Marta De la Reina
12 de junio de 2026, 10:15
Cuando Marta De la Reina vio entrar en su despacho a Fina Valero, se estremeció, fue una sensación fugaz, espontánea,como de sentirse desnuda de repente.
Doña Marta,como la llamaba todo el mundo había enviudado hacía muchos años, pero no se había vuelto a casar,se insinuaba que había llevado una vida subterránea,oculta,pero nadie pudo echar luz sobre el asunto.
-Siéntese por favor Señorita Valero.
-Gracias Doña Marta.
-Su curriculum me ha parecido excelente, pero aún tiene que pasar unas pruebas en el laboratorio con el encargado,que se jubila.
-Por supuesto,Doña Marta.
Marta sintió un crujido en el corazón de hielo que tenía incrustado en el pecho, desde que pasó lo que pasó hace tantos años, y que nunca quería recordar.
Con un traje de chaqueta negro,blusa a juego,medias y stilettos imponía,daba miedo,sus ojos azules tristes y desvaídos le daban una sensación de debilidades fragilidad enternecedores, su pelo paje rubio, estaba perfectamente peinado.
Fina Valero,con el pelo negro ala de cuervo recogido en un moño, y sus penetrantes ojos marrones,ni se inmutó, tenía una agenda secreta que llevar a cabo y se llamaba Brossard.
-Con unos vaqueros Levi's,una blusa de algodón y una americana de pana, acompañado de zapatillas deportivas, exhalaba una frescura que incomodó a Doña Marta.
Esta se quitó los stilettos,que cayeron debajo de la mesa del despacho.
-Mañana por la mañana a las ocho le esperan en el laboratorios puntual, por favor.
Doña Marta se levantó y extendió la mano, siempre tan lacónica.
-Espero que no me arrepienta de haberla contratado Señorita Valero.
-Puede estar segura Doña Marta,no la defraudaré.
-Mi secretaria Elena le indicará la salida.
-Mañana pasará un coche a recogerte al Hotel Mindanao a las ocho,ser puntual es es la regla número uno en esta empresa,no se olvide nunca.
-No Doña Marta.
Elena llamó a la puerta y entró.
-Elena por favor, acompaña a la señorita Valero a la salida si es tan amable.
-Sí Doña Marta.
Elena y Fina desaparecieron.
Marta de la Reina se quedó sola, cerró la puerta de su despacho y como tantas veces invocando a un fantasma, que solo ella recordaba preguntó.
-¿Mar?,amor,¿Estas ahí?,responde por favor.
Lleno un vaso de agua y tomo un sedante, estaba deseando llegar a su chalet, buscó los stilettos con los pies, pero no los encontraba, tuvo que recogerlos con las manos y ponérselos.
Las manos le temblaban, lo disimulaba lo mejor que podía, desde aquel maldito vuelo a Japón,que le arrebató lo que más quería.