, una oleada de emociones contradictorias lo atravesó: alivio, rabia, dolor, vergüenza. Pero lo que más brilló, por un instante, fue un destello de la verdad.
-Nada -logró balbucear, apartando la mirada, tratando de ponerse de pie con dignidad-. Déjame en paz, marimo... No se de que hablas?
"Nada". La palabra cayó como un guante. Zoro se detuvo justo frente a él, tan cerca que Sanji podía sentir el calor de su cuerpo y la fría onda de su furia y no tomo en cuenta la pregunta que hizo el rubio.
-¿Nada? -Zoro esbozó una mueca que no era una sonrisa,ñ-. ¿A "nada" le tiemblan así las manos?, te vi en tu pequeño encuentro -Su mirada bajó, deliberadamente lenta, hacia la cadera de Sanji, donde la tela de sus pantalones estaba ligeramente arrugada, donde la piel debajo aún recordaría el agarre de otro-. ¿"Nada" te tuvo acorralado, tocándote donde no le pertenece?
Sanji se puso tenso, una ola de calor subiéndole al rostro. ¿Cómo lo sabía? Pero la vergüenza se convirtió rápidamente en indignación. ¿Él? ¿Él, que había besado a Luffy, que había roto todo sin una explicación, venía ahora a hacer preguntas?
-¿Y a ti qué te importa? -escupió Sanji, encontrando fuerza en su propia ira-. ¿Acaso ahora te pones celoso? ¿Después de... después de lo que tú hiciste?
Ahí estaba. La herida abierta. El beso. El silencio. El abandono.
Zoro no retrocedió. Al contrario, se inclinó aún más, su nariz casi rozando la de Sanji. Su aliento olía a sake y a hierro.
-Lo que yo hice o dejé de hacer -dijo, cada palabra martillada y clara- no da permiso a nadie para poner sus manos sucias sobre lo que es mío.
Lo que es mío.
La declaración, cruda y posesiva, resonó en el pasillo como un trueno. No fue una confesión de amor. Fue una afirmación de territorio. Algo mucho más primitivo.
Sanji se quedó sin aire. -¿T-tuyo? Yo no soy...
-¡Calláte! -Zoro lo interrumpió, y por primera vez, su voz subió de volumen, cargada de una furia celosa que era imposible de ignorar. Su mano se disparó, no para golpear, sino para agarrar la barbilla de Sanji con una fuerza que no era cruel, pero era innegable. Lo obligó a mantener la mirada-. Te vi. Vi cómo te tocaba. Vi cómo te miraba. ¿Quién era?
-¡No lo sé! -gritó Sanji, intentando zafarse, pero la fuerza de Zoro era como el acero-. ¡Y aunque lo supiera, no es asunto tuyo! ¡Tú perdiste cualquier derecho a...!
-¿A QUÉ? -rugió Zoro, y esta vez sí, la voz retumbó en las paredes-. ¿A preocuparme por el idiota que vaga por ahí, permitiendo que cualquier sombra lo acorrale y lo manosee? ¿Eso crees?
Sus ojos, normalmente despiadadamente enfocados, ardían con una luz intensa y peligrosa. La imagen de esos dedos fantasmas en la cadera de Sanji seguía ardiendo en su mente, avivando un fuejo irracional.
-Él te quería romper y llevarte -murmuró Zoro, su tono bajando de nuevo a un susurro venenoso-. Se alimentaba de tu confusión. Se deleitaba con tu dolor. Y tú... tú solo te quedaste ahí. ¿Por qué? ¿Porque un marimo estúpido te rompió el corazón? ¿Eso te convierte en presea fácil para cualquier depredador?
Cada palabra era un cuchillo, torciendo la herida, pero también, de una forma retorcida, revelando una preocupación salvaje y distorsionada. No era el cuidado de un amante. Era la furia de un guerrero al ver su botín más preciado a punto de ser saqueado por otro.
Sin soltar su barbilla, Zoro acercó su otra mano. No a la cadera, no todavía. La posó en el costado del cuello de Sanji, donde el pulgar de Katakuri había estado segundos antes. Su tacto era áspero, caliente, completamente diferente.
-Esta marca -susurró, su dedo pulgar frotando la piel como para borrar algo invisible-, esta respiración, este miedo... todo esto. Es un desorden. Mi desorden. Yo lo causé. Y yo lo arreglaré. Nadie más se entromete.
La lógica era retorcida, egoísta y completamente Zoro. Había creado el vacío en Sanji, y por lo tanto, cualquier cosa que llenara ese vacío le pertenecía, incluso si era su propio dolor, su propio miedo... y ahora, la obsesión de otro.
Sanji lo miraba, atrapado entre el agarre físico y la tormenta emocional en esos ojos grises. El temor por lo desconocido que era Katakuri se mezclaba con la rabia ardiente por la injusticia de Zoro, y debajo de todo, un hilo enfermizo de algo parecido a... pertenencia.
-No entiendes... -logró decir Sanji, su voz quebrada-. Él... no era normal. Su Haki... no podía moverme.
Zoro frunció el ceño, un nuevo nivel de peligro enfriando su expresión. Un enemigo que usaba el Haki para inmovilizar, para dominar de esa manera. Eso cambiaba las cosas. Eso lo hacía una amenaza real. Y eso hacía que su posesión sobre Sanji fuera aún más urgente.
-Bueno -dijo Zoro, finalmente soltando su barbilla, pero solo para deslizar esa mano hacia abajo, hasta posarse con firmeza sobre la misma cadera que Katakuri había reclamado. Su agarre era diferente: no era un estudio, era una reclamación. Un sello de propiedad sobre otro sello-. Ahora tiene un problema. Porque lo que es mío, lo defiendo. Incluso de mí mismo, si es necesario. Y especialmente de fantasmas con mal gusto.
Miró a Sanji directamente, el celo aún ardiendo en su mirada, mezclado con una determinación feroz.
-La próxima vez que esa nada se te acerque -dijo, su voz un voto peligroso-, no estarás solo. Y él tendrá que lidiar conmigo.
De pronto Zoro, drásticamente cambio el tema...
-A que debo el honor de tu grata visita a mi humilde guarida? - pregunto Zoro con curiosidad.
Sanji apretó los dientes. Esta vez no iba a retroceder.... Sin titubear le dijo...
-Cancela la boda.
El mundo se detuvo, literalmente.
Zoro se giró de golpe, sus ojos afilados clavándose en él con incredulidad y furia inmediata.
-¿Qué dijiste?
-No voy a casarme contigo -repitió Sanji, esta vez más claro, más firme, aunque por dentro todo temblaba, todo se derrumbaba-. Se acabó....
-¡¿Por ese maldito beso?! O porque tienes ya tienes a tu amante tocandote a escondidas! -Zoro dio un paso al frente, su voz elevándose, cargada de rabia-. ¿Vas a tirar todo nuestro amor?, contéstame!
-No fue solo por el beso o porque según tu tengo un amante -Sanji lo miró directo, sin huir-. Fue lo que sentí cuando paso todo.. miedo y dolor... y que tú no estás para....Protegerme! Y hacerme sentir seguro, perdí la seguridad de estar contigo.
Zoro frunció el ceño y con enojo le pregunta a Sanji.
- Ya no significo nada para ti verdad?, creo que solo buscabas una excusa para terminar conmigo y librarte del compromiso -sentecio Zoro con ira -
-Estas equivocado Zoro, yo te amo pero últimamente tu eres el que me ha dado entender que yo no soy nada para ti y que estoy de estorbo en tu vida- dijo con dolor el cocinero-
Esa respuesta cayó como un golpe seco para Zoro.
Sanji tragó saliva, pero no apartó la mirada y continuo hablando...
-Para mí sí importa nuestro amor, pero últimamente has estado distanciado y luego Luffy parece más tu prometido que yo porque tú lo has permitido -continuó-. Y cuando paso lo del beso en ese momento entendí algo... entendí que no sé qué soy para ti, porque en vez de darme una explicación guardaste el silencio y como dicen el que calla..otorga.
Zoro tensó la mandíbula.
-Eres mío.
La respuesta fue inmediata.
Instintiva y peligrosa.
Sanji se quedó en silencio un segundo... pero negó.
-No quiero ser algo que solo "te pertenece", quiere ser tu compañero de vida, alguien en quien puedes confiar.
Eso hizo retroceder al espadachín un poco, como si no esperara esa respuesta.
-Entonces te lo demostraré -dijo Zoro, más bajo, más serio-. Dame la prueba del postre de lágrimas de la luna.
Sanji sintió el impacto.
Eso no era una simple promesa.
Era una entrega total.
Una verdad sin filtros.
Y aun así... el ya no confiaba plenamente en Zoro y no quería salir más lastimado de lo que ya estaba... Y respondió..
-No, puedo dártelo, eso sería injusto, sería como si te estuviera obligando a amarme -dijo con determinación y tristeza Sanji-
Zoro se quedó inmóvil.
-¿Qué?..estás bromeando?, si yo te amo de verdad...
-Ademas, quiero cancelar la boda ... -la voz de Sanji se quebró apenas-. Porque ya no estoy seguro... y no puedo casarme sintiendo esto.
Entonces se formó un silencio pesado y doloroso.
Zoro dio otro paso, más cerca, como si quisiera sostener algo que ya se le escapaba.
-No quiero cancelarla..por favor... porque no lo intentamos de nuevo, la rutina de casados nos podría ayudar para avivar nuestro amor, pero por favor no te vayas..no me dejes..
Esa vez... no sonó enojado.
Sonó... desesperado.
-Quédate conmigo, por favor -insistió, más bajo-. Déjame arreglarlo.... Déjame reparar lo que dañe...
Sanji cerró los ojos un segundo.
Porque quería.
Quería creerle.
Pero algo dentro de él...
ya estaba roto.
-Lo siento...Zoro es que no puedo casarme contigo, mi corazón está herido..estoy en confusión y dolor constante- dijo Sanji con lágrimas en los ojos y viendo a Zoro...
Zoro quiso abrazarlo pero rápidamente Sanji se dio la vuelta para regresar a su su refugio..la cocina... Se fue... Sin mirar atrás, sin ver a Zoro arrepentido, arrodillado y llorando, gritándole y rogándole que regrese....
Pero no estaban solos.
Nunca lo estuvieron.
Desde las sombras... observando cada palabra, cada gesto, cada grieta emocional que Sanji dejaba expuesta... Katakuri permanecía inmóvil, pero su presencia lo llenaba todo, como una presión invisible que envolvía el espacio.
Había visto la discusión.
Había visto la duda.
Había visto el miedo.
Y ahora...
había visto el final.
La boda cancelada.
Sanji... por fin es libre... Aprovecharia la oportunidad para marcar su propiedad y acercarse más a su Sanji de las dos formas desde las sombras y de forma directa, física, sin esconderse y ocultar su identidad...entonces era el comienzo de la siguiente etapa de su plan aparecer mañana que era el día de la boda de una forma casual sin sospechas y también atacar desde las sombras para que Sanji confíe en el.. y así el rubio caería en sus brazos sin restricciones y lo otro sería sembrar en Zoro la semilla de la duda y celos para que floresca en odio... Y aprovechar ese misterio e identidad oculta para saborear a su cocinero...