Caída y Soledad (versión prototipo)

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planificada Mini, escritos 4 páginas, 1.349 palabras, 3 capítulos
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Capítulo 2: Liberación y Pesadillas

Ajustes
°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•. Las horas se estiraban en una eternidad dentro de la fría celda donde Jinho permanecía detenido. La investigación no avanzaba, y su estado de confusión persistente le impedía cooperar eficazmente. Las paredes parecían cerrarse a su alrededor, cada minuto transcurriendo en una neblina de desesperanza. Pero, un día, apareció una luz de esperanza. La víctima, a pesar de su propio trauma, pidió clemencia para Jinho, argumentando que su testimonio sobre una pérdida de control era creíble y que las circunstancias confirmaban en parte su versión. Ante la falta de pruebas concluyentes y la declaración coincidente de la víctima, Jinho fue finalmente liberado. La libertad le pareció casi irreal, pero el horror que lo esperaba afuera estaba a punto de golpearlo de lleno. Apenas salió de la comisaría, Jinho fue asediado por una oleada de cámaras y micrófonos. Periodistas y paparazzi se empujaban entre sí, tratando de capturar cada instante, cada expresión de su rostro. Los murmullos y los gritos se entrelazaban en una cacofonía ensordecedora: acusaciones de amenazas hacia la víctima, de corrupción policial e incluso insinuaciones de consumo de drogas. Las redes sociales estallaban, presentando a Jinho como un criminal notorio, mientras otras supuestas víctimas empezaban a aparecer, afirmando haber sido también abusadas por él. Los guardias de seguridad, llamados como refuerzo, formaban un muro alrededor de Jinho, pero su desagrado era palpable. Lo empujaban, lo apremiaban y lo guiaban entre la multitud enfurecida con una frialdad distante. Cada paso hacia el vehículo era una lucha contra las olas de cámaras y preguntas indiscretas. El aire estaba cargado de tensión y frustración, y Jinho sentía el peso aplastante de las miradas posadas sobre él. Cuando finalmente apareció el vehículo de transporte -un sedán negro con vidrios polarizados- entre la multitud compacta, Jinho se apresuró a entrar con la ayuda reticente de los guardias. La puerta se cerró tras él con un golpe seco, cortando el ruido exterior y ofreciéndole un breve respiro. Sentado en el asiento trasero, Jinho trató de ordenar sus pensamientos, su mente aún atormentada por los acontecimientos recientes. El eco de las acusaciones, los gritos de la multitud y las miradas desconfiadas de los guardias giraban en su cabeza. Mientras observaba las calles pasar a través del cristal, una pregunta persistente se abría camino entre sus pensamientos: ¿quién había enviado ese vehículo, y por qué esa ayuda parecía tan fría, casi despreciativa? Sospechaba la respuesta, pero aún le faltaba la confirmación. Por ahora, permanecía solo con sus dudas y temores, preparado para enfrentar un mundo que se había vuelto hostil, donde cada gesto y cada palabra eran ahora observados y malinterpretados. •°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•.
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