¡De héroe a villano! Tras renacer, elijo unirme a la facción de la villana

Het
PG-13
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1
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planificada Maxi, escritos 11 páginas, 4.115 palabras, 4 capítulos
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Introducción | La verdad y el trato

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Darius Ross había muerto en una batalla épica contra lady Blackwood, la Hechicera del Caos. Salvó al mundo, a sus amigos, a su familia y a su amada prometida, la princesa Elizabeth. Y aunque no pudo vivir para ver el resultado de sus esfuerzos, confiaba en que las cosas mejorarían para todos los que amaba. Quizá renacer en un mundo sin magia ni la bendición de los dioses fue su recompensa.Porque, pese a todo lo que dejó atrás, por fin estaba viviendo la vida pacífica y sin el peso de ser el Elegido Divino con la que había fantaseado esas noches tranquilas mientras conversaba con su amada y sus amigos alrededor de la fogata de su campamento. Luego, conoció el juego «Divine Mission: The Hero's Destiny». ¡Un RPG que contaba su viaje! Era algo surrealista y, por su salud mental, lo recomendable era que dejara de jugarlo. Pero, no podía. Era la única manera de ver a sus amigos, a su amada, de revivir los buenos y malos momentos que pasó con ellos en ese viaje final. Y, eso no era todo, al acabar la partida le esperaba un epílogo que, por lo poco que había leído en las comunidades del juego en internet, contaba lo ocurrido después de la batalla. Por supuesto, cuando llegó el momento, no esperaba que ese epílogo lo destruyera. El final feliz que había soñado durante toda su vida anterior y que creyó conseguir aún con su muerte, era una mentira. Los dioses de su mundo miraban con recelo como la magia, el don que ellos mismos dieron a la humanidad, los acercaba cada vez más a ser como ellos. Detestaban eso, por lo que decidieron reiniciar el mundo. Crear uno nuevo en donde la magia les perteneciera solo a ellos, con una humanidad que sería completamente dependiente de sus bendiciones. DariusRoss no había salvado al mundo. Había acabado con lady Lisandra Blackwood, la Hechicera del Caos, la última esperanza de salvar a su mundo liberando la magia para todos, asegurando así que ya nunca más dependerían de los caprichos divinos para ser libres. Pero eso se frustró debido a las propias acciones de Darius. Su sacrificio fue en vano. Todo por lo que lucharon él y su equipo resultó ser una mentira. ¿Lo peor? Estaba atrapado en otra vida, viendo como el mundo que luchó por salvar desaparecía y todas las personas a las que amaba habían muerto. La última imagen del juego apareció en pantalla. La princesa Elizabeth, sentada en el trono de su padre en un palacio vacío. Las Piedras de la Vida, la prueba del vínculo entre los humanos y los dioses, pulsaban frente a ella. La princesa sonrió. Una sonrisa fría y satisfecha. La pantalla se fue a negro. Luego, lentamente, fue apareciendo el último diálogo del juego, uno dicho por la princesa mientras todo terminaba: «El caos ha sido vencido... El mundo ahora puede renacer... La Luz triunfó... Yo triunfé...». Darius Ross arrojó el control contra la TV. La pantalla se partió mientras saltaban chispas, dejando solo la mitad del mensaje reflejándose allí como una burla a sus luchas y sacrificios. —Eso no... No es lo que debía pasar… ¡Se supone que el caos trae la muerte! Que el orden de los dioses mantiene la vida… «Dime, Darius Ross. ¿Qué harías si pudieras volver...?Si pudieras hacer todo de nuevo...». Darius no cuestionó su cordura al escuchar esa voz. ¿Qué cordura podía quedarle después de lo que acababa de ver? Todo lo que se comentaba en los foros sobre el final era cierto. El héroe del juego (¡él!) había sido una marioneta para los dioses todo el tiempo. —¿Volver...?¿Es eso siquiera posible? «¡Responde! ¿Qué harías si te enviara de vuelta?». Darius no respondió. Se quedó allí, viendo el televisor destrozado. Recordando la sonrisa distorsionada de la mujer que una vez amó. «¡Dime! ¿Cometerías los mismos errores? ¿Permitirías que el capricho de la Diosa de la Luz lleve a la muerte a todos los que amas...?O, por el contrario, los salvarías a todos». —¡Por supuesto que lo haría diferente!¡Lo haría mejor...!No dejaría que todo terminara así. No sin luchar. No podía decir que haría lo correcto. Por qué, después de lo que había aprendido, ¿cómo saber qué era lo correcto? «Eso espero. Por eso voy a depositar mi confianza en ti, Elegido de los Dioses». Darius se sintió mareado. El mundo se desvaneció. Cuando abrió los ojos, lo recibió el techo de su habitación. Una que había dejado atrás hacía muchos años, en otra vida. ¡Tenía otra oportunidad! «Darius Ross, Elegido de los Dioses, esta es ahora tu misión: protege a lady Blackwood. Protege la vida en este mundo...».
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