Ese amigo que te gustaría que fuera algo más

Slash
NC-17
En progreso
1
Tamaño:
planificada Mini, escritos 15 páginas, 4.482 palabras, 2 capítulos
Etiquetas:
Descripción:
Notas:
Publicando en otros sitios web:
Consultar con el autor / traductor
1 Me gusta 0 Comentarios 0 Para la colección

Capítulo 2

Ajustes
Los últimos recuerdos del sueño se me van escapando cuando me despierto casi al mediodía. No noto resaca, por suerte. Sí noto lo duro que estoy, porque he soñado con Julio. Conque la noche de ayer tuvo un final diferente. Me siento un pervertido por la reacción de mi cuerpo y mi mente al beso de ayer. Si no hay nada que celebrar, pene mío, que la he cagado. Me levanto y me doy una ducha bien fresquita a pesar del frío. Estoy en chándal secándome el pelo cuando suena el interfono. Intrigado porque no esperaba a nadie hoy, descuelgo al aparato y digo: —Sí, ¿Quién es? —Soy Julio. En el acto abro el portal. Lo espero en la puerta, con un ojo en la mirilla. Por fin lo veo salir del ascensor y dirigirse a mí y me separo. Cuando llama me gustaría hacerme el duro, como que no llevo aquí todo este rato nervioso perdido. Pero precisamente porque estoy nervioso perdido abro al momento. —Hola— me dice serio. —Hola. Pasa por favor. Me obedece y se quita el abrigo. Lo cuelga en el perchero, suspira como serenándose y se prepara para hablar. —Espera, ¿Quieres pasar al salón? Igual sentados hablamos más cómodos. —Vale— accede, dirigiéndose directamente allí. Esta vez es él quien se sienta en el sillón. Haciendo que yo me siente en el sofá grande. A su lado pero algo lejos, dándole espacio. —No esperaba que vinieras hasta aquí hoy. Pero me alegra que lo hayas hecho— rompo yo el hielo. —Es que si no me iba a agobiar durante días. Prefiero atacar esto de frente. —Yo también lo prefiero. —Pues entonces al lío. Quiero una explicación de lo que ocurrió anoche. Me preparo mentalmente para ser totalmente sincero. No quiero mentirle en nada a Julio. La he cagado y he de asumir las consecuencias. Achacarlo a una tontería de borrachera está descartado. —A ver. Te bese. Inconscientemente, pero también es algo que llevaba tiempo queriendo hacer. —Cuanto tiempo? —Un par de meses. —No hace ni medio año que nos conocemos. —No necesito más. —No sabia que te gustaran los hombres. —No me gustan los hombres. Me gustas tu. Hostia, no estaba preparado para tanta sinceridad así de golpe, pero simplemente me salió. Por su expresión él tampoco estaba preparado. —No entiendo nada, Manu. —Pues creo que no te lo puedo decir más claro— digo derrotado, no hostil. —Te voy a contar una cosa que me pasó en mi ciudad, con mi anterior grupo de amigos— dice de pronto, dejándome perplejo por el cambio de tema. —Ah, vale. —Verás, yo tenia un grupo de amigos mayormente hetero. Uno de estos heteros me empezó a coquetear y acabamos acostandonos. Él no quería que los demás lo supieran. Y yo estaba tan pillado que acepté. Y esto continuó hasta que se echó novia y dio por terminado lo nuestro. Lo acepte, quedamos como amigos, todo ok. El problema es que él se sentía incómodo conmigo, quizá porque no quería aceptar del todo que no es “hetero 100%”. Y puso a los demás en mi contra hasta que el que no se sintió cómodo en ese grupo fui yo. Me quedo callado un momento. —¿Y crees que yo haré lo mismo? Ahora él se queda callado un momento. —Entiende que es un temor muy fundado. —Pero yo no te estoy diciendo que quiera eso. —¿Ah no? ¿Me estas diciendo que no quieres follar? —No he dicho eso— respondo poniéndome rojo. Pero quiero ser sincero hasta las últimas consecuencias—. He dicho que no quiero hacer las cosas como las hizo ese otro tío. —¿Ah no? —Pues no. Claro que quiero— me atragantó yo solo de pensarlo— hacer eso contigo. Pero también quiero ser ñoño. Quiero tener buenas citas, cogerte de la mano estando con los demás. —¿Tu estás seguro de lo que dices? —He fantaseado con ello. Muy seguro. —Manu, no quiero ser un error. Algo de lo que te avergüenzas cuando te enamores de verdad. —Es que creo que ya estoy enamorado de verdad. Boom. Pues ya está. Lo he admitido en alto para interiorizarlo del todo también. Julio se me queda mirando con una cara que no se descifrar. No dice nada, así que sigo hablando. —Es que le he dado mil vueltas. Me gustas más que por tu físico o lo sexual en general. Me encanta estar contigo. Cómo conectamos, tu risa, tu sentido del humor. Y tantas cosas. Si esto no es estar enamorado, no sé lo que es. No me había sentido así nunca. —¿Te das cuenta de lo intenso que es esto? —Es que ya no se cerrar la boca. Se ha ido el filtro a paseo. Yo quiero esto y te ofrezco esto. Si soy bisexual, pues lo soy. Solo que en hombres tengo un gusto más selecto y concreto. Es que no se por que tenía dudas. Es lo más lógico que creo haber dicho en toda mi vida. Entonces, se apodera de mí la locura máxima. Tiene los brazos sobre los reposabrazos del sillón, con las manos agarrando los bordes como si estuviera montado en un coche que va a toda prisa y le diera vértigo la velocidad. Una de mis manos se desenlaza de la otra y se posa sobre la suya que tengo más cerca. Deshago el agarre con suavidad y él se deja hacer. Le acaricio un poco el dorso con el pulgar. Lo estoy mirando a los ojos, cuando digo: —Julio, ¿quieres salir conmigo? Igual ahora viene el momento en que me rechaza. Pero aunque lo haga, quizá lo necesite para pasar página. Sus ojos se humedecen. Oh, oh. Su mano escapa de la mía y se cubre la cara con ella. —No puedes acabar de decir eso. Es demasiado mono. —Lo he dicho y lo mantengo. —Manu, joder, es que tu también me gustas. Quiero salir contigo, pero me tienes que prometer una cosa. Estoy en el cielo. Los ángeles me están cantando al oído, pero reúno la entereza de decir: —Lo que sea, dime. —Que si esto se acaba, acabaremos bien. No puedo evitar reírme. —¿Qué es tan gracioso?— dice tensándose un poco. —Entiendo que para ti es importante, porque has pasado lo que has pasado— digo conciliador—. Y te prometo que si ocurre será así. Pero pensaba en que empezar una relación hablando de romper es un poco anticlimático. Ahora es él el que se ríe, ya más suelto. —Tienes razón. Sería una buena historia para contar a futuro. —Lo será. Nos miramos sin saber muy bien que hacer y ahora nos echamos a reír a la vez. —No sé muy bien que hacer ahora mismo— me confiesa. Yo hago sitio en el sofá y le indico que se siente a mi lado. Lo hace y ahora estamos sentados muy cerca. —¿Puedo besarte ahora? Pero su respuesta son sus labios sobre los míos. Se me derrite el cerebro y solo puedo pensar en él. En lo bien que huele, en sus labios, en esa lengua… Mierda, me estoy poniendo duro ya. Y él lo nota. —Dos minutos de besuqueo— me dice al oído— y ya estás así. Y pasa la mano con parsimonia por toda mi polla, que da un salto involuntario. Me aprieta demasiado el calzoncillo. —He soñado demasiado con esto— confieso en un jadeo. —¿Y cómo eran esos sueños? —Muy gráficos. —Te gustaría comparar el sueño con la realidad? Lo dice muy cerca de mí. Me muerde donde acaba mi barba y empieza el cuello. Sigue bajando, dejando algunos besos en el camino. Entierra su nariz en mi clavícula mientras me soba el pecho por debajo de la ropa. Y yo no estoy muy seguro de si esto es real o es el mejor sueño que he tenido en la vida. —¿De verdad?— pregunto, casi jadeando. —Yo tambien hace tiempo que te tengo ganas. Aunque si no quieres, lo respeto. Y se aparta del todo de mi para apoyarse en el reposabrazos, mirando hacia otra parte. Yo me río y me levanto. Le tiendo una mano, galante, porque agarrarlo de la pechera del Jersey me parece demasiado brusco. Él toma mi mano y se deja aupar. Me pego mucho a él en esta nueva posición, para que note lo cachondo que estoy. Lo que no esperaba es notar que él está igual que yo. —Y ahora qué— pregunta. —Ahora es cuando te llevo a mi cama y exploro un mundo nuevo de posibilidades. Antes de que diga nada lo hago andar delante de mí hasta que empieza a dirigirse por sí solo a mi habitación. Una vez estamos allí, se da la vuelta y lo veo algo preocupado. —Oye, ¿estás bien? —Solo estaba pensando. Esta es tu primera vez— dice mirándome a los ojos. —Técnicamente si. —¿Y si no te gusta? Como no lo has hecho antes. Por toda respuesta, empiezo a desnudarme. Me quito la sudadera y la camiseta, las dos a la vez. Hace algo de fresquito aún con la calefacción, pero en el fondo estoy ardiendo como una estufa, me acostumbraré pronto. Voy a bajarme los pantalones cuando él me para, riendo. —¿Qué haces? —Demostrar que no tengo ni una duda sobre esto. Al contrario, creo que no había tenido tantas ganas de algo en la vida. —Ya me queda claro. Pero déjame desenvolver algo el caramelo antes de metermelo en la boca. Creo que he cortocicuitado de todo cuando noto el tono de sus palabras a la vez que sus manos en mis caderas. Me besa de nuevo y juega con la cintura de mis calzoncillos debajo del pantalón del chándal. Yo no puedo estarme quieto y con una mano le agarro el culo y lo pego mas a mi, y la otra la hundo en su pelo, profundizando más el beso. Me separo lo justo para quitarle toda la ropa que lleva de cintura para arriba de un solo tirón. Sigo amasando sus nalgas, ahora a dos manos. Ahora por debajo de su ropa interior. Mientras me restriego de forma obscena contra el. Rompe abruptamente el beso y hunde la cara en mi clavícula mientras gime. Gime. No había podido imaginar cuan erotico era Julio gimiendo mientras me muerde el hombro. Lo empujó suave hacia la cama. Lo siento en ella y me pongo de rodillas entre sus piernas. —¿Estás seguro? —Deja de preguntarme eso. ¿Acaso no parezco seguro? Mientras lo digo, voy desabrochando su bragueta. Cuando su polla sale a la luz, no le dejo decir nada y le paso la lengua por la punta. Gime. Ahora por la base hasta la punta, mirándolo a los ojos en el proceso. La cara que pone me enciende más aún y me la meto entera en la boca. Es una sensación extraña, pero para nada desagradable. Intento imitar lo que me han hecho a mi a lo largo de los años, y parece que le gusta. Sigo así hasta que ya no puedo más. Necesito algo de atención. Me levanto y me entretengo en quitarle los pantalones mientras sigue sentado, lo que me da unas muy buenas vistas. De pronto se pone en pie, Me quita sin miramientos el resto de la ropa y me sienta a mi esta vez. Luego, se sube a horcajadas sobre mi, sus piernas abiertas a cada lado de mis piernas y nos tumba a los dos hacia atrás. Más besos, la fricción de nuestras pieles desnudas es sublime. Mis manos van hacia su culo, he descubierto que me encanta masajearlo. —Oye, no creo que podamos ir más allá— jadea frustrado. —¿Por qué?— pregunto con algo de pánico. —No hay lubricante. —Busca otra excusa, porque tengo un bote en la mesilla. Me sonríe, lujurioso, y nos besuqueamos y frotamos hasta que se levanta y me obliga a que haga lo mismo. —Pues ve a buscarla, corre. Creo que he volado hasta la mesilla para coger el frasco. Cuando vuelvo mi atención a la cama, está tumbado cuan largo es y como Dios lo trajo al mundo sobre ella. Cachondo como yo. Deseoso como yo. Abre las piernas y me lo tomo como una invitación. Me pongo allí de rodillas, dubitativo. —¿Qué pasa? —Nunca he hecho esto. Odiaría hacerte daño. —¿Pero quieres hacerlo? —Guíame y haré mi mejor esfuerzo. Me empapo los dedos con el producto oleoso y lo restriego en su culo, donde quiero prepararlo bien. Palpo con un dedo y empiezo a meterlo. Estoy entre sus piernas, observando lo obsceno de la escena. Mi dedo entrando y saliendo. Luego otro más y otro más. Él no me da indicaciones, solo gime como un loco. —Manu, fóllame ya— dice en un tono que me hace salivar. Levanto una de sus piernas y me pongo en posición. Voy entrando poco a poco, hasta que Julio mueve las caderas para hacerme llegar al fondo. Gemimos los dos, bastante alto. Y no puedo pensar más. Solo, en que es el mejor sexo que he tenido en mi vida. Hasta que nos corremos casi a la vez. Nos quedamos jadeando, yo con la espalda sobre la cama y el sobre mi pecho. —¿Qué tal mi primera vez?— le pregunto. —¿Seguro que es tu primera vez? —Oh si. Es la primera vez que tengo un orgasmo de verdad, a juzgar por mi pasado. Julio se ríe. —Eres un zalamero. —¿No te gusta? —Yo no he dicho eso.
1 Me gusta 0 Comentarios 0 Para la colección