Capítulo 4
21 de junio de 2026, 1:02
Bill no miró a Dipper. Sus ojos estaban fijos en las criaturas que lo rodeaban, y en ellos brillaba un fuego que Dipper nunca había visto.
—Dije —repitió Bill, con una voz que no era del todo humana—. Aléjense de él.
Las criaturas retrocedieron. Incluso el ser de musgo y ramas dio un paso atrás, con sus ojos de carbón encendido parpadeando con algo que parecía miedo.
—Bill Cipher —dijo el ser, con voz temblorosa—. Has recuperado tus recuerdos.
—No del todo —admitió Bill, dando un paso adelante—. Pero sí lo suficiente para saber que no voy a permitir que toquen a Dipper.
Dipper sintió que el corazón le daba un vuelco. ¿Recuerdos? ¿Qué recuerdos?
—Bill —dijo Dipper, con voz quebrada—. ¿Qué está pasando?
Bill finalmente lo miró. Sus ojos azules se suavizaron por un instante, y Dipper vio algo en ellos que no esperaba: ternura.
—Después te lo explico —dijo Bill—. Ahora, déjame encargarme de esto.
Bill levantó una mano y, con un movimiento brusco, hizo un gesto que dispersó a las criaturas más pequeñas. Los duendes chillaron y huyeron, escondiéndose entre las rocas. Las hadas se elevaron en el aire, alejándose como polillas asustadas. Incluso el ser de musgo y ramas retrocedió varios pasos, alzando las manos en señal de rendición.
—¡No te acerques! —gritó el ser—. ¡No hemos hecho nada malo!
—¿Nada malo? —Bill rió, pero era una risa fría y cortante—. Iban a matar a mi novio. Eso es algo muy malo.
—Él es un peligro, como tú.
Dipper vio cómo la expresión de Bill cambiaba. La furia se mezcló con el reconocimiento.
—Lo sé —dijo Bill, y su voz era más suave, casi divertida—. Es lo que necesito, lo he esperado por tanto tiempo. No vas a quitármelo.
Entonces lanzó una especie de onda expansiva que arrojó al ser de musgo, quien tras caer al suelo se arrastró para recuperar el equilibrio y luego huir despavorido.
Bill se quedó en medio de la cueva, respirando con dificultad.
Dipper se puso de pie lentamente. —Bill —dijo, con voz temblorosa.
—Estás bien —dijo Bill, dándose la vuelta para mirarlo—. Estás a salvo.
Pero Dipper no podía dejar de mirarlo. No podía dejar de preguntarse qué estaba pasando.
—Bill —repitió, con más fuerza—. ¿Qué fue todo esto?
Bill señaló la pared. —Ese soy yo.
Bill se acercó al mural y pasó los dedos sobre la pintura desgastada, siguiendo el contorno de la figura plasmada ahí.
—La marca en mi cuello es la señal del sello que me mantiene atrapado en esta forma y en este ciclo interminable.
Dipper sintió que el suelo se movía bajo sus pies.
—Lo que dijeron, ahora lo recuerdo —dijo Bill, con una sonrisa amarga—. Nunca envejezco. Vivo el mismo año una y otra vez. Cuando el año termina, el resto avanza y yo empiezo de nuevo y para todos, incluido yo, es normal.
—Entonces, ¿cuántas veces has vivido esto?
—No tengo ni idea.
Dipper se quedó callado, procesando la información. —Pero... eres malo, ¿verdad? —preguntó Dipper, con la voz temblorosa—. ¿Por qué estás atrapado aquí? ¿Qué hiciste?
Bill lo miró. Sus ojos azules brillaban con algo que podía ser añoranza.
—Cosas terribles, tan divertidas —dijo Bill—. No lo recuerdo del todo, pero sé que fue grande. Como yo, hasta que me sellaron.
—Entonces, ¿cómo recuperaste la memoria?
—Cuando te vi en peligro —dijo Bill—. Algo se rompió dentro de mí. Un muro que llevaba siglos. Empecé a recordar quién era... y también entendí por qué me obsesioné contigo.
Dipper sintió que el corazón se le detenía. —¿Yo soy un peligro, como ellos dijeron...?
—Sí —dijo Bill, dando un paso adelante—. Para ellos. Para mí... Oh, Pines, no tienes idea de cuánto tiempo te he esperado.
Bill dio un paso adelante. Su rostro estaba cerca del de Dipper, demasiado cerca.
—Eres ese alguien con una conexión especial conmigo que me hará recordar quién soy y me dará el poder para romper el sello.
Dipper sintió que el aire se le escapaba de los pulmones. Las palabras de Bill resonaban en su cabeza como un eco imposible.
—No —dijo, dando un paso atrás—. No, no. Yo no soy ese alguien.
—Sí lo eres —dijo Bill—. Los últimos años te he visto, Dipper. En cada ciclo, siempre te he notado. Este año fue cuando por fin estuviste tan cerca de mí en clases, tanto tiempo que nuestra conexión empezó a formarse.
—Pero yo no he estado tan cerca de ti. Eres malo. Lo dijiste y no parece importarte. Te sellaron porque lo mereces. Yo no quiero hacerte recordar ni liberarte.
—Dipper, Dipper, Dipper —dijo Bill, con una sonrisa—. Me vas a liberar porque... Tal vez es solo el sello rompiéndose o la necesidad de liberarme. Pero muy probablemente te amo.
—¿Me amas?
—O solo quiero tenerte conmigo para siempre.
—¿Y si no quiero?
—Entonces tendré que hacer que quieras.
—No voy a ayudarte a destruir a nadie. No.
—No te preocupes por eso ahora —Bill negó con la cabeza y su sonrisa se volvió menos intensa y más humana—. Por ahora mi mente aún está atrapada, pero mi obsesión por tenerte va a dejarme romper el ciclo año con año hasta que recupere todo mi poder. Y en lo que eso ocurre...
Bill tomó a Dipper por la barbilla y lo obligó a mirarlo a los ojos. Sus dedos eran suaves, tiernos. —Voy a quedarme a tu lado. Humanos. Hasta que ambos evolucionemos.
Dipper sintió que su corazón se rompía y se reconstruía al mismo tiempo. —No voy a quedarme contigo. Definitivamente no te voy a liberar.
Bill sonrió. —Claro que sí. Lo harás porque no puedes alejarte de mí. No solo porque no te voy a dejar, sino porque no quieres.
Y lo besó. Fue un beso suave, cálido, lleno de promesas. Dipper sintió que el mundo se desvanecía a su alrededor, y por un momento, olvidó todo. De nuevo. Comos iemore que Bill lo besaba.
Tenía algo. Probablemente que era un demonio.
—Vamos —dijo Bill cuando se separó y después le dio un jalón de mano. Dipper lo siguió hacia la salida de la cueva.
Mientras caminaban hacia el bosque, la luz de la luna iluminaba el camino. Bill no soltaba su mano.
Dipper miró a Bill y sintió que una pregunta se formaba en sus labios. —Bill —dijo.
Bill lo miró. —¿Sí?
Dipper se detuvo y lo miró fijamente.
—Cuando todo esto termine. Cuando encuentres la manera de liberarte, vas a destruir el mundo... Yo no quiero que lo hagas. ¿No lo harás? ¿Si te lo pido?
Bill sonrió.
—Si prometes quedarte conmigo hasta el fin de los tiempos. Tal vez. Haré lo que pidas —dijo, con una sinceridad que Dipper nunca había visto en él.
Dipper sintió que el calor le subía al rostro. No sabía si creerle. Había escuchado ese "tal vez", pero también había visto la forma en que Bill lo miraba. Como si realmente importara.
No sé si esto es real. No sé si lo que siento es mío o solo parte de esta conexión. Pero ahora mismo, caminando a su lado, no quiero que termine.
—Está bien —dijo finalmente—. Pero si intentas destruir el mundo, te voy a golpear con mi libreta.
Bill soltó una risa genuina. No era la risa burlona de los pasillos. Era algo más cálido.
—Claro, Pines.
Y siguieron caminando, hacia el pueblo, hacia la escuela, hacia el futuro incierto que los esperaba.
FIN