Capítulo 1 | De vuelta al comienzo
16 de junio de 2026, 15:00
El día en que Darius volvió a despertar en su vida anterior, marcó el comienzo del fin del Imperio.Esta vez no seré su marioneta, juró. Aunque el resto de la Orden, de su familia, lo llamaran traidor y lo maldijeran, esta vez elegiría el bando correcto.
Era un niño de nuevo, pero ya no el chico ingenuo que fue en su primera vida. Seguía siendo el noble heredero de una familia de la Orden de los Caballeros Sagrados de la Luz; solo que, esta vez, no dejaría que el Imperio y los dioses eligieran su destino por capricho.
—Veo que estás decidido…
Darius se incorporó tan rápido que se sintió mareado. Esa voz… ¡Era la misma que le había hablado antes! ¡La que le dio otra oportunidad tras conocer la verdad detrás de su misión como héroe!
Sentada a la mesa frente a la ventana había una chica. Parecía ser Lisandra Blackwood, pero eso era imposible. En esos momentos, ella debía ser una niña, puesto que ambos tenían una edad similar.
La chica sentada frente a él aparentaba ser la Lisandra Blackwood de quince años con la que se había reencontrado en la academia. Una chica alta y delgada, con un cabello de inusual color rojo y una mirada fría producto de la desgracia que le había causado la deshonra de su familia.
Ese acontecimiento sería la primera semilla que la llevaría a convertirse en la llamada Hechicera del Caos. Lisandra erala villana de la historia, quien intentaría corromper al mundo para apoderarse del don de la magia. O, al menos, eso fue lo que los dioses afirmaron cuando le dieron a él la misión divina de derrotarla pocos meses después de unirse oficialmente a la Orden.
—¿Quién eres? —preguntó.
La falsa Lisandra sonrió.
—Veo que no puedo engañarte.
—En este momento Lisandra aún es una niña —replicó Darius—. Además, tu voz no es como la de ella.
La sonrisa de la chica se amplió.
—Cierto. Esta solo es una forma que tomé para recordarte por qué volviste aquí. Así que, para mantener las cosas simples, solo digamos que soy tu patrocinadora.
»Más allá de eso, me sorprende que seas capaz de identificar que mi voz no es la suya. Y yo que me esforcé mucho en imitarla.
—Lisandra no hablaba tanto a esa edad. Era reservada y su voz muy tranquila. Además, no necesito un recordatorio. Protegeré a Lisandra.
La chica pareció satisfecha con esa respuesta.
—Así es. Es bueno ver que todavía tienes el honor de un caballero de la Orden Sagrada para cumplir con tus juramentos.
Darius sacudió la cabeza.
—No, esta vez no seré un caballero. ¡Me niego a ser utilizado una vez más por los caprichos divinos!
La chica sonrió más. Se recargó en la mesa, apoyando su mejilla en su mano derecha. Miró a Darius como analizándolo.
—Vaya, estás muy determinado. ¡Me alegro mucho de que sea así! Pero, no es tan fácil. Debes saberlo: para triunfar en esta partida de ajedrez divina, necesitas la bendición y protección de uno de los dioses.
Darius apretó los puños. ¡Claro que lo sabía! Un caballero sin el patrocinio de un dios era solo un soldado raso. Nada más que carne de cañón. Pese a eso, se negaba a volver a jurar ante los dioses que iban a traicionar a la humanidad que les había servido desde el comienzo de los tiempos.
—Tienes mucha suerte, Darius Ross. Existe una diosa que no está de acuerdo con la decisión de terminar este mundo.
—La diosa del caos —recordó Darius.
—¡Así es! La patrona a quien sirve la familia Blackwood. ¿Qué mejor opción para hacer tu juramento de caballero que la misma diosa a quien sirve la futura villana?
Darius asintió tras considerarlo por unos momentos.
—Solo una cosa —dijo ella—. Aún debes ir a la academia…
—¡No volveré allí! —la cortó Darius.
—No funciona así, querido. A menos que convenzas a Lisandra de no ir allí. Aunque, no funcionaría. Si huyeran juntos tan jóvenes y débiles, los aplastarían como si no fueran nada.
»Si van, en cambio, su propio enemigo les dará entrenamiento. ¿Qué ironía hay mejor que esa?
Soltó una carcajada divertida.
—También, sabes que Lisandra querrá ir —continuó—. Una vez que su familia caiga en deshonra, intentará dejar el camino de la magia para seguir el de los caballeros.
Darius lo sabía.
—Y la harán creer que tiene oportunidad —dijo entre dientes—, para luego escupir en su cara antes de provocar su expulsión.
Al terminar, bajó la mirada, avergonzado. Él había participado en eso. Había dejado que Elizabeth, su prometida, le diera esperanzas a Lisandra, para luego arrebatárselas.
En aquel entonces, pese a saber que eso había sido cruel e innecesario, miró hacia otro lado. Los Blackwood adoran a una diosa apócrifa a quien la Iglesia Imperial ya no reconoce. Esa fue su justificación.
—Lisandra Blackwood nunca debió venir aquí —había dicho Elizabeth con voz triste, como si le doliera haber tenido que hacer eso—. Incluso si el director hubiera apoyado su candidatura a una Orden Sagrada, en cuanto entrara a la capilla a hacer el juramento habría sufrido la ira de los dioses. Le salvamos la vida.
Había sido un completo estúpido.
—¿Qué me dices, Darius Ross? ¿Irás a la academia?
—Lo haré —aceptó—. Aunque, no sé cómo podré jurar ante la diosa del caos al mismo tiempo que hago el juramento de la Orden de los Caballeros Sagrados de la Luz.
Los ojos del ente brillaron con diversión.
—Hay maneras de ocultar un juramento divino, solo tiene que hacerse de la manera correcta.
Suspiró.
—Pero, ya habrá tiempo de hablar de eso. No harás la ceremonia hasta que te gradúes a los dieciocho años.
Tenemos diez años para planear eso.
—¿Diez años? —repitió Darius—. ¿Qué día es hoy? Exactamente, ¿a qué fecha regresé?
—El día 30 del tercer mes de la estación de cosecha. —El ente hizo una mueca de fastidio—. De verdad, ¿tenían que complicarse tanto con las fechas? Los humanos de la Tierra tuvieron razón en darle un nombre propio a cada día y a cada mes del año.
Darius no prestó atención a lo último, solo a la fecha. ¡Era su cumpleaños!
—¿Qué año? —preguntó—. ¿Qué año es este?
—3888 de la Era de la Luz. Sí, hoy cumples ocho años. Dentro de siete años y tres meses, irás a la academia. En doce años, si no cambias las cosas, te sacrificarás en vano llevando a lady Lisandra Blackwood contigo. Y con eso, condenarás a este mundo a ser destruido.